martes, 10 de agosto de 2010

LA MADRE PATRIA (I)

Se dice, y no lo puedo objetar, que la historia la escriben los vencedores, y eso quiere decir que de ella sólo tenemos una visión parcializada de lo que pasó; sin embargo, esto no significa que somos tan ingenuos como para modelar una referencia sin ninguna crítica. No creo en la inocencia absoluta de la gente, al menos hay aunque sea una minoría, que sabe ver y analizar lo que le cuentan.  Afortunadamente la historia ya no es asunto de cronistas aficionados, sino de especialistas en reconstruirla, historiadores, metodólogos de la historia.   

Aprendimos en la escuela que España era nuestra Madre Patria, he de suponer entonces que América es nuestro Padre, porque esas dos culturas se unieron y dieron lugar a lo que somos hoy, con el ingrediente picantoso de la cultura africana, que no decidió incorporarse sino que fue traído por la fuerza. Al menos en Venezuela  estas tres culturas, se mezclaron y dieron origen a un nuevo personaje, lleno de inspiración y contradicciones.

La llegada de los españoles a estas tierras de habitantes tropicales, vestidos como se los exigía el clima y adornados como se lo prescribían sus creencias, fue el resultado del espíritu de expansión  de los europeos, quienes pretendían ir a la India. Cuenta la historia, que por cosas del azar vinieron a recalar a nuestras playas, pero como  yo no creo en la casualidad, y menos en una empresa como aquella, supongo que todavía hay cosas por descubrir en ese misterioso viaje de Colón.

Ya somos mestizos, incluso en sus inicios los cronistas y estudiosos de aquel comportamiento, realizaban tipologías al observar muy de cerca las uniones sexuales, a fin de determinar hasta qué punto la sangre pura de los españoles se había contaminado. Pero resulta que a esos españoles que se mezclaron no les importó nada su pureza y copularon a más no poder con negras e indias, muchas de las veces a la fuerza y otras, tal vez con mujeres encantadas  con aquellos ojos de cielo que nunca habían visto. 

Para identificarnos inequívocamente, y, por obra y gracia del francés  Michel Chevalier, desde 1836 somos latinoamericanos. Esta denominación puede ser muy gráfica para describir nuestra composición, sin embargo, dado el devenir socioeconómico de nuestra región, saqueada por demás, lo latinoamericano está cargado de connotaciones peyorativas.

El saqueo es el factor común de nuestra historia,  fue el punto de partida de nuestra cultura. Lo que fue  América, -llamada así en honor al navegante italiano Américo Vespucio-, antes de la invasión europea y en lo que se convirtió,  tiene una impresión bastante contrastante.

Sin ánimo de profundizar, los habitantes de estas tierras practicaban -sin lugar a dudas- una forma de vida ecológica, lo cual impregnaba lo cotidiano y lo trascendental, aunque ésto no fuese un comportamiento consciente, estudiado... ¿O, tal vez sí...?  Hoy estamos descubriendo facetas ocultas de las culturas prehispánicas.

La invasión de los europeos produjo un cambio radical, sin contar los cambios religiosos y culturales en general, el saqueo se convirtió en una forma directa o velada de administrar las riquezas, y de relacionarse socialmente. El  mestizo ya no tenía un sentido de identidad con la naturaleza y sus recursos, sino que estos fueron percibidos como objetos que debían tomarse por la fuerza como lo habían hecho los poderosos invasores europeos.

Hasta hoy el saqueo es, en más o en menos medida, la marca de la manera de administrar la vida pública latinoamericana; ahora la llamamos corrupción administrativa, pero es saqueo. En la sangre, en el hábito,  o en la mente quedó el asalto del cual fue víctima la cultura autóctona de este continente, como un modelo para enriquecerse en lo personal o partidista, se perdió el sentido de pertenencia e identidad con lo propio, se quebró una cosmovisión  natural.

Impresiona la marca que puede dejar en las víctimas las acciones de los victimarios. La fuerza de la dominación establece una visión inequívoca de que la vida es sólo eso, que sólo hay un opresor y un oprimido y como nadie quiere estar en el segundo lugar,  éste último desarrolla el deseo de estar en las condiciones de opresor,  es decir, en el papel del saqueador, y lo emula, lo imita.

