jueves, 12 de abril de 2012

EL HIJO NO DESEADO


Llegando a la mayoría de edad tuve conocimiento de una afección muy dañina que se adquiría en el vientre materno, que radicaba en el hecho de haber sido concebido sin ser planeado, no haber sido deseado por los progenitores y en consecuencia, haber sido notablemente rechazado. Es una situación que ocurre, aún cuando tenemos acceso a los métodos anticonceptivos; bien por mal uso o porque no garantizan riesgo cero de embarazo, y en ello tal vez radica, la incisiva dolencia de tantos seres en el mundo que pudieron no haber sido concebidos.

Esta afección se hace más severa, si ese no deseo se incrementa con un sentimiento de rechazo activo por parte de los progenitores. No obstante, podemos apreciar una escala de gravedad según sean las privaciones y agresiones sufridas por el hijo, que van desde un simple advenimiento sin planeación, pero que fue aceptado y amado posteriormente, hasta el extremo de nacer con notable síndrome de rechazo materno, en cuyo caso se manifiesta como una hipotermia, con la piel azulosa, gris y blancuzca, con expresión contraída y claro estado de invalidez. Enfermeras de asistencia post natal, constatan que casi ningún bebé en ese estado sobrevive, y los que lo han logrado ha sido por la aplicación de tratos no convencionales, fuera de la rutina operativa, como fricción corporal, el abrazo, y la palabra cariñosa.     

Tal condición genera en el transcurso de la vida, baja autoestima, descalificación, sentimientos de invalidez y auto-rechazo, que puede llegar hasta complicarse con otros síndromes aún más complejos, como los asociados al suicidio.

Me pregunto si esta notable afección, no es el resultado directo de la aparición de los métodos anticonceptivos en la década de los 60, con los cuales ocurre una especie de libre albedrío en materia de reproducción, tanto para el hombre como para la mujer. El uso inseguro de dichos métodos, ocasionan discusiones, culpas, acusaciones que casi siempre recaen sobre la madre, la que lo tiene en el vientre. Sabemos que lo que se dice y se siente alrededor de una mujer embarazada, lo capta el bebé sin censura.  

En las sociedades agrarias de principio de siglo, muy atadas a la necesidad de familias numerosas, hemos de suponer que no sería muy recurrente esta afección, de alguna manera todos los hijos eran bienvenidos, porque aparte de ser considerado como un mandato divino, constituían mano de obra para el sustento familiar. Sin embargo, no faltaban los problemas de relaciones entre padres e hijos, regidas por maltratos domésticos o porque no calzaban las expectativas de ambas partes, incluso la mujer pudo sentir en el transcurso de su vida la injusta estrechez de su libertad, debido al ejercicio casi permanente de la maternidad.

La familia venezolana se ha transformado, el incesante movimiento rural-urbano, detectado por los sociólogos desde principios de siglo pasado, volcó hacia otro tipo de institución familiar, y generó una suerte de actividad sexual independiente del compromiso parental.

Llama la atención, imaginar cuál sería la densidad poblacional de no haber aparecido los métodos anticonceptivos, los cuales pudieron haber frenado la tasa de natalidad, pero que no dieron una segura respuesta ante los deseos de las parejas, y de los individuos.

Ser un hijo no deseado no sería una tragedia, comparado con otros síndromes que ocurren con los hijos deseados, dependiendo de las condiciones posteriores al nacimiento, de la dinámica durante la infancia y posteriormente si se asume una salida terapéutica adecuada; al fin y al cabo, el nacimiento es uno de los grandes misterios de la vida, sin embargo, ante la apertura al conocimiento, sabemos que es causa notable de disfunciones en las relaciones y de trastornos emocionales, los cuales se agravan con otros aspectos negativos de la vida.

Sin estadísticas al respecto, podríamos aproximarnos al hecho de que los hijos deseados han tenido una condición tan especial, que podrían estar en menor proporción con respecto a los no deseados, tal vez allí radique una clave para comprender la insania que observamos en casi todas las relaciones humanas. 

