domingo, 24 de febrero de 2013

DE CÓMO MAMAJI ENDURECIÓ SU CORAZÓN

Shaila creció en un hogar que guardaba las tradiciones, era una joven brillante, hacedora de todas las artes dadas a la mujer india de casta, alegre, dispuesta, enérgica y vivaz; querida por sus padres, ordenada, pulcra y graciosa.

Ya cercana a su adolescencia, la familia se dispuso a realizar los trámites para encontrarle el mejor marido que fuese posible, el gurú cercano a la familia, se encargó del asunto, y pronto tenían al candidato. Se trataba de un proceso delicado, había que demostrar altura, pero no tanta, a fin de evitar que se afincaran en la dote que el padre de Shaila debía proporcionar a la familia del novio.

Fueron momentos tensos, la visita, conocer a los miembros de la familia, mientras ella permanecía callada, sólo dispuesta a pronunciar palabra si fuera interrogada. Su corazón estaba apretado, presentía que este acto no conduciría a su felicidad, pero no podía oponerse, los adultos tenían la palabra y los ancianos la decisión, era conveniente comprometer a los hijos muy jóvenes, para que no se distraigan y se entusiasmen con otras ideas, las que vienen del extranjero. Pero Shaila era aún muy jovencita, podían esperar para realizar el casamiento.

Un día de paseo a la luz del sol y de alegres cantos de pajaritos, Shaila conoció a un joven que robó su corazón; aunque era compatible con su casta, ella ya estaba comprometida, y ese pacto familiar era indisoluble. Se encontraba en una situación bastante delicada. No obstante, salía a escondidas para verse con su amado, y ya, cuando se aproximaba la fecha de su boda contractual, huye de su casa con su amado.

La familia queda petrificada ante la noticia, sin embargo, los hombres de la familia salen en su cacería, y logran dar con ellos, ella, al verse acorralada y por temor a que maten a su amado, decide regresar a casa y someterse al designio de su destino, escrito y ejecutado por los jefes de la familia, vehementemente apegados a la tradición.

Su amado fue castigado por tal desobediencia, expulsado de su casta Brahman, la cual reconquista posteriormente, después de mucho sufrimiento por quedar exiliado tanto tiempo. Ella se casa con el marido convencional, después de momentos angustiosos propios de una mujer embarazada, ya llevaba en su vientre el fruto de su amor contrariado.

Nadie se percata de lo sucedido, y el marido asume una paternidad inmediata y celebra el anuncio de la llegada de un hijo que desea varón, premio añorado por las parejas, y consagrado por los Dioses a quien tuviera merecimiento.

Cuando nace un varón, la madre es más apreciada por sus suegros, y los padres se sienten orgullosos de tal felicidad. Pero Shaila se siente prisionera, traicionada, superada por su debilidad femenina y por la rígida disciplina hindú. Bulle en sus venas, el reconcomio de su prisión y la humillación de su contrariedad, la luz de sus pupilas se van haciendo opacas, y su cara asume un rictus desagradable, recalcitrante, altivo e indolente.

El destino le reserva un mal mayor, su marido muere antes del parto, razón por la cual no puede tirarse a la pira con su cadáver, y emprende la vida estigmatizada de las viudas indias, a quienes es negado todo derecho a herencia, les ordenan vestirse de blanco, raparse la cabeza al momento de la muerte del marido, y cambiar la señal de la frente; señas con las cuales la identificará la sociedad.

El nacimiento de un varón mejora su condición, como no se puede volver a casar no tiene más hijos, sólo el que la naturaleza le concedió antes de su matrimonio y que ocupa el rango de primogénito de su marido, con los derechos materiales de la heredad.

Ya pasados muchos años, casi en la ancianidad, Shaila tiene una nuera con tres hijos varones y tres hembras, habita una gran mansión, donde también vive su cuñado, y ahora, las esposas de sus nietos. Es una mujer dura, amargada, odiosa, pesada, sólo habla para agredir, cuestionar y descalificar a su nuera, a quien siempre acusa de ser culpable de los desvaríos de sus hijos, quienes buscan caminos alternativos para zafarse de los designios de la tradición.

Tanto Shaila como su amado, sufrieron los embates de las decisiones de la familia y de la casta, ella lo sufrió día a día, toda una vida como viuda, y él dedicándose a su recuperación, en cuyo proceso se puso en contacto con la gente paria de la India, los dalits, los que recogen el estiércol humano en las calles y lavan los baños y suciedades de las castas.

Él se siente a estas alturas, un hombre sabio, de carácter, defensor de la igualdad de la sociedad india y con ello protector de los dalits. Su vida la dedicó a superarse, a rescatarse y su carácter ha forjado una claridad y un criterio de justicia bastante notable, ella en cambio, es la personificación de la amargura.

No cabe duda que por quedar viuda tan prematuramente, la vida de Shaila ha sido un castigo, a su modo de ver, así lo considera, y ya en la vejez, al reencontrase con aquel remoto amor, no deja de apuntar hacia él con las más duras expresiones y la más fría proyección de sus sentimientos. Ella llevó la parte más dura del destino que correspondía a los dos, sin embargo, este sabio no entiende el porqué de su actitud, porque tampoco sabe que ella tuvo un hijo suyo.

Tal vez una nueva huida hubiera salvado a Shaila, pero esto no se planteó, la familia fue más fuerte, y su amado se rindió ante su impotencia de cambiar la situación.