Con esto sólo estoy poniendo la lupa en el lado más oscuro de nuestra cultura, lo que significa que tenemos un antagonismo interno que mantiene a la mayoría de la sociedad latinoamericana en la carencia, en el subdesarrollo.  

Los pueblos que poseen una identidad  fundamentada en el trabajo, el desarrollo y la prosperidad alcanzada con la participación de todos, para lo cual establecen maneras específicas de organizarse, han logrado florecer y mantenerse, porque han podido establecer una cosmovisión capaz de promover las capacidades colectivas e individuales

La consolidación de reinados logrados por la invasión abierta, es cosa del pasado, pero nos dejó la herencia nefasta del asalto, ahora adaptado a los nuevos tiempos y métodos, pero realizado por los mismos latinoamericanos. 

Muchos estudios sobre el tema latinoamericano han colocado afuera la responsabilidad de nuestra historia, no olvidamos al invasor, siempre estamos viendo en el Imperio extranjero la fuente de nuestras desgracias, aún no hemos aprendido que nuestro destino nos pertenece. El concepto de estructura social nos ha paralizado, o en el peor de los casos, nos ha dado una cohorte de administradores cuyo verdadero motivo para tener acceso al poder, es el saqueo. Sigue siendo lo mismo, un asalto a mano poderosa, emulación del invasor español. 

Nuestra historia colectiva es el discurrir de una vida modelada por la oportunidad de tener acceso a las riquezas, sólo que con variados actores, aunque latinoamericanos todos. 
continúa...

viernes, 6 de agosto de 2010

LA OSTEOPOROSIS

Cuando tenía 35 años ya estaba preocupada por lo que me vendría con los años, consulté a mi ginecólogo y me dijo que era prematuro pensar en eso, cosa que me calmó, pero no me convenció, mientras más consciente estás de tu realidad mejor.

Pasó el tiempo y llegó la menopausia, tempranamente, a los 44 años. Llegado el momento me indicaron una densitometría ósea, la cual reveló una osteopenia, es decir, el inicio de pérdida de masa ósea, la ginecóloga me alarmó al decirme que si no me hacia el tratamiento que me indicaba, en tres años tendría osteoporosis. 

Sin hacer oposición, porque no tenía ninguna razón para ello, me tomé el calcio diario y el Fosamax semanal. Esto me producía un malestar estomacal parecido al efecto que dan los antibióticos, y más tarde me ocasionaron cálculos con sus cólicos nefríticos traumatizantes. Me resistí a seguir tomando calcio, suspendí el tratamiento, lo consulté con otra ginecóloga, quien me contrarió de manera contundente.

Al año siguiente, le volví a referir mi intolerancia al calcio y lo que me dió fue un regaño, y me dijo que yo tenía una manía con eso. Cambié de ginecóloga al año siguiente, le expuse que me producían cálculos renales y cristales en el cuerpo, hasta en la mamografía se podían ver, y esta nueva ginecóloga me  dijo que era preferible los cristales de calcio en el cuerpo que una fractura. La verdad es que ella estaba decidiendo por mí, y yo sospechaba que la salida del asunto no podía ser tan estrecha.

Ante mi insistencia, la misma ginecóloga me remitió a una endocrinóloga del mismo Centro, la cual me atendió y sólo con oírme me dijo lo mismo que la ginecóloga, me volvieron a regañar, mientras yo sufría por lo menos de arenillas en los riñones, lo cual me producían periódicos cólicos nefríticos.

No encontraba salida, consulté a un homeópata bioenergético, quien me examinó y me dijo que lo que él podía hacer era reforzar mi sistema orgánico, el cual tenía un tanto desequilibrado, me recetó magnesio y zinc, y me dijo que tomara el calcio por los alimentos. El tratamiento fue a base de unas poderosas inyecciones, bastante dolorosas, que me repusieron de tal manera que me hicieron sentir muy bien, los cómputos de osteoporosis bajaron un poco, pero no lo suficiente.