TODO EL MUNDO NECESITA AMOR



El afecto es una de las más fuertes necesidades del ser humano. Cuando un bebé es rechazado por la madre en el vientre materno, tiene serios problemas para adquirir las energías y los nutrientes que requiere para alcanzar su desarrollo pleno; en casos extremos de rechazo, se ha observado que el bebé presenta serios problemas debido a su profundo quebranto emocional, y al nacer manifiesta un síndrome similar a la hipotermia, con notables efectos sobre el color de la piel, la cual se torna en tonos azul-grisáceos a blancuzcos, con una expresión estresada en el rostro, que muchas veces conducen a la muerte de neonato. En las clínicas tratan de protegerlos en incuvadoras y es inútil, lo que necesitan es calor humano, y estímunos emocionales para rescatarlos del marasmo afectivo en el cual se encuentran; sólo así sobreviven algunos.

No cabe duda de que si ese embarazo se produjo sin ser planeado por la madre, o fue resultado de una violación, el nacimiento de ese bebé no cambiará las cosas, salvo escasas excepciones, nacerá  en un ambiente familiar y afectivo hostil. Se necesita mucha actividad o trabajo emocional para reconducir la estructura emocional, del niño que haya sufrido ese frío o vacío afectivo durante su gestación, y las madres que lo detectan a veces actúan con mucha culpa, lo cual es contraproducente. 

La reflexión es una sola, somos seres emocionales y mentales por excelencia, nuestra condición corporal, requiere un equilibrio entre los nutrientes físicos y afectivos, lo cual puede resumirse en Amor. 

En general somos una sociedad que sabe que la niñez es una etapa de grandes exigencias afectivas, pero en lo familiar y personal esos conocimientos son pasados por alto en todos los sectores de la sociedad, donde lo importante ha sido sustituido por lo superficial o lo conveniente. De allí que no tengamos entrenamiento, o riqueza interna como para asumir una maternidad y una paternidad responsable, la vida se asume casi por inercia, o por tradición, pocas veces por conciencia.

Así hemos crecido y hoy como adultos seguimos necesitando afecto como nutriente básico de una humanidad ya madura, y aunque con vivencias superadas, ansiando nuevas expresiones de afecto profundo, que no sabemos cómo encontrar.


En esta sabia letra de Sergio Pérez, con una melodía esplendorosa y unos acordes de su amado violin, nos sumerge en la perpleja realidad de un corazón humano que unifica a todos en una necesidad inevitable: el Amor.
  
"Llevo como una cruz marcada en el corazón, 
huellas que se pierden en la nada sin explicación, 
cuando te veo así callada y no sé qué hacer
podría desangrarme en tu mirada o echar a correr
pero el crudo instinto me hace regresar
buscado el sentido que se pudo escapar 
y es que el fin oculto de una intimidad
descubre de nuevo la eterna realidad 
TODO EL MUNDO NECESITA AMOR
TODOS TENEMOS CORAZÓN

y ahora, al volverte a ver me encuentro conque al despertar
cada ceniza recoge su cuento, para echar a andar 
y es que el fin oculto se recordará
por años de daños que no pudo evitar 
y es que el crudo instinto de la realidad 
nos pone a todos en el mismo lugar 
TODO EL MUNDO NECESITA AMOR
TODOS TENEMOS CORAZÓN
Y TENGO CORAZÓN, TENGO CORAZÓN

De acuerdo con esta buena reflexión de Sergio Pérez y sabiendo que todo el mundo necesita amor, la pregunta es ¿dónde se encuentra el amor y cómo se busca?, las voces de la nueva sabiduría contemporánea apunta hacia el mismo centro del corazón humano, el volcarse hacia adentro. 

Quienes lo han experimentado lo testimonian, que el amor no se encuentra en los demás sino dentro de nosotros, creo que hay quienes lo encuentran en forma natural, y son las privilegiadas personas que fueron nutridas en su infancia, con fuertes referencias de seguridad emocional familiar. Otros, los menos afortunados, lo tendrían que lograr a través de intensos trabajos con su interioridad, con lo cual iluminar de manera certera su conciencia, en cuyo caso, dejan de ser necesitados, y se convierten en seres completos, integrados.    

