sábado, 22 de septiembre de 2012

LOS HUMANOS Y EL MAL (I)

 
En días pasados asistí al Cine-foro de Psicología Arquetipal, que convoca mensualmente el Dr. Luis Galdona, presentó la película: TAN FUERTE, TAN CERCA, que refiere una historia con el telón de fondo de los acontecimientos de 11 de septiembre, hecho que conmovió al mundo de mil maneras.

Galdona comenzó diciendo que ninguna película o relato que haga referencia a ese episodio, puede cubrir el inmenso impacto que causó el 11S, ya que está inscrito en la inmensa capacidad destructiva que a veces alcanza el ser humano, el horror.

El foro se inició con las observaciones de Galdona quien, como es su estilo, lo dirigió de manera magistral, con la lectura de los comportamientos, el lenguaje y arquetipos que en la obra estuvieron a la orden del análisis. Comenzó citando a dos autores, quienes afirman que el ser humano posee las capacidades más extremas para causar daño, que no es siquiera necesario Satanás. Las acertadas observaciones de Galdona, más que la película, me hicieron saltar las lágrimas.

Para la ciencia, el ser humano posee potencialidades inimaginables, sus infinitas posibilidades se analizan a partir de causas o explicaciones biológicas, psicológicas, sociales, patologías y otras, que aún faltan por descubrir. El aspecto espiritual aún no se integra al estudio científico, aunque ya hay estudios y experiencias independientes que apuntan en este sentido.

La maldad ha sido materia de atención de filósofos, científicos, poetas, escritores, y es la base de sustentación de las religiones, para el desarrollo de sus doctrinas y la ética que los sustenta.

Lo bueno y lo malo, son dos polos que nos mueven, que nos motivan, que sirven de referencia en nuestras permanentes elecciones, ya sean simples o complejas, cotidianas o trascendentales, y cada una de estas concepciones posee un sin fin de otras concepciones que las redefinen, como honestidad, legitimidad, ética, respeto, libertad, felicidad, y para el mal, corrupción, inmoralidad, crimen, pecado, y otras miles.

Cada día nos sorprende el incremento de delitos extremos, en los actuales momentos la prensa se ha inundado de noticias de horrores en diversas partes del mundo; canibalismo urbano, secuestros y violaciones de hijas, asesinatos de bebés en manos de sus madres, crímenes de sectas satánicas, cruentas guerras que afectan civiles, por sólo nombrar las más resaltantes. Los estudiosos de este tema, tienen mucho material en vivo, para sus investigaciones.

En estos debates, están divididas las opiniones de la sociedad:

- La ciencia atribuye el mal a la naturaleza dual del ser, el bien y el mal anidados en su constitución natural y aprendida, y a patologías resultantes de esa dinámica compleja de componentes humanos.

- Las religiones, están muy claras en determinar que la constitución del mundo trajo consigo un ser maligno responsable de los desvaríos humanos, ya que en algún momento le son dadas las oportunidades de ejercer su poder sobre ellos, ante las cuales sucumben debido a sus debilidades y desobediencias. Fijan su argumento en el poder de la tentación, ya que el mal se viste de belleza, oportunidad, promesas a corto plazo, y encanto.

- Algunas fraternidades y organizaciones civiles hacen énfasis en el hecho de que el mal, es sólo un error del ser, que debe ser comprendido, no censurado y corregido a tiempo, para evitar las represiones, que sin duda generan males mayores. No obstante, perciben el mal como un acicate para el desarrollo espiritual del ser, ante el cual es preciso desarrollar acciones que conduzcan hacia el camino correcto.

 - Otra visión más amplia, que llamaré espiritual, está sustentada en las antiguas tradiciones, y versiones del pensamiento oriental, percibe el mundo como una precipitación de las energías de Dios, de la nada o del todo, -es lo mismo-, el cual se concentró en una gran fuerza para dar lugar al Big Bang, - fenómeno que la ciencia comparte-, lo cual dio lugar a la emanación de miles de entidades que se fueron organizando, en sus diversas tareas, a fin de “bajar” por la escalera de los chakras (punto de energía) universales.

A través de varios niveles o dimensiones, -árbol de la vida- se llega a la base del sistema, a fin de crear en esta base el mundo material o terrenal, con almas determinadas y apoyadas por entidades superiores. La idea de este proceso es experimentar la vida y sus complejidades a fin de conocerse a sí mismo, a través de sistemas geométricos que ordenan el comportamiento en tercera dimensión. ¿Será esto la esencia de los arquetipos de Jung?

Esto significa que las almas que nos habitan a nosotros, son partículas de aquella explosión inicial, por lo que seríamos entonces, partículas de Dios en cuerpos físicos, experimentando la vida material. Esto supone una gran responsabilidad, porque en esta experimentación está el descubrimiento de los que somos, y de lo que estaba oculto en aquel o aquella Nada-Todo.

Esto lo llaman El Plan Divino, un proceso de manifestación, que busca la expresión de lo que es, y una vez superados ciertos niveles dados por el tiempo o los ciclos, ascender o regresar al origen. Curiosamente, lo perciben como un proceso o movimiento infinito, que sigue la forma de este símbolo, la figura de un ocho horizontal.

Según esto, somos entidades similares al cosmos, un mundo en pequeño, que a manera de holograma, representamos la totalidad;  esto es así, a fin de estar conectados con la fuente inicial.

Esta es una visión integral de la realidad total, un mundo visible, donde la energía se ha compactado, y otro invisible, sutil, donde existen ángeles, guías, maestros, que están allí, al cuidado de que el Plan se cumpla. He de hacer notar que también incluye la vida en otros planetas y galaxias, lo cual incorpora una visión aún más amplia.

¿Y en esta historia, cómo y cuándo surge el Mal?

Hay versiones, una afirma que la primera manifestación de Dios, fue un querubín, llamado Estrella Matutina, Luzbel, conocido personaje de las religiones monoteístas, en quien había maravillosas propiedades, y cuando supo del plan para las almas que encarnarían en los humanos, se llenó de celos y se opuso a servirles, -como era la tarea de todos los seres celestiales-, pues el humano estaba predestinado a ejercer la vida material, el estado más denso de la creación, lo cual lo hacía privilegiado, por la oportunidad de brillar y de ser apoyado por los seres celestiales.

Esto lo llevó a rebelarse, a fin de sustituir a Dios, ante lo cual surgió Miguel, con su lema: “Quién como Dios”, quien tras una guerra lo derrotó, por lo cual fue precipitado con sus huestes a los abismos, el Infierno, desde donde ejerce su maléfica influencia sobre los humanos. Esta versión establece un enfrentamiento, una fuerte lucha de opuestos entre el Bien y el Mal.

Una segunda versión, afirma que Dios y Luzbel, son dos caras del mismo ser, o expresiones básicas del contenido resultante del big bang, y que son dos fuerzas inteligentes que ejercen su acción conjunta sobre la vida humana, como acicates del desenvolvimiento del Plan, cuyas dificultades pulen aún más la autenticidad de los resultados. El alma humana sería el ejecutor de un plan personal, que previo al nacimiento ha establecido de acuerdo con un comité asesor. Al nacer, éste plan pasa a su mundo inconciente, y es en esos niveles espirituales donde se lleva el seguimiento y la secuencia de los eventos acordados, en los cuales actúan fuerzas que muchos llaman destino, y que según esta visión son decisiones del alma.   

