viernes, 23 de julio de 2010

BELLAS DEL CINE DE ORO MEXICANO

De niña disfruté mucho de las canciones y del cine de oro mexicano, lo cual dejó en mí una fuerte referencia cultural, un deleite en el buen humor, en la picardía sana de quien desea entretener con talento, en el despliegue de voces, letras y música incomparable, y especialmente la referencia sobre la belleza de la mujer glamurosa de esos tiempos.

En la pantalla grande desfilaron verdaderas diosas, que representaron la fuerza de la feminidad y la delicadeza de mujeres pioneras, que se unieron a un proceso modernista para dejar en el acetato el testimonio de una época, y la historia de un país que resurgía de las cenizas que dejó la revolución. 

Me alegra ver tanta belleza y talento juntos. 

Elsa Aguirre, la más bella, con un tono  de voz y una manera de hablar muy especial, encantadora mexicana.









Irma Dorantes, hermosa y dulce mexicana, el gran amor de Pedro Infante.  









Carmen Montejo, cubana maravillosa.











 



Lilia Prado, mexicana, hermosa y gran bailarina de mambo.










 Rosita Quintana, argentina, exquisita.











Marga López, argentina, bella, dulce, versátil. 











Libertad Lamarque, argentina, linda y maternal, hermosa voz, glamurosa. 














Ellas fueron espectaculres modelos de belleza auténtica, expresión de un momento de convocatoria artística, en la cual se estampó  el buen gusto, el candor de una sociedad cancionera y el valor de un país que se edificaba por nuevos derroteros. 

sábado, 17 de julio de 2010

TE SIGUES EQUIVOCANDO, ME SIGO EQUIVOCANDO

Cuando vivimos decepciones, dolores, malos ratos asociados a sepaciones de pareja, tenemos al menos dos opciones: echar las culpas al otro, lo que siempre hacemos, o, asumir con responsabilidad la situación buscando ayuda profesional.

Quedarse en lo primero es una pérdida de tiempo,  porque no permite llegar al fondo del problema, sin embargo, si se opta por resolver realmente el caso, pudiera considerarse ésta, una etapa de desahogo, de catarsis, que siempre ayuda en algo. La manifestación del dolor, la queja inmediata, el duelo, son imprescindibles cuando de sentimientos heridos se trata. Pero si sólo nos quedamos aqui, nos arriesgamos a volver a vivir la experiencia, sólo que más heridos.

¿Por qué hay riesgo de vivir de nuevo la experiencia?

Porque el trauma emocional hay que sanarlo, es una dolencia como cualquiera otra, es como una herida que al menor toque sangra.

Cuando se opta por resolver profundamente con ayuda profesional,  el proceso siempre lleva a establecer en la persona, la toma de conciencia sobre las condiciones particulares que lo llevaron a la experiencia. El darse cuenta de esto es un alivio supremo. 

El paciente y el terapeuta deben observar el proceso de sanación y determinar el momento en el cual ha sido alcanzado el objetivo, a fin de dar por cerrada la consulta. 

Darnos de alta de la terapia es un momento significativo, hemos revisado hondo, hemos abierto los ojos, estamos tranquilos y ahora dispuestos a seguir viviendo, tal vez estemos un tanto cautelosos, poco a poco recuperamos la confianza y tal vez volvamos a relacionarnos con otra persona. Hay quienes lo logran de una vez,  pero si persiste alguna sensación de desconfianza, es preciso volver sobre sí mismo.

Esta es una consecuencia positiva de hacer terapia, que obtenemos una herramienta para autoobservarnos, lo cual es una buena actitud para el resto de la vida.   

He conocido casos, en los cuales se  ha perdido totalmente la capacidad de darse oportunidad de tener otra relación, por miedo a sufrir de nuevo, aunque la persona se sienta tranquila aparentemente, incluso pueden llegar a establecer una nueva relación, pero llena de condiciones, como si la nueva pareja tuviera que pagar los dolores que la anterior causó.