Osho, nos alerta sobre la equivocación que nos ata mental y emocionalmente a un concepto de amor que nos hace sufrir, por decir lo menos. Que cuando comprendemos lo que es el amor, dejamos de esperarlo de los demás y nos convertimos en amor, ser el amor en sí mismo, con lo cual se desvanece la necesidad de amar y ser amados.

El ser se convierte entonces en una entidad amadora, como el sol que nace e ilumina a todos, sin esperar que le retribuyan nada a cambio.

Alcanzado ese estado de perfección, Osho expresa:
Si el amor no viene de vuelta a ti, no te sentirás herido, porque sólo una persona que se ha convertido en amor puede amar. Sólo puedes dar lo que tienes. Pedir a la gente que te ame, a la gente que no tiene amor en su vida, a la gente que no ha llegado al origen de su ser donde el amor tiene su altar, ¿cómo pueden amarte? Pueden aparentar. Pueden decirlo, pueden incluso creerlo, pero antes o después estas cosas se sabrán que son sólo una apariencia, que sólo es una actuación, que es hipocresía.
Puede que no haya intención de engañarte, pero ¿qué puede hacer la persona? Tú pides amor y la otra persona también quiere amar. Ambos comprenden que se espera que tú ames, que sólo entonces puedes recibir amor; por eso intentas de todas las formas posibles tomar la postura del amor. Pero la postura está vacía. Ambos lo van a comprobar y ambos se van a quejar al otro de que eso no está bien. Desde el principio han sido dos mendigos pidiendo uno al otro, y lo único que ambos tienen son cuencos de mendigar vacíos. Ambos aparentan que pueden dar, pero su deseo básico es recibir. No pueden dar lo que no tienen.
Y los que lo tienen, los que han encontrado la fuente del amor dentro de sí mismos ya no necesitan ser amados. Sin embargo, serán amados. Amarán por la simple razón de que tienen demasiado; de la misma forma que una nube de lluvia quiere llover, de la misma forma que una flor quiere liberar su fragancia, sin deseo de conseguir nada. La recompensa del amor está en amar, no en recibir amor.
Y estos son los misterios de la vida: si una persona se siente compensada sólo con amar a los demás, los demás le amarán. Porque estando en contacto con ella, poco a poco empezarán a encontrar la fuente del amor dentro de sí mismos. Ahora conocen al menos a una persona que derrama amor y ese amor no surge de la necesidad. Y cuanto más comparte y derrama su amor, más crece la otra persona.”
Puedo comprender ese proceso que llega a ser místico, que parte de un profundo encontrase a sí mismo, y que se expresa en muchas condiciones de la personalidad. Esto me lleva a recordar a Melanie, un personaje de la novela: “Lo que el viento se llevó”, de Margaret Mitchell, prima de Escarlett O´hara, la protagonista de la historia, quien contenía esa pura esencia de un alma que está más allá del bien y del mal.
En medio de la Guerra de Secesión, Melanie se conduce con gran dignidad y con un sosiego que no le permite caer en las apasionadas actitudes propias de una sociedad de arraigo clasista; se muestra sensible, desprendida de prejuicios y miedos, asertiva, solidaria con los demás, especialmente con Scarlett, una villana refinada y descarada que pretende el amor de su esposo, Ashley. Melanie no le teme a nada, sabe, tiene certeza de la vida, aún cuando es una persona con una condición física débil, que al final la conduce a la muerte, a raíz de un embarazo no recomendado por el médico.
Asumir ese sentido de fe y de confianza, supone estar atado a una condición espiritual muy especial, una conexión con la energía más poderosa que proviene de lo infinito, sin embargo, se proponen trabajos psicológicos que logran reforzar esa certeza y contacto íntimo, para superar dependencias afectivas que en sus extremos, rayan en adicciones emocionales.
Enfoques psicológicos terapéuticos, parten de la explicación de que vemos en los demás la imagen interna que tenemos como figura deseada, y al enamorarnos lo hacemos, no de la objetiva persona que escogemos, sino que al otro le atribuimos características, que más tienen que ver con nosotros que con el otro. Una especie de autoengaño, que en este caso, se reconoce como enamoramiento, fase en la cual se disparan sustancias cerebrales, que no nos permiten tomar conciencia de la realidad que está afuera. A este proceso se denomina Proyección; es un proceso natural, involuntario, y para detectarlo requiere estar conscientes de él, mantenerse aquí y ahora, despojados de la reacción automática. 
Los románticos estarían en descuerdo de sustraerse de él, porque proporciona estados de felicidad invaluables, el asunto es que tiene una fuerte contraparte en el desengaño y el dolor que significa un falso amor. 
"Nos resulta más fácil enamorarnos que amar. Enamorarnos no requiere aceptar al otro como es, ni a las cosas como son, lo teñimos de nuestra necesidad... Amar si... Amar es pura consciencia para despertar y aceptar-nos como somos, y por lo tanto aceptar la realidad despojándonos de las ilusiones en todos los planos. Es dejar de necesitar al otro o a las cosas y sostenernos en la confianza en nosotros y la existencia, que requiere necesariamente un camino de autoconocimiento e integración con uno mismo". - Tab Dar
   