Según esto, el mal que padece la humanidad son simplemente acuerdos de las almas victimarias y víctimas, para representar un papel en la historia de las personas, pero que en el mundo espiritual, las almas de unos y de otros no constituyen enemigos, sino una cooperación bien planeada. 

Una tercera versión afirma que Luzbel es un  poderoso custodio del Plan Divino, y resulta que en su afán por darle curso, y dado que las almas al penetrar el espacio de tercera dimensión olvidaban su propósito y su origen, ya que al entrar en estados densos se pierde la memoria de lo que son y de dónde proceden, los humanos se dejaron llevar por la inercia del No Tiempo, de donde procedían, y sus ejecuciones eran muy lentas, no ocurría casi nada, motivo por el cual Luzbel decidió intervenir; su primera decisión fue hacer presión sobre el humano a través del tiempo.

Al ver que este ángel tenía la función de motorizar el proceso, y que podía traspasar los límites, surgió Miguel, conocido como Arcángel Miguel, quien convino en acelerar el tiempo, pero condicionado a respetar el Libre Albedrío de los humanos. De no ser así no tendría sentido la manifestación material guiada desde arriba, porque los humanos serían simples marionetas.

Estas dos propuestas, Luzbel y Miguel, hicieron tensión en aquellos niveles celestiales, por lo cual se produjo una fricción que llevó al enfrentamiento entre estas dos figuras del mundo invisible, de lo cual se desprendió la legión de ángeles de Miguel y la legión de demonios de Luzbel. Ángel y demonio, son entidades similares, aunque demonio tiene una connotación de genio, un tanto acorde con la cualidad de conocedor que requiere la maldad, como se les ha reconocido en el transcurso del tiempo.

Miguel, en previsión le asignó a cada alma un ángel guardián o protector, para evitar que los demonios tomaran la acción que les correspondía realizar a los humanos, ya inspirados en la intromisión.

Con esta división en el mundo invisible, o al menos dos posturas en tensión, no cabe duda que estas energías se reflejaron en la naturaleza humana, debido a que somos hologramas de un mundo mayor, de allí la expresión: “Como es arriba es abajo”, segundo principio del hermetismo.

Tal y como lo reconoce la ciencia, que ubica en el humano esta doble condición natural.

No obstante, con todo y esta naturaleza dual establecida en el humano, la dualidad de ese otro nivel invisible, lo hace doblemente dual, ya que ésta no reside sólo en el humano, sino que el bien y el mal estarían también arriba, en el humano y fuera de él. Esto revela que algunas visiones humanas sobre el mal, lo que han hecho es enfocar una parte de la verdad, es decir se manejan con la verdad a medias, al colocar la maldad y la bondad sólo en la condición humana.  

En esta tercera versión, Luzbel comienza su trabajo aplicando límites al humano, a fin de que ejecute el Plan Divino, y empieza por el tiempo, y determinó darle al humano sólo unos pocos años de vida, pero éste siguió en su lentitud, lo cual hizo necesaria la cadena de reencarnaciones, a fin de que las almas en cuestión realizaran sus tareas.

No obstante, el humano seguía atado a la inercia de sus vivencias en el mundo espiritual, de donde provenía, y el esfuerzo de los ángeles por inspirarlos a realizar sus tareas no eran captados por ellos, razón por la cual se dio paso a que los demonios aplicaran sus métodos persuasivos, trayendo como consecuencia la experimentación de males en la vida de los humanos; surgió la enfermedad, los accidentes, las guerras, y toda suerte de dificultades, que al fin hicieron efecto en la acción humana, ya no por una simple manifestación de su misión, sino por la presión que ejerce el dolor. No en balde se ha visto la enfermedad como camino al desarrollo y la ascensión espiritual.

Pero el asunto no se quedó aquí, tal vez si estos ángeles y demonios hubieran trabajado coordinados, o en equipo, hubiera evitado que se les fuera de las manos la custodia del Plan. Aconteció que en su desesperación por hacer que el Plan se cumpliera, los demonios se acercaron muy imprudentemente al mundo material, es decir, a la tercera dimensión, y al acercarse prácticamente fueron afectados por las condiciones de estar en él, en el mundo denso, perdiendo la memoria de su propósito, y quedando atrapados dentro del mundo material, pero sin cuerpo, porque a este mundo sólo entraban los humanos a través del canal del nacimiento de las almas.

Esto creó una dimensión o plano, que se denomina Bajo Astral, a donde van las almas que mueren y no saben que han muerto, quedando apegadas al mundo sin estar en él, y desde donde se ejerce influencia sobre los humanos que vibran en la misma frecuencia. Vale aclarar que las emociones de ese mundo oscuro están asociadas a sentimientos de frustración, rabia, rencor, actitudes destructivas, que forman la base de las sustancias que alimentan al mal.

He de hacer notar que este proceso se da en muchos planetas, con muchas razas, de las cuales emanaron caminos diversos y que recalaron en la tierra, una vez que fueron destruidos sus hogares cósmicos.

Con esto quedamos claros en la existencia de vida en distintos lugares del universo, lo cual llama la atención, por la diversidad de almas que ello conlleva, lo cual complica enormemente las cosas, al tratar de comprender la dinámica que estamos viviendo hoy.

Volvamos a los demonios, los cuales parecen ser entidades temperamentales, capaces de desarrollar cualquier acción con tal de lograr sus objetivos, sin embargo, ya dentro del campo terrestre, no tenían referencia del Plan ni de sus objetivos, sólo les quedó la impaciencia y la motivación para ejercer su voluntad.


Era de suponer que una vez penetrado el mundo de la materia, los demonios, como cuentan muchas leyendas, se unieran a las mujeres, a través de los cuerpos de los hombres que poseían y debilitaban para instalarse en ellos.  

Según esto, el mal de arriba se reunió con el mal de abajo, el humano se contaminó con la energía de los demonios y de allí surgió este estado de cosas, atribuibles a todo ese contenido de donde procedemos; de allí parten las personalidades que tiranizan, agreden, asesinan, con un propósito desconocido para ellos mismos, porque realmente no lo tienen, es sólo una patología espiritual nacida en un deseo desmedido de poder, no reconocido y resuelto en los mundos invisibles.

El mal, ya reconocido por la ciencia, es a juicio de Freud, un debemos asunto que debemos sublimar, y a juicio de otros, debemos reconocer e integrar, a través de finas lecturas de los mensaje del dolor, la tragedia, las enfermedades, y el horror de las guerras, para integrar sus enseñanzas comprendiendo el vínculo que tienen con el bien, la sanación y la superación de oscuridades.
  
Esta visión insiste en reconocer, que el mal no está sólo en nuestra naturaleza, ni está sólo afuera, sino que forma parte de la esencia del ser unido, que somos todos, y que por ser un fenómeno que nos impacta cada vez más, al menos saber qué hacer con él. En los últimos años se han promovido muchas teorías y prácticas sobre el perdón, el amor, el reconocimiento de los personajes de la familia a través de Las Constelaciones Familiares, y un sin fin de medios para conectar con el equilibrio mental, emocional y físico.

