viernes, 30 de noviembre de 2012

CUANDO LA SEPARACIÓN ES INEVITABLE


El mundo de las relaciones conyugales y familiares, son los escenarios donde vivimos los eventos emocionales más dolorosos, aún cuando hay personas que poseen cierta protección natural con respecto a las emociones. Nacemos como seres sedientos de afecto, y somos los animales con la infancia más larga; por ello el trabajo de nuestros padres es un proceso cargado de responsabilidades, pues depende de ellos sustentar nuestra estructura emocional.

Como colectivo, padecemos síndromes que nos llevan a definirnos como una sociedad enferma, y esta definición abarca desde los comportamientos insanos que pasan inadvertidos, hasta las patologías mentales que requieren tratamiento psiquiátrico.

Para el observador común, sólo la locura expresada en agresión y descontrol personal, es motivo de alerta y preocupación, pero, los comportamientos insanos que incluso incluyen agresión, como el maltrato doméstico, la baja autoestima, la descalificación y las agresiones psicológicas cotidianas generalmente pasan inadvertidas, porque se arraigan en la cultura como modos de expresión natural. Ahora no digamos de los problemas asociados con neurosis, resentimientos, abandono, hábitos, creencias, valores y muchos más que impiden la sana convivencia. 

El matrimonio viene a ser uno de los escenarios más afectados por esta dinámica, cuando una pareja se une, se unen dos mundos, son dos cargas ideológicas que se enfrentan para construir una relación o para crear un caos que se agrava si hay descendencia. La diferencia entre estos dos caminos, está en la sanidad interna que tenga cada uno.

Aunque debemos partir del principio de que “todos tenemos una patología”, porque todos tenemos asuntos pendientes por resolver, porque si tenemos capacidades en unos aspectos, fallamos en otros, es una sana decisión, la que asumimos cuando nos revisamos y aceptamos la crítica, con el fin de resolver.

Cuando una pareja está inmersa en dificultades, no siempre estas dificultades son sentidas por ellos, podemos desde afuera observar una mala relación aunque los protagonistas no lo detecten. Esto está inscrito en esa autodefensa del yo que no quiere ver, es la negación defensiva de la psiquis que pulsa por negar la existencia de problemas, y parece paradójico, a más intensidad del problema, más negación.

Este ha sido un tema muy debatido en los últimos veinte años, abunda la literatura sobre desarrollo personal, y la realidad de lo que ha ocurrido en estos años, es que las parejas cada día duran menos juntas. Tal vez la duración sea una variable que hay que revisar; la contundencia de “hasta que la muerte nos separe” ya resulta demasiado pesada para sostenerla, quizás llegaremos a descubrir que hay momento en el cual las relaciones de pareja llegan a su fin sin que medie la muerte, ni los problemas. Ésta es una tarea que los estudiosos deben tener en cuenta, para hacerle seguimiento.

He visto separarse parejas porque ya no tenían incentivo para seguir juntos, aunque no tuvieran problemas específicos, sólo que aquella magia que los unía se acabó, y tal vez no se trate de la pasión sexual, tal vez sea sólo un asunto temporal, haber llegado a culminar el ciclo que tenían establecido, quien sabe porqué razón.

Dentro de la confusión que un tema como éste nos produce, es claro que tenemos que tener un criterio básico para sustentar una relación, y me atrevo a determinar algunas consideraciones:

1-   Cuando la intensión es crear una relación duradera o al menos comprometida, es indispensable conocer a la persona. Hay sentencias que dicen que más une lo que no sabemos del otro que lo que sabemos, pero mantenerse ignorante de quién tenemos a nuestro lado es un camino seguro al fracaso. Las relaciones de pareja se fundan en la identidad con el otro y saber sus antecedentes emocionales, sus carencias afectivas y sus potencialidades facilitan el vínculo, o, en caso contrario, alertan sobre la imposibilidad de una relación feliz. La pareja es un mundo por explorar, y aunque tengamos la información suficiente, siempre podría haber algo oculto. Está comprobado que la ilusión del príncipe azul, conduce a desengaños muy dolorosos, y que lo que existe es la “pareja compatible”(*), de allí la discusión e instrumentación que nos han aportado tantos escritores sobre el tema.

2-   Una vez un amigo que se iba a casar me preguntó: ¿dime qué me recomendarías para mantener mi matrimonio en armonía?. Le dije: trata a tu esposa como si la acabaras de conocer, es decir respétala; es increíble que podamos ser más respetuosos con los extraños y lleguemos al abuso con quienes amamos y compartimos la cama. Con un extraño no nos damos el permiso de abusar, porque sabemos que corremos el riesgo de ser perjudicados; pero el respeto con los seres cercanos siembra relaciones genuinas aún cuando en algún momento se separen. El respeto al otro es un sustento que se desarrolla con el respeto a sí mismo.

3-   Desarrollar la capacidad reflexiva, para mantenerse en control de las emociones devastadoras. A veces hasta una falsa información es capaz de desatar un caos, por la falta de control emocional, y cuando la información es cierta es peor, porque hay razones para la turbulencia. Por ello, no supongas, no asumas verdades sin comprobarlas, pregunta a la persona correcta, no indagues donde pueden haber informaciones mal intencionadas y desarrolla tu inteligencia emocional.

4-   Estructurar una comunicación asertiva, que generalmente se realiza con la palabra. Cuando hay problemas, los gestos y los mensajes corporales en medio de un mutismo corroe la relación, es preferible conversar, exponer y resolver, la falta de comunicación verbal crea un mundo de imaginación que en nada ayuda la relación.

Las relaciones humanas en general pudiéramos considerarlas como un misterio, mi madre decía que el matrimonio era una Lotería; en aquellos tiempos, eran un albur, pero hoy hemos bajado a tierra, y hemos considerado aspectos que podemos enriquecer, errores que podemos evitar, porque el amor que es la base de todas estas razones, seguirá siendo el motor de la existencia. 

Con estas sugerencias y muchas otras que apliquen en casos particulares, podemos garantizar un mejor ambiente emocional hasta cuando la separación es inevitable, cuando ya no hay amor conyugal, sino otro vínculo personal. 

(*) Boris Daniel Saavedra (ThetaHealing)

domingo, 11 de noviembre de 2012

EL MITO DE LA DIFERENCIA CULTURAL

Intriga, envidia, hipocresía, interés, desconfianza, suspicacia, apariencia, rencor, venganza, mentira, superficialidad, abuso, engaño, xenofobia, manipulación, victimización… Parece que estoy listando las energías negativas de la sociedad occidental, pero no, no estoy hablando de la sociedad occidental, estoy anotando las energías discordantes que encontré en una historia novelada, -pero que al fin y al cabo refleja la realidad- de un país considerado como muy espiritual; de donde ha venido toda una ola o influencia filosófica, que ha penetrado en los ámbitos espirituales y de sanación integral de occidente.

La medicina ayurvédica, el yoga y como mínimo el conocimiento de los centros energéticos del cuerpo humano, denominados chakras, han venido de INDIA; de aquel lugar hacia donde supuestamente se dirigió Colón cuando emprendió sus viajes y llegó equivocadamente a nuestro continente.

He notado que el ser humano, provisto de sus atuendos, creencias, tabúes, divinidades y con la diversidad cultural que experimenta, se unifica casi idénticamente cuando expresan sus más oscuros sentimientos; los atrapan los mismos motivos, las mismas pasiones y las mismas debilidades.

Podríamos decir, que eso no asombra, que el ser humano es igual en su esencia, sin importar su lugar de nacimiento, cultura y educación; no obstante, hemos de considerar que a pesar de las condiciones naturales del ser humano, los conceptos y la manera de priorizar los valores, el pensamiento y las creencias, debería incidir en la manera de reaccionar en lo cotidiano, no digamos en los momentos de crisis, simplemente en lo cotidiano.  

Me estoy refiriendo a la excelente producción de O GLOBO de Brasil: “INDIA, una historia de amor”, de la prestigiosa autora Gloria Pérez. En esta historia se deleita al televidente, con dos locaciones lejanas, en Brasil y en India, cuyos personajes viven secuencias casi idénticas, homólogas; personajes que se vinculan en ámbitos familiares y empresas internacionales también familiares, donde las convenciones sociales están a la orden del día y las decisiones siempre marcadas por el interés más poderoso de las sociedades, el económico.  

Es interesante ver cómo las clases altas de ambas sociedades, reaccionan de la misma manera ante personas y situaciones que los amenace en el nivel social que poseen. En India la casta es adscrita, es decir, se tiene por nacimiento y el nivel social en Brasil, se adquiere por tradición familiar, o por ascenso social, con el poder que provee un negocio próspero o una buena educación.

En India, la estratificación social es un rígido sistema de castas(*), asociado a sus creencias filosóficas, deidades y tradiciones; las castas implican además, una población excluida, que vive en condiciones de extrema pobreza y discriminación, los dalits, a quienes les asignan los trabajos y el trato más degradante, en medio de exquisitas demostraciones de riqueza. Quien nace en una casta muere en ella misma, siempre y cuando cumpla con los deberes de su casta, porque puede perder su condición en caso de desobediencia y a través de un juicio ejecutado por los gurúes de la casta.

Es obligado el cumplimiento riguroso de esas normas, no sólo por su efecto en la vida, sino porque su destino después de la muerte depende de ese comportamiento en la vida terrenal, para que el alma realice su transmigración a otra vida, bien encarnando en un ser de menos nivel (lo cual merece por karma o deuda), o en una casta superior (merece por dharma). Es por ello que quienes nacen en las castas se consideran merecedores de buenas vidas, por el dharma o premio que ello significa.

Sin embargo, es notable el fenómeno ya observado en otras culturas rigurosas, como fue el caso de la cultura judía que cuestionó Jesús en su tiempo, de privilegiar el cumplimiento de ritos y sentencias, aún cuando no observen la calidad de las relaciones, la compasión, el amor, la piedad, la solidaridad y hasta la honestidad. Es célebre la expresión: “sepulcros blanqueados”, con la cual Jesús increpa la falta de moral que prevalecía en una sociedad presta a cumplir rigurosamente con los rituales religiosos, pero con la mayor insensibilidad y con comportamientos que más hablaba de gente alejada de Dios.

Lo interesante de la historia, es el parangón que podemos hacer sobre el comportamiento de personajes que se ven acosados por casi los mismos eventos, que ocurren en Brasil y en India, personajes que se enamoran, que son obligados a renunciar a su amor, que viven dramas por las diferencias de clase, que obligan a los hijos a seguir la tradición económica de la familia a costa de su derecho de autodeterminación, y un sin fin de amenazas que se sufren, donde prevalece el apremio por mantener la apariencia de noble, el cumplimiento de la tradición, y especialmente en India, se preserve la pureza de la casta. 

No en balde, el concepto de raza aria procede de la India, y aquí debo hacer un paréntesis, ya que inicialmente ario se refería a un estado noble o espiritual, pero que se usó posteriormente en otros espacios muy conocidos por todos, como raza superior. Este giro en el significado no es de extrañar, los seres humanos acomodan los conceptos más sublimes a su intereses particulares.

Desde la visión occidental las rigurosas normas de oriente pueden sonar bastante asfixiantes, el obsesivo celo por la virginidad, la represión paterna sobre la mujer y la familia, la elección de las parejas a través del trabajo de los sacerdotes que vigilan celosamente el comportamiento de los jóvenes casaderos, y en general el poderoso influjo del “qué dirán”, el cual ejerce un poder casi esquizoide en una sociedad machista, son comportamientos bastante superados en occidente. 

Belleza, misterio, encanto, se observa en los rituales de India, como esplendor y boato en occidente, y aunque tan diferentes, igualados en puntos cruciales donde la humanidad, sea cual sea su cultura, expresa sus oscuridades.


(*) CASTAS DE INDIA
Existe una pirámide muy bien delimitada:
1- La casta de los Brahmanes, sacerdotes e intelectuales.
2- La casta de los Kshátridas, guerreros y reyes.
3- La casta de los Vaishyas, los comerciantes.
4- La casta de los Shudras, campesinos y trabajadores.
5- Los Intocables, o Dalits

http://antroperplejo.wordpress.com/2012/02/27/el-fin-de-las-castas-en-la-india/



jueves, 1 de noviembre de 2012

CUIDA A TU PAREJA


“Cuida a tu pareja …, tu familia está segura, tu pareja no”
Padre Ricardo Bulmez


Aunque la familia es un tesoro que hay que nutrir y cuidar, una vez que se han establecido los lazos afectivos sobre bases sólidas, ya puedes estar tranquilo, ese amor perdurará, porque entra en el sistema de auto-regulación, tal y como son los cujíes corianos de Venezuela.  En cambio la pareja, es un delicado arbolito siempre chiquito, que necesita cuidados especiales, y tratamiento diverso según las circunstancias; pueden pasar muchos años y si de pronto surge algo que descuide la relación, todo lo que se ha construido puede debilitarse, porque es la única relación afectiva que se renueva día a día.

Esta afirmación puede ser altisonante para los románticos. La historia de Penélope, quien encarna en la mitología griega la imagen de la fidelidad a prueba de tiempo, es un tanto oscura, debido a varias versiones del mito. No dudo de que han habido mujeres que han permanecido leales al amor de un hombre ausente, lo cual significa el abandono más evidente; sin embargo, la motivación para tal comportamiento no necesariamente es el amor.

Con gran claridad el padre Bulmez describe a la pareja como una planta con una flor, si no se riega se seca y si se riega mucho se ahoga, a eso debo agregar que las plantas necesitan ser observadas para detectar el momento en el cual se le debe reponer la tierra y la maceta, colocar el abono, podarla y especialmente limpiarle las plagas que suelen atacarlas, yo agrego algo muy importante: HABLAR con ellas, transmitirle afecto, y las plantas se ponen tan hermosas.

Una vez tuve un jardín en el cual sembré tres plantas de cayenas de flores dobles, dos de ellas me daban muchas flores amarillas llenas de pétalos esplendorosos, pero la tercera no florecía a pesar de que las trataba igual, además era una planta más pequeña, no se desarrolló como las otras, que tenían hojas y flores muy grandes y lustrosas. 

Entonces sospeché que esta mata era macho, -sin que tuviera información técnica al respecto-, supuse que no daría flores por una razón sexual, ese día  me puse a hablar con ella, le dije que si era macho yo no tenía ningún problema, que la amaba igual, pero que si era hembra, me regalara una flor, al cabo de unos cinco días vi asombrada los brotes de unos pequeños botones en la mata “macho”, porque siempre las reviso en sus detalles; estaban empezando a salir sus flores, al cabo de unos días tenía cinco flores color salmón con bordecitos y corazón rojo, eran hermosas, más pequeñas que las cayenas amarillas, pero de una ternura que saltaba a la vista, le agradecí a mi mata su floración y le ofrecí a la luna estas hermosas expresiones de la naturaleza.

Después de este evento, sospeché que esta mata había sufrido un trauma afectivo, alguna mala palabra, un fuego cerca, un maltrato que la dejó deprimida, y es cierto, las plantas poseen alma, se llaman elementales, pequeñitos angelitos que les dan vida y entusiasmo.  Esto ocurre también con el agua, la tierra y el viento, frecuentemente cuando me llega esa suave caricia del viento, le agradezco, y lo bendigo, sé que me entiende.

También nosotros somos como un planeta lleno de elementales que actúan en cada órgano, por eso es bueno conversar con nuestros pies, corazón, senos, para darles caricias sonoras..., pero esa es otra historia.

No dudo que somos jardineros de la vida, pero aún no lo sabemos.

miércoles, 31 de octubre de 2012

CORTÁZAR Y EL AMOR

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"Ven a dormir conmigo, no haremos el amor, él nos hará"   
 Julio Cortázar  

Tenía 21 años cuando oí la expresión: “Hacer el amor”, y me resultó muy disonante, porque el amor, un concepto tan abstracto, no se puede hacer, el amor, que técnicamente es una emoción, en todo caso ya está hecho, y hecho de una manera tan inteligente que sólo se puede llegar a él por caminos de sencillez y pureza; tal vez por eso casi nadie lo encuentra.

Nunca repetí esa cosa, que desafortunadamente se le ocurrió a alguien desocupado, o tal vez a un poeta, no me he puesto a investigar su origen, tal vez sea sólo la traducción al español de una idea, propia de la visión racional de otra cultura; y todo por la falta de una nomenclatura justa para referirnos a las relaciones sexuales, se usan diversas expresiones como: “dormí con él”, cuando dormir es una acción estrictamente personal, que consiste en cerrar los ojos y pasar al estado inconsciente más descomprometido que existe.

Esta impresición tal vez se debe a que las relaciones sexuales no siempre están relacionadas con los sentimientos, y a esas relaciones descomprometidas se definen con una sutileza, que sugiere el encuentro carnal; pero, ¿cómo referirnos a los contactos sexuales sin amor, cuando pesa sobre nosotros un criterio moral, que nos aleja de la vulgaridad?.

Hoy tenemos muchas pistas, para enfocar este extraño fenómeno que denominamos amor, hay quienes lo han clasificado, según sea el objeto del amor, en maternal, filial, fraternal, de pareja, y universal; la mayoría lo han tomado como sinónimo de querer, y otros lo han diferenciado argumentando que el significado de querer es desear, por lo tanto el deseo o la pasión muere pronto, entiéndase deseo sexual, y el amor perdura.

Los más preclaros dicen que el amor humano no es amor, sino un sentimiento lleno de convenciones sociales porque envuelve condiciones, por lo cual carece de la esencia del amor real, que viene siendo la identidad con todo lo que existe, lo cual ha creado no menos confusiones.

Tal parece una paradoja, si amo de verdad, me alejo de las relaciones personales, ya que todo lo que existe tendría la misma importancia, nadie sería especial, ¿y cómo puedo expresar amor a todo?, sólo quedándome contemplándolo.

Llegado a este punto, no hay vuelta atrás, la persona que tenga al lado, por decir pareja, sería uno más de todo lo que existe y por lo tanto amado como todo lo demás; no habría privilegio, ni importancia en la selección, tal vez desaparecería la monogamia, especialmente centrada en la fidelidad hacia una relación blindada por la aceptación del voto matrimonial.

Con todo y que el amor es un concepto humano donde prevalece la posesión del otro, o el compromiso con el otro, la monogamia está lejos de ser un estado perfecto, es sólo un acuerdo que minimiza el desorden social; sin desconocer que en sus momentos importantes, en sus picos fuertes, la monogamia concede a los actores involucrados un sentimiento de seguridad, que de otra manera no tendrían.

Establecer límites entre lo externo o lo extraño, con las personas que amamos, el hogar que construyo, los hijos que procreo y con los recursos y tiempo que proporciono, significa un estado de seguridad y de identidad personal y social que nutre a los recién casados y a quienes perduran en ese convenio, además de conceder un estado de gran satisfacción moral.

Cortázar se negó a concebir que pudiera hacer el amor, y genialmente expone que es el amor quien los hace. ¿Será posible que eso sea lo que ocurre cuando se une el sentimiento amoroso con la relación sexual, ese binomio espectacular que concede al individuo una proyección hacia el infinito que nadie puede doblegar?, ¡QUE EL AMOR NOS HAGA!.

lunes, 15 de octubre de 2012

CUENTO PARA NIÑOS A OCTAVAS DISTANTES


Había una vez un país muy lejano, en unas tierras calientes y frondosas, bañadas por playas de arenas muy blancas y hasta las había rosadas, bajo una cúpula celeste que presentaba en luminosos lugares, unos crepúsculos tan impactantes que erizaba la piel con sus destellos, fucsia, azul, naranja y dorado. Una de sus regiones era considerada una tierra muy antigua y sólida, por eso nunca supieron lo que era un sismo.

Era un país muy diverso, tenía montañas con nieve, llanos bañados de esteros, costas vibrantes, desiertos de arenas suavecitas, una región selvática habitada por pueblos autóctonos, de una belleza inconmensurable, con ríos, caídas de agua, tepuyes y una tierra roja inconfundible, con una  riqueza en su suelo, que llamaban petróleo, tal vez la fuente de sus mayores calamidades, ya que eso generó en su gente y hasta en los extranjeros una motivación ya desaparecida, pero muy viva en ese tiempo, una cuestión que denominaban avaricia.

Fue un punto de partida para los movimientos libertarios del siglo XIX, porque aunque ustedes no lo hayan conocido, hubo épocas de esclavitud, dependencia y dominación, ejercidas tanto por fuerzas extranjeras, como por personajes de la misma sociedad. Esclavitud significa que hay gente a quienes les arrebatan la libertad y los convierten en una cosa que se compra y se vende, tráfico legal de personas.

En ese tiempo vivían del trabajo y del esfuerzo físico para extraer de la tierra los frutos de la subsistencia y explotación, bien por la vía de la esclavitud, y después por la administración de fincas con la contratación de jornaleros. En aquella sociedad post mantuana, también surgieron personajes brillantes en las artes, como Arturo Michelena en la pintura, escritores como Rómulo Gallegos, Miguel Otero Silva, Teresa de la Parra, poetas como Andrés Bello, Andrés Mata (*), Andrés Eloy..., no recuerdo su apellido, pero en aquel país tu decías Andrés Eloy y todos sabían a quién te referías. ¡Qué sincronía la de los poetas llamados Andrés!

Las cosas se fueron agregando de tal manera, que los lugareños lograron gobernarse a sí mismos, creció un sistema político, y entrado el siglo XX, la política era un mundo visto desde afuera como algo extraño y propio de leguleyos; incluso, la curiosidad de los niños al ver que los presidentes no tenían una actividad específica que realizaran, que no fuera hablar y hablar, antes por radio y luego por televisión, era explicada por los padres diciéndoles, que para ser presidente era necesario ser abogado.

No faltaron gobiernos duros, tiranías que sometieron a sus hermanos al silencio ideológico, a través de la persecución, prisión y destierro. Oscuros momentos de la historia de un país, que prometía una prosperidad sin límites, con una población que también prometía equidad, por su configuración única en el mundo de entonces, por ser el resultado de la mezcla inusual de tres razas: blancos, negros e indios, lo cual le dio a esos descendientes una belleza física que traspasó las fronteras del país, hasta ser famoso por las reinas de belleza que ganaban repetidamente la corona, en competencias mundiales.

He de aclararles que avanzados aquellos tiempos, la palabra raza, se fue convirtiendo en tabú, es decir, en prohibida, es decir, que era ofensiva, porque reflejaba la dominación de unos sobre otros, ustedes ya no lo viven, pero fue así en aquel remoto pasado. Se le llamaba segregación racial, una actitud sin fundamento que sólo recordaba el dominio económico y político que ejercieron unos sobre otros, basados en la supuesta superioridad racial, que era sólo mentira. Los científicos la negaban, los engreídos la amaban, los enojados la utilizaban, los transeúntes la odiaban, y los que no tenían criterio para debatirla, la sentían en la piel; aunque la discriminación, cosa desaparecida ya, no tuviera en ese país el drama que tenía en muchos otros del mismo continente.

 No tardaron en llegar gobiernos liberales, que hicieron sentir al lugareño, el dominio de un destino florecido, estudios, empleos, viajes, negocios, en un país donde nacían a montón las matas de mango, que no permitía que nadie muriese de hambre y donde cualquier cosa que se vendiera era comprada; pero se fue deteriorando poco a poco, en un mar de indiferencia y el apaciguamiento que produce el brillo de los avances tecnológicos, que puso a aquel pequeño gran país en contacto con el mundo, a eso lo llamaron globalización.

Este fenómeno globalizador creó un dramático desprendimiento de lo local, muchos protestaron, porque sabían el rumbo que estaba tomando la vida en el planeta; sin embargo, no era posible detener un proceso que no era político, no era moda, no era sólo economía, era simple y desbordado desarrollo tecnológico, fuerza que apenas fue vislumbrada por los proyectistas o visionarios, como un factor de cambio radical en el mundo.        

Fue por allá, más o menos faltando veinte años para culminar el siglo XX, cuando se comenzaron a sentir los efectos de muchos comportamientos negativos que ustedes no recuerdan porque lo superaron, pero que llenaban el imaginario colectivo; una mala y antigua semilla daba sus frutos, se incrementaron los problemas por incapacidad de gerencia y de ética, y esta sociedad fue dando traspiés hasta llegar al siglo XXI con un pragmatismo aterrador, que dejó perplejos a quienes tenían un criterio justo, transparente y hasta amistoso de lo que debería ser su sistema de gobierno.

Entrando la segunda década del siglo XXI la situación no mejoró, contrario a lo que había sido soñado en los años sesenta como un tiempo superior,  porque cuando la gente quería referirse a un estado ideal, decía: “Eso será en el año 2000”, imaginando que en ese año la sociedad ya habría superado sus problemas concretos, y psicosociales; pero nada más alejado de la verdad, el siglo XXI llegó lleno de conflictos, la gente aún no tenía el don que ustedes ya conquistaron, de reconocer las intenciones de los demás, no era posible la comunicación mental, ni la transmisión de pensamientos a distancia, aunque sí había un incipiente nacimiento de sanaciones en presencia y a distancia, utilizando los centros energéticos del cuerpo, para sanaciones de todo tipo.

 En aquellos tristes momentos, y aunque ustedes no lo entiendan, existían formas de comportamiento humano que no imaginan, los llamaban hipocresía, demagogia, engaño, manipulación, fingimiento, mentira, manejo de masas, asalto, estafa, abandono, traición, desconocimiento, apaciguamiento, miedo, interés, irresponsabilidad, comodidad, fraude, descaro, y hasta liderazgo; con ello se fraguaron tiempos de máscaras, de confusión, nada estaba claro, todo eran suposiciones, con la amenaza real de que la desconfianza matara los ánimos de quienes aspiraban construir un país unido, pacífico, respetuoso, próspero y feliz.

Lo último que supe de ellos, fue que ya ahondados en los análisis, los mea culpa, y las justificaciones, alguien logró dar con la pista de que lo que existía allá no era una simple división o polaridad partidista, que había causado tanta tensión, sino que la real división estaba en que funcionaban dos tipos de personas: LOS CORRECTOS Y LOS CORRUPTOS.

- Mami, ¿que es corrupto?

Ahora te lo explico, es un asunto de falta de ética que se plasma en la acción...


(*) A continuación, este hermoso y positivo poema:

MÚSICA TRISTE
ANDRÉS MATA (1870-1931) 

¿Un amor que se va?.. 
¡Cuántos se han ido!
Otro amor volverá más duradero
y menos doloroso que el olvido.
El alma es como pájaro inseñero
que, roto el nido en el ruinoso alero,
en otro alero reconstruye el nido.
Puede el último amor ser el primero.
Mientras más torturado y abatido,
el corazón del hombre es más sincero.
Tras de cada nublado hay un lucero,
y por ruda tormenta sacudido,
florece hasta morir el limonero.
¿Un amor que se va?.. ¡Cuántos se han ido!
¡Puede el ultimo amor ser el primero!
No te alejes del piano todavía.
Alada brote del marfil del piano,
bajo el lirio fragante de tu mano,
la tierna y amorosa melodía.
Ese adagio tristísimo y arcano
dulcifica mi espíritu doliente,
como si presintiera por mi frente
la inefable caricia de tu mano.
Si dispuso el dolor con golpe fiero
llenar de sombra la existencia mía,
ya se levanta luminoso el día
y florece otra vez el limonero.
No te alejes del piano todavía...
¡Puede el ultimo amor ser el primero!...