lunes, 9 de abril de 2012

RECRUDECIMIENTO DE LA VIOLENCIA HOMOFOBICA


 
Una nefasta noticia procedente de Chile, nos trae el relato de un triste y enervante hecho, Daniel Zamudio, homosexual, muere después de 25 días de agonía por agresiones físicas producidas por tres hombres, que se reconocen como neonazis.


Miles de acontecimientos como éste, deben haber en la historia humana que no son reportados.

Aparte de la discriminación, lo cual percibo como sólo una excusa para desparramar los instintos criminales de estas bestias, veo un absoluto irrespeto a la vida y a la humanidad que está en todos, una ruptura entre lo que soy y lo que eres, es decir, una ausencia de alteridad que clama ante los ojos de Dios.

Algo muy malo hay en esas almas, las cuales debieron aprender a reconocerse a sí mismos, a través de la bipedidad, (esta palabra la acabo de inventar: dícese de la postura bípeda de los humanos), que vieron en los demás. Asesinos empapados de la testosterona más nefasta que su masculinidad puede aguantar. Un aviso a la sociedad: ¡aquí estamos y vamos por ustedes!

Somos el caldo de cultivo de todas estas expresiones de agresividad, los valores morales que condenan condiciones humanas que no comprenden y la falta de familia, que pueda sembrar el amor en sus integrantes.

En nuestro hemisferio occidental somos herederos de mensajes religiosos contradictorios, Jesús dijo: “No vengo a abrogar la Ley, vengo a cumplirla”. Sólo pensar en todo el contenido moral que esa Ley judía traía consigo, puedo imaginar la confusión que produjo el planteamiento de una actitud humilde y mansa. La Ley definía la relación sexual entre personas del mismo sexo como como sodomía, una abominación, una inmundicia, por la cual fueron destruidas dos ciudades, Sodoma y Gomorra.

Me hubiera gustado que Jesús hubiera hecho referencia a este tema, ¿lo dejó afuera, o si lo dijo, no lo quisieron reportar? sólo se sabe que concibió como pecado a la prostitución, el adulterio, el robo, la indolencia, la hipocresía, y el irrespeto al Templo. Su gran mensaje fue el perdón, y el amor, “ama a tu enemigo”. 

Realmente, aún hoy es incomprensible tal entrega, tal desapego a las emociones defensivas.

La historia nos relata grandes gestas de saneamiento moral por parte de la iglesia católica, más inspirada en el poder estratégico y político sobre una feligresía por hacer cautiva, que en su verdadera conexión espiritual; esto lo lograron a través de Las Cruzadas, la Santa Inquisición y la perpetración del miedo al infierno.

Hoy, entre fanáticos, asesinos, sectarios, esquizofrénicos y la impunidad que los asiste, estamos ante estos horrores, explicados por la palabra discriminación, cuando la verdadera razón de estos comportamientos es un horrendo  vacío existencial que proyectamos en los demás. Una irreconciliable auto descalificación, que deja penetrar un demonio que hace de las suyas hasta que llegue la muerte propia. No en balde Jesús advirtió: “los envío como corderos entre lobos”, el alma humana revelada en sus dos polaridades.

