lunes, 4 de febrero de 2013

MESES LUCTUOSOS



Ayer regresé de Maracaibo, fui a visitar a mi familia política, muy mala palabra para designar a estos parientes que siento como si fueran de mi sangre; mi suegra me comenta que se nos aproximan meses luctuosos, en febrero por el recuerdo de la muerte de su esposo, y en marzo por la del mío. Me dejó pensativa, porque ella, habiendo sido una maestra del movimiento Espírita Kardeciano, conferencista internacional, y mi fuente de inspiración para la calma interna, se sienta como cualquier mortal, conectada con este triste sentimiento de abandono, que significa la ausencia definitiva de nuestros seres amados.

Me quedé con la palabra luctuoso dando vueltas en mi pensamiento, como recordando algo, y la investigué: Hubo algo que se llamó Derecho Luctuoso, el cual se aplicaba en épocas medievales y quizás hasta mucho después, que consistía en que a la muerte de un súbdito, los señores y prelados, los cuales a veces eran los mismos, recibían una prenda del difunto, bien sea por haber sido establecida en el testamento del susodicho, o por el derecho de los señores a escoger su regalía. Esto me recordó el Derecho de Pernada, y tal vez el de muchos otros “derechos”, inventados por el abuso de los poderosos, que de alguna manera se ve reflejado en la leyes sucesorales de hoy.  

Esto me puso de frente al miserable hecho, de que el hombre es peor que un depredador, porque no sólo devora otras especies sino que su mayor presa son los mismos seres humanos; un caníbal que se nutre de las más diversas formas de violación que hace al derecho a la vida y la libertad de elección, que la divinidad nos otorgó como sus hijos amados.

Son diversas las formas de esta depredación, pero todo reside en la actitud delictiva de los caníbales, lo cual se manifiesta desde el más sutil vampirismo energético, de quienes se acercan a los demás sin hacer daño aparente, pasando por la delincuencia simple y explícita, por la devastación que produce la cultura machista, por las tradiciones absurdas de pueblos donde aún existe la ablación del clítoris de las niñas, hasta el burdo ejercicio del poder, donde se cuecen las habas más duras que la cultura pueda reportar, y todo esto reside, en el ejercicio de cualquier tipo de poder.

El poder político ha sido la fuente más determinante de la dominación, porque tiene más alcance poblacional, sin embargo, también es la manera de ordenar el comportamiento colectivo, puesto que en tiempos de caos convoca la obediencia hacia la autoridad de un dirigente y su sistema de gobierno, basta ver cómo Juan Vicente Gómez logró unificar al país, a través de una dictadura que puso dentro de sus límites el comportamiento caudillesco de la época.

Agotada como estoy, de la repetida historia de abusos, que tienen sus asientos en el gobierno y sus leyes, en la economía, en el dominio religioso y cultural, en el poderío armado, en la delincuencia organizada o no, en los cargos claves, y en miles de formas de poder ejercido en privado, los pueblos siguen siendo presa indefensa de las manipulaciones que en términos sutiles los convierten en piezas de una entramada base, donde se asientan las dictaduras, el populismo y los más degradantes argumentos para succionar la energía colectiva, con la cual ejercer la mentira, el disimulo y el descaro.

Ya deshecha la esperanza, concepto que no me ha agradado del todo, por el sentido de espera que no soporto, y porque siempre se basa en los mismos parámetros y en los mismos valores que la sociedad arrastra desde que se puso en posición bípeda, no nos queda otra opción que ver más allá de lo que ha sido el reiterado ciclo de errores, horrores y dolores.

Tener una vida mejor, es un ideal genuino, pero en el camino, por mucho idealismo que conlleve, siempre se ha convertido en una nueva manera de hacer sufrir a otros; es decir, siempre hay quienes padecen la dominación de quienes están en el poder, por ello hay que dibujar un salto a otra dimensión humana, donde la necesidad de consumo y de afecto, hayan desaparecido totalmente, un mundo donde los individuos tengan una naturaleza superior, sean autónomos y felices consigo mismos. 

Ya no se trata de un modelo donde los oprimidos gobernarán sobre los que los oprimían y hacían sufrir, no se trata de voltear la famosa tortilla, la cual siempre ha traído el mismo sistema de explotación, siempre alguien perdiendo; sólo nos queda visualizar otra forma de vida donde todas esas referencias hayan desaparecido.

Hoy, con la piel escaldada, vemos que mientras el ser humano no supere sus apetencias desmedidas y su condición de depredador, la sociedad no puede darse por satisfecha, porque donde exista un ser que sufra, la sociedad tiene un trabajo que realizar. Estamos heridos de todo lo que le duela a uno solo, no es cuestión estadística, es cuestión humana.

Un mundo donde no existan fronteras, presidentes, jefes, líderes, donde no exista la historia patria, porque ésta nos habla de luchas y de defensa de lo logrado, ni militares, el sueño de Einstein, donde exista la diversidad cultural, pero no la jerarquías entre las comunidades; lo podríamos identificar como la promesa de esta nueva Era Acuariana, nadie por encima de otro. 