Con este último enfoque, ¿estaríamos buscando el bien? No creo, el bien se ha buscado a través de la moral, la religión, las leyes y apenas ha sido fructífero. Hemos de buscar la integración, la transformación, que no quede nada fuera; incluso, en muchos momentos el bien se torna en mal, cuando se llega a los extremos, un exceso de protección hace a un hijo débil e impotente, el exceso de alimentos enferma.

En oposición, el mal también se torna en bien, cuando nos avisa y nos prevé de males mayores, o, cuando el mal es tan extremo, que logra paralizarnos, pero que no nos enamora ni nos desmorona, que nos pone a prueba y respondemos desde nuestra condición positiva y constructiva, como hemos visto renacer a los sobrevivientes del holocausto a los judíos, quienes han dado testimonios de una poderosa resiliencia.

Vemos entonces, que estos dos opuestos tienen en la vida humana un significado distinto en la práctica y en la teoría. Diríamos que tanto el Bien como el Mal, poseen a su vez dos opuestos, un lado luminoso, y un lado oscuro, por darles una definición a esos dos polos cuando se tornan devastadores o cuando son nutritivos para el alma.

Finalmente, si quisiéramos definir el Bien y el Mal, diríamos que según su estricto origen, el Mal es la acción de violar la voluntad del otro, ya que procede de imponer, de intervenir en el proceso de los demás, y ese es el común denominador en todo daño conocido. En oposición, diríamos que el Bien sería, el respeto por el Libre Albedrío y el asumir la custodia de los seres bajo nuestra responsabilidad, como lo hacen los seres de luz del mundo celestial.

Una reflexión que podemos extraer de estas versiones, nos llevaría a suponer que la definición de humano aún no está clara, ya que lo humano no estaría determinado por la constitución corporal, en virtud de que son las almas destinadas a encarnar como humanos, los verdaderos humanos, y no los cuerpos de humanos que fueron o son dominados por las energías demoníacas; si los demonios pueden intervenir en las decisiones y acciones humanas, sin darnos cuenta estaríamos englobando en la definición de humanos a todos los que tengan cuerpo de humano, lo cual no sería correcto, a la luz de estas explicaciones.

Ésta ha sido siempre mi duda, cuando veo seres como Charles Manson, dictadores en todas las latitudes, y tantos otros criminales que cometen actos abominables, que nos hacen dudar de su naturaleza humana, la cual se estructura con dualidades que incluyen la bondad y la empatía. ¿Estaremos en presencia de una diversidad de seres no álmicos, que se expresan en la diversidad de seres humanos y donde se cuelan sin ser advertidos?. Esto no descalifica el hecho de que existen patologías que describen a seres egocéntricos, narcisistas, psicópatas y otros tantos males mentales y emocionales del humano. 

¿Es esto verdad trascendental, o cuento? No lo sé, cada quien decida la argumentación que juzgue correcta.         

martes, 4 de septiembre de 2012

EL MIEDO AL AMOR


 Parece un contrasentido, pero es verdad, así como le tememos a la libertad, a la prosperidad, a la felicidad, y a muchas otras cosas buenas, le tememos al amor, diríamos que simplemente le tememos a lo desconocido; ya entrenados para bregar con los pesares, las cosas buenas nos atemorizan y preferimos seguir viviendo en el mal que ya conocemos. Digamos que es preciso profundizar algo, para poder tener una idea de lo que puede estar ocurriendo.

¿Qué es el amor?, la percepción que tenemos de esta palabra, concepto, o sensación, va a depender de las vivencias que hemos tenido en relación con ella; lo que hemos vivido nos condiciona para tener una visión de lo que ha significado y significa para cada quien.

En términos generales el amor es percibido de manera distinta por las mujeres y los hombres, y en este punto me atrevo a utilizar un enfoque muy simplista: las primeras más inclinadas al romance, a la imaginación y el suspirar, y los segundos más inclinados a lo concreto, lo pragmático, lo corporal.

Para la mujer de la cultura tradicional, nuestras abuelas, el amor era algo inalcanzable, "una Lotería", como decía mi madre, los maridos que tenían, estaban lejos de proporcionarles el estado de placidez deseado, bien porque no se habían casado con la pareja elegida por ellas, sino por la familia, o, por el comportamiento machista e insoportable del elegido. En ambos casos, experiencias dolorosas. A la mujer no le quedó otro camino que sublimar su amor a través de la maternidad, el amor por los hijos, lo cual se concebía como un amor incondicional.

Hoy, la mujer ha cambiado su percepción, y tal y como el hombre moderno y desprendido, asume que el amor es un momento específico, un rato de disfrute sexual, más bien percibe el amor como un concepto recreativo. Las expectativas de las abuelas ya no tienen espacio hoy, el amor para toda la vida, no es una realidad.

Sin embargo, hay un despunte de un nuevo enfoque en la mujer: la profundidad, que podría devenir de la romántica, pero que incluye un elevado sentido de entrega que va más allá de lo que se comparte, porque se ha incorporado un concepto más elevado del ser.

Para esta mujer, el amor es un estado sagrado, que embellece a quien ama; no queda más que concluir que resulta bastante difícil que una pareja sienta equivalentes sentimientos, ya que cada persona trae consigo un mundo de condiciones, que ni ellas mismas conocen. Sólo con pensar en la Sombra que traemos en el inconciente, nos podemos imaginar los complicados procesos que se dan entre los hombres y las mujeres cuando se acercan y comparten al menos, unos momentos en la cama.

Son muchas las heridas que llevamos en el corazón, esto nos hace desleales, es tal el miedo a amar y a que nos amen, que si vemos un signo de tales sentimientos salimos corriendo; esto no se debe a que seamos precavidos e incrédulos, esto se debe a que nos invade un miedo paralizador: miedo a cambiar, miedo a perder lo que hemos acumulado en la vida, miedo a sentir, miedo a tener que responder a un sentimiento nuevo; se activan las alarmas y la persona escapa.

Lo triste de esto es que esa reacción es sólo eso, una reacción ante situaciones nuevas, pero con referencias viejas. Hay quien dice que aún cargamos a cuestas el miedo por los peligros que significaban en el pasado remoto, el enfrentamiento con las fieras salvajes, nuestra memoria celular nos advierte de peligros aterrorizantes, asociados a la oscuridad, la soledad y el desamparo.

En un mundo complicado como el que vivimos, hemos creado una fuerte incapacidad de relacionarnos cara a cara, y hasta de comunicarnos, debido a muchos miedos, entre ellos al contagio de enfermedades, por decir uno; se está manifestando un fenómeno nuevo, el sexo digital, la autosatisfacción a través de estímulos audiovisuales, lo cual dará como consecuencia una soledad abrumadora. Una sociedad con corazones apagados.