Me recetó un medicamento ayurvédico para osteoporosis, me dijo que hiciera caminatas, pero seguí poco a poco aumentando mi nivel de pérdida ósea, también porque no seguí con el doloroso tratamiento homeopático. 

Recientemente, por una conversación con una desconocida que me dijo que su osteopenia se le había sanado con un medicamento para la tiroides, me dispuse a buscar al especialista de esto y llegué a una endocrinóloga, quien después de varios exámenes detectó que tengo una hipercalciuria, los riñones eliminan más calcio del debido.

Tengo la convicción de que los ginecólogos no deberían tratar este problema, porque aplican la misma fórmula para todas las pacientes, y no tiene respuesta ante los efectos que tiene sobre los riñones. Yo viví la terquedad, o la desinformación, de tres ginecólogas seguiditas, y de una endocrinóloga que se ganó el título en un juego de azar, o es que ese día no quería pensar.

Veo con asombro una publicidad en radio y TV, que crea miedo a la osteoporosis para vender calcio, leches, quesos, y demás productos, pero poca información sobre lo que es correcto hacer. 

Lo correcto es consultar un endocrinólogo responsable, que sea capaz de detectar el proceso puntual de la pérdida de calcio, a fin de obtener un tratamiento adecuado y evitar otras valiosas pérdidas, las de tiempo, dinero y salud.

El consumo irrestricto de calcio puede ocasionar al menos, cúmulos de cristales en mamas, coyunturas y riñón, causando graves consecuencias, como tumores, dolores reumáticos y cálculos renales, que no son problemitas pequeños precisamente, son grandes las consecuencias.  Pero como eso no es asunto ginecológico sino de otras especialidades, no les importa. 

lunes, 2 de agosto de 2010

¿MI TIA ES TAN VIEJA ASÍ?


Teniendo Eva como nombre, es cotidiano sentir el Génesis en las entrañas, todo lo que suene bíblico nos pertenece, aunque no hayamos leído la biblia con la dedicación que han tenidos otros. No sé si esto les sucede a otras mujeres con este nombre, pero lo que es a mí, el nombre Eva marcó una impronta notable durante toda mi vida.

Y esto no tiene nada que ver con el nombre Adán, he tenido conocidos con este nombre y no he tenido ninguna vinculación afectiva con ellos, ni siquiera una tendencia divertida hacia esa coincidencia, esos Adanes pasaron por mi vida sin dejar ninguna huella, ni yo en ellos.

He vivido muchas experiencias con respecto a mi nombre, la primera y no grata, fue la de sentirme avergonzada por la desnudez y el pecado, cosa que ya les conté; lo cual pude superar gracias a una asertiva terapia psicológica. Otras veces, fue más bien divertido, los amigos o recién conocidos me cantan:" Eva, yo me llamo Adán..." famosa canción interpretada por Memo Morales que cantó con el gran Billo Frometa.  
No menos famosa fue la canción Eva María, de La Fórmula V, grupo español que se popularizó a finales de los años 60; desde ese momento la gente comenzó a decirme Eva María y me cantaban la canción, lo cual no me desagradaba, qué linda imagen la de irse a la playa con un bikini de rayas, con la seguridad de sentirse segura sin sufrir por nadie. "...Sin la menor indulgencia Eva María se fue..."; seguramente que se fue a disfrutar de la playa a las 5 de la tarde, cuando es hermosa la vista del horizonte azul y dorado.

Ese nombre Eva María me acompañó por mucho tiempo, es sorprendente como la letra de una canción escrita más allá del charco, en Europa, y sin que su autor tuviera esa intención, pudiera ser tan impactante para una joven suramericana, que siempre tuvo un peso a causa de su nombre. Fue el primer atisbo de superación de mi pesar por tener un nombre tan pecaminoso. 

Pero la apreciación más divertida fue con mi sobrina Sabina, cuando tenía 8 años y comenzó a conocer las bases de la religión católica y al enterarse que Eva era la madre de todos nosotros, y con la premura que ameritaba el caso, llegó corriendo a casa y le preguntó a su mamá: "¿Mi tía es tan vieja así?"