Imagino una alimentación distinta, una nutrición más energética que física y lograda por meditación o algo parecido, no habría vivienda como la conocemos, sino que la gente tendría un cobijo según su espectacular capacidad creativa, una vida libre; ¿cómo se le puede robar a otro su capacidad de obtener una aura de protección?. Quiero ver eso de cerca, y cuando lo vea ya me habré olvidado de cómo fue la crueldad de este mundo, pero que tenía en su esencia la semilla de aquellos tiempos de suprema felicidad, un mundo de plenitud, donde se expanda la visión individual y colectiva hacia la creación positiva.

No faltará quien cuestione que la felicidad se aprecia, porque hay infelicidad, y todo aquello de las polaridades propias de esta época, pero, en esos mundos supremos, no será necesario la polaridad, porque ya la gente habrá elegido lo justo, el bien y el mal son propios de mundos infames aún.  

Lo esperanzador de esto, y vuelvo a usar este término, para darme a entender, en ese sentido puro de ver un camino alternativo, es que hemos podido sustentar esta espera, porque siempre y sin ninguna excepción, han existido esos personajes luminosos, que vibran por encima del bien y del mal, que nos ofrecieron su visión sin corromperse y que en forma abierta o anónima nos han alertado sobre esos estadios superiores, al cual accederemos sin lugar a dudas.

La literatura está cargada de modelos ideales, utopías, mitologías, doctrinas y filosofías que ofrecen mundos mejores; no pueden estar equivocados tantos esfuerzos de maestros, pensadores, sabios, profetas y científicos que vislumbran en sus propios lenguajes mundos supremos y justos.

jueves, 24 de enero de 2013

EL INOLVIDABLE 23 DE ENERO DE 1958


Cómo resuenan en mi memoria aquellos nombres de personajes y lugares nefastos, Pedro Estrada, Vallenilla Lanz (hijo), el negro Sanz, Pérez Jiménez, La Seguridad Nacional y Guasina, todo suena al horror de la década de los años 50s; recuerdo que cerca de mi casa en San Ignacio, Maracay, teníamos a una vecina de nombre Panchita, era ancianita, muy arrugadita, para mis ojos infantiles tendría unos 100 años, vivía sola, porque su marido estaba preso en la Seguridad Nacional (SN), se contaba que lo torturaban colocándolo sobre panelas de hielo, mientras su esposa sufría en soledad y obligado silencio. 

La señora Panchita vendía arepas, -diez por un bolívar-, redonditas y muy pequeñas, pero la mayoría de las madres hacían sus arepas en casa, hasta que se cansaron y de pronto la compra de arepas se hizo un hábito nuevo, al menos cerca de casa teníamos a dos señoras que parecían unas pasitas de lo arrugadas, que desde la madrugada se metían de lleno en la candela para preparar las arepas del desayuno ajeno; recuerdo clarito cómo sonaba el rayo hecho con una lata de sardinas que le habían hecho huequitos con un clavo, cuando raspaba el carbón que se pegaba a la arepa recién sacada del fogón de leña.  El calor debió secar la piel de aquellas señoras, tan volcadas en su única manera de ganarse la vida.

Estas dos señoras eran la viva imagen de las abuelitas de cuento, me encantaba ir con mi mamá a buscar las arepas, muy tempranito, para ver como aquel fogón gigante que me pegaba en la cara su energía febril, exponía el chisporroteo de las brazas que resonaban alegres delante de la cola de gente que llegaba con su cesta y un pañito.

Nadie comentaba nada, en aquellos tiempos la censura y autocensura no permitían comentar nada sobre el gobierno ni nada parecido, bozales invisibles se tendían en cadena sobre todos los hogares venezolanos, aunque en casa yo oía más, porque mi papá era enfermero en el Hospital Militar y de buena fuente sabía lo que ocurría en los cuarteles.

Mi mamá nos contaba muchos cuentos a mi hermanita y a mí, de su infancia y de su vida en Boconó, Trujillo, pero también nos hablaba del tiempo que vivíamos, que teníamos a un presidente malo, un dictador, cosa que me confundía porque había leído en un libro de Historia, sobre Bolívar Dictador.

Mi madre nos confiaba la importancia que tenía ser prudentes con la palabra, que lo que se oía y vivía en casa no se comentaba afuera, la intimidad era un valor exacerbado en mi hogar, por eso de mi boca no salía ni pío, y en el colegio respondía exactamente lo que me preguntaban, nunca abundaba en detalles ni comentarios de ningún tipo, eso me hizo muy reservada y callada. Las fuentes de información de la SN llegaban hasta los salones de clase.