Está claro, aún falta sanar, son alarmas que atender, resagos, energías residuales del pasado, se atrae inevitablemente lo que nuestro inconciente selecciona, por eso mismo es mejor sanarse de verdad para atraer la mejor relación.

Llevar una lista de pruebas para colocar conchas de mango en el camino de una nueva pareja,  es indicativo de que  aún hay inseguridad, recelo. Provocar situaciones para medir la celopatía del otro, es una trampa para nosotros mismos, porque estamos reflejando en el otro lo que llevamos dentro, la molestia de haber sido acosados por los celos de la pareja anterior.

Además, siempre hemos de encontrar similitud entre las diversas  parejas, simplemente porque pertenemos a la misma cultura y a la  misma especie y porque también hay heridas en los demás. Cuando hemos sanado, los parecidos no nos asustan ni nos perturban, porque ya no nos alcanzan,  llegar a esto es un reto y una necesidad.

Recuerdo a un matrimonio amigo, cuya esposa tenía una fuerte compulsión sobre el tema erótico; solía conversar sobre eventos  -que yo suponía fantasías, porque eran increíbles-, en los cuales ella era objeto de la lascivia explícita de extraños, esto me llamaba mucho la atención, porque la chica realmente no tenía una figura  despampanante, muy al contrario, era bajita, extremadamente delgada, no era atractiva, ni bonita, y su  apariencia era muy sobria y delicada. 

Esta amiga no se quedaba sólo en estas fantasías, también inventaba sucesos para causarle celos al esposo, lo divertido era que él ni se enteraba, la oía y no reaccionaba como ella deseaba, lo que ella le decía le resbalaba, yo estaba asombrada y  pensaba que allí pasaba algo y que ella se equivocaba de estrategia,  porque él no tenía ni un pelo de Otelo.

Tal vez en el caso de mi amiga, lo que se  estaba operando, era que estaba pegada a la energía de un novio celoso del pasado, y era a él a quien le estaba haciendo pantomimas en el escenario de su psiquis noltálgica. 

El asunto es que mantener las heridas del pasado siempre duele porque son atemporales, técnicamente pertenecen al pasado, pero en realidad están siempre presentes. Asumir la vida sin cambiar lo dañado es una equivocación, un desacierto, porque siempre tropezaremos con la misma piedra, porque ésta no está afuera,  está dentro.

jueves, 15 de julio de 2010

¿CASADAS POR EQUIVOCADAS, O POR DESTINO?

Hace muchos años, estaba haciendo un estudio sobre pareja como un requisito para mis estudios académicos, entrevisté a dos mujeres divorciadas y me decían que ellas habían fracasado en sus matrimonios debido a que se habían casado con las personas equivocadas. 

Eso me llamó mucho la atención, porque como ya sabía, el inconciente no se equivoca, te atrae la persona correcta, por alguna razón. Si buscas esa razón la encuentras. Que no sea la persona que te iba a dar la felicidad que deseabas es otra cosa, pero esa persona llegó a tu vida atraída por factores irrefutablemente inconcientes, es decir, tiene que ver contigo.

Las consultadas creían ingenuamente que podemos escoger a voluntad y que en sus casos, se habían equivocado. Pocas cosas están libres de la selección inconsciente.

La equivocación está en desconocer los impulsos internos que nos mueven hacia un objetivo, con el cual vamos ciegamente a un compromiso hasta llegar a la unión matrimonial.
 
Buscamos y encontramos, por fortuna hemos sido bendecidos con la facultad de dudar, investigar, preguntar y darnos respuestas. 

Sin embargo, esto no es una cuestión que haga la mayoría,  es la minoría la que busca información y se atreve a cuestionar sus creencias, sus acciones y su vida. Lástima, si lo hiciéramos todos, el mundo cambiaría en tres días máximo, porque cuando nos centramos en vernos, nos ocupamos del objeto verdadero de atención, nosotros mismos.

En días pasados asistí a una conferencia dictada por la psicóloga Mildred Piccinoni, quien nos decía que en los primeros cuatro años se nos establecen las marcas o improntas que modelarán nuestra manera de relacionarnos con los demás; es decir, lo que pudieramos interpretar como destino, porque cualquier evento de la vida adulta, es una pataleta reflejo de las vivencias de ese bebé que fuimos.
 
Volvamos a ser niños, para revisar y sanar aquellas heridas que nos aquejan hoy, y así, poder entrar al Reino de los Cielos.


martes, 6 de julio de 2010

YO SOY ROMANTICA


¡Cuantas veces hemos oído esta expresión!, y vemos realmente que la persona tiene ciertas condiciones que la definen como una persona dulce, retraída, que le gustan los boleros, las flores, lo cual sería la imagen estereotipada que nos hacemos de lo romántico. Sin embargo, el romanticismo forma parte de la vida, especialmente cuando pasamos por la primeras fases de las relaciones de pareja.

Aunque se trate de personas muy prácticas, no escapan a que en esos primeros momentos, tiendan a comportarse como románticos, adaptando de alguna manera la personalidad al ese momento, el más agradable del proceso.    
 
Después, la pareja va transitando hacia otras etapas de la relación, en la cual van apareciendo nuevos episodios que la van a poner a prueba. Es cuando aparecen los problemas, los malos entendidos, cuando se va la magia inicial,  aparecen las expresiones reprimidas, las que ocultamos en nuestra sombra, en el inconciente. La pareja se expresa tal como es.

Si esas etapas conflictivas son atendidas adecuadamente, con ayuda profesional de calidad, esos momentos pueden convertirse en buenas oportunidades de llegar a establecer una relación sustentada en bases sólidas, aunque la pareja decida separarse.  Las estadísticas muestran que la mitad de los matrimonios terminan en divorcio, y podríamos suponer que no precisamente después de haber saldado cuentas emocionales y superado limitaciones personales.

La búsqueda de opciones terapéuticas vienen a ser en los actuales momentos una decisión bastante buena, gracias al desarrollo de la psicología aplicada al desarrollo personal. 

Es muy agradable la expresión romántica, pero no olvidemos que detrás de esa manifestación también se esconden oscuridades, que nos pertenecen, y que somos nosotros los únicos responsables de superar. Atribuir las culpas al otro en nada ayuda, lo importante es revisar a la luz de los acontecimientos, cómo estamos nosotros en ese fenómeno. No es fácil, por eso es preciso ayuda profesional.        

jueves, 1 de julio de 2010

ES VIVENCIA, NO EXPERIENCIA


En el post anterior hago referencia a la vivencia, a lo que sufrimos, o disfrutamos, pero eso no necesariamente es experiencia.

Cuando hablamos de experiencia hablamos de la reflexión que hacemos y las conclusiones que sacamos de alguna vivencia. Es curioso, los animales tienen más capacidad de aprender y reaccionar ante una vivencia, que nosotros de reflexionar ante lo mismo, por eso se dice que somos el único animal que tropieza de nuevo con la misma piedra.

Tropezamos de nuevo con la misma piedra o con alguna parecida, porque no adquirimos experiencia, y tal vez hacer la reflexión sea un hábito que se aprende también.

Dicen por allí que quien no oye consejos no llega a viejo, y llegar a viejo sólo se refiere a adquirir experiencia, a reflexionar siempre. Por eso, creo que lo más sano es llegar a viejos lo antes posible, para ser jóvenes sabios.

Nuestra cultura occidental tiene un gran defecto, ha elaborado una imagen muy deprimente de la vejez, y aunque ella tenga la virtudes que tenga, es percibida como negativa. Somos una sociedad de la novedad tecnológica y en poco tiempo las personas mayores quedan excluídas, hasta de la forma de comunicarnos.

Por fortuna la juventud se ha extendido, lo cual ha sido logrado, especialmente por el esfuerzo que hemos hecho las mujeres, al incorporar elementos culturales a la edad, como la profesión o actividad después de la jubilación, el mantenimiento estético, las filosofías espirituales, los nuevos sistemas de sanación, la calidad de vida y muchas otras formas de vivir dentro de la vida.     

La capacidad de reflexión es algo que se debe aprender desde niño, porque resulta siempre en una autoevaluación, en un crecimiento. Darnos cuenta de nuestros contenidos mentales y psicológicos, siempre resultará en beneficio personal, aunque algunas veces sea necesario recurrir a la consulta especializada.

Con esto quiero recalcar que al conocernos a través de la vivencia con otras personas, podremos identificar y diferenciar los componentes favorables y desfavorables de las situaciones, personas, proyectos, de tal manera que seamos prudentes en otras ocasiones al seleccionar la vivencia que queremos tener.

Reflexionar no significa buscar culpables, pero no reflexionar sí significa la posibilidad de ser depredadores o de caer en manos de  ellos. Es revisar los procesos y ver cómo participamos inconscientemente en éstos. 

En todo caso, tenemos la tendencia a reflexionar sobre los acontecimientos desagradables y en ellos nos quedamos pegados, esto es muy bueno si sacamos la experiencia correspondiente. Me ha dado resultado volver y volver sobre el asunto siempre y cuando no sea sólo para quejarme, cuando se revisa y revisa saltan cosas, aparecen revelaciones, oímos respuestas, descubrimos soluciones, y quedamos tranquilas.  

Ahora oigan esta letra y saquen sus conclusiones. Es la hermosa Amaya con Mocedades, cantando Amor de hombre, una versión de la música del Intermedio de la zarzuela La leyenda del beso. Disfrútenla.



miércoles, 30 de junio de 2010

DEVUELVEME MIS BESOS


¿No les ha pasado que un día tocan un objeto y de inmediato se les quiebra, se  parte o descompone en sus manos?, puede ser el pomo de una puerta que se desprende apenas lo agarras, o el botón de un aparato que se sale... No es tu culpa, pero todo indica que tu lo dañaste.

La verdad es que eran cosas que ya estaban dañadas, que sólo bastaba un toque para que terminaran de estropearse. Así es el corazón humano, nunca sabemos cómo lo tenemos, emprendemos una relación, y al fracasar pensamos que fue aquella persona la  única responsable de volvernos trizas. 

Esto no significa que esa persona no hubiera contribuído en algo. Sólo estoy poniendo la lupa en el daño  emocional que tenemos, previamente. No cabe duda que hay depredadores que devastan a los demás en estos ámbitos, pero eso afecta más o menos, según tengamos más o menos capacidades emocionales.

Quedamos enganchados en las penas, los recuerdos, en lo feliz que hubiéramos sido, y resulta que ni con esa, ni con otra persona hubiera sido diferente, porque ya teníamos un daño hecho. Casi todos padecemos de ese mal, de un dolor antiguo, de un abandono, de una traición, y cuando danzamos al compás de la música amorosa, nos pisan o pisamos los pies de la pareja, sin darnos cuenta que ya estábamos chuecos antes de empezar a bailar.

No nos llamemos a engaño, en las relaciones de pareja se saldan las cuentas del pasado, porque son las que requieren más entrega, más intimidad, más lealtad.    

Es prudente revisarnos, conocernos y detectar qué tan fuertes tenemos nuestras defensas emocionales, nuestras resistencias a  los virus sentimentales, a fin de que si emprendemos una nueva relación estémos conscientes de cómo entramos a ella y cómo salimos.  Como cuando vamos a la peluquería, sabemos cómo estábamos antes y cómo quedamos después.

Cuando vivimos una separación de pareja, podemos quedar devastados, y lo más desconcertante es que no sabemos realmente cuáles fueron las causas, condiciones, antecedentes y cómo salimos de esa vivencia.

Esta sensación dolorosa puede ser muy buena para  los poetas y artistas, para hacer una canción,  como lo logra tan magistralmente Juan Gabriel, en Hasta que te conocí, pero en la práctica, poco podremos sanarnos, conocernos, si nos centramos sólo en el otro y no en nosotras.

Aqui está Juan Gabriel con una letra conmovedora, que habla de una persona que tenía un corazón enterito y alguien se lo rompió.  Él sabía de dulzura, de cariño, jamás sufrió y en cuanto la conoció entró en desgracia. Disfrútenlo, pero sepan que no es precísamente así.


lunes, 28 de junio de 2010

SIN PAREJA

Cuando pienso en personas sin pareja, de inmediato me ubico en las mujeres; tal vez sea una distorción natural, porque pienso desde mi propia realidad. Aunque es un fenómeno que afecta a ambos sexos, afecta de diferente forma.

Entre las mujeres también puede generar diversas maneras de vivirlo, dependiendo de lo que obtengamos como aprendizaje después de una separación.

En este ámbito, como en casi todas las experiencias humanas, lo importante es realizar al menos una reflexión sobre lo acontecido en cada caso, lo cual significa una tarea de revisión cuidadosa, especialmente desde la observación de nosotras mismas. Nada  obtenemos colocando responsabilidades en el otro aunque las tenga, porque no vamos a cambiar al otro, lo que nos interesa en todo caso, es crecer con lo vivido.

Hemos leído muchas recomendaciones para quienes habiendo tenido separaciones, desean intentar de nuevo una relación. Aparte de lo obvio, como vivir el duelo,  evitar sacarse un clavo con otro clavo, -lo cual es nefasto-, cuidar la salud, creo que lo  más productivo es tomar lápiz y papel y comenzar a escribir. 

 Escribir lo que se vivió, y esto tiene sus pasos:

1- Analizar nuestras expectativas, creencias y comportamiento. Así nos podremos dar cuenta si éstas tres cosas estaban vinculadas o si por el contrario, como ocurre con frecuencia, teníamos una expectativa, teníamos creencias opuestas a las expectativas, y teníamos un comportamiento no acorde a lo anterior. 

Esta desconexión interna es muy frecuente, por eso es preciso armonizar lo que pensamos, deseamos, creemos, decimos y hacemos. Algunas veces somos capaces de saltar sobre una convicción sólo por el deseo de tener una relación, lo cual siempre pasará su factura. 

Como vemos en la ilustración, creer que nuestro corazón estaba enterito al comienzo de la relación es un error muy común, porque   cargamos con heridas desde nuestra infancia, que se revelan sensiblemente en las relaciones de pareja. 

2- Revisar qué aprendizaje me deja la relación. Esto está vinculado con las cosas que descubrimos de nosotras mismas. Qué cosa no sabíamos de nosotras y descubrimos en el proceso.

3- Revisar qué cosa supimos de la pareja que antes no sabíamos. Esto nos sirve para descubrir el autoengaño. Hasta qué punto habíamos proyectado nuestros deseos en el otro y no habíamos conectado con la verdadera persona. Hasta qué punto nos engañamos, colocándole a la pareja cualidades que no tenía.  

4- Revisar cuáles fueron las motivaciones que sustentaban la relación. A veces el sólo deseo de no estar sola, dependiendo de la persona que encontremos, puede convertirse en el peor de los errores.

5- Asegurarse que la separación se haya completado, no dejando cabos sueltos, que pueden convertirse luego en excusas para regresar sobre bases falsas, o contribuir a que la separación se haga más engorrosa.

Pocos temas están rodeados de tantos mitos como las relaciones de pareja, por ello la autoobservación nos puede dar muchas claves para sobrevivir con éxito, e incluso salir fortalecidas para volver a intentar una nueva relación.