Estos asesinos no entienden argumentos racionales, y menos explicaciones librepensadoras sobre la homosexualidad, no se trata de una agresión simple sino de una agresión compleja, me pregunto: ¿Qué les produce tanta agresividad, el comportamiento que ven afuera o un contacto que hacen con su sombra, la cual ya tienen a flor de piel?

Los discursos en contra de la homofobia, pueden ocasionar dos reacciones: que convenzan o que polaricen, porque no tenemos más que el argumento de la buena voluntad de aceptar a los homosexuales, asumiendo la diversidad sexual, cosa que no es comprensible para mucha gente. Por eso creo que el asunto no está en aceptar esto como una condición particular o natural, y menos ser tolerante ante ello, sino simplemente respetar la vida de todos como seres humanos, y que en el caso de los homosexuales los asiste el derecho como a todos, de ejercer su privacidad como les plazca.  

Creo que independientemente de mi opinión sobre el tema, mi obligación moral es respetar un comportamiento, del cual no tengo la menor idea de qué se trata. No sabemos nada sobre la homosexualidad, la gente cree que sabe, pero es un error, no sabemos nada, de allí la iluminada recomendación: no juzgues, lo cual no significa abstenerse de tener un punto de vista.

También es menester precisar, que toda opinión que no sea en pro de la homosexualidad, no es necesariamente homofóbica, considero en este caso a quienes cargados de la mayor dulzura y apegados a la letra bíblica, consideran que es una condición contra la cual el homosexual debe luchar internamente, porque consideran que es sodomía, pecado, pero que a su vez, son incapaces de señalar, acusar y tirar piedras, incluso sé de actividades de religiosas que ayudan y asesoran al respecto. Es su manera de dar al otro.

Otra postura ante el hecho es que aún cuando no sean afectos, amigos, solidarios, con esa condición, son capaces de ver por encima de todo, simplemente consideran que los homosexuales son seres humanos libres y merecen respeto.

Es propio reconocer que hay fanatismo de ambos lados, en pro y en contra, y la homosexualidad tal y como la veo, no es opcional, ¿qué sentido tiene atacarla o apoyarla?. Sería ideal que este asunto se descargara de tanta pasión, para tener un nivel de aceptación amplio, porque si fuese cierto que es pecado, cada quien que responda de sus actos en las instancias espirituales correspondientes; esto sería salirse de la dualidad bien y mal.

La sociedad está llena de problemas, por no decir caos, la soledad está ganando filas alarmantes, aún en medio de millones de personas; conectados a Internet, la gente se ha escudado del contacto cara a cara, y se pierde de ver el brillo de los ojos del otro, donde se encuentran grandes verdades, propias y ajenas.

Hoy estamos más expuestos a estas acciones de esos hijos sin padre, sin madre, sin afectos, inconscientes, monstruos que cobran víctimas sin que medie un arrepentimiento.

Finalmente, deploro la palabra TOLERANCIA, por favor no sigan con eso, no tenemos que tolerar nada, ¿quiénes somos para asumir una postura tan soberbia?. La clave es el RESPETO. La RAE contempla tres de las cuatro acepciones del término, con significado de soportar:

1.  tr. Sufrir, llevar con paciencia.
2. tr. Permitir algo que no se tiene por lícito, sin aprobarlo expresamente.
3. tr. Resistir, soportar, especialmente un alimento, o una medicina.

La cuarta acepción se refiere a:
4. tr. Respetar las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias.

Tal vez este último fue agregado por el uso que se está dando en la actualidad, sin embargo, no me parece muy afortunado. 

La sociedad carga con criminales que sólo tienen una excusa para matar, y la homosexualidad es una excusa fácil porque lo que la gente pide es TOLERARLOS: es decir: "POR FAVOR, PERMITEME SER HOMOSEXUAL". Esta no es la idea, porque nadie tiene derecho a darle permiso a los homosexuales para ser como son, nadie está por encima en este asunto. La privacidad es un valor y eso se llama RESPETAR, ¡no es asunto tuyo, pues!.
 

sábado, 7 de abril de 2012

SOBRE RACISMO Y OTRAS DISCRIMINACIONES



Es admirable cómo las sociedades van cambiando sus valores, pero, de un extremo al otro, se ve cómo caminan con tal vehemencia al otro polo, y cómo generan de inmediato otros problemas.