Vamos a recordar a la Fórmula V



viernes, 30 de julio de 2010

SABEMOS, PORQUE NOS HACEMOS PREGUNTAS Y LLEGAN RESPUESTAS


Después de una buena sesión de escritura para ubicar los momentos claves de nuestros cambios culturales, quedé pensando en que cuando se trata de relaciones entre lo femenino y lo masculino,  mientras más buscamos más preguntas nos hacemos.

En los textos anteriores decía que había un misterio en las relaciones entre hombres y mujeres, y la sincronía junguiana me llevó a encender la televisión; abrió la pantalla y estaba ubicada en el canal Europa Europa, uno de mis preferidos, en ese mismo instante estaban pasando una escena de una película española: un joven frente a un salón de clases daba inicio a un debate, estaban realizando un cine-foro, después investigué  y la película se llama: El Ciclo Dreyer.  

Los alumnos comenzaron a dar sus opiniones,  al parecer se trataba de la historia de una mujer infiel.  Varios pidieron la palabra, y lo que más me llamó la atención fue lo que dijo una participante  cuando expresó algo así: "esa mujer tiene un amante tan estúpido, ella no está enamorada de él, creo que teniendo un marido aburrido, lo que le pasa es que está enamorada de estar enamorada, lo que ama es la sensación amorosa, y el amante la conduce a eso".

Esto lo he oído muchas veces, estar enamorado del amor, pero siempre me pareció cursi, creía que nos enamorábamos de la persona. Ahora, después de lo que sabiamente ha descubierto la psicología profunda, no puedo más que dar crédito a lo dicho  por esa chica, puedo ver que tal vez allí se encuentre la clave de tanto desatino en las relaciones afectivas.

Teniendo presente que el amor es la gran fuerza que creó el universo, que es la fuente de vida, la energía del eros, ¿no sería natural que nos dejemos seducir por él, y que ese embriagamiento sólo sea posible emerger a través de la persona en quien depositamos nuestro sentimiento?.

Los expertos dicen que cuando estamos en los primeros momentos de acercamiento amoroso se nos activa una hormona que produce en nosotros un estado en arrobamiento que impide el uso de la razón, es la fase de encantamiento, de la ilusión, de la cual nunca quisieramos salir. Esa hormona es la feniletilamina.

Cuando estamos pasando por esos momentos iniciales, no comprendemos razones y es inútil tratar de explicarle a una persona poseída por esa condición, para que razone o analice sobre su enamoramiento.

Si imaginamos que allá arriba flotando sobre nuestras cabezas hay una energía a la cual tenemos acceso sólo cuando nos relacionamos y nos dejamos llevar por esa fuerza amatoria, podríamos entender que la fuente de nuestro enamoramiento proviene de nuestra conexión con esa fuerza divina,  pero siempre a través del otro.

Es fácil comprender entonces cómo un bebé  expuesto  a la falta de contacto humano sucumbe irremediablemente, le falta esa conexión superior.

No dudo por supuesto, que entre las personas se genere un intercambio amoroso, al fin y al cabo según este razonamiento,  cada persona es como una pila que hala la energía divina del amor y  la transmite al otro.

En nuestro mundo tridimensional creemos que nos enamoramos de la persona porque lo vemos, lo oímos, olemos y sentimos, lo palpamos con los sentidos, pero el amor se encuentra en una dimensión trascendente, lo clave, es que la persona es la vía, el puente para llegar a él. De allí la dificultad para conseguir sociego en la soledad, especialmente si hemos experimentado el amor con una pareja, las personas somos canales mutuos de acceso para llegar a esa fuente de energía vital. 

La pregunta es ¿por qué esa fase de enamoramiento es temporal? sólo se me ocurre que esa energía que transita por los dos cuerpos debe ser asimilada y transformada en un amor terrenal, concreto, por parte de la pareja, a fin de establecer compromisos afectivos en lo sucesivo. Lo imagino como una suerte de re-creación humana de esa energía divina.

Cuando ese proceso de re-creación no se desarrolla, caemos en la decepción y vemos con ojos terrenos los defectos, los fallos del otro.

Esta versión hipotética del proceso amoroso, es sólo una manera de darme respuesta a este misterio que llaman amor.

jueves, 29 de julio de 2010

Y ¿CÓMO SABEMOS ESO?

Continuación...

3- Liberación, libertinaje, reflexión.
Ya en las proximidades de la década de los noventa, se inició un procesamiento de estas vivencias, básicamente por los aportes de  terapeutas, sanadores, espiritualistas, y demás hierbas, quienes surgieron milagrosamente para ayudar a las víctimas de sufrimientos  emocionales.

Las madres de los adolescentes de los noventa cambiaron el discurso, fueron las pioneras de un cambio notable en el pensamiento.  Las jovencitas eran aconsejadas, para que no se casaran sin conocer a la pareja,  les recomendaban que vivieran juntos y descubrieran si realmente querían compartir la vida.  

Esto acompañado de una buena información sexual para evitar embarazos no deseados y enfermedades, dieron al traste con los viejos esquemas. Al fin se acabó el tabú de la virginidad como una garantía de pureza,  logrando abolirla también como fuente de fracaso. Esto vino a ser un avance ante la antigua cita a ciegas.

4- Extrema individualización, soledad.
Hoy en 2010, aparte de las uniones felices, que sí las hay, las mujeres maduras volvemos a tener sufrimientos con las relaciones, porque la magia de los primeros momentos insisten en dejarnos como ciegas. Los cambios de mentalidad no han incorporado la necesaria responsabilidad; y la omisión, la huída o desaparición, y la falta de comunicación siguen siendo factores comunes que aquejan a la mujer.  

En otro estadio de la realidad, especialmente en la juventud femenina ha surgido una  emulación del comportamiento libertino masculino y ahora, hombres y mujeres participan en una sopa de infidelidades, descaros e indolencia. 

La soledad está haciendo estragos en buena parte  de la población,  casadas, solteras, divorciadas, ya sean profesionales o no,  desarrollan una vida en la cual se encuentran con hombres que tienen miedo al compromiso, una especie de complejo a ser devorados, quienes apenas soportan dos o tres meses de relación y luego salen despavoridos. 

¿Qué ocurre? las explicaciones van desde la supuesta guadaña de la rutina, la cual nunca sentí en mi vivencia, hasta la pérdida de incentivos, presiento un atávico miedo a perder libertad, el terror a la esclavitud, o una especie de claustrofobia espiritual, que no permite el vínculo positivo. 

Tal vez la globalización nos está dando una visión cósmica tan expansiva que las personas sientan que la permanencia con la misma persona sea un signo decadente y sofocante. Con ello pareciera que se está pronunciando también una individualidad extrema. Tal vez para que volvamos adentro, reflexionemos y cambiemos.        
   
Se insiste en comprender el asunto y algunos proponen que no es suficiente la comunicación sino la necesidad de establecer acuerdos; sin embargo, las estadísticas muestran que el 50% de los matrimonios, que son los acuerdos más clásicos, terminan en divorcio, después de fuertes eventos emocionales.

Entonces, de pronto se nos ocurre que al conocer a un  posible enamorado, es preciso descubrir  su modus operandi, ¿y de dónde sale esto? por supuesto, es que realmente te encuentras con verdaderos delincuentes, que asaltan las emociones, que causan daño y quedan tan impunes como cualquier depredador selvático.

Con esto no estoy desconociendo la carga emocional que traemos desde niños, y que es eso precisamente lo que nos conduce al dolor, sin embargo, no puedo dejar de lado, que las parejas caen o hacen caer en trampas, debido a su comodidad y falta de compromiso, que si bien la hubo muy poco en nuestro pasado cultural, tampoco es una cualidad en el ahora.

Es triste cuando una persona se defiende  cuando le dice al otro: "yo nunca te dije que te amaba", "yo nunca hablé de matrimonio". Es un baño de agua helada que asquea, porque quien habla entonces  es un ser animalizado o un depredador, ¿qué hacía en la relación entonces?. 

Actualmente estamos viviendo una nueva cultura, un código aún desconocido, una mezcla de responsabilidad con irresponsabilidad, tal parece una transición, porque es un caos,  típico en confusiones. 

Todos estamos prácticamente aprendiendo en la acción, ya el tabú sexual es cosa pasada, se usa protección también por razones de salud, se hablan las cosas directamete y no parece que eso comprometa el romanticismo, pero las rupturas se siguen haciendo a través de los métodos tradicionales, como la clásica huída o desaparición  masculina que deja profundas heridas en la mujer. 

Volvemos a revisar lo que ocurrió y vemos que faltó establecer acuerdos y me  pregunto ¿para qué? si las malas relaciones se producen con y sin acuerdos. Creo que quien se va a ir se irá como quiera,  aún cuando haya acordado una manera menos hiriente de hacerlo.

Veo en estos comportamientos una marca delictiva. Si se define delito a una acción que daña a otro,  los delincuentes emocionales serían los reos de una justicia particular. Esa justicia no es humana por supuesto, al menos no en estos momentos.

En las relaciones de pareja es donde se experimentan los más profundos malestares emocionales, porque requieren entrega, y todos vamos a ella con defectos afectivos contraídos en nuestra infancia, pero no es menos cierto que estas relaciones también están cargadas de manipulaciones, premeditaciones, y un sin fin de comportamientos de mala fe, que caben perfectamente en la denominación de una vil Delincuencia Emocional.

Hoy estamos optando por sanar nuestras heridas de infancia para que las que surjan en la adultez no nos repliquen el pasado. Seguiremos aprendiendo porque las relaciones entre hombres y mujeres son un misterio. 

Y ahora a alegrarse con música y brindar por ellos aunque mal paguen:
 


Y ¿CÓMO SABEMOS ESO?


Conversando y conversando, -cualidad maravillosa de las mujeres-, para luego reflexionar y aprender, -lo que tal vez no hagan muchas mujeres-, he podido darme cuenta de un fenómeno que he denominado Delincuencia Emocional.

En cada tiempo, época, era, momento, vivimos en una determinada cultura, de la cual somos parte, todos manejamos más o menos un mismo código de referencia para comportarnos, sin importar si es bueno o malo, pero todos sabemos a qué atenernos. Por ello, quiero referirme a cuatro momentos que hemos tenido en Venezuela: 

1- Cultura tradicional.
  Durante los años anteriores a los sesenta, las relaciones amorosas estaban bien determinadas por un código de comportamiento, los padres  celaban a sus hijas y se comprometían a protegerlas de los peligros que suponía el enamoramiento y sus consecuencias. Cuidaban la integridad moral y material de las jóvenes, y preferían a los hombres responsables y con buenas perspectivas futuras. Los más conservadores aspiraban una buena situación económica.    

Podríamos decir que en este contexto habían tres tipos de comportamiento masculino: 

a- el responsable de sus actos, que asumía compromiso con su pareja, 
b- el irresponsable que engañaba a diestra y siniestra, dejando hijos regados por todos lados, 
c- una mezcla de los dos anteriores, que iba desde lo que se denominaba "echar una cana al aire",  hasta el que provocaba un absoluto descalabro familiar, justificado  siempre por el supuesto sofoco que les producía estar siempre al lado de la misma mujer.

En el lado femenino, también habían tres comportamientos: 

a- la virgen que no permitía acercamiento hasta el día de su matrimonio,  
b- el comportamiento licencioso, la que no le importaba el matrimonio y se "entregaba a las pasiones del demonio del mediodía", como dice Chabela, una genial comediante mexicana, 
c- la chica, que manteniendo la idea de una unión auténtica, sucumbía ante su amor desenfrenado, quedando comprometida en cuerpo y alma con sus sentimientos de entrega. 
Estas situaciones las vi en mi juventud, y no me gustaba ni la cita a ciegas del matrimonio virginal ni el comportamiento licencioso,  por razones obvias.
 
Estos modelos de comportamiento tenían éxito cuando se sincronizaban con los masculinos correspondientes, es decir:

A- Comportamiento virginal con masculino responsable.
B- Chica auténtica con masculino responsable.
C- Comportamiento licencioso con masculino irresponsable.

El éxito de estas sincronías estaba en que en todos los casos las parejas tenían las mismas expectativas, o al menos funcionaban según las mismas referencias.

El pero del asunto, es que también se daban asincronías, cuando las vírgenes y las auténticas se relacionaban con los irresponsables,  frecuentemente pulidos en las artes amatorias, los cuales competían deslealmente con los masculinos responsables, muchas veces casi vírgenes también.

La cultura moldeaba un código de comportamiento y a nadie sorprendía un arrebato paterno ante una osadía cometida contra una hija. Eran tiempos en los cuales tanto la palabra como el comportamiento comprometían a cualquiera. Un beso era casi lo mismo que pedir la mano en matrimonio, al menos así lo entendían las chicas, y los padres. Se daban casos en que la joven temía estar embarazada por causa de un beso.

Hay una canción de Chelique Sarabia, que cantó nuestro querido  Cherry Navarro, que expresa con mucha precisión el sentir masculino de esa época:

"Para robarte un beso, tuve que enamorarte
y ahora estoy sufriendo porque contigo debo casarme
Porque quiere tu papá, sí, sí
Porque quiere tu mamá, no, no
Pero yo no quiero porque tan sólo quise besarte
Tu debes comprenderme, mi vida sufro mucho
deja pasar el tiempo y en medio siglo te querré mucho"

Un mensaje claro de que la juventud masculina es para disfrutarla,  y que luego sobrará tiempo para amar. Mientras las chicas pensaban que sexo y amor era lo mismo.

2- Feminismo en acción.
Después de los sesenta, con los movimientos feministas, nos sentimos libres de desconocer los códigos anteriores, y muchas jóvenes,  inconformes con los dos modelos extremos del pasado, y soñando con un amor comprometido por el amor mismo, comenzamos a transitar por una senda plena de vivencia y con ella,  también llena de desengaños, sufrimiento y madurez. 

Se perdió la rigidez del pasado pero no se incorporó la responsabilidad en el amor, aunque el hombre responsable de otros tiempos siguió  existiendo hasta hoy.  El movimiento de liberación femenina proporcionó cambios en la mujer y muchos beneficios para aquel hombre dispuesto a vivir la vida loca. 

La maternidad surgió entonces como redención de una vivencia penosa, por la mezcla de la necesidad afectiva otorgada a un hombre no comprometido, que abandonaba. 

Montados sobre el caballo de la liberación femenina, los "más beneficiados" fueron los hombres irresponsables, quienes  tenían en la modernidad una excusa para no comprometerse. La palabra parecía cobrar significado,  especialmente "matrimonio" y "te amo", de las cuales con mucho esmero se cuidaban de pronunciar, y  llegado el momento, acudían sin demora al argumento de que nunca habían pronunciado tan nefastas expresiones. 

Al contrario a los tiempos anteriores, los actos perdieron valor, desde un beso hasta la relación sexual perdieron significado, incluso una petición de matrimonio tampoco era garantía de nada, porque hasta dejaban a las novias  esperando en el altar, o se casaban y seguían comportándose como solteros.

Con estas experiencias, los consejeros familiares y de pareja, comenzaron a detectar la importancia de la comunicación verbal, ya que  habían observado que el asunto clave estaba en que las mujeres querían y esperaban algo de lo que los hombres no se habían enterado. Había un código tácito de comunicación, y las mujeres más aquejadas en estas lides, asumían con pudor que quien las amara las comprenderían sin necesidad de que ellas dijeran nada; tal vez ellas sí podían adivinar lo que los hombres querían, y creían que ellos funcionaban igual.

Surgieron propuestas para desarrollar la comunicación sin que ello redujera los sufrimientos, las separaciones y los traumas consecuentes. Al menos se había dado un paso adelante, las mujeres tenían que expresar sus pensamientos y deseos verbalmente, antes y durante la relación.  

continuará...   

miércoles, 28 de julio de 2010

CAÍN, ENEMIGO DE SANGRE


Cuenta la referencia bíblica que Caín, celoso de su hermano por haber logrado agradar más que él, a Yavé con sus ofrendas, premeditó asesinar a Abel, lo cual logró después de invitarlo al campo.