Cabe notar que este fenómeno es universal o arquetípico, el ocultamiento de la paternidad de un hijo en camino; violaciones de las normas sagradas y convencionales que seguirán siendo motivo de los secretos bien guardados independientemente de la sociedad, cultura o casta.

En la sociedad occidental no ha habido menos rigidez en las estructuras morales y religiosas, a mediados del siglo pasado, se comienza a sentir una liberación tímida que luego se abrió a mucha amplitud, y que hoy se considera como logros de libertad y discernimiento.
      
Llama la atención que las personas que han tenido la audacia de transgredir normas, porque han seguido los dictados de su corazón, y son sometidas a los rigores de sus jueces, se convierten en los mayores defensores de las leyes que los castigaron. Una reacción que parece nacer del deseo de venganza, dirigido equivocadamente hacia quienes también desean liberarse de los rigores tradicionalistas. Son verdaderos baluartes de la continuidad de los valores ancestrales y se erigen en obstáculos insalvables para las nuevas generaciones.

Todos podemos estar de acuerdo, que endurecer el corazón cuesta mucho, así como ablandarlo, ambos propósitos forman parte de un proceso emocional muy complejo. Es cuando el dolor, en lugar de ayudar a comprender la indefensión de los innovadores, se pliega hacia el reforzamiento de la rigurosidad.

Tal vez someterse a la voluntad ajena, crea un odio tan poderoso, que en lo sucesivo se desea estar plantado en el papel del opresor. Esto mismo se observa en el personaje fuerte de la película “Como agua para chocolate”, quien sufrió la renuncia de un amor prohibido, desde su estado de casada, y vuelca sobre su hija menor un despotismo y un destino castrador.

Juzguen suavemente a la gente muy rigurosa, excesivamente pulcra, arraigadamente moralista, totalmente criticona, locamente enjuiciadora, porque oculta algo, con ello sólo reflejan el trauma de su propia mancha, la tortura de un pasado frustrado. 

Este relato está inspirado en la historia que presenta la genial producción brasilera de O Globo: “India, una historia de amor”.

domingo, 10 de febrero de 2013

DOS VERSIONES SOBRE EL ALMA


La querida y luminosa Violeta Parra, inspirada poetisa chilena, escribió y escribió sus contradictorias reflexiones y nos dejó la misma incertidumbre, sin poder dejar de lado la inquietud que un tema tan actual y tan antiguo nos produce: la vida y la muerte.

En El rin del angelito, nos dibuja un paisaje donde el alma se traslada alegre a la inmensidad del cosmos:
“Cuando se muere la carne, el alma va derechito a saludar a la luna y de paso al lucerito…”


En “Ayúdame Valentina”, nos presenta su dura convicción sobre la inexistencia de un mundo más allá de éste:
“Ayúdame Valentina, ya que tu volaste lejos, dime de una vez por todas que arriba no hay tal mansión…”


Bella Violeta, que nos expones con tanta honestidad la polaridad que al igual que a ti nos aturde, y que por más que busquemos respuesta, nos quedamos perplejos ante un fenómeno tan trascendental como la existencia.

Para cualquiera resultaría inadmisible la inexistencia del alma, porque al menos, hasta como concepto dinámico del lenguaje, es aceptado por los ateos; sin embargo, creer que al morir todo acaba, no es más que ratificar que el cuerpo humano es sólo una expresión rasa de la energía biológica, un ser sin conexión espiritual, y de eso hay bastante.

Aún cuando la iglesia se erigió como autoridad espiritual en occidente, y con ello ejecutó brutalmente la tarea de contener el comportamiento social con sus versiones de cielo e infierno, la vida es un escenario donde para bien o para mal, estamos a diario escogiendo entre esos dos polos. La versión laica lo expresa como ética ciudadana, lo cual sigue planteando el conflicto entre el bien y el mal.

Fue notable la fiereza de la iglesia católica del siglo XXVI y siguientes, al concebir a los africanos como seres carentes de alma, lo cual excusaba su tráfico y trato similar a las bestias, incluso, ya venían manejando este criterio milenario, de tildar a la mujer de tener tal condición. Al parecer el hombre en todos los tiempos se ve atrapado en su escasa visión y tiende siempre a escoger la “verdad” que más le conviene, sólo que hoy con métodos más sutiles.  

Creer que hay un mundo después de la muerte le da un sentido a la vida, lo cual es esencial para muchos, pero creer que no la hay, es un aliciente para la guerra, la depredación y sus consecuencias.  

Violeta pide a Valentina (Tereshkova), que le ayude a esclarecer este dilema, nadie mejor que ella que había viajado al espacio exterior; hoy es la propia Violeta, la más apropiada para aclararnos el asunto, pero el otro mundo es el otro mundo, sin desconocer que hay bastante que debatir al respecto.  

viernes, 8 de febrero de 2013

PERSONAS SIN ALMA



Estuve viendo por enésima vez la película LA SÉPTIMA PROFESÍA, en la cual destaca Demi Moore, como la portadora de la última señal que conduciría al tan famoso fin del mundo; esta señal consiste en que nacería un niño sin alma, debido que el GUF, es decir, El salón de las almas, ya no tendría ni un alma para encarnar, y que consecuencia de ello, los gorriones dejarían de cantar, puesto que estos pájaros trinaban alegres cuando detectaban la llegada del alma que correspondía habitar el cuerpo de cada bebe. Debo referir que esta historia forma parte de la mitología cabalista, y se encuentra registrada en el libro sagrado El Zohar.

No es la primera vez que contacto con este tema, incluso desde niña oía con mucha frecuencia la expresión: desalmado, para designar a quienes eran malhechores de naturaleza perversa, y la verdad es que deseaba nunca encontrarme con uno, especialmente porque mi padre en su afán de prevenirnos contra esos delincuentes, nos contaba historias y hasta anécdotas que referían la presencia de entidades diabólicas en concurridos eventos, especialmente en fiestas donde el encanto y el halo de misterio del personaje, daba noticia a los entendidos, de su malsana intención.

Era tal el proceso imaginativo que aquellas historias me producían, que veía la exagerada belleza masculina como señal de alerta, y cuando vi por primera vez a Alain Delon, casi quedé petrificada, la verdad es que nunca había visto un hombre tan perfectamente esculturado como Delon, aunque en la pantalla grande habían personajes bastante atractivos, pero Delon se pasó. Por fortuna, Delon no está en esta lista de pérfidos. 

La historia grande y la pequeña siempre han dado noticia de la seducción non sancta, y en los anales de casos criminales, se aprecia que el magnetismo de estos personajes ha causado muchas víctimas, bien sea por el erotismo que manipulan o por la capacidad de convencimiento que poseen.

El mal anidado en estos personajes extremos, habla de una carencia absoluta de emociones, incapacidad de sentir empatía, aunque la simulen, lo cual los hace aún más peligrosos, verdaderos actores, dueños de la situación y de los demás, la ciencia los define como psicópatas. No podía más que creer que éstas eran personas desalmadas.

Llama la atención que en los actuales momentos se nos habla del  corazón como el centro de los afectos, amén del proceso corporal que ello implique, ahora nos dicen que no estaban equivocados los poetas al referir una tristeza amorosa como un rompimiento del corazón.

Pero, este delincuente, -aunque puede serlo también-, no es el desalmado que encontré en un artículo de Bernhard Guenther, referido por David Topi, titulado “Portales orgánicos-los seres humanos sin alma”.     

Aunque no es la primera vez que leo sobre este asunto, -hay varias versiones que hablan sobre la existencia de sociedades intra y extra terrenas, catalogadas como seres que pueden aparentar o asumir cambios corporales hasta simular el físico y el comportamiento de un ser humano, cuya verdadera condición es que no poseen alma-, este artículo me ofreció otra perspectiva a la cual también he tenido acceso, en otras las lecturas que por tanta curiosidad he tenido en mis manos. 

A mediados del 2012, tuve la oportunidad de ver un video donde entrevistaban a Guillermo Ferrara, autor del libro: “El secreto de Adán”, en el cual expone de una manera novelada, que parte de la humanidad procede de un linaje particular, encendido en la creación de un nuevo ser que portaba una clave, el ADN, con el cual podía elevarse espiritualmente a través de la experiencia de vida, y hoy, a través de la conexión con sus recuerdos remotos; que de lo que se trataba el solsticio de invierno el 21 de diciembre del 2012, era de un salto apoyado en ese ADN. Al final de cuentas el mito de Adán y Eva, no era más que la referencia a la implantación de ADN en la tierra, con lo cual adquirieron la conexión con el Creador.

Bernhard Guenther explica que hoy tenemos una proporción de casi la mitad de la población de la tierra que pertenece a una raza sin alma, que son apenas como envases de cartón vacíos, que conviven en forma natural con la otra mitad, que tiene cuerpo y alma, como lo hemos aprendido desde la infancia en los colegios de enseñanza religiosa.

Ambas razas, no se diferencian por las características físicas y el color de la piel, ni por cultura, tampoco por región donde se encuentran, ni por nivel de inteligencia ni comportamiento; externamente son absolutamente iguales y asumen toda la diversidad humana que podemos observar en todos los continentes del mundo, pero diferentes porque una de ellas, que llama PORTALES ORGÁNICOS, no poseen alma.

De tal manera, que …”existen dos razas diferentes que evolucionan en el planeta, y que a pesar de ser físicamente idénticas, son completamente distintas desde el punto de vista del alma. Una tenía el potencial de albergar y desarrollar una encarnación mientras que la otra eran puros cilindros vacíos destinados a esperar a próximos ciclos evolutivos para su avance.
La raza con alma, o raza adámica es la que sufrió la “caída”, es decir, la ruptura de la conexión original con los centros universales de conciencia, el Yo Superior, el “cosmos”, dejando a la raza adámica en el mismo “estado” que la raza pre-adámica, (sin alma) básicamente convirtiéndonos a todos en “portales orgánicos” a menos que uno trabajara para el desarrollo de su alma.”

Esto quiere decir que ante una raza precaria, lenta en su evolución, se incorporó una raza nueva, la adámica, que salió de inmediato a convivir con la anterior, con el fin de usar su potencial espiritual y avanzar, -obviamente- más aceleradamente que la pre-adámica. 

Otra fuente consultada por Topi, fue un ensayo titulado: PORTALES ORGÁNICOS - LA OTRA RAZA”, o, “EL EXPERIMENTO CASIOPEA", del cual se obtuvo hallazgos interesantes al constatar que existe una amplia gama de psicópatas, que logran con mucho éxito no ser detectados, y operan libre e invisiblemente en la sociedad. Son personajes con una fachada convincente de cordura, capaces de mimetizar la personalidad humana perfectamente, y que tras estudios psiquiátricos no es posible detectar el caos que se encuentra por ejemplo, en enfermos paranoico-esquizoides. 


Sin embargo, si se es buen observador, hay algunas señales que pueden indicarnos que se está ante un Portal orgánico, porque se siente en ellos, “que algo no anda bien”, aunque se desenvuelvan en todas las actividades humanas.

Transcribo:
“Y es que la mayoría de personas “sin alma” no tienen ninguna inclinación a saltarse leyes, sino más bien a seguir las normas sociales en términos de carrera, sexo, matrimonio, fama o cualquiera de los ideales que se promocionan en nuestra sociedad desde una temprana edad. Su consecución de estos objetivos es la culminación de su búsqueda de la felicidad, a pesar de que sea evidente en nuestro mundo hoy en día que la verdadera felicidad permanece tan elusiva como siempre, al menos para aquellos, como estos portales orgánicos, que siempre siguen la máxima de “tiene que haber algo más”.
Lo que más nos puede chocar y romper esquemas es la hipótesis de que pueden existir billones de estos portales orgánicos, que pueden haber sido usados para magnificar y potenciar este tipo de objetivos, imponerlos sobre el resto de seres del planeta como vectores dirigidos para generar todo tipo de “ideales” que nos mantienen siempre a la caza de “tener más”. Y no es que estemos hablando de que existe algún tipo de malicia por parte de estos portales orgánicos, más bien, lo que parece, es que simplemente están actuando según su naturaleza, que simplemente es la manifestación de un cuerpo, un robot biológico”.
Lo que más nos pone la piel de gallina es la posibilidad de que en este planeta, existan casi 3 billones de personas que no son otra cosa que portales orgánicos, es decir, que prácticamente la mitad de la población, son efectivamente, personas sin alma.”

La preocupación es entonces, que estos seres, que existen como cualquier otro, pueden estar encausando la conciencia colectiva, modificando el sentido que tiene la vida, atropellando el camino espiritual, entorpeciendo la dinámica de la evolución; otros dirían que son precisamente los acicates para la evolución.

Aunque pudiera no apreciarse tan catastrófico, no cabe duda de que si esta proporción poblacional está ocurriendo en el planeta, tenemos en la mano la posible explicación de muchos de los problemas que han convertido este planeta en un lugar difícil de habitar, ya que una intervención tan masificada de seres humanos sin un sentido espiritual de la existencia, no es cualquier cosa.

El alma es la conexión con Dios, es el soplo de vida que aspiró Adán en su surgimiento, por lo tanto, un ser sin alma es un ser sin el más mínimo interés en los aspectos espirituales, porque no proviene de allí, y al morir no reencarnarán, porque al perder el cuerpo lo pierden todo, desaparecen. Sin embargo, forman parte de un gran conglomerado que influye, determina y dirige los destinos del mundo, o al menos de las vivencias de aquí y ahora.

¿En qué términos se puede entender esta diferencia de razas?, básicamente, en que los seres sin alma apenas tienen la conexión de los tres chakras base, con los cuales funcionan en la vida material, la falta de los restantes chakras les impide sentir lo que percibe y profundiza un ser adámico.

Tal vez entre los seres adámicos existan también personas con bajos niveles de sensibilidad, debido a mutilaciones emocionales en la primera infancia, pero he conocido personas que parecen panelas de hielo, que no se conmueven ante nada ni nadie en sus metas materialistas, los llamo corazón de piedra, pero ahora me lo explico, carecen de los chakras superiores, en especial expresan el fallo del chakra cardíaco, conector entre los tres chakras inferiores y los tres chakras superiores. 

Ante esta visión de una humanidad dividida, es inútil pensar en una unidad espiritual; las expectativas presentes de un salto cuántico hacia la luz y la elevación de conciencia, no puede ser experimentada por todos en el mismo momento; intuyo que han habido muchos momentos de ascensos colectivos, pero visto está que no fueron totales, porque se trata de procesos determinados por la maduración de las almas.

El debate que plantea el camino hacia la ascensión, matizada por las enseñanzas de la sabiduría ancestral, los aún maestros espirituales de oriente, y las máximas esotéricas que devienen de muchas orientaciones metafísicas, nos convencieron de que el mal es sólo la ignorancia de quien la lleva a cabo, y que la comprensión, la compasión y el amor son las claves para que todos nos encaminemos por el mismo sendero, pero ante estos planteamientos, es lógico pensar que las personas sin alma, en caso de que su destino también sea la espiritualidad, -la cual tendrían que adquirir en algún momento-, tendrán que transitar aún por largos y duros períodos de vivencia mundana. A propósito, Guenther nos dice:

   Una de las ideas espiritualmente más expandidas que corren por el mundo estos días es la que dice que “todos somos uno”, y que, simplemente reconociendo esto, deberíamos unir el mundo bajo un manto de paz y armonía. Todo lo que los lideres mundiales necesitan es reconocer lo mismo, de ahí que tanta gente no pare de enviar “amor y luz” a nuestros dirigentes y lideres, para que también ellos vean y reconozcan esta “verdad”, ya que están tan equivocados y perdidos, que solo necesitan amor y compasión, etc.… Bien, si, todos somos UNO desde una perspectiva MAYOR. De hecho, es bastante obvio que todos SOMOS UNO. El diablo, como siempre, está en los detalles. Laura Knight-Jadczyk, en su libro, “La Historia Secreta del Mundo”, nos da una buena visión de la concepción errónea de estas “perspectivas”.
Muchos gurús y maestros de nuestros tiempos modernos, nos dicen que, puesto que solo existe un SER Supremo, que permea todas las cosas, todo lo que debemos hacer es ver todo como “luz”, y que por si solo, transmutaremos la oscuridad, y crearemos nuestra propia realidad de “luz”.
Esta afirmación ignora el hecho de que la frase “Todo es UNO” describe una realidad que existe en un nivel de realidad mucho más alto que el nuestro, en el cual nos manifestamos. La persona que asume que puede convertirse en algo parecido a “Dios” en este nivel solo con pensarlo o desearlo, ignora el hecho de que el Ser y el no-Ser (polaridades evolutivas, positivo y negativo, Servicio a Otros y Servicio a uno mismo) provienen directamente desde la Fuente, en un nivel de existencia que está claramente muy por encima del nuestro. El mal es REAL, en su propio nivel de existencia, y la tarea de la humanidad es navegar este laberinto cósmico sin ser atrapado por ese “mal”. Aquí se encuentra la raíz del Libre Albedrio.
La humanidad se enfrenta a una decisión tan embarazosa como REAL, está forzada a escoger – usando su conocimiento para ello- entre el camino que lleva al “Ser” (polaridad evolutiva positiva, Servicio a Otros), y el camino que lleva al “no-Ser”.
Al ser humano se le requiere que discierna entre el “bien” y el “mal” en cada nivel de existencia de esta realidad. Porque, de hecho, hay que entender que Dios es conciencia y que Dios es materia. Que Dios es bueno y que Dios es malo. La Creación asume todas las propiedades posibles, representados esotéricamente en “todos los nombres de Dios”. El Cosmos está lleno de Vida y Muerte, de Perdón y de Venganza, de Orientación y de Decepción. Intentar asumir el punto de vista de “la Fuente” y mezclar todo en este nivel en el que estamos, nos hace simplemente quedarnos en este nivel atascados. La humanidad debe separar su propio punto de vista del punto de vista de “Dios” y aceptar el hecho de que toda la Creación incluye todas las facetas, caracteres y posibilidades.
Si, todos somos uno, pero todos no somos iguales en esta experiencia en esta tercera densidad, en este planeta. Si, seguro, Gandhi y Hitler son también “uno”, pero uno de ellos no parece tener ningún tipo de conciencia. La mayor ilusión y proyección que la mayoría de la gente tiene es la presunción de que la gente en posiciones de poder piensa y sienten tal y como lo hacemos nosotros, que viven completamente errados en su comportamiento y que todo lo que necesitan, o al menos principalmente, es amor en sus vidas.
Pero, ¿y si existiera un tipo de ser humano que no tuviera conexión con los centros universales de conciencia, de amor, desde el mismo momento de su nacimiento? (que no son encarnaciones de ningún Yo Superior, o entidad consciente). Personas que no están ni siquiera genéticamente habilitadas para percibir estas emociones, pero capaces de emularlas, lo suficientemente bien para distraernos, de forma que pueden usar nuestra energía para nutrirse y desviarnos así de nuestro camino evolutivo. Personas que te dirán exactamente lo que quieres oír, parecerán gente compasiva, empática y que nos entienden, sin llegar a tener ni la menor idea de lo que estos sentimientos significan ni haber sentido jamás uno solo de ellos.
¿Y si este tipo de ser humano fuera prácticamente la mitad de la población mundial? Podría ser un familiar, un colega en el trabajo, un vecino, tu jefe o incluso un amigo cercano, tu amante, tu esposo, tu mujer.  La verdad es que no es una idea agradable, y ciertamente un buen guantazo a este paradigma “nueva era” de que “todos somos uno”, y de que la humanidad se esta “despertando” e iluminando simplemente enfocándose en el amor, la luz, y el pensamiento positivo hacia los demás.

Visto este planteamiento, la idea de que todos somos iguales parece no tener el sentido liso y llano que le hemos atribuido, tal vez para evitar sentirnos culpables de creernos superiores o discriminadores, o porque suena muy espiritual estar en el lado amoroso o vanguardista de la humanidad; de allí parten también muchas posturas abiertas sobre temas de actualidad, como la identidad y libertades sexuales, modelos de relaciones de pareja, básicamente temas que han cargado por milenios, fuertes represiones desde la religión. 

Esta nueva ideología, casi eufórica, porque se asume como verdaderos movimientos reivindicativos, con pancartas y demás instrumentos sonoros, me han causado cierto recelo, mucha duda, ante lo cual prefiero no plegarme, hasta no tener certeza de la verdad que parecen ocultar, y que de buena fe la gente apoya, con la venia de la ciencia, casi incondicionalmente.

La historia nos refiere las luchas de la humanidad, que hemos definido como luchas justas, sin embargo, en épocas de paz los problemas continúan, a través de verdaderos carnavales mediáticos, fomentadores de comportamientos supuestamente sustentados en la libertad, en la autonomía, en el amor por los pueblos, cuando realmente son otra manera de subyugar a los colectivos. Los modelos de vida modernos, la moda, los apasionamientos sectarios, y los discursos políticos totalitarios están repletos de ejemplos.

No cabe duda que carecemos de información cierta y comprobada, para discriminar entre el bien y el mal, los cuales a veces de disfrazan al aparecerse de manera relativa; no obstante, en ellos está la clave de la evolución espiritual, la cual ahora se está tornando hacia una nueva clave: la prudencia. 

“Un porcentaje considerable de las personas que encontramos en la calle están vacías por dentro, es decir, están actualmente muertas. Somos afortunados de no poder verlo y de no saberlo. Si conociéramos el número de personas que están realmente muertas y el número de personas que gobiernan nuestras vidas en estos momentos, nos volveríamos locos de horror”. 
G. I. Gurdjieff




lunes, 4 de febrero de 2013

MESES LUCTUOSOS



Ayer regresé de Maracaibo, fui a visitar a mi familia política, muy mala palabra para designar a estos parientes que siento como si fueran de mi sangre; mi suegra me comenta que se nos aproximan meses luctuosos, en febrero por el recuerdo de la muerte de su esposo, y en marzo por la del mío. Me dejó pensativa, porque ella, habiendo sido una maestra del movimiento Espírita Kardeciano, conferencista internacional, y mi fuente de inspiración para la calma interna, se sienta como cualquier mortal, conectada con este triste sentimiento de abandono, que significa la ausencia definitiva de nuestros seres amados.

Me quedé con la palabra luctuoso dando vueltas en mi pensamiento, como recordando algo, y la investigué: Hubo algo que se llamó Derecho Luctuoso, el cual se aplicaba en épocas medievales y quizás hasta mucho después, que consistía en que a la muerte de un súbdito, los señores y prelados, los cuales a veces eran los mismos, recibían una prenda del difunto, bien sea por haber sido establecida en el testamento del susodicho, o por el derecho de los señores a escoger su regalía. Esto me recordó el Derecho de Pernada, y tal vez el de muchos otros “derechos”, inventados por el abuso de los poderosos, que de alguna manera se ve reflejado en la leyes sucesorales de hoy.  

Esto me puso de frente al miserable hecho, de que el hombre es peor que un depredador, porque no sólo devora otras especies sino que su mayor presa son los mismos seres humanos; un caníbal que se nutre de las más diversas formas de violación que hace al derecho a la vida y la libertad de elección, que la divinidad nos otorgó como sus hijos amados.

Son diversas las formas de esta depredación, pero todo reside en la actitud delictiva de los caníbales, lo cual se manifiesta desde el más sutil vampirismo energético, de quienes se acercan a los demás sin hacer daño aparente, pasando por la delincuencia simple y explícita, por la devastación que produce la cultura machista, por las tradiciones absurdas de pueblos donde aún existe la ablación del clítoris de las niñas, hasta el burdo ejercicio del poder, donde se cuecen las habas más duras que la cultura pueda reportar, y todo esto reside, en el ejercicio de cualquier tipo de poder.

El poder político ha sido la fuente más determinante de la dominación, porque tiene más alcance poblacional, sin embargo, también es la manera de ordenar el comportamiento colectivo, puesto que en tiempos de caos convoca la obediencia hacia la autoridad de un dirigente y su sistema de gobierno, basta ver cómo Juan Vicente Gómez logró unificar al país, a través de una dictadura que puso dentro de sus límites el comportamiento caudillesco de la época.

Agotada como estoy, de la repetida historia de abusos, que tienen sus asientos en el gobierno y sus leyes, en la economía, en el dominio religioso y cultural, en el poderío armado, en la delincuencia organizada o no, en los cargos claves, y en miles de formas de poder ejercido en privado, los pueblos siguen siendo presa indefensa de las manipulaciones que en términos sutiles los convierten en piezas de una entramada base, donde se asientan las dictaduras, el populismo y los más degradantes argumentos para succionar la energía colectiva, con la cual ejercer la mentira, el disimulo y el descaro.

Ya deshecha la esperanza, concepto que no me ha agradado del todo, por el sentido de espera que no soporto, y porque siempre se basa en los mismos parámetros y en los mismos valores que la sociedad arrastra desde que se puso en posición bípeda, no nos queda otra opción que ver más allá de lo que ha sido el reiterado ciclo de errores, horrores y dolores.

Tener una vida mejor, es un ideal genuino, pero en el camino, por mucho idealismo que conlleve, siempre se ha convertido en una nueva manera de hacer sufrir a otros; es decir, siempre hay quienes padecen la dominación de quienes están en el poder, por ello hay que dibujar un salto a otra dimensión humana, donde la necesidad de consumo y de afecto, hayan desaparecido totalmente, un mundo donde los individuos tengan una naturaleza superior, sean autónomos y felices consigo mismos. 

Ya no se trata de un modelo donde los oprimidos gobernarán sobre los que los oprimían y hacían sufrir, no se trata de voltear la famosa tortilla, la cual siempre ha traído el mismo sistema de explotación, siempre alguien perdiendo; sólo nos queda visualizar otra forma de vida donde todas esas referencias hayan desaparecido.

Hoy, con la piel escaldada, vemos que mientras el ser humano no supere sus apetencias desmedidas y su condición de depredador, la sociedad no puede darse por satisfecha, porque donde exista un ser que sufra, la sociedad tiene un trabajo que realizar. Estamos heridos de todo lo que le duela a uno solo, no es cuestión estadística, es cuestión humana.

Un mundo donde no existan fronteras, presidentes, jefes, líderes, donde no exista la historia patria, porque ésta nos habla de luchas y de defensa de lo logrado, ni militares, el sueño de Einstein, donde exista la diversidad cultural, pero no la jerarquías entre las comunidades; lo podríamos identificar como la promesa de esta nueva Era Acuariana, nadie por encima de otro. 

Imagino una alimentación distinta, una nutrición más energética que física y lograda por meditación o algo parecido, no habría vivienda como la conocemos, sino que la gente tendría un cobijo según su espectacular capacidad creativa, una vida libre; ¿cómo se le puede robar a otro su capacidad de obtener una aura de protección?. Quiero ver eso de cerca, y cuando lo vea ya me habré olvidado de cómo fue la crueldad de este mundo, pero que tenía en su esencia la semilla de aquellos tiempos de suprema felicidad, un mundo de plenitud, donde se expanda la visión individual y colectiva hacia la creación positiva.

No faltará quien cuestione que la felicidad se aprecia, porque hay infelicidad, y todo aquello de las polaridades propias de esta época, pero, en esos mundos supremos, no será necesario la polaridad, porque ya la gente habrá elegido lo justo, el bien y el mal son propios de mundos infames aún.  

Lo esperanzador de esto, y vuelvo a usar este término, para darme a entender, en ese sentido puro de ver un camino alternativo, es que hemos podido sustentar esta espera, porque siempre y sin ninguna excepción, han existido esos personajes luminosos, que vibran por encima del bien y del mal, que nos ofrecieron su visión sin corromperse y que en forma abierta o anónima nos han alertado sobre esos estadios superiores, al cual accederemos sin lugar a dudas.

La literatura está cargada de modelos ideales, utopías, mitologías, doctrinas y filosofías que ofrecen mundos mejores; no pueden estar equivocados tantos esfuerzos de maestros, pensadores, sabios, profetas y científicos que vislumbran en sus propios lenguajes mundos supremos y justos.

jueves, 24 de enero de 2013

EL INOLVIDABLE 23 DE ENERO DE 1958


Cómo resuenan en mi memoria aquellos nombres de personajes y lugares nefastos, Pedro Estrada, Vallenilla Lanz (hijo), el negro Sanz, Pérez Jiménez, La Seguridad Nacional y Guasina, todo suena al horror de la década de los años 50s; recuerdo que cerca de mi casa en San Ignacio, Maracay, teníamos a una vecina de nombre Panchita, era ancianita, muy arrugadita, para mis ojos infantiles tendría unos 100 años, vivía sola, porque su marido estaba preso en la Seguridad Nacional (SN), se contaba que lo torturaban colocándolo sobre panelas de hielo, mientras su esposa sufría en soledad y obligado silencio. 

La señora Panchita vendía arepas, -diez por un bolívar-, redonditas y muy pequeñas, pero la mayoría de las madres hacían sus arepas en casa, hasta que se cansaron y de pronto la compra de arepas se hizo un hábito nuevo, al menos cerca de casa teníamos a dos señoras que parecían unas pasitas de lo arrugadas, que desde la madrugada se metían de lleno en la candela para preparar las arepas del desayuno ajeno; recuerdo clarito cómo sonaba el rayo hecho con una lata de sardinas que le habían hecho huequitos con un clavo, cuando raspaba el carbón que se pegaba a la arepa recién sacada del fogón de leña.  El calor debió secar la piel de aquellas señoras, tan volcadas en su única manera de ganarse la vida.

Estas dos señoras eran la viva imagen de las abuelitas de cuento, me encantaba ir con mi mamá a buscar las arepas, muy tempranito, para ver como aquel fogón gigante que me pegaba en la cara su energía febril, exponía el chisporroteo de las brazas que resonaban alegres delante de la cola de gente que llegaba con su cesta y un pañito.

Nadie comentaba nada, en aquellos tiempos la censura y autocensura no permitían comentar nada sobre el gobierno ni nada parecido, bozales invisibles se tendían en cadena sobre todos los hogares venezolanos, aunque en casa yo oía más, porque mi papá era enfermero en el Hospital Militar y de buena fuente sabía lo que ocurría en los cuarteles.

Mi mamá nos contaba muchos cuentos a mi hermanita y a mí, de su infancia y de su vida en Boconó, Trujillo, pero también nos hablaba del tiempo que vivíamos, que teníamos a un presidente malo, un dictador, cosa que me confundía porque había leído en un libro de Historia, sobre Bolívar Dictador.

Mi madre nos confiaba la importancia que tenía ser prudentes con la palabra, que lo que se oía y vivía en casa no se comentaba afuera, la intimidad era un valor exacerbado en mi hogar, por eso de mi boca no salía ni pío, y en el colegio respondía exactamente lo que me preguntaban, nunca abundaba en detalles ni comentarios de ningún tipo, eso me hizo muy reservada y callada. Las fuentes de información de la SN llegaban hasta los salones de clase.

La vida transcurría tranquila, sólo perturbada por las peleas de las madres que trataban de resolver desencuentros causados por una disputa por metras o trompos que protagonizaran sus hijos; nada político, hasta que un día cualquiera, mi madre al regresar de la pulpería, llegaba a casa pálida de saber la detención de algún vecino, lo cual generalmente ocurría en la madrugada. Mi madre era muy sensible a los ruidos, y muchas noches fue testigo del sonido que producía el paso acelerado de carros, muy extraños en nuestro barrio, sin que ello produjera una simple queja, un grito, un alerta, que luego se convertía en el rumor bajito que daba noticia de las detenciones.

En aquellos tiempos cuasi rurales, pueblerinos, el control social era un arma más de la dictadura, y al silencio impuesto por el sistema, se agregaba la sospecha vecinal, era preferible llevársela muy bien con los vecinos, pues no sabíamos si a consecuencia de un malentendido, una envidia compulsiva, o una venganza personal, inocentes pudieran parar a los calabozos de la SN, debido a la acusación infundada de un enemigo gratuito o bien ganado.

De allí la reserva de mis padres, la cual se incrementaba en su condición de gochos bien plantados, andinos disciplinados que tenían el control de hasta los pensamientos de sus hijas; de allí aprendí a contenerme, a auto-regularme y a saber que la vida nos exige un gran esfuerzo.

Fueron muchos los momentos de tensión que teníamos hasta en escenarios festivos, como fue la Navidad del 57, pero sabía que teníamos que estar calladitos, mi padre compraba comida por si acaso, y sacaba su talismán, una foto a color del presidente, montada en un marco dorado, -mi padre había sido carpintero y montaba cuadros- en caso de que llegaran inspectores de su trabajo, y que, en efecto llegaban, eran unos desconocidos que daban vueltas por el barrio y que llegaban sin ser invitados a preguntar por el señor de la casa. Gracias a Dios, nunca fuimos víctimas directas del régimen, aunque ese manto de dictadura nos arropara a todos.

Eran tiempos de pan y circo, y esto es sólo una manera de decir, porque el pan, pan, era escaso, teníamos vecinos de muy pocos ingresos, que cenaban con un pan y medio litro de leche al que le agregaban agua para rendirla, y el mejor plato se lo comía el papá, el que traía el sustento a casa; los niños pasaban hambre y eran muy flaquitos, vi morir muchos niños vecinos con marasmo nutricional.

El circo lo armaban con las fiestas de Carnaval y la Semana de la Patria, eran momentos de catarsis, en los cuales permitían el juego con agua y pinturas en la calle, era un verdadero desenfreno, que no pocas veces conducía a accidentes y hechos de sangre. Estas expresiones de agresividad excusadas como alegría carnavalesca se extendió hasta bien entrados los años sesenta.

Pero, de pronto o poco a poco, de un estado de sumisión total por el dominio absoluto del dictador, se le debilitó el apoyo de los sectores económico, religioso y militar, sin contar con el estudiantil que siempre estuvo en contra, y llegado diciembre del año 57, lo que debía ser una Elección Presidencial libre, directa y secreta, se convirtió en Referendo, lo que trajo aún más descontento, y como todo Referendo dictatorial, fue asaltado por las fuerzas del fraude, Marcos Pérez Jiménez se ratifica en el cargo, con la cara tan lavada.

Fueron unas Navidades muy tensas, y llegado el 31 de diciembre en pleno saludo de feliz año, se comentaba por lo bajo, y yo presentía que el gobierno era el centro de los acontecimientos, el 1º de enero del 58 se produce un intento de golpe, no exitoso, -simplemente por fallas comunicacionales entre las partes irrumpientes-, lo cual le dio confianza al dictador, toque de queda, lo cual era muy frecuente; sin embargo, con un clima bastante enrarecido y para disminuir la presión, Pérez Jimenez decide sacar del escenario y enviarlos fuera del país a Laureano Vallenilla Lanz (hijo), Ministro del Interior y a Pedro Estrada, Director de la SN, sus más fervientes servidores. 

Fue un puntual acto de protección para estos dos, pues en los días sucesivos se da lugar a manifestaciones de calle, paros y protestas que obligaron al tirano a salir huyendo del país en la madrugada del 23 de enero, dando por terminada su actuación y un tránsito de represiones, persecuciones, torturas y corrupciones, aunque no constituyó la supresión de la participación militar en la política, si nos ponemos a ver, nuestro escenario político ha estado marcado por la activa participación de los militares, hemos tenido una larga historia de mandatos de uniformados; una tradición caudillista.

Días después, el esposo de la señora Panchita se paseaba por las calles del barrio saludando a todos, llevaba liqui-liqui color crema, un bastón y un sombrero, no estaba tan viejo como su esposa, pero tenía un tic nervioso, o un movimiento involuntario que hablaba a gritos de las torturas recibidas, era un hombre alegre, exaltado, se aproximaba a las jóvenes como si tuviera permiso para piropearlas, y las muchachas condescendientes les respondían sus saludos. Me lo había imaginado un cadáver ambulante debido al sufrimiento que padeció, pero tenía que sacarle a la vida sus últimas energías y luces, ocho años en prisión no lo anularon, eso le pegó más a la triste y dulce Panchita, quien luego lo vio morir, agotado por el maltrato de sus últimos años de vida.

La historia la realizan héroes visibles o destacados, y mucha gente que da su vida sin que ello contribuya en lo absoluto en recibir alguna retribución, sólo la grandeza de haber dado les llena el alma y es lo que se llevan de esta existencia.

Hoy me acuerdo de usted, Señor Maracara, cuando han pasado más de cincuenta años que Dios lo llamó a formar las filas de sus legiones luminosas. A usted y a tantos venezolanos que cada día dan su aporte anónimo por una Venezuela libre, próspera y honesta.

Dios los bendiga