La vida transcurría tranquila, sólo perturbada por las peleas de las madres que trataban de resolver desencuentros causados por una disputa por metras o trompos que protagonizaran sus hijos; nada político, hasta que un día cualquiera, mi madre al regresar de la pulpería, llegaba a casa pálida de saber la detención de algún vecino, lo cual generalmente ocurría en la madrugada. Mi madre era muy sensible a los ruidos, y muchas noches fue testigo del sonido que producía el paso acelerado de carros, muy extraños en nuestro barrio, sin que ello produjera una simple queja, un grito, un alerta, que luego se convertía en el rumor bajito que daba noticia de las detenciones.

En aquellos tiempos cuasi rurales, pueblerinos, el control social era un arma más de la dictadura, y al silencio impuesto por el sistema, se agregaba la sospecha vecinal, era preferible llevársela muy bien con los vecinos, pues no sabíamos si a consecuencia de un malentendido, una envidia compulsiva, o una venganza personal, inocentes pudieran parar a los calabozos de la SN, debido a la acusación infundada de un enemigo gratuito o bien ganado.

De allí la reserva de mis padres, la cual se incrementaba en su condición de gochos bien plantados, andinos disciplinados que tenían el control de hasta los pensamientos de sus hijas; de allí aprendí a contenerme, a auto-regularme y a saber que la vida nos exige un gran esfuerzo.

Fueron muchos los momentos de tensión que teníamos hasta en escenarios festivos, como fue la Navidad del 57, pero sabía que teníamos que estar calladitos, mi padre compraba comida por si acaso, y sacaba su talismán, una foto a color del presidente, montada en un marco dorado, -mi padre había sido carpintero y montaba cuadros- en caso de que llegaran inspectores de su trabajo, y que, en efecto llegaban, eran unos desconocidos que daban vueltas por el barrio y que llegaban sin ser invitados a preguntar por el señor de la casa. Gracias a Dios, nunca fuimos víctimas directas del régimen, aunque ese manto de dictadura nos arropara a todos.

Eran tiempos de pan y circo, y esto es sólo una manera de decir, porque el pan, pan, era escaso, teníamos vecinos de muy pocos ingresos, que cenaban con un pan y medio litro de leche al que le agregaban agua para rendirla, y el mejor plato se lo comía el papá, el que traía el sustento a casa; los niños pasaban hambre y eran muy flaquitos, vi morir muchos niños vecinos con marasmo nutricional.

El circo lo armaban con las fiestas de Carnaval y la Semana de la Patria, eran momentos de catarsis, en los cuales permitían el juego con agua y pinturas en la calle, era un verdadero desenfreno, que no pocas veces conducía a accidentes y hechos de sangre. Estas expresiones de agresividad excusadas como alegría carnavalesca se extendió hasta bien entrados los años sesenta.

Pero, de pronto o poco a poco, de un estado de sumisión total por el dominio absoluto del dictador, se le debilitó el apoyo de los sectores económico, religioso y militar, sin contar con el estudiantil que siempre estuvo en contra, y llegado diciembre del año 57, lo que debía ser una Elección Presidencial libre, directa y secreta, se convirtió en Referendo, lo que trajo aún más descontento, y como todo Referendo dictatorial, fue asaltado por las fuerzas del fraude, Marcos Pérez Jiménez se ratifica en el cargo, con la cara tan lavada.

Fueron unas Navidades muy tensas, y llegado el 31 de diciembre en pleno saludo de feliz año, se comentaba por lo bajo, y yo presentía que el gobierno era el centro de los acontecimientos, el 1º de enero del 58 se produce un intento de golpe, no exitoso, -simplemente por fallas comunicacionales entre las partes irrumpientes-, lo cual le dio confianza al dictador, toque de queda, lo cual era muy frecuente; sin embargo, con un clima bastante enrarecido y para disminuir la presión, Pérez Jimenez decide sacar del escenario y enviarlos fuera del país a Laureano Vallenilla Lanz (hijo), Ministro del Interior y a Pedro Estrada, Director de la SN, sus más fervientes servidores. 

Fue un puntual acto de protección para estos dos, pues en los días sucesivos se da lugar a manifestaciones de calle, paros y protestas que obligaron al tirano a salir huyendo del país en la madrugada del 23 de enero, dando por terminada su actuación y un tránsito de represiones, persecuciones, torturas y corrupciones, aunque no constituyó la supresión de la participación militar en la política, si nos ponemos a ver, nuestro escenario político ha estado marcado por la activa participación de los militares, hemos tenido una larga historia de mandatos de uniformados; una tradición caudillista.

Días después, el esposo de la señora Panchita se paseaba por las calles del barrio saludando a todos, llevaba liqui-liqui color crema, un bastón y un sombrero, no estaba tan viejo como su esposa, pero tenía un tic nervioso, o un movimiento involuntario que hablaba a gritos de las torturas recibidas, era un hombre alegre, exaltado, se aproximaba a las jóvenes como si tuviera permiso para piropearlas, y las muchachas condescendientes les respondían sus saludos. Me lo había imaginado un cadáver ambulante debido al sufrimiento que padeció, pero tenía que sacarle a la vida sus últimas energías y luces, ocho años en prisión no lo anularon, eso le pegó más a la triste y dulce Panchita, quien luego lo vio morir, agotado por el maltrato de sus últimos años de vida.