La historia de la esclavitud, la discriminación y el abuso hacia los africanos, traídos a la fuerza a América para peor, -porque ellos no se vinieron por su propio gusto-, generó posteriormente un racismo descomunal, fundamentado en la creencia de los blancos como raza superior; por supuesto que era “superior”, los africanos eran esclavos, el nivel más deplorable de la escala social. El color de la piel fue sólo una excusa aportada por la iglesia, al considerarlos como seres inferiores, sin alma, por lo cual se podían tomar como al ganado. Con este argumanto lapidario pasó lo que tenía que pasar. 

Al conservadurismo de antaño le ha seguido tal furor por la tolerancia racial, que ya no es posible expresar alguna idea, convirtiéndose en un  control social, que lo llamo "antirracista" entre comillas. Ahora tenemos que cuidar las opiniones y los gustos, porque de alguna manera a alguien ofendemos, aunque sea sin intención.

Esta exagera defensa a las personas de piel oscura (no comparto la expresión "gente de color"), y la custodia mediática de la opinión, a su vez está sustentado en el autorechazo, que grita muy alto, ya que está fundado en la no aceptación propia. Esta actitud, no nos llevará a ningún lado, porque es como si diéramos vueltas y vueltas en el mismo lugar, y no avanzamos.
 
Empecemos por el concepto de TOLERANCIA. Aquí tenemos a la RAE:

tolerar.
(Del lat. tolerāre).
1. tr. Sufrir, llevar con paciencia.
2. tr. Permitir algo que no se tiene por lícito, sin aprobarlo expresamente.
3. tr. Resistir, soportar, especialmente un alimento, o una medicina.
4. tr. Respetar las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias.

De cuatro acepciones, tres se refieren al aguante de la persona ante hechos externos que molestan. Esa fue la manera como de niña entendí ese concepto, cuando mi padre me amenazaba diciendo: “Eso no lo voy a tolerar”, se refería a supuestos comportamientos, que si se me ocurría ejecutar ya sabía las consecuencias. Por eso entendí ese concepto como una condición de los poderosos, quienes tienen tal superioridad como para llegar a tolerar o no, un agravio de los subalternos. Fuerte impacto de mi infancia, porque esa palabra nunca la uso y esa acción de tolerar nunca la ejerzo. 

No tengo idea de si estas cuatro acepciones de la RAE han definido el término desde siempre, o, que la cuarta fue incluida posteriormente, dado el uso o aplicación que se le ha dado últimamente, a raíz de los acuerdos internacionales para la convivencia humana. La palabra tolerancia ha cobrado espacio en los discursos políticos, de escritores, periodistas, filósofos y fanáticos de cualquier tema, pero no me convence, porque de cualquier manera implica superioridad.

Yo preferiría que se creara una nueva palabra para definir esa deseada actitud hacia los demás y hacia las diferencias que hemos tenido desde que el mundo es mundo. Si somos únicos, por la complejidad que nos caracteriza, ¿por qué seguimos insistiendo en la discriminación?.

La historia nos remite al origen de la natural y pésima actitud humana, de calificar las diferencias como signos de superioridad de unos sobre otros. Hasta la ciencia se alineó en este sentido, cuando utilizó el concepto de raza, para luego desmentirlo y ahora disfrazarlo con desdichados términos geográficos como afro-descendiente. Ser afro-descendiente es ser heredero de una sola región, no incluye a los americanos y eso lo resolvieron con afro-americano, pero hay otro problema, se incorporan otras nacionalidades, asiáticos por ejemplo, ¿seguirán abriendo conceptos necios para definir a grupos humanos cada vez más mestizos, más integrados?.

En mi caso, entonces, sería hispano-indígena, mis hijos hispano-indio-marroquíes, por un linaje que viene de la línea paterna. ¿Por qué nos enredamos tanