lunes, 21 de enero de 2013

¿TE AFECTA EL QUÉ DIRÁN?


La vida es una paradoja, nos afectan tanto los demás, que a veces no quisieramos tener que ver con nadie más, pero es precisamente con los demás con quienes nos desarrollamos y nos expresamos plenamente. Si un niño no recibe afecto en sus primeros tres años, son pocas sus posibilidades de alcanzar un estado emocionalmente sano, aún cuando la calidad de su vida pueda disfrazarse con bienestar, por oportunidades de estudio y apoyo intelectual.

Cuando estudiaba secundaria leí con sorpresa que en psicología mencionaran el miedo al que dirán o al ridículo, como uno de los aspectos importantes en la seguridad emocional, no imaginaba yo que un asunto tan trivial y tan mal calificado por la religión y los valores laicos, tuviese espacio en la ciencia; ese miedo que nos ata a impedimentos graves, cuando de débiles sustentos de autoestima se trata.

No cabe duda que los demás ejercen un poder sobre nosotros, y que depende de nuestra nutrición emocional en la familia, nuestra capacidad para desenvolvernos socialmente, y evitar que ese poder deje de estar en nuestras manos.

Hoy, con el respaldo de muy buenos autores que han puesto luz en la forma como superarnos y comprender la vida como un escenario complejo, podemos puntualizar aspectos para llegar a un mejor conocimiento de nosotros mismos, y reconocer que esos miedos están más arraigados en nosotros, que lo que puede afectarnos realmente la opinión de los demás.

Cuando tenía seis años, estudiaba en el Colegio Inmaculada Concepción de Maracay, dirigido por las monjas Agustinas, mi maestra era una monjita muy dulce llamada María Eduvina, muy amorosa y jovencita, jugaba La Semana y El Loco con nosotras, tengo muy bellos recuerdos de esa época. Me encantaba ese ambiente de recogimiento, esa disciplina amparada en figuras angelicales, y lo mejor de la semana era cuando nos llevaban a misa en el sótano del edificio, que dicho sea de paso, aún está frente al Ateneo de Maracay, donde veneran a la Beata Madre María de San José, quien hacía sus oficios de amor en aquellos tiempos.

Me sentía muy a gusto en ese colegio, recuerdo que un día por la tardecita, estaba muy distraída viendo una película española, llamada Suspiros de España, y el transporte que me llevaba a mi casa se fue, al rato la monja entra en el salón, me llama y me dice que mi papá vino al colegio a ver porqué no había regresado, y ella le dijo que estaba viendo una película, que me dejara esa noche, que dormiría con las niñas internas, mi padre aceptó y eso fue para mí una especie de vacaciones. Todas las jovencitas querían compartir su espacio conmigo, en sus blanquísimas y austeras camas de internado. 

http://www.youtube.com/watch?v=MykiAY6Thxo
 
Es una construcción colonial, y tenía en aquellos tiempos, una capilla en el sótano; los lunes bajábamos en cuatro filas por una escalera de caracol muy ancha y de escalones bajitos, ese día era maravilloso porque se trataba de un recinto fresco, oscurito, sólo iluminado con grandes velones, con bancos de madera y un altar con Cristo Jesús, yo me sentía en la gloria cuando iba a ese lugar, me fascinaba su peculiar olor a madera y cera derretida, sentía una especie de viaje a un mundo mágico.

En aquellos tiempos, era obligatorio que para entrar a las iglesias, las mujeres se cubrieran la cabeza con un velo, costumbre que desapareció después, a mediados de los 60s; a las niñas les colocaban una toca, pero yo no tenía de eso, nunca les dije a mis padres que me lo compraran, porque sabía de sus limitaciones económicas, además, cuando alguna alumna no llevaba la bendita toca, las monjas le colocaban un cucurucho(*) de papel periódico, lo cual era causa de burlas y risas de las compañeras, y tal vez una manera de castigar el olvido.

Yo era asidua usuaria de tal cucurucho, pero no me importaba, no me importaba en lo más mínimo que las demás se rieran de mí, -la verdad es que nunca me preocupó el qué dirán-, al fin y al cabo ese cucurucho me permitía ir al sótano, momento que esperaba ansiosa durante toda la semana, por eso yo contaba con el hecho de que no me privarían de ir a ese recinto sagrado subterráneo. Por otra parte, me sentía libre de tales burlas porque yo no era el cucurucho, al terminar la misa me lo quitaban, y yo era igual a todas las demás.

Era tal mi arrobamiento ante tal recinto, que aún recuerdo su aroma inconfundible y aquellas llamas que bailaban en las mechas, dando un aspecto celestial a las paredes que entre sombras dibujaban las siluetas de las novicias que nos observaban; me veo con mi hermoso uniforme de piqué blanco, que mi mamá almidonaba y planchaba con esmero, con su capa de marinero con cinta azul marino.

Un día, me sorprendió un evento con una alumna de sexto grado, que tiene un hermoso nombre, Gloria, ella era comadre de mi mamá porque había bautizado a mi hermanita; ella me vio rumbo al sótano con mi flamante cucurucho, y de pronto llegó a mí de un salto, y me arrebató de un jalón el cucurucho y me colocó una mantilla tan grande que casi me llegaba a los pies, la monja responsable del tumulto de niñitas, le llamó la atención sacudiendo su rosario colgado a su cintura, pero ella le respondía vehemente, y le dijo que no permitía que se mofaran así de mí, la monja le ordenó que se retirara y ella se quedó allí, discutiendo hasta que me pasaron a la fila, amparada bajo la mantilla perfumada de mi protectora y colega Gloria.

En aquellos tiempos era muy común que las monjas se encontraran con alumnas muy rebeldes y Gloria era protestataria, siempre en conflicto con las monjas, era una joven muy bella, con un desparpajo divertido, se pintaba las uñas, llevaba zarcillos de oro, usaba adornos en su lindo cabello crespo y un cinturón muy apretado bajo el uniforme, usos muy comunes en aquellos tiempos de cintura de avispa.

Recuerdo ese evento como un ícono de mi aproximación a ese temible qué dirán que nunca me afectó, tal vez porque recibí de mis padres una conciencia clara de lo que significan los adornos, los vestidos y las cosas, en relación con lo que somos en realidad, almas, seres que no podemos ser calificados por lo que mostramos externamente. Para mis padres era importante tener honradez, decir la verdad, tener prudencia, hablar lo necesario, y llevar la frente en alto; y eso lo lograban bajo una fuerte disciplina que en nuestro caso llegó a niveles de Guinness. 

Hoy sigo bajo la idea de que la opinión ajena nos daña sólo si se lo permitimos, pero, que podemos aprovechar las apreciaciones de quienes tenemos cerca para revisarnos y corregir lo corregible.

Gracias a esas personas que hicieron de mi niñez una fuente de innumerables y bellos recuerdos.

(*) Cucurucho: Capirote cónico de penitentes y disciplinantes. RAE
           

viernes, 18 de enero de 2013

LA REPRODUCCIÓN DE PADROTES DESCONOCIDOS

Cuando de reproducción humana se trata, la ciencia tiene la palabra, prevenir, hacer buen seguimiento de los embarazos para un nacimiento feliz, y procurar resolver dificultades para concebir, han producido exitosas respuestas en las investigaciones médicas, y dado muchas satisfacciones a las parejas.

No obstante, estos recursos se han ampliado hacia planteamientos reproductivos, que por los momentos llamaré pragmáticos, con la ligereza que eso significa. Cada día es más frecuente la noticia de embarazos en mujeres que desean ser madres sin el molesto aditivo de una pareja, o, simplemente, embarazos medicados, por carecer de pareja; es diversa la motivación y las condiciones de quienes así lo deciden.

Este procedimiento se ha hecho cada vez más popular, debido a que quienes más lo hacen público son celebridades de la farándula, quienes por una u otra razón adecúan este compromiso personal a sus labores profesionales.

Se observa que muchas mujeres jóvenes se proyectan como madres solteras, de hijos que provienen de donantes de esperma desconocidos, lo cual puede significar conflictos emocionales a esos niños que no sólo no tienen padre, sino que son el resultado de un procedimiento médico, que elimina la posibilidad de conocer a su progenitor.

Cabe preguntarse ¿cómo puede afectar psicológicamente a un niño saber que su progenitor es una persona en la incógnita de la existencia, un número en los tubos de ensayo de un laboratorio, un ser que ni siquiera puede localizar, para verle la cara y enterarse de dónde proviene?, ¿será tan importante saber nuestro origen biológico?, absolutamente sí, hay leyes específicas que prevén el derecho de los hijos de conocer a sus padres biológicos; esto forma parte de un adecuado desarrollo psicológico. Aunque hay quien piensa que el niño puede tener una figura paterna en un tío o abuelo, pero, ya lo hemos visto en tantos niños abandonados por sus padres, realmente lo que necesita el hijo es a su padre, no a un tío, y de esta manera se le condena a no conocerlo.

Sin embargo, la actitud en torno a estas preguntas, tanto de usuarios como de científicos parece no estar despierta ante las consecuencias que decisiones de este tipo puedan acarrear; he oído argumentos que afirman que hay desordenes emocionales en niños que tienen sus padres, que nada asegura que un hijo resultado de este tipo de reproducción sea peor que el que conoce a sus dos progenitores.

Obviamente, hay una diversidad de patologías, minusvalías y desencuentros con padres identificables, pero esa no es una base que sustente la inocuidad psíquica de este procedimiento. Se ha comentado que la salud física, emocional y mental viene muy marcada por las circunstancias que transcurrieron desde la concepción hasta los siete años de edad; no me quiero imaginar el desconcierto que puede sentir un hijo cuando se entere que su progenitor es un incognito.

Ante estas posibilidades, y tal vez porque la maternidad vino a mi vida de manera rápida y sana, soy de la opinión de revisar muy bien las propuestas que implican donantes de esperma, un método que anula definitivamente la relación del niño con su padre, y que de hecho, parte de procedimientos que no devinieron de vínculos afectivos, sino de un comercio biológico. Si a esto se agrega que una decisión como ésta parece, o da la impresión, de que responde más al deseo de la madre de tener un hijo, -lo cual puede estar incluso hasta mal sustentado-, y que no se piensa en la conveniencia del niño, creo que hay que detenerse y poner una mirada ética en el asunto.

Esta necesidad maternal también se ha canalizado bajo acuerdos con hombres conocidos, a quienes se solicita su aporte biológico o una relación sexual sin compromiso, bajo la promesa de que la madre no exigirá posteriormente que sea responsable del hijo en cuestión. La verdad es que éste es un acto desesperado, o un pragmatismo con todas sus letras, plantear a una persona que done su simiente como si fuera sangre, con la garantía de que no ejercerá su deber paterno es disonante, ¿no se supone que nuestros fluidos son sagrados, que nos pertenecen y ante ellos somos los únicos con derechos y deberes?, ¿no es esta propuesta corruptora de la dignidad humana?.

Son temas para el debate bioético, que no llegan a plantearse abiertamente por la falta de condiciones humanas en la sociedad global, por la escasa posibilidad de establecer pautas tan íntimas que respeten todos.

He visto con asombro que muchas mujeres con visibilidad pública exponen estos planteamientos bajo el fundamento de la liberación femenina, y el reclamo de sus derechos personales o algo por el estilo, bajo la premisa de: “yo puedo sola, no necesito de una pareja”, cuando quien necesita a su padre es el hijo.       

No perderé esta oportunidad para señalar que como consecuencia de las prácticas de reproducción asistida, se han creado situaciones controversiales ante una cantidad, cada vez en aumento, de embriones congelados, que no tienen resolución hacia el nacimiento. La ciencia y la sociedad ética deben conversar. Tal vez conversan, pero de espalda.

Finalizo diciendo que no todo lo que resulta factible para la ciencia, resulta digerible para la conciencia.        

jueves, 17 de enero de 2013

CURSILERÍA, ROMANTICISMO, O MEDIOCRIDAD…


-       Mujer: ¿Qué sientes cuando me miras a los ojos?
-       Hombre: Siento que abro las puertas de un templo que quiero adorar.

Es un texto repetido incansablemente, en la publicidad de una popular novela televisiva producida en Miami, por demás cargada de escenas que erizan por desproporcionadas y por notablemente cursis. 

No cabe duda que las escenas de enamorados plasman con dramática puntualidad, el carácter meloso de las relaciones de parejas en su momento más exaltado, el enamoramiento, pero en estas historias no se mide el límite que las convierten en escenas pobres, vacías, aburridas y de mal gusto. Cuando comparo estas escenas con las que realizan los brasileños, me doy cuenta de la gran diferencia de enfoque, creatividad, naturalidad y realismo, que ellos les imprimen a todas sus historias, lo cual las convierten en obras magistrales. 

El asunto es que los brasileños no improvisan ni escatiman para hacer grandes producciones, se informan, se asesoran, y sus diálogos, vestuario, escenarios, temas y todo lo demás,  son estupendos, porque estructuran la ficción del escritor, con opiniones de expertos de diversas áreas, lo cual les da un carácter verosímil, natural y de mucha altura. 

Sin embargo, no es un debate sobre actuación el tema que quiero desarrollar, sólo que estas telenovelas tradicionales, inciden en la retención de actitudes que ya deberían estar saliendo del imaginario popular. Después de tanta violencia doméstica, ya las mujeres deberían estar seguras que ese amor celestial no existe, que colocar atributos divinos en una persona es el camino seguro para la decepción, porque nadie es una puerta de un templo para ser adorado, y aunque alguien podría decir, “pero es una manera de ser romántico”, el asunto es que quien lo vive se lo cree, y esta creencia está inevitablemente acompañada de mucho drama. ¿Y cómo no va a estar empapada de drama, si un amor celestial ¡es un milagro!?. 

Lo más impactante de esto, es que, ¡cómo será el ser humano!, que aún cuando no tengamos esos referentes de adoración divina hacia una pareja de carne y hueso, aún así, las relaciones de pareja están cargadas de decepciones, por otros factores vinculados con conflictos prácticos o vitales. 

Ya sabemos, por muchos expertos, que existen dos estados afectivos, o etapas, en las parejas que pretenden una relación permanente: el enamoramiento y el amor, el primero, es la sacudida febril que embarga a los protagonistas, en los primeros momentos de arrobamiento, el segundo resulta de la consolidación, compromiso, armonía que deviene cuando se maduran los afectos. No siempre son dos fenómenos separados, hay quienes sienten amor desde el inicio. 

El primer estado emotivo es fabuloso, porque se vive en cuerpo y alma la sensación de felicidad que todos deseamos experimentar, un estado de seguridad y eternidad que nadie supone que acabará, ello se instala por un tiempo, y funciona a través de procesos químicos que obnubilan la razón y el entendimiento; nada que se le diga a quien la padece, llega a hacer mella en su criterio, porque se pierde la capacidad de escucha y de reflexión.

En esa etapa la persona es muy vulnerable, y pueden ocurrir eventos que compliquen la vida de los involucrados, pues, al perder el autocontrol cualquier cosa puede suceder.

Aún cuando este arrobamiento atrapa a casi todas las parejas, unas logran llegar al amor, otras se desvanecen cuando les pasa la efervescencia; algunos psicólogos dicen que este período dura entre año y medio a tres años; yo disiento un poco, a mí me duró más de diez años, maripositas en el estómago, aceleración cardíaca, nerviosismo y felicidad.  

Ahora quisiera poner la atención en la base sobre la cual se establecen estas relaciones, las cuales sin duda responden a pulsiones del inconciente, pero también a toda una referencia conceptual y ética, según sea el nivel de información y formación que cada persona posea.

Si nos vamos al texto inicial, la chica le pregunta al hombre, qué siente cuando él le mira a los ojos, una inquietud casi de terapeuta, ella parece interesada en analizar al otro, sin embargo, es una carnada para que él le dé una declaración que raya en la más profunda cursilería, y encima, sustenta un hecho inadmisible, la divinización del otro.

Si supiéramos que la primera etapa del enamoramiento desata proyecciones del inconciente, con el cual disparamos cualquier cantidad de atributos que deseamos que el otro tenga, sabríamos que más vale comprender que somos seres pares, y que no nos encontramos con una divinidad a quien hay que adorar, ya que se corre el riesgo de que al producirse el primer desacuerdo, se sufra un dolor triplicado, porque veremos a quien colocamos en un pedestal, reducido a una dimensión minimizada, ni siquiera de par. 

Cuando se nos derrumban nuestros ídolos el estruendo emocional es grande, de allí que sea inútil colocar a un enamorado en una posición de semidiós, en el pensamiento de: “dónde te pongo mi prenda, que no te quiebres”, como decía mi sabia madre.    

Este diálogo telenovelero además de cursi, refleja un falso romanticismo, y en esto quiero destacar que ser romántico no radica en ser totalmente despegado del suelo, ni estar arrobado por ideales, un romántico de hoy, es una persona que endulza la vida con el amor, que respeta al ser amado con la verdad aunque duela, que provee caricias verbales y las sustenta con hechos prácticos, pero el romanticismo ha cobrado mala fama, porque se ha mezclado con cursilería. He visto verdaderas expresiones románticas en las historias de los brasileños, que no caen en el mal gusto. 

Tener sensibilidad para compartir una flor, intercambiar regalitos, sin considerar al otro como un personaje de cuento, sino como un ser de carne y hueso con sus problemas, es una manera de ser romántico.  

El comercio se ha lucrado con estas debilidades, o mediocridades. Recuerdo que un día llegó un enorme ramo de rosas rojas a la oficina, -contenía no menos de cuatro docenas de rosas-, suspendido por tres grandes globos y varios pequeños y adornado de peluchitos y trencitas carnavalescas, que llamó la atención hasta a un ciego; era un enamorado que enviaba su presente de cumpleaños a una compañera de trabajo, por supuesto, se arremolinaron las chicas comentando que ese novio era ejemplar, pero yo lo percibí con mucha sospecha, mientras más grande y especialmente público el regalo, más sospechoso.

Me preguntaba: ¿por qué no le envió el regalo a su casa?, eso hubiera evitado la dificultad de trasladarlo desde su oficina a su residencia, donde debía estar; bueno, eso no fue posible, la chica prefirió dejarlo en su cubículo, porque no lo podía cargar y no cabía en un carro, lo trajeron desde la floristería en una especie de moto con cabina. ¿Por qué no le regaló una prenda y se la dio en la intimidad? Razones demás para desconfiar.

No faltó uno que otro sociólogo imprudente, que comentara la cursilería de los globitos con leyendas de “Te amo”, y el desparpajo del galán que se hizo publicidad con la notable habilidad de la floristería.

Cuando los regalos no se compaginan con la calidad de la relación, se convierten en testimonios de la falsedad, quedan como evidencia de la mentira y como recuerdo del fracaso inevitable, los cuales requieren una buena dosis de pragmatismo o desdramatización, para superarlo. Hay una línea muy tenue que delimita el romanticismo de la cursilería, pero por las dudas, los regalos personales, háganlos en privado.

La concepción de que el otro es un enviado del cielo, ha cegado a muchos, pero la idea opuesta de que los demás son sólo cuerpos para ser usados sin amor, también; son dos extremos malignos. 

Los expertos aún no se ponen de acuerdo en esto, hay quienes ven las relaciones de pareja como verdaderos escenarios de inevitables e insuperables conflictos, hay quienes dan toda una lista de previsiones y otros que proveen mecanismos de auto análisis para fortalecer la autoestima, y con ello obtener una buena relación o al menos, salir de ella con mínimos rasguños.  

La verdad es que estas relaciones se ven obstruidas por sistemas emocionales personales, por el nivel de información que posean los protagonistas y por las concepciones que se han establecido en el imaginario social, los valores, creencias y sentencias que nos condicionan y nos impiden ser libres y honestos en todas las actuaciones. 

Los pedestales sólo son sustentos para estatuas de muertos, héroes, escritores, artistas, y no para gente viva, siempre en condiciones de defraudar; con frecuencia oigo a mujeres que llaman a sus maridos: “mi cielo”, y cuando de desengaño se trata estas palabras resuenan con más dolor. 

No se coloquen en el peor lugar de las condiciones emocionales, la de creer que encontraron a una divinidad, eso no existe. Lo que sí existe es la persona que propone y expresa su amor honestamente, quien hace su trabajo de transformación y crecimiento, la que dice la verdad y expone sus argumentos claramente, la persona que expresa su verdadera intensión y lo demuestra con hechos. ¿Cómo se denominaría a una persona así?. ¿Una persona íntegra?, pero suena raro decir: encontré mi íntegro; ¿no será que es un Príncipe Azul de verdad, o no, ya está muy desprestigiado ese calificativo, qué creen ustedes?

martes, 1 de enero de 2013

POBRE, RICO, SER HUMANO


En estos días de reflexión casi obligada, resaltan las evaluaciones que hacemos, especialmente en las relaciones con los demás, quiénes nos ayudaron, quiénes nos hicieron la vida a cuadritos, cuántos proyectos personales alcanzamos, qué cosas logramos, cuánto dimos, cuánto quitamos, cuánto amamos; y en esta revisión salta a la vista la condición plural de cada uno, la complejidad que reina en nosotros, con bondades y miserias, y la dificultad para decidir en ciertas circunstancias.

¿Cómo alcanzar un estado de asertividad, como para obtener de la vida, recursos, amores y tener salud para disfrutarlo, si somos tan limitados en algunas cualidades y tan expansivos en otras?, 

¿cómo detectar peligros, amenazas, fracasos, en lo que nos parecen posibilidades, si cuando éstas aparecen se muestran tan dóciles, tan frescas, tan atrayentes?, 

¿cómo saber, lo que otros saben en un abrir y cerrar de ojos, y que aún cuando tenemos ojos, no podemos ver?, 

¿cómo descubrir la maldad que se esconde en una buena oportunidad?, 

¿cómo detectar cuándo aplica una sentencia, cuando las sentencias son meros prejuicios?, 

¿cómo aplicar el conocimiento, la ética y el buen juicio a un acontecimiento, si pretendo ser amplia, desprejuiciada y librepensadora, con deseos de vivir?

Cero respuesta, aunque muchos escritores de la psicología han avanzado en este camino, para desentrañar los misterios de la vida en común. Roberto De Vries habla de cinco elementos a considerar para establecer relaciones de pareja, César Landaeta hace lo propio, con un sentido bastante realista y desconsolador sobre lo que significa lanzarse en pos de una relación de pareja, porque casi siempre viene llena de tropiezos; con mucha precisión y con un sentido del humor único, logra esclarecer lo difícil que resulta esta empresa.  

Somos pobres seres llenos de complejos, y a la vez ricos depositarios de grandes alcances de vida, porque somos capaces de amar, de no contar con esta capacidad seríamos fracasos de la creación, por ello la existencia se ha llenado de historias de vida, que se ejecutan y se repiten, se pulen y se repulen, hasta que al fin logremos un estado superado de conciencia, en el cual veamos con claridad. Es lo que yo espero que ocurra, después de todas estas secuencias de errores, aciertos y nuevos errores.

Mientras, sólo nos queda vivir y tener fe en que no estamos solos, hacer lo que nos corresponde y esperar; recuerdo una recomendación de una sabia amiga mexicana:
“Haz sólo tu trabajo, no le hagas el trabajo a Dios”
Raquel Alejandre      

jueves, 27 de diciembre de 2012

...Y EL MUNDO NO SE ACABÓ



Miedo, esperanza, terror, confianza, homicidios y suicidios, alegría….., todos estos fenómenos los produjo ese caudal de información que pronosticaba el fin del mundo y a la vez esclarecía un cambio de Era. Sin embargo, parece que estos presagios ocurren cada vez que se aproxima un nuevo milenio.

Ante tal incertidumbre, y con los tsunamis, terremotos, inundaciones, cambio climático, las explosiones solares, presentí que no era tan descabellado que la tierra, harta de tanta felonía sobre su piel, reaccionara sacudiéndose de tanto parásito humano.

Lo que sí me preocupaba era que se pudiera perder la obra cultural que se extiende por todos los rincones del planeta, los paisajes hermosos de Gaia, y especialmente que no hubiera quien los disfrutara.

La compleja diversidad de la obra humana, me llevaba por sus espacios hermosos, las artes, las letras, la ética, la solidaridad, la ayuda mutua, el respeto, la honestidad, y sabía que esto no se podía perder, aunque hubieran mil acabos de mundo. 

Añoraba que se produjera un fenómeno justiciero, que iniciara un proceso de despertar de conciencia colectivo, como una cadena de  bombillitos que se encendía de pronto y se nos abrieran los ojos ante la espectacular dimensión de la vida. Un salto hacia la mayor y mejor percepción del mundo, una salida del dolor y el sufrimiento, un ascenso hacia un estado unificado, como han proclamado algunas tendencias proféticas.

Había temor por los tres días de oscuridad, ¿Y cómo?, si hemos vivido millones de millones de días en oscuridad, la idea era despertar de esa noche intensa, cargamos con una oscuridad de alma, que no se hace consciente, porque nos acostumbramos a creer que la luz del sol es la única luz.

Encontré en esta página un texto que describe de manera perfecta, mi pensamiento, qué maravilla que no estoy sola: 

http://www.aveviajera.org/nacionesunidasdelasletras/id778.html


No obstante, no sabemos a ciencia cierta, si estamos iniciando un cambio real, cuando cumplimos año, no sentimos el cambio de inmediato, es un proceso que dura un año, hasta llegar al otro cumpleños. No podemos penetrar en los misterios de Dios, para descartar que la promesa se ha cumplido, esa es mi convicción, que ese gran tsunami se esté operando en nuestra alma, y que podamos transformar este bello planeta en un lugar de armonía.


miércoles, 26 de diciembre de 2012

TIEMPOS PARA DESEAR EL BIEN



Los buenos deseos se hacen presentes en momentos claves, nacimientos, cumpleaños, ceremonias religiosas, fiestas patrias como en el septiembre mexicano, y especialmente en fin de año; la proximidad de otro año nos lleva a reflexionar sobre el año que acaba y de plantearnos nuevos objetivos, aunque apenas pasa enero se nos olviden los acuerdos de restricción que nos hemos impuesto y volvamos a la inercia del hábito malsano.

Entonces, tal vez en diciembre lo que hacemos cumplir con el protocolo, porque los buenos deseos hacia los demás, muchas veces pasan por lo buenos que seamos nosotros con ellos, de nada sirve desear cosas buenas para las personas cercanas, si de alguna forma no somos honestos en nuestras relaciones.

Qué difícil es determinar el punto específico en el cual podemos afectar a otros, sin embargo, hay una clave muy antigua, la sinceridad completa, a veces hay pequeñas sinceridades enmarcadas en una gran mentira. Sutilezas de la confusa manera de relacionarnos, para sacar provecho del otro, de hacernos los desentendidos ante las pulsiones éticas que sin duda nos conminan desde dentro; por eso nos atacan las enfermedades, y si no somos profundos no nos damos cuenta de que nuestras lesiones no son más que la manera como somos con los demás, no por casualidad Jesús nos dio lo único valioso que podemos hacer: AMARNOS LOS UNOS A LOS OTROS.

Por eso les deseo mucha prosperidad, pero de buenos sentimientos; les deseo felicidad, pero por alcanzar la paz interna que da la honestidad; alegría, pero la alegría del alma pura; tranquilidad espiritual, que resulta de tener la conciencia tranquila.

martes, 4 de diciembre de 2012

PEAO DE BOIADEIRO



PEAO DE BOIADEIRO
Serio Reis

Sou um Peão de Boiadeiro procurando paz
O caminho das estrelas eu deixei prá tras
Vou seguindo neste mundo, nesta solidão
Eu e meu cavalo, estrada de chão
Vou pensando nela, triste ilusão
Quero ser o seu amigo
Ser o seu abrigo tudo que lhe falta
Ser o seu Peão
Quero estar sempre ao seu lado
Ter o seu perfume
Ser o seu amado
E não sentir ciúme, ciúme
Sou Peão de Boiadeiro amando demais
Eu que não acreditava um dia ser capaz
E se esse amor existe pode confessar
Não me deixe triste basta um olhar
Para que eu sinta que o amor nasceu

PEÓN DE GANADO
Soy peón de ganado procurando paz
El camino de las estrellas yo dejé atrás
Sigo en este mundo, en esta soledad
Mi caballo y yo, camino de tierra
Voy pensando en ella, triste ilusión
Quiero ser su amigo
Ser su abrigo, todo lo que le falta
Ser su peón
Quiero estar siempre a su lado
Tener su perfume, ser su amado
Y no tener celos, celos
Soy un peón de ganado amando demasiado
Yo que no creía que un día pudiera ser capaz
Y si ese amor existe, puedo confesar
No me deje triste, basta una mirada
Para que yo sienta que el amor nació

Hermosa remembranza de la vida campesina, cuando tenía dulzura; la casita blanca bordeada de jardines, patios inmensos, y terrenos cultivados. Dura vida para obtener los bienes de la tierra, dulce para amar de verdad.

Esta letra alude a una de las historias de la gran producción brasileña, PANTANAL, era la canción de un peón que amaba a una chica invadida por el odio y la venganza, que a fuerza de cariño, protección y solidaridad abandona su propósito y se deja amar.

Este ambiente bucólico aún está presente en el ideario popular, especialmente en quienes apenas tuvimos reseña de su existencia; mi madre que vivió la vida campesina desde la rudeza de su familia de Tenerife, Islas Canarias, nos contaba historias sobre su niñez transcurrida en las montañas de la Arenosa, Municipio Boconó del Estado Trujillo; tenían una hacienda de café y cultivaban legumbres intercaladas con maíz, frutales, hortalizas, caña de azúcar y tenían un trapiche, con una buena producción de papelón, además de ganado lechero para el consumo de la familia y el personal de jornaleros.  

Mi madre tenía un don para contar anécdotas, con descripciones del ambiente, la vivienda, los personajes, las aspiraciones y las relaciones humanas, que elaboró sin darse cuenta un sólido imaginario en nuestro pensamiento infantil, y tengo tan vivos los paisajes, los eventos y los tonos emocionales de sus historias, que puedo reproducirlas sin equivocación; es un archivo dentro de una gavetica de mi biblioteca mental que tengo intacta.

Para ello no había hora, cuando cocinaba, cuando lavaba y planchaba, y cuando nos poníamos a jugar a la casita, colgando sábanas en el cuarto y tomando chocolate caliente en tiempos de lluvia, recuerdo que casi no podíamos oírla por el estruendo que producían las gotas de agua sobre el techo de zinc; por eso me gusta tanto ese ruido ensordecedor del zinc impactado por el aguacero, especialmente para dormir.

Después de ese íntimo solaz, cuando escampaba de inmediato brillaba el sol, y salíamos al frente de la casa a poner barquitos de papel periódico que mi madre nos hacía, en el gran río que se formaba en la calzada, todos los vecinos hacían lo mismo y hacíamos competencia y aupábamos nuestras embarcaciones, donde yo me imaginaba que iba de viaje.   

Mis padres reprodujeron en Maracay la casita blanca bordeada de jardines, y mi madre, hasta tenía un huerto de hortalizas y una siembra de maíz; cuando cosechaba las mazorcas nos contaba el cuento de la gallinita que invitó a sus vecinos a sembrar y ninguno quiso acompañarla, por lo cual sembró con sus pollitos, y al cosechar desgranaba las mazorcas cantando de alegría y les preparaba unas cachapas que eran la delicia de los pollitos, puesto que le agregaba a la masa huevos criollos, leche en polvo, azúcar y un toque de vainilla, sin punto de sal porque se comen con queso de mano. Esa es la fórmula que uso para mis cachapas domingueras que aprendí con mi Mamá Gallina: Silvia Pacheco Bastidas.