La historia la realizan héroes visibles o destacados, y mucha gente que da su vida sin que ello contribuya en lo absoluto en recibir alguna retribución, sólo la grandeza de haber dado les llena el alma y es lo que se llevan de esta existencia.

Hoy me acuerdo de usted, Señor Maracara, cuando han pasado más de cincuenta años que Dios lo llamó a formar las filas de sus legiones luminosas. A usted y a tantos venezolanos que cada día dan su aporte anónimo por una Venezuela libre, próspera y honesta.

Dios los bendiga

lunes, 21 de enero de 2013

¿TE AFECTA EL QUÉ DIRÁN?


La vida es una paradoja, nos afectan tanto los demás, que a veces no quisieramos tener que ver con nadie más, pero es precisamente con los demás con quienes nos desarrollamos y nos expresamos plenamente. Si un niño no recibe afecto en sus primeros tres años, son pocas sus posibilidades de alcanzar un estado emocionalmente sano, aún cuando la calidad de su vida pueda disfrazarse con bienestar, por oportunidades de estudio y apoyo intelectual.

Cuando estudiaba secundaria leí con sorpresa que en psicología mencionaran el miedo al que dirán o al ridículo, como uno de los aspectos importantes en la seguridad emocional, no imaginaba yo que un asunto tan trivial y tan mal calificado por la religión y los valores laicos, tuviese espacio en la ciencia; ese miedo que nos ata a impedimentos graves, cuando de débiles sustentos de autoestima se trata.

No cabe duda que los demás ejercen un poder sobre nosotros, y que depende de nuestra nutrición emocional en la familia, nuestra capacidad para desenvolvernos socialmente, y evitar que ese poder deje de estar en nuestras manos.

Hoy, con el respaldo de muy buenos autores que han puesto luz en la forma como superarnos y comprender la vida como un escenario complejo, podemos puntualizar aspectos para llegar a un mejor conocimiento de nosotros mismos, y reconocer que esos miedos están más arraigados en nosotros, que lo que puede afectarnos realmente la opinión de los demás.

Cuando tenía seis años, estudiaba en el Colegio Inmaculada Concepción de Maracay, dirigido por las monjas Agustinas, mi maestra era una monjita muy dulce llamada María Eduvina, muy amorosa y jovencita, jugaba La Semana y El Loco con nosotras, tengo muy bellos recuerdos de esa época. Me encantaba ese ambiente de recogimiento, esa disciplina amparada en figuras angelicales, y lo mejor de la semana era cuando nos llevaban a misa en el sótano del edificio, que dicho sea de paso, aún está frente al Ateneo de Maracay, donde veneran a la Beata Madre María de San José, quien hacía sus oficios de amor en aquellos tiempos.

Me sentía muy a gusto en ese colegio, recuerdo que un día por la tardecita, estaba muy distraída viendo una película española, llamada Suspiros de España, y el transporte que me llevaba a mi casa se fue, al rato la monja entra en el salón, me llama y me dice que mi papá vino al colegio a ver porqué no había regresado, y ella le dijo que estaba viendo una película, que me dejara esa noche, que dormiría con las niñas internas, mi padre aceptó y eso fue para mí una especie de vacaciones. Todas las jovencitas querían compartir su espacio conmigo, en sus blanquísimas y austeras camas de internado. 

http://www.youtube.com/watch?v=MykiAY6Thxo
 
Es una construcción colonial, y tenía en aquellos tiempos, una capilla en el sótano; los lunes bajábamos en cuatro filas por una escalera de caracol muy ancha y de escalones bajitos, ese día era maravilloso porque se trataba de un recinto fresco, oscurito, sólo iluminado con grandes velones, con bancos de madera y un altar con Cristo Jesús, yo me sentía en la gloria cuando iba a ese lugar, me fascinaba su peculiar olor a madera y cera derretida, sentía una especie de viaje a un mundo mágico.

En aquellos tiempos, era obligatorio que para entrar a las iglesias, las mujeres se cubrieran la cabeza con un velo, costumbre que desapareció después, a mediados de los 60s; a las niñas les colocaban una toca, pero yo no tenía de eso, nunca les dije a mis padres que me lo compraran, porque sabía de sus limitaciones económicas, además, cuando alguna alumna no llevaba la bendita toca, las monjas le colocaban un cucurucho(*) de papel periódico, lo cual era causa de burlas y risas de las compañeras, y tal vez una manera de castigar el olvido.

Yo era asidua usuaria de tal cucurucho, pero no me importaba, no me importaba en lo más mínimo que las demás se rieran de mí, -la verdad es que nunca me preocupó el qué dirán-, al fin y al cabo ese cucurucho me permitía ir al sótano, momento que esperaba ansiosa durante toda la semana, por eso yo contaba con el hecho de que no me privarían de ir a ese recinto sagrado subterráneo. Por otra parte, me sentía libre de tales burlas porque yo no era el cucurucho, al terminar la misa me lo quitaban, y yo era igual a todas las demás.

Era tal mi arrobamiento ante tal recinto, que aún recuerdo su aroma inconfundible y aquellas llamas que bailaban en las mechas, dando un aspecto celestial a las paredes que entre sombras dibujaban las siluetas de las novicias que nos observaban; me veo con mi hermoso uniforme de piqué blanco, que mi mamá almidonaba y planchaba con esmero, con su capa de marinero con cinta azul marino.

Un día, me sorprendió un evento con una alumna de sexto grado, que tiene un hermoso nombre, Gloria, ella era comadre de mi mamá porque había bautizado a mi hermanita; ella me vio rumbo al sótano con mi flamante cucurucho, y de pronto llegó a mí de un salto, y me arrebató de un jalón el cucurucho y me colocó una mantilla tan grande que casi me llegaba a los pies, la monja responsable del tumulto de niñitas, le llamó la atención sacudiendo su rosario colgado a su cintura, pero ella le respondía vehemente, y le dijo que no permitía que se mofaran así de mí, la monja le ordenó que se retirara y ella se quedó allí, discutiendo hasta que me pasaron a la fila, amparada bajo la mantilla perfumada de mi protectora y colega Gloria.

En aquellos tiempos era muy común que las monjas se encontraran con alumnas muy rebeldes y Gloria era protestataria, siempre en conflicto con las monjas, era una joven muy bella, con un desparpajo divertido, se pintaba las uñas, llevaba zarcillos de oro, usaba adornos en su lindo cabello crespo y un cinturón muy apretado bajo el uniforme, usos muy comunes en aquellos tiempos de cintura de avispa.

Recuerdo ese evento como un ícono de mi aproximación a ese temible qué dirán que nunca me afectó, tal vez porque recibí de mis padres una conciencia clara de lo que significan los adornos, los vestidos y las cosas, en relación con lo que somos en realidad, almas, seres que no podemos ser calificados por lo que mostramos externamente. Para mis padres era importante tener honradez, decir la verdad, tener prudencia, hablar lo necesario, y llevar la frente en alto; y eso lo lograban bajo una fuerte disciplina que en nuestro caso llegó a niveles de Guinness. 

Hoy sigo bajo la idea de que la opinión ajena nos daña sólo si se lo permitimos, pero, que podemos aprovechar las apreciaciones de quienes tenemos cerca para revisarnos y corregir lo corregible.

Gracias a esas personas que hicieron de mi niñez una fuente de innumerables y bellos recuerdos.

(*) Cucurucho: Capirote cónico de penitentes y disciplinantes. RAE
           

viernes, 18 de enero de 2013

LA REPRODUCCIÓN DE PADROTES DESCONOCIDOS

Cuando de reproducción humana se trata, la ciencia tiene la palabra, prevenir, hacer buen seguimiento de los embarazos para un nacimiento feliz, y procurar resolver dificultades para concebir, han producido exitosas respuestas en las investigaciones médicas, y dado muchas satisfacciones a las parejas.

No obstante, estos recursos se han ampliado hacia planteamientos reproductivos, que por los momentos llamaré pragmáticos, con la ligereza que eso significa. Cada día es más frecuente la noticia de embarazos en mujeres que desean ser madres sin el molesto aditivo de una pareja, o, simplemente, embarazos medicados, por carecer de pareja; es diversa la motivación y las condiciones de quienes así lo deciden.

Este procedimiento se ha hecho cada vez más popular, debido a que quienes más lo hacen público son celebridades de la farándula, quienes por una u otra razón adecúan este compromiso personal a sus labores profesionales.

Se observa que muchas mujeres jóvenes se proyectan como madres solteras, de hijos que provienen de donantes de esperma desconocidos, lo cual puede significar conflictos emocionales a esos niños que no sólo no tienen padre, sino que son el resultado de un procedimiento médico, que elimina la posibilidad de conocer a su progenitor.

Cabe preguntarse ¿cómo puede afectar psicológicamente a un niño saber que su progenitor es una persona en la incógnita de la existencia, un número en los tubos de ensayo de un laboratorio, un ser que ni siquiera puede localizar, para verle la cara y enterarse de dónde proviene?, ¿será tan importante saber nuestro origen biológico?, absolutamente sí, hay leyes específicas que prevén el derecho de los hijos de conocer a sus padres biológicos; esto forma parte de un adecuado desarrollo psicológico. Aunque hay quien piensa que el niño puede tener una figura paterna en un tío o abuelo, pero, ya lo hemos visto en tantos niños abandonados por sus padres, realmente lo que necesita el hijo es a su padre, no a un tío, y de esta manera se le condena a no conocerlo.

Sin embargo, la actitud en torno a estas preguntas, tanto de usuarios como de científicos parece no estar despierta ante las consecuencias que decisiones de este tipo puedan acarrear; he oído argumentos que afirman que hay desordenes emocionales en niños que tienen sus padres, que nada asegura que un hijo resultado de este tipo de reproducción sea peor que el que conoce a sus dos progenitores.

Obviamente, hay una diversidad de patologías, minusvalías y desencuentros con padres identificables, pero esa no es una base que sustente la inocuidad psíquica de este procedimiento. Se ha comentado que la salud física, emocional y mental viene muy marcada por las circunstancias que transcurrieron desde la concepción hasta los siete años de edad; no me quiero imaginar el desconcierto que puede sentir un hijo cuando se entere que su progenitor es un incognito.

Ante estas posibilidades, y tal vez porque la maternidad vino a mi vida de manera rápida y sana, soy de la opinión de revisar muy bien las propuestas que implican donantes de esperma, un método que anula definitivamente la relación del niño con su padre, y que de hecho, parte de procedimientos que no devinieron de vínculos afectivos, sino de un comercio biológico. Si a esto se agrega que una decisión como ésta parece, o da la impresión, de que responde más al deseo de la madre de tener un hijo, -lo cual puede estar incluso hasta mal sustentado-, y que no se piensa en la conveniencia del niño, creo que hay que detenerse y poner una mirada ética en el asunto.

Esta necesidad maternal también se ha canalizado bajo acuerdos con hombres conocidos, a quienes se solicita su aporte biológico o una relación sexual sin compromiso, bajo la promesa de que la madre no exigirá posteriormente que sea responsable del hijo en cuestión. La verdad es que éste es un acto desesperado, o un pragmatismo con todas sus letras, plantear a una persona que done su simiente como si fuera sangre, con la garantía de que no ejercerá su deber paterno es disonante, ¿no se supone que nuestros fluidos son sagrados, que nos pertenecen y ante ellos somos los únicos con derechos y deberes?, ¿no es esta propuesta corruptora de la dignidad humana?.

Son temas para el debate bioético, que no llegan a plantearse abiertamente por la falta de condiciones humanas en la sociedad global, por la escasa posibilidad de establecer pautas tan íntimas que respeten todos.

He visto con asombro que muchas mujeres con visibilidad pública exponen estos planteamientos bajo el fundamento de la liberación femenina, y el reclamo de sus derechos personales o algo por el estilo, bajo la premisa de: “yo puedo sola, no necesito de una pareja”, cuando quien necesita a su padre es el hijo.       

No perderé esta oportunidad para señalar que como consecuencia de las prácticas de reproducción asistida, se han creado situaciones controversiales ante una cantidad, cada vez en aumento, de embriones congelados, que no tienen resolución hacia el nacimiento. La ciencia y la sociedad ética deben conversar. Tal vez conversan, pero de espalda.

Finalizo diciendo que no todo lo que resulta factible para la ciencia, resulta digerible para la conciencia.        

jueves, 17 de enero de 2013

CURSILERÍA, ROMANTICISMO, O MEDIOCRIDAD…


-       Mujer: ¿Qué sientes cuando me miras a los ojos?
-       Hombre: Siento que abro las puertas de un templo que quiero adorar.

Es un texto repetido incansablemente, en la publicidad de una popular novela televisiva producida en Miami, por demás cargada de escenas que erizan por desproporcionadas y por notablemente cursis. 

No cabe duda que las escenas de enamorados plasman con dramática puntualidad, el carácter meloso de las relaciones de parejas en su momento más exaltado, el enamoramiento, pero en estas historias no se mide el límite que las convierten en escenas pobres, vacías, aburridas y de mal gusto. Cuando comparo estas escenas con las que realizan los brasileños, me doy cuenta de la gran diferencia de enfoque, creatividad, naturalidad y realismo, que ellos les imprimen a todas sus historias, lo cual las convierten en obras magistrales. 

El asunto es que los brasileños no improvisan ni escatiman para hacer grandes producciones, se informan, se asesoran, y sus diálogos, vestuario, escenarios, temas y todo lo demás,  son estupendos, porque estructuran la ficción del escritor, con opiniones de expertos de diversas áreas, lo cual les da un carácter verosímil, natural y de mucha altura. 

Sin embargo, no es un debate sobre actuación el tema que quiero desarrollar, sólo que estas telenovelas tradicionales, inciden en la retención de actitudes que ya deberían estar saliendo del imaginario popular. Después de tanta violencia doméstica, ya las mujeres deberían estar seguras que ese amor celestial no existe, que colocar atributos divinos en una persona es el camino seguro para la decepción, porque nadie es una puerta de un templo para ser adorado, y aunque alguien podría decir, “pero es una manera de ser romántico”, el asunto es que quien lo vive se lo cree, y esta creencia está inevitablemente acompañada de mucho drama. ¿Y cómo no va a estar empapada de drama, si un amor celestial ¡es un milagro!?. 

Lo más impactante de esto, es que, ¡cómo será el ser humano!, que aún cuando no tengamos esos referentes de adoración divina hacia una pareja de carne y hueso, aún así, las relaciones de pareja están cargadas de decepciones, por otros factores vinculados con conflictos prácticos o vitales. 

Ya sabemos, por muchos expertos, que existen dos estados afectivos, o etapas, en las parejas que pretenden una relación permanente: el enamoramiento y el amor, el primero, es la sacudida febril que embarga a los protagonistas, en los primeros momentos de arrobamiento, el segundo resulta de la consolidación, compromiso, armonía que deviene cuando se maduran los afectos. No siempre son dos fenómenos separados, hay quienes sienten amor desde el inicio. 

El primer estado emotivo es fabuloso, porque se vive en cuerpo y alma la sensación de felicidad que todos deseamos experimentar, un estado de seguridad y eternidad que nadie supone que acabará, ello se instala por un tiempo, y funciona a través de procesos químicos que obnubilan la razón y el entendimiento; nada que se le diga a quien la padece, llega a hacer mella en su criterio, porque se pierde la capacidad de escucha y de reflexión.

En esa etapa la persona es muy vulnerable, y pueden ocurrir eventos que compliquen la vida de los involucrados, pues, al perder el autocontrol cualquier cosa puede suceder.

Aún cuando este arrobamiento atrapa a casi todas las parejas, unas logran llegar al amor, otras se desvanecen cuando les pasa la efervescencia; algunos psicólogos dicen que este período dura entre año y medio a tres años; yo disiento un poco, a mí me duró más de diez años, maripositas en el estómago, aceleración cardíaca, nerviosismo y felicidad.  

Ahora quisiera poner la atención en la base sobre la cual se establecen estas relaciones, las cuales sin duda responden a pulsiones del inconciente, pero también a toda una referencia conceptual y ética, según sea el nivel de información y formación que cada persona posea.

Si nos vamos al texto inicial, la chica le pregunta al hombre, qué siente cuando él le mira a los ojos, una inquietud casi de terapeuta, ella parece interesada en analizar al otro, sin embargo, es una carnada para que él le dé una declaración que raya en la más profunda cursilería, y encima, sustenta un hecho inadmisible, la divinización del otro.

Si supiéramos que la primera etapa del enamoramiento desata proyecciones del inconciente, con el cual disparamos cualquier cantidad de atributos que deseamos que el otro tenga, sabríamos que más vale comprender que somos seres pares, y que no nos encontramos con una divinidad a quien hay que adorar, ya que se corre el riesgo de que al producirse el primer desacuerdo, se sufra un dolor triplicado, porque veremos a quien colocamos en un pedestal, reducido a una dimensión minimizada, ni siquiera de par. 

Cuando se nos derrumban nuestros ídolos el estruendo emocional es grande, de allí que sea inútil colocar a un enamorado en una posición de semidiós, en el pensamiento de: “dónde te pongo mi prenda, que no te quiebres”, como decía mi sabia madre.    

Este diálogo telenovelero además de cursi, refleja un falso romanticismo, y en esto quiero destacar que ser romántico no radica en ser totalmente despegado del suelo, ni estar arrobado por ideales, un romántico de hoy, es una persona que endulza la vida con el amor, que respeta al ser amado con la verdad aunque duela, que provee caricias verbales y las sustenta con hechos prácticos, pero el romanticismo ha cobrado mala fama, porque se ha mezclado con cursilería. He visto verdaderas expresiones románticas en las historias de los brasileños, que no caen en el mal gusto. 

Tener sensibilidad para compartir una flor, intercambiar regalitos, sin considerar al otro como un personaje de cuento, sino como un ser de carne y hueso con sus problemas, es una manera de ser romántico.  

El comercio se ha lucrado con estas debilidades, o mediocridades. Recuerdo que un día llegó un enorme ramo de rosas rojas a la oficina, -contenía no menos de cuatro docenas de rosas-, suspendido por tres grandes globos y varios pequeños y adornado de peluchitos y trencitas carnavalescas, que llamó la atención hasta a un ciego; era un enamorado que enviaba su presente de cumpleaños a una compañera de trabajo, por supuesto, se arremolinaron las chicas comentando que ese novio era ejemplar, pero yo lo percibí con mucha sospecha, mientras más grande y especialmente público el regalo, más sospechoso.

Me preguntaba: ¿por qué no le envió el regalo a su casa?, eso hubiera evitado la dificultad de trasladarlo desde su oficina a su residencia, donde debía estar; bueno, eso no fue posible, la chica prefirió dejarlo en su cubículo, porque no lo podía cargar y no cabía en un carro, lo trajeron desde la floristería en una especie de moto con cabina. ¿Por qué no le regaló una prenda y se la dio en la intimidad? Razones demás para desconfiar.

No faltó uno que otro sociólogo imprudente, que comentara la cursilería de los globitos con leyendas de “Te amo”, y el desparpajo del galán que se hizo publicidad con la notable habilidad de la floristería.

Cuando los regalos no se compaginan con la calidad de la relación, se convierten en testimonios de la falsedad, quedan como evidencia de la mentira y como recuerdo del fracaso inevitable, los cuales requieren una buena dosis de pragmatismo o desdramatización, para superarlo. Hay una línea muy tenue que delimita el romanticismo de la cursilería, pero por las dudas, los regalos personales, háganlos en privado.

La concepción de que el otro es un enviado del cielo, ha cegado a muchos, pero la idea opuesta de que los demás son sólo cuerpos para ser usados sin amor, también; son dos extremos malignos. 

Los expertos aún no se ponen de acuerdo en esto, hay quienes ven las relaciones de pareja como verdaderos escenarios de inevitables e insuperables conflictos, hay quienes dan toda una lista de previsiones y otros que proveen mecanismos de auto análisis para fortalecer la autoestima, y con ello obtener una buena relación o al menos, salir de ella con mínimos rasguños.  

La verdad es que estas relaciones se ven obstruidas por sistemas emocionales personales, por el nivel de información que posean los protagonistas y por las concepciones que se han establecido en el imaginario social, los valores, creencias y sentencias que nos condicionan y nos impiden ser libres y honestos en todas las actuaciones. 

Los pedestales sólo son sustentos para estatuas de muertos, héroes, escritores, artistas, y no para gente viva, siempre en condiciones de defraudar; con frecuencia oigo a mujeres que llaman a sus maridos: “mi cielo”, y cuando de desengaño se trata estas palabras resuenan con más dolor. 

No se coloquen en el peor lugar de las condiciones emocionales, la de creer que encontraron a una divinidad, eso no existe. Lo que sí existe es la persona que propone y expresa su amor honestamente, quien hace su trabajo de transformación y crecimiento, la que dice la verdad y expone sus argumentos claramente, la persona que expresa su verdadera intensión y lo demuestra con hechos. ¿Cómo se denominaría a una persona así?. ¿Una persona íntegra?, pero suena raro decir: encontré mi íntegro; ¿no será que es un Príncipe Azul de verdad, o no, ya está muy desprestigiado ese calificativo, qué creen ustedes?

martes, 1 de enero de 2013

POBRE, RICO, SER HUMANO


En estos días de reflexión casi obligada, resaltan las evaluaciones que hacemos, especialmente en las relaciones con los demás, quiénes nos ayudaron, quiénes nos hicieron la vida a cuadritos, cuántos proyectos personales alcanzamos, qué cosas logramos, cuánto dimos, cuánto quitamos, cuánto amamos; y en esta revisión salta a la vista la condición plural de cada uno, la complejidad que reina en nosotros, con bondades y miserias, y la dificultad para decidir en ciertas circunstancias.

¿Cómo alcanzar un estado de asertividad, como para obtener de la vida, recursos, amores y tener salud para disfrutarlo, si somos tan limitados en algunas cualidades y tan expansivos en otras?, 

¿cómo detectar peligros, amenazas, fracasos, en lo que nos parecen posibilidades, si cuando éstas aparecen se muestran tan dóciles, tan frescas, tan atrayentes?, 

¿cómo saber, lo que otros saben en un abrir y cerrar de ojos, y que aún cuando tenemos ojos, no podemos ver?, 

¿cómo descubrir la maldad que se esconde en una buena oportunidad?, 

¿cómo detectar cuándo aplica una sentencia, cuando las sentencias son meros prejuicios?, 

¿cómo aplicar el conocimiento, la ética y el buen juicio a un acontecimiento, si pretendo ser amplia, desprejuiciada y librepensadora, con deseos de vivir?

Cero respuesta, aunque muchos escritores de la psicología han avanzado en este camino, para desentrañar los misterios de la vida en común. Roberto De Vries habla de cinco elementos a considerar para establecer relaciones de pareja, César Landaeta hace lo propio, con un sentido bastante realista y desconsolador sobre lo que significa lanzarse en pos de una relación de pareja, porque casi siempre viene llena de tropiezos; con mucha precisión y con un sentido del humor único, logra esclarecer lo difícil que resulta esta empresa.  

Somos pobres seres llenos de complejos, y a la vez ricos depositarios de grandes alcances de vida, porque somos capaces de amar, de no contar con esta capacidad seríamos fracasos de la creación, por ello la existencia se ha llenado de historias de vida, que se ejecutan y se repiten, se pulen y se repulen, hasta que al fin logremos un estado superado de conciencia, en el cual veamos con claridad. Es lo que yo espero que ocurra, después de todas estas secuencias de errores, aciertos y nuevos errores.

Mientras, sólo nos queda vivir y tener fe en que no estamos solos, hacer lo que nos corresponde y esperar; recuerdo una recomendación de una sabia amiga mexicana:
“Haz sólo tu trabajo, no le hagas el trabajo a Dios”
Raquel Alejandre