¿Cómo podemos vislumbrar a la sociedad del futuro? Como socióloga no me atrevo a proyectar una sociedad mecánica, descorazonada, pragmática y fría. Esperemos que las nuevas generaciones aporten al mundo, la calidez del amor en su mejor expresión y que los seres humanos desarrollen la capacidad amatoria que nunca, -o sólo en casos raros- conocimos, como humanidad. Ello implicaría una visión del otro, no como un contrario, como un opuesto, como se percibe hoy, sino como una entidad análoga. Como las alas de las aves, que son distintas por la posición que le toca a cada una, pero análogas en su función.

Hoy y siempre hemos sido una sociedad enferma, porque ese estado de desconfianza hacia los demás, y la falta de capacidad amatoria de los otros, no es más que una patología que nos convierte en animales en la jungla; depredadores y presas, pero sin orden ni concierto.

sábado, 1 de septiembre de 2012

NIÑOS EDUCADOS POR LA ESCUELA, NIÑOS MAL EDUCADOS


Cuando estaba en primaria me dijeron que la familia era la célula fundamental de la sociedad, me sorprendí, puesto que la familia que yo veía no era precisamente un lugar preparado; los padres de las clases populares de los años cuarenta y cincuenta, no tenían formación académica, lo cual me hacía sospechar de tal afirmación. No consideraba entonces, los componentes emocional, afectivo y ético del asunto.

Hoy, después de observar el acelerado deterioro moral de la sociedad venezolana (para el mes de agosto 2012 se registraron 400 muertes por violencia en Caracas) y después de tantos años de experiencia profesional en contacto directo con los seres humanos, tanto como compañeros de trabajo, como sujetos de mi trabajo, no puedo más que reconocer -aunque existen notables excepciones- que es en el buen hogar, donde se forjan los hombres de bien.

La atracción de la vida urbana, el sopor de la vida tradicional, las oportunidades de estudio y trabajo remunerado para la mujer y la irresponsabilidad paterna, fueron el caldo de cultivo para el surgimiento de una sociedad pragmática, que convirtió el recinto del hogar en un lugar sólo para dormir. Parientes que duermen bajo el mismo techo, pero que no se comunican ni comparten sus inquietudes, cada quien en lo suyo.

Todo comenzó con la ausencia de la madre en el hogar y la introducción de la empleada doméstica como “madre” sustituta; posteriormente surgió la guardería, institución fundamental dada la escasa oferta de empleadas domésticas, ya que muchas de ellas dejaron el oficio para dedicarse a la peluquería y actividades secretariales.

De pronto, la educación base que estaba asignada a la familia, desapareció y se suponía que la Escuela la sustituiría. Nefasto error, la Escuela no puede sustituir la formación que los padres deben aportar a sus hijos; la Escuela apenas informa, y muchas veces deforma. Aunque hay buenas excepciones, donde la mística profesional de educadores complementan la información con la formación; son verdaderamente excepcionales, aunque nunca sustituyen la educación del hogar, sólo la refuerzan.

En días pasados escuché esta expresión:
“Niños educados por la Escuela, niños mal educados”

Qué mala situación tenemos entonces, y rectificar empieza por reencontrarnos con la familia, con una familia mínimamente equilibrada.

Ahora, detengámonos en el criterio para definir MAL EDUCADO. Tendríamos que tener unos indicadores de buen y mal comportamiento, y a veces los criterios difieren, incluso dentro de la misma cultura. Encontramos que la sociedad tradicional o rural de donde procedemos, tenía valores muy determinados por la iglesia, basados en aquellos tiempos, en el temor de Dios y la amenaza de ir al infierno después de morir. No sólo eso, sino que la misma sociedad se atribuía el papel de juez y verdugo, causando en los miembros de la comunidad un control que variaba su severidad, según se tratase del lugar, al menos la sociedad andina era bastante rígida. 

Los cambios urbanos generaron cierta dificultad para el control, o al menos el control se hacía en los pequeños grupos; sin embargo, el anonimato destruyó ese control y comenzaron a aparecer actitudes, modas y comportamientos públicos, que se escaparon de las manos de los anteriores custodios de la sociedad.

Apreciábamos entonces que la educación era una especie de mecanismo de adaptación y control social, más que un proceso de creatividad y desarrollo personal, basado en la disciplina del adulto, lo cual destruía la esencia del ser.

Ya en Inglaterra se había desarrollado una idea que llevó a cabo Alexander Neill, cuando creó la Escuela de Summerhill, donde se privilegió la condición benevolente del niño, se lo aisló de la influencia de sus padres y con un código de 10 principios básicos, crearon un sistema autónomo y libre de los valores de las sociedad.


No sabemos a ciencia cierta el éxito fracaso de este proyecto, ¿cómo se introduce un joven educado en libertad absoluta, -sin valores ni criterios religiosos-, en una sociedad con prejuicios, creencias y modos de vida plenos de conveniencias?. ¿Cómo responde un joven educado en Summerhill cuando se encuentra con hechos corruptos, escala de valores sin sentido, competencias asfixiantes en una sociedad que desconocía? Creo que un proyecto como éste debería instruir primero a los padres y conformar un Plan dentro de la sociedad, para que el niño reconozca que está siendo orientado por el camino del bien dentro de una sociedad corrupta.

En una ocasión leí que los pioneros de esta Escuela habían reconocido errores importantes en su propuesta, pero no le dediqué atención, supuse que debió cometer errores, dado que partió de un criterio, al menos dudoso para mí: la condición absolutamente pura del niño, cuando no tenemos certeza de que sea sólo la sociedad la que corrompe al ser, como afirmó Rousseau y el psicólogo Carl Rogers. No tenemos conocimientos demostrados sobre la naturaleza del alma humana antes de su encarnación, y esto nos llevaría a otro tema.

Allá en la sociedad, se afirmaba como era lógico, que la Escuela era la institución que instruía de conocimientos valederos para el desempeño laboral posterior, cosa que no dudo, en la academia se han logrado adelantos suficientes para dar al mundo bienes y servicios de calidad que apreciamos día a día. La formación ética es asunto de la familia.

Ahora con este descalabro social, ¿cómo podemos rescatar a la familia, cuando ese es un asunto tan personal?.    

¿Será que ya nacieron o nacerán almas más elevadas, que harán el cambio?, ¿será que las nuevas generaciones tendrán la palabra, al traer del mundo espiritual un bagaje cultural avanzado? Si no fuese así, tendríamos que experimentar una transmutación muy fuerte, al menos en los países latinoamericanos requerimos con urgencia de cambios esenciales.

jueves, 23 de agosto de 2012

MATEO 15, 1-20


Los textos recogidos en los libros sagrados, son interpretados por los devotos con un alto sentido de fe y aunque esconden verdades profundas, necesitan de un agudo sentido de interpretación. Sabemos que la primera versión de la Biblia, la católica, fue elaborada a partir de una esmerada selección de textos previos y que el Nuevo Testamento también se alcanzó a partir de evangelios varios, entre los cuales descartaron algunos. Es lógico suponer que escogieron los textos que dieran testimonio de los mismos sucesos y que desecharían los que podían contradecir los relatos.

Esta inexactitud coloca una sombra en la enseñanza de Los Evangelios, porque ya sabemos que cada persona da una versión distinta sobre los mismos hechos, y según como acomode al juicio personal, cada persona pone las manos al fuego por lo que interpreta; pero, supongamos que los hombres de aquellos tiempos, tuvieran una memoria visual y auditiva muy fotográfica y hubieran podido recoger casi textualmente las palabras de Jesús, que no se nos escape que Jesús hablaba en parábolas, afortunadamente, en algunos casos, cuando sus discípulos no entendían sus mensajes, ellos lo abordaban y repreguntaban. 

Es propicio señalar, que en una ocasión Serge Raynaud de la Ferrière, creador de la organización Gran Fraternidad Universal, comentó en su libro: LOS GRANDES MENSAJES, que unos sacerdotes orientales le preguntaron porqué existían tantas sectas cristianas, si se trataba de un mismo maestro. Sin lugar a dudas, la raíz de esa diversidad se debe a la multiplicidad de interpretaciones que se dio lugar ante su palabra, y a que en occidente hay un criterio de libertad que los orientales no entienden o no están familiarizados. No obstante, hay textos que no parecen ser tan crípticos, especialmente porque fueron repreguntados por los discípulos, y es el caso de los versículos 1 al 20, del capítulo 15 de Mateo.

MATEO 15

Unos fariseos y maestros de la Ley habían venido de Jerusalén. Se acercaron a Jesús y le dijeron: “¿Por qué tus discípulos no respetan la tradición de los antepasados? No se lavan las manos antes de comer.”
Jesús contestó: “Y ustedes, ¿por qué quebrantan el mandamiento de Dios en nombre de sus tradiciones?. Pues Dios ordenó: Cumple tus deberes con tu padre y con tu madre. Y también: El que maldiga a su padre o a su madre debe ser condenado a muerte.

En cambio, según ustedes, es correcto decir a su padre o a su madre: Lo que podías esperar de mí, ya lo tengo reservado para el Templo.
En este caso, según ustedes, una persona queda libre de sus deberes para con su padre y su madre. Y es así como ustedes anulan el mandamiento de Dios en nombre de sus tradiciones.
¡Qué bien salvan las apariencias! Con justa razón profetizó Isaías de ustedes, cuando dijo:
Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.
El culto que me rinden no sirve de nada, las doctrinas que enseñan no son más que mandatos de hombres.”

AQUELLO QUE VERDADERAMENTE CONTAMINA

Y llamando a  las gentes, les dijo:
“ Oíd, y entended:
No es lo que entra en la boca lo que contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto si contamina al hombre. 
Entonces llegándose sus discípulos, le dijeron: ¿Sabes que los Fariseos oyendo esta palabra se ofendieron? 
Mas respondiendo él, y dijo: Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada.
Dejadlos: son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo. 
Y respondiendo Pedro, le dijo: Acláranos esta parábola. 
Y Jesús dijo: ¿Aún también vosotros sois sin entendimiento? 
¿No entendéis aún, que todo lo que entra en la boca, va al vientre, y es echado en la letrina? 
Mas lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre. 
Porque del corazón salen los malos pensamientos, muertes, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias. 
Estas cosas son las que contaminan al hombre, no comer con las manos sin lavar.”

Comer con las manos sin lavar para un judío es un acto inconcebible, y para un no judío bien informado de hoy, un riesgo de enfermar por la ingesta de microbios.

Sin embargo, Jesús fue un gran provocador, alguien que vino a tirar de la alfombra para derribar a quienes ostentaban un poder social en nombre de una divinidad que pusieron de hinojos ante la tradición; era simple, la tradición es más fácil de cumplir y fiscalizar, llena de formas externas, de rituales automáticos, la enseñanza profunda requiere silencio, compromiso, humildad y creatividad.

El lavado de las manos, por demás un buen hábito en todos los tiempos, no fue cuestionado por Jesús, sólo sirvió de acicate para hacerles ver a los fariseos el contraste entre una forma que al fin y al cabo va a parar a la letrina, y el olvido que hacían de los mandamientos de Dios. Al fin y al cabo, el cuerpo es una entidad mortal, que de cualquier manera se descompone cuando acaba su función, en cambio los mandatos divinos nutren el alma, la verdadera esencia de la existencia.

Es indudable que el cuidado corporal es útil, por el efecto que causa sobre la calidad de vida, pero no está por encima de la atención, el respeto, la comprensión, el perdón, la paz interna que deviene de un compromiso humano ante las verdades divinas. Me pregunto:

¿No será que es por la adquisición de estados de conciencia superiores a través de la humildad, la entrega, el amor, la responsabilidad y otros valores divinos, como se llega a hábitos sanos de alimentación, y no al revés?.

He conocido vegetarianos, por decir, de una alimentación liviana, que no expresan precisamente comportamientos amorosos. ¿Será esto a lo que se refería Jesús? Por la boca pueden entrar los más sublimes y purificados alimentos, pero si esto no se nivela con los mandamientos profundos y de conciencia, el cuerpo siempre se corromperá al morir, y durante la vida también los vegetarianos expulsan toxinas  “a la letrina”. 

Se observa en Jesús una clara intención de hacer ver a sus oyentes, las incongruencias que tenía el pueblo judío en sus diversas tribus o familias, en lo cual resalta un apego por las costumbres, tradiciones y por el ejercicio ritual sin compromiso.

Llama la atención su referencia a Isaías, cuando aquel dijo con actitud sombría: “…El culto que me rinden no sirve de nada, las doctrinas que enseñan no son más que mandatos de hombres”.

Mandatos de hombres, ¡mandatos de hombres!, mandatos llenos de conveniencia, de poder, de control social, de hipocresía y vacío esencial. Bien he podido encontrar en los profusos mensajes que nos llegan por Internet sobre estos tiempos “pre apocalípticos”, que desaparecerán los gurúes, los “maestros” e “iluminados”, que la claridad se instalará por la apertura de cada alma al saber y la verdad, entonces las formas se verán esfumadas para dar paso a lo esencial, plantas no sembradas por el Padre Celestial. La verdad es que yo no reconozco a otro Maestro que a JESÚS.

miércoles, 22 de agosto de 2012

NO TENEMOS LIBRE ALBEDRÍO, SÓLO ALBEDRÍO


Hasta que cumplí 17 años, recibí una educación familiar con una disciplina muy cerrada, un sistema de premios y castigos bastante explícito, con lo cual aprendí por obligación las enseñanzas paternas, supe que, o me ajustaba a las reglas inmutables que me tocó vivir o me las vería muy mal, no tenía escapatoria; la rebeldía la tuve dentro, pero no abusé de ella, porque sabía a ciencia cierta, que de hacerlo, me causaría serios problemas, era como una llamita que contra viento y marea no se apagaba. Sabía que crecería y que allí estaba mi liberación. 

Gracias a Dios que esa rebeldía la apliqué positivamente, en la construcción de una vida flexible, abierta, lo cual me lo permitió el encuentro con el gran amor de mi vida, el padre de mis hijos. Muchos se equivocan y la rebeldía la dirigen hacia sí mismos, al adentrarse en vicios y autodestrucción.

Fui formando mis criterios sobre la vida, como hacemos todos, internalicé muchas ideas de mi padre, pero siempre con una luz puesta en la idea, tratando de descubrir algo que me diera quietud y entendimiento de los secretos de la vida, por eso me atrajeron las ciencias sociales y humanísticas.

Después de muchos años nos llegó una avalancha de información sobre la condición humana, y la insistencia en nuestro LIBRE ALBEDRÍO; la verdad es que no entendía tal desatino, ¿Cómo es que tengo libertad para decidir cuando no tengo opciones?, ¿quién se atreve a decirme que un suicida ha escogido libremente su acto autodestructivo?, ¿cuáles son las verdaderas fuerzas que nos mueven?.

Hemos vivido en la oscuridad, sin poder interpretar nuestra existencia, y nuestro vocabulario apenas puede atisbar algunas verdades que los libros sagrados se empeñan en ocultar. Sin embrago, de lo que sí somos dueños es de crear un mundo interno, y esto se pierde de vista, sólo que también requiere criterio para no caer en desfiladeros como la drogadicción, la mitomanía, y un sin fin de estados psicóticos muy frecuentes en la sociedad. Sin temor a errar, somos una humanidad enferma, sobreviviente.

Hoy, a escasos meses de una fecha emblemática, 21-12-2012, las sociedades secretas, las ciencias ocultas, ya casi no ocultas, invaden la noticia, al menos la que yo leo, con predicciones de libertad; grata noticia para quienes hemos cuestionado tanta oscuridad.

La insistencia de todas las tendencias espiritualistas sobre el tema, me sorprende, he aquí un texto con un enfoque esclarecedor:

El Libre Albedrío no es tan sencillo
El libre albedrío parece ser un aspecto sencillo. Para el Ser Humano, libre albedrío significa que tiene libre elección para elegir cualquier cosa que quiera. Pero esto no es así en absoluto. Ustedes sólo pueden elegir cosas que pueden concebir o que piensan que pueden cambiar. No pueden elegir cosas que no les parezcan elegibles. Por ejemplo, las ratas en un laberinto tienen libre elección, pueden ir adonde quieran, pero una de las opciones que nunca se le ocurre a una rata es quitar la matrix. No está en su conciencia ni en su realidad porque tienen paredes sólidas ante ellas que representan el laberinto. Así que simplemente tratan de elegir una dirección dentro de las paredes y el dilema frente a ellas.
Los Humanos viven en la percepción de una dimensionalidad, semejante al ejemplo de vivir en blanco y negro en lugar de vivir en colores. Se podría decir que los Humanos siempre han tenido libre albedrío en blanco y negro, sin embargo no son conscientes del color. Así que si no tienen color, no van a elegir rojo ni azul ni verde. ¿Comprenden? Ahora bien, imaginen por un momento que esos colores se refieren a una realidad multidimensional. Por consiguiente, el Ser Humano (a pesar de tener libre albedrío) ni siquiera puede concebir las cosas que no puede concebir. Así que no elige un color, porque no sabe que existe. Queridos, eso es lo que está cambiando. ¡Van a empezar a ver conceptos que nunca fueron conceptos! ¡Prepárense para el color!
Kryon
La libertad es una idea, que de alguna forma hemos podido plasmar en la realidad, a través de luchas y logros, pero en materia de albedrío, sólo somos “libres”, es decir, dentro de unos límites, y a veces esos límites sólo tienen una opción, es cuando gente honesta se ve obligada a decidir en contra de su corazón, como es el caso de madres que se separan de sus hijos, por el bien de ellos.
En nuestra cultura occidental, la libertad de elegir se ha interpretado como la capacidad de discernimiento entre lo bueno y lo malo, una libertad condicionada también, debido al hecho de que estos dos polos no siempre están claros, se manifiestan de manera relativa; entonces, lo que el ser humano hace es decidir, sin saber o sabiendo que inevitablemente tendrá que asumir las consecuencias.
Este conflicto se ha agregado a la compleja naturaleza del ser humano, que contiene un componente espiritual a través del cual, hemos podido liberar imaginerías cosmogónicas e identificar un centro inmutable dentro de nosotros; de allí la capacidad de resistencia ante las adversidades.
Es notable el fenómeno psicológico que hemos desarrollado al elaborar la idea de lo que denomino LIBERTAD DEL ALMA, con lo cual independizamos esta entidad energética de la realidad material del mundo; desde allí podemos observar que en las circunstancias más extremas como es el caso de los condenados a prisión, se ha podido desarrollar un sentido de libertad de alma al cual nadie puede tener acceso. 
Esta idea suele ayudarnos en la vida cotidiana; sentirnos por encima de las circunstancias que nos impone el mundo, a través de una poderosa conexión interna; es más de lo que la misma sociedad nos puede proveer, no sólo por la conciencia de poder que significa, sino porque nos permite acceder a nuevos conocimientos, propuestas que están surgiendo, y ante los cuales prácticamente seríamos como ciegos. No cabe duda que esta Libertad de Alma está asociada al nivel de conciencia de cada ser. 

Ahora, con los adelantos espirituales que al parecer están marcando cambios acelerados, nos vemos notificados de la cercanía inminente de un cambio que nos conducirá a la amplitud de percepción y al ejercicio de un verdadero LIBRE ALBEDRÍO.

sábado, 11 de agosto de 2012

AMOR EN MAYÚSCULAS


El viernes 14 de octubre de 2011, reflexioné con un post que titulé DIFERENCIA ENTRE AMAR Y QUERER, hoy quiero re-insistir en el tema, ya que son verbos que se han tornado pecaminosos, o prohibidos, y sólo en determinados espacios sociales se usan, especialmente en círculos terapéuticos, talleres de crecimiento personal y por personas que asumen la energía sanadora que hace efecto en quien dice y escucha que lo aman.

Nuestra cultura occidental y latina ha encontrado en los sentimientos una debilidad, quien expresa un sentimiento tan hermoso como el amor, es percibido poco fuerte, cuando es precisamente el amor la energía que fortalece, que sana, que libera. Amar, además de ser un estado delicioso, enriquece el alma de quien lo siente, es decir, que tiene doble efecto sobre el amado y sobre sí mismo.

Debo aclarar que me estoy refiriendo al AMOR en mayúsculas, no al amorcito minúsculo que sentimos con celo, posesión, egoísmo, dominación e inseguridad. El amorcito, que se vuelve odio apenas tenemos un desencuentro, el que conocemos, el que creemos que es amor, aunque sin duda es la manera como llegamos al mayúsculo.

El amor en mayúsculas es una energía que se hace presente cuando nos ubicamos en la divinidad que tenemos dentro y que nos une como una red de lucecitas en el todo, en la existencia. Cualquiera podría decir, “pero ese amor no es terrenal”, y tendría razón, lo que sucede es que del amor minúsculo podemos trasladarnos al mayúsculo, sólo sabiendo que los sentimientos son sagrados dones del creador.

Un día, supe de un joven bastante atractivo de 17 años, estaba enamorado de una chica, un tanto casquivana, como solían calificar despectivamente a las mujeres de cascos alegres; él muy formal la invitaba a un buen restaurante, donde sus padres solían festejar los buenos momentos, además,  le hizo un regalo muy costoso, un perfume de marca, que logró comprar con mucho esfuerzo, pero la chica ni se enteraba de la dedicación, y especialmente de la delicadeza con la cual ese enamorado la estaba apreciando, y muy pronto le dio calabazas, por boca de otras personas se enteró de sus amoríos con otro joven. No cabe duda que siendo tan formal, este desaire lo dejó devastado,       llegó a mí con sus ánimos en el suelo, y le dije que realmente fue lo mejor que sucedió, que esa chica no tenía condiciones para establecer un vínculo amoroso, mínimamente respetuoso, él se quejaba de lo que había dado, no sólo de sus esfuerzos materiales para agradarla, sino de haberle otorgado sus pensamientos e ilusión. Fue cuando vi con claridad que eso que aquel joven tenía para dar era un AMOR en mayúsculas, a pesar de que se inscribía en un amor tan terrenal como el que más.

Le dije con mucho énfasis, que ese precio material y emocional que había ofrecido no era una pérdida, que era un producto suyo, que había sido un regalo para él, que ese gesto puro, no se lo quitaba nadie, que él había quedado por encima de la situación, aunque los amores no correspondidos no necesariamente son errores ni equivocaciones, son simplemente experiencias, formas a veces buenas para formar el carácter y la autoestima.

En aquella situación vi la oportunidad que tenemos de amarnos, y eso se traduce en el aprecio de sí mismo, como la entidad universal que somos, fuera de los límites de lo que esta realidad terrenal nos parece imponer, es prioritario sentir amor hacia la esencia profunda de nosotros mismos, al alma que somos, de allí parte todo trabajo de realización personal. 

Me he sorprendido al corroborar que cuando oímos que alguien nos dice que nos ama, nos sentimos extraños, ¿Será que me está vacilando?, no lo podemos creer, y resulta que no estamos acostumbrados a recibir tales expresiones afectivas, caricias que son una fuente de vida y alegría, pero tal parece que estamos más preparados para no ser objeto de amor. Esto tiene sus raíces en los débiles hilitos de amor que recibimos en la infancia, cuando lo que necesitábamos era un raudal de afecto, para construir una sólida estructura de autoestima.

De allí que nos sintamos más cómodos o naturales cuando las relaciones son toscas y sin profundidad, no sabemos comportarnos en medio de una avalancha de caricias, lo he percibido cuando veo que la gente se abruma al sentirse obligado a recibir afecto, porque se siente comprometido ante un comportamiento que no saben asumir, a veces rechazan a quienes les ofrecen esas manifestaciones afectivas.

Antes de los años sesenta, la expresión amorosa era muy pobre en la familia, aún cuando la gente sintiera amor, en cuyo caso se manifestaba con atenciones, protección, apoyo, cuidados, pero el abrazo y la verbalización estaba mutilada, a tal punto que las parejas no expresaban en público la cercanía afectiva propia de su relación matrimonial.

Por fortuna los sesenta dieron al traste con muchas prácticas inhibidoras que la cultura arrastraba desde la colonia, al menos mis hijos fueron depositarios de una manera de relacionarnos bastante desalmidonada, libre, abierta, que nos proporcionó un ambiente relajado que nunca sentí en mi infancia.

No obstante, las heridas afectivas aún hacen estragos en la sociedad venezolana, muy reconocida por accesible, simpática, abierta, de buen humor, sin embargo, es curioso que en Venezuela la expresión "mi amor", se usa en cualquier lugar y hasta para dirigirse a los extraños, y en contraste no se dice "te amo". Somos capaces de decirle a un extraño palabras afectivas, pero a quienes tenemos cerca les negamos las caricias verbales más significativas, no sólo para armonizar una relación, sino como alimento interno y equilibrio emocional.

jueves, 9 de agosto de 2012

LO QUE DECIMOS Y LO QUE CALLAMOS EN LA COMUNICACIÓN AFECTIVA



El lenguaje es un extraordinario sistema ordenado de símbolos, a los cuales hemos dado un significado para poder comunicarnos; si vemos el lenguaje de esta manera, es lógico que debemos ser fieles a esos significados para seguir entendiéndonos. No obstante, el lenguaje no es sólo eso, estimo que la primera fase de la comunicación se opera en la mente, creamos una idea y luego creamos un sonido que lo represente; esto significa que hay ideas, construcciones mentales que existen en una cultura y no en otras, por ello no se pueden traducir.

El lenguaje no es un código estático, sino muy dinámico, en cada cultura, grupo, especialidad, congregación, partido político, deporte, bandas delictivas y en todas las miles de formas de agregar intereses y organizar adeptos, hay un lenguaje propio, que se alimenta de nuevas expresiones verbales, y que en algún momento pueden convertirse en nuevos símbolos que la Real Academia Española incluye en el diccionario.

Atentos a estas consideraciones, tendremos en cuenta que la dinámica lingüística permite la incorporación de nuevos vocablos que proceden de otros idiomas, (CIAO-CHAO); también se incorporan palabras de otras ramas lingüísticas como del inglés, que pertenece a la germana, y se usan tal cual y como son (OKEY). Otra manera de incorporar términos, es la adaptación de palabras de otro idioma al oído cultural, como es el caso de: GUACHIMÁN, que procede de dos palabras del inglés (WATCH  MAN, que significa HOMBRE que VIGILA)     

Esta manera de dinamizar la comunicación es propia de la complejidad humana; incluso el idioma es afectado por expresiones que se ponen de moda, se usan intensamente para desaparecer como llegaron. En lo personal no soy afecta a usar esas expresiones, ni coletillas juveniles que empobrecen la mente, y no lo hago por purismo sino porque las considero camisas de fuerzas que uniforman la comunicación de una manera bestial y afean la verbalización.

Una vez considerados estos aspectos dinámicos de la comunicación verbal, quiero abordar un tema que nos causa muchas complicaciones, porque surge en el mero corazón de la vivencia afectiva, lo cual está supremamente cargada de percepciones que distorsionan la comprensión de los actores, y todo esto porque el ser humano a través de su relación social, es quien crea el lenguaje desde su creatividad, y no al revés; el lenguaje no puede hacer nada para que la gente lo respete, incluso si recibiera ese respeto, las personas poseen un particular y único sentido de percepción, que es como una huella digital, de allí los comunes desencuentros entre las parejas.

En el ámbito afectivo esto se complica a su máxima expresión, al punto de haber creado mucha desdicha en parejas que incluso se dispusieron de buena fe a llevar una vida juntos, a convivir, porque no tienen la más mínima idea de lo que el otro está elaborando y concibiendo sobre la relación.

Vamos a darnos un paseo por nuestros más recientes antecedentes:
En los años sesenta, la liberación femenina creó, en el ámbito de las relaciones de pareja, un nuevo esquema mental, caracterizándose por la supresión, por parte de los hombres, de palabras que los comprometieran; la acción iba delante, y las relaciones sexuales se adelantaban como modo de vida que el hombre percibía como transitorio y la mujer como algo significativo y de hecho permanente; cada uno por su lado.
Hasta ese momento las relaciones de pareja tenían un procedimiento muy claro, petición de mano, noviazgo y boda, a partir de la cual se iniciaban las relaciones sexuales, pero en la década sesenta la sociedad perdió el control de las parejas jóvenes, quienes asumieron su autodeterminación a través del contacto íntimo, con una comunicación tipificada en el espacio de la diversión y el descompromiso. Esto dejaba totalmente desconcertadas a las mujeres aún enmarcadas en la concepción tradicional.

Se produjo un gran sismo mental, la música, las diversiones, las oportunidades, el trabajo, los estudios, cambiaron las expectativas de una sociedad que aún guardaba los valores de la sociedad rural.

La parejas vivieron con rapidez procesos inesperados, después de notables experiencias íntimas, no pasaba mucho tiempo y el deseo de variar de pareja, hacía que de pronto el hombre le dijera a la mujer:

“Esto se acabó, estoy con otra, te soy honesto, no te quiero engañar”

Esta expresión descalificadora de la relación como ESTO, el desparpajo de revelar una nueva relación y encima autocalificarse de honesto porque no quieren engañar, era un discurso muy común, y se planteaba como si ese argumento de separación no le reportara a él los mejores beneficios, al desembarazarse de una relación a la cual ya “le había tocado la hora”, según su insaciable deseo de cambiar de pareja y de vivir la vida loca de una juventud en pleno cambio de valores.

Hasta ese momento, cuando el hombre decidía separarse, la mujer desprevenida y romántica no se había dado cuenta que el engaño había comenzado desde el momento en el cual se inició la relación, un beso y relaciones sexuales no significaba para el hombre, un compromiso de compartir la vida en común, era sólo un desenfreno sexual permitido por la pastilla anticonceptiva y todo lo que de valores se desprendía de su uso.

La mujer quedaba devastada ante la categórica excusa del hombre:

“Yo nunca te dije que te amaba, ni te prometí matrimonio, y sabes que no lo podía hacer, porque aún no estoy divorciado y no te puse una pistola en la cabeza para que me aceptaras como soy”  

El caradurismo masculino superó entonces, todos los records de su historia, a través de una cuidadosa verbalización donde las palabras afectuosas eran usadas con premeditación, el hombre gozaba de patente de corso para liberarse de relaciones y de formalizar una relación matrimonial o de pareja.

Ya no había excusa para el galanteo sin consecuencias, era tácito que la mujer estaba en conocimiento de que las relaciones eran y seguirían siendo superficiales. Esto contribuyó a la proliferación de hijos sin padre, lo cual ya era un tema sociológico importante en la vida de los venezolanos.  Hoy la ausencia de padre es un asunto crucial, especialmente porque ya lo padecieron las generaciones mayores de hoy, y aún sigue siendo, no una variable sino una constante en la problemática sociocultural del país.

Llama la atención que en aquel tiempo, las separaciones matrimoniales estaban en boga, pero muchas no se concretaban en divorcio, pues mantener el estado de casado le reportaba al hombre mejores beneficios, pues estaban libres del conyugue porque vivían fuera del hogar matrimonial, y a la vez también estaban libres de contraer nuevos compromisos porque su estado civil era casado. En la realidad tenían una especie de estatus especial: eran “solteros protegidos”.

Fueron tiempos muy difíciles para las jóvenes formadas con valores familiares en medio de una vorágine modernista y feminista que más parecía machista, donde el "lavado de manos" al estilo Pilatos era tan frecuente, como frecuentes las relaciones sin compromiso masculino. La mujer tuvo que construirse de inmediato una referencia interna que le permitiera superar tal decepción, y como no le faltaba fortaleza, se propuso sobrevivir con los hijos que resultaban de dichas relaciones.

Estimo que esta ola de liberación femenina dio al hombre una gran oportunidad para hacer lo que siempre hizo, pero ahora sin la sanción social que recibía en la sociedad tradicional, cuando una relación sexual antes del matrimonio era un delito social que se pagaba con el matrimonio o en casos extremos con la muerte, cuando la joven tenía padre y hermanos. Esto ocurría a escasos años de la gran revolución sexual de los sesenta.

Lo que considero más notable en este proceso fue la manera como afectó el lenguaje, el cual fue utilizado como argumento racional al momento de dar por terminada una relación; fue como un permiso para que todos se libraran de los convencionalismos, lo cual le dio sin duda una ventaja al hombre, quien ya no tenía que confrontar a la familia de una joven, para obtener derechos sexuales sobre ella, sólo su propio consentimiento. En términos psicoanalíticos, el Súper yo, que tiene la función del control social, perdió energía ante la desmesurada fuerza del Ello, los instintos.

El hombre asumió una “honestidad”, muy cuestionable, cómoda, basada en el uso casi colectivo de pastillas anticonceptivas que la mujer consumía sabiamente, porque se encontraba frente al riesgo de muchos depredadores afectivos. Más valía prevenir embarazos en esta momento de destape sexual; no obstante, este mismo fenómeno fue propicio para la profusión de madres solteras.

En el otro extremo se encontraba la mujer, de diversas edades, por un lado, las casadas, enfrentadas a separaciones, consecuencia del mismo proceso de liberación, mujeres ahítas de vidas matrimoniales llenas de insatisfacciones; en segundo lugar, las jóvenes recién llegadas a la mayoría de edad, quienes se vieron enfrentadas a un mundo violentamente cambiante, experimentando la vida sexual sin compromiso personal y asumiendo sus consecuencias.

En otro estrato, surgieron las mujeres adaptativas, las que pronto se alinearon a los cambios, y muchas de las cuales hicieron historia al protagonizar la aparición de un notable y triste fenómeno, los abortos provocados.

En general podemos decir que la mujer venezolana se inscribió en las actividades modernistas y fue asumiendo la vida con una única perspectiva, el modelo masculino, lo cual hizo que se debilitara su feminidad, aunque la conservara a través de los afeites que tanta industria le ha dedicado al cuerpo y de sus pulsiones emocionales, conformando internamente una mixtura compleja.

Es tan fuerte esta tendencia, que hoy, los hombres perciben a la mujer como seres iguales, (lógico, esa era la meta feminista), es decir, suponen que es, piensa, siente y debe reaccionar de la misma forma que ellos, de allí se desprenden conflictos y desconciertos en ambos sexos. Es hasta divertido, que a veces podemos comprobar en los hombres ciertas actitudes receptivas, pasivas y la mujer se ve en la necesidad de confrontar, aclarar o poner en blanco y negro, -es decir actuar masculinamente-, situaciones que movilicen la relación.

Para ser justos, hemos de reconocer también que muchos de los hijos nacidos de aquellas relaciones conflictivas, de padres ausentes, han adoptado actitudes responsables, comprometidas y es ahora la mujer, las jóvenes de hoy, las que están asumiendo actitudes esquivas, irresponsables, y hasta deshonestas.

Al parecer muchas jóvenes de hoy no desean repetir la historia de sus abuelas, madres y tías, y deciden por una vida libre y sin compromisos, mientras otras, se quejan de estar solas por falta de jóvenes adecuados para establecer una buena y sólida relación. Desencuentros y contradicciones propios de estos tiempos.

Lo que decimos y lo que callamos en las relaciones afectivas siempre han marcado el estilo del momento; en el pasado la palabra era ley, hoy lo sigue siendo especialmente cuando en la defensa se argumenta: “Nunca te dije que te amaba”.