No sabemos nada de Abel, sólo que fue víctima de la  mala índole de su hermano, presa de la envidia, los celos, de su malicia y mediocridad, que finalmente lo expresó en su crimen.   

Llama la atención que los hijos de Adán y Eva a pesar de haber nacido fuera del jardín del Edén, hablaban con Yavé como lo hacían sus padres antes de ser expulsados del paraíso. Esto constituye un dato significativo, porque nos habla de la omnipresencia de Dios y del acceso que tenían a él. 

Cuando recogieron los frutos de su trabajo, cada uno le hizo una ofrenda a Yavé, pero Caín falló cuando no escogió lo mejor de su cosecha para tal fin; en cambio Abel sacrificó en holocausto los primeros nacidos de sus rebaños. Se aprecia una diferencia cualitativa en la actitud de cada hermano. Caín creyó que podía engañar a Yavé, y con un sentimiento mezquino cometió dos errores que pagó sin demora. 


Me pregunto, ¿cuándo cambió este sistema de justicia,  para que hoy muchos asesinos queden impunes, al menos a corto plazo?

Aparentemente a Caín le pareció que la ofenda no era tan importante,  aahh, pero eso sí, esperaba que Yavé se sintiera agradado  con ella. 

Es una actitud que aún prevalece en la mente humana, cuando agradecemos con lo que nos sobra, lo que no apreciamos, o lo hacemos por obligación, con tacañería. 

No sabía Caín que las buenas ofrendas brillan a los ojos de Dios. 

Otro dato que resalta en esta historia, es que Caín debió saber que ellos eran mortales, ¿a quién vió Caín morir antes de Abel, para que se le  hubiera ocurrido matarlo? además, ¿quién podría ser sospechoso, sino él mismo?, ¿en aquel lugar habían otras personas, un pueblo quizás?.

Cuando Yavé lo interroga, lo pone en evidencia de haber dado muerte a su hermano y le dice que la sangre de Abel clama  desde la tierra, por ello le ordena abandonar esa tierra fértil, y lo condena a un destino de escasez y a ser un errante y fugitivo.

Ante esta sentencia Caín expresa su instinto de conservación, su apego a la vida, cuando suplica argumentando que el castigo es más grande que su fuerza, y en lugar de preocuparse porque su esfuerzo  laboral no tendría resultado, se preocupa más porque en ese destierro cualquiera lo puede matar. Ante esto, Yavé le garantiza que nadie lo matará colocándole una marca, y en todo caso, quien lo hiciese recibiría su venganza multiplicada por siete.

¿Qué significa esto?, ¿por qué Yavé lo despide y lo protege a la vez?,  ¿existía una tierra fértil y otra árida?, ¿la tierra, por más que la cultivase no le daría fruto, debido a su mano asesina?, ¿significa  que sólo a los asesinos la tierra les niega los frutos?...

¿Se referiría Yavé a otros frutos?, digo, porque esto no es nada coherente con lo que vemos hoy, donde los corruptos  tienen fácil acceso a todos los productos de la tierra, del aire, del agua y del fuego, si trabajarlo precisamente. ¿Cuándo fue revocado ese criterio? ¿o fue sólo para condenar a Caín?, ¿cómo hizo Caín para sobrevivir? tal vez se dedicó a otra actividad que no tuviera relación con la agricultura.
 

Enigmáticas historias, que apenas asoman información,  que nos dejan vacíos de datos, huecos históricos, por eso no las podemos tomar al pie de la letra, sino como referentes  o parábolas que requieren como mínimo, una visión amplia para aproximarnos a su significado. 

Lo que sí hemos visto permanecer en la historia de la humanidad, es la enemistad entre los hermanos, término que ha sido trasladado como metáfora a toda la especie humana, cuando nos consideramos hijos de Dios, y hermanados por ese lazo espiritual.  

Ahora la cuestión no sólo se reduce a una consideración mística, ya los descubrimientos sobre el ADN  Mitocondrial nos están dando información sobre la hermandad real que tenemos, cuando ya se ha detectado en la procedencia de los occidentales, un origen en seis madres primigenias, pero esto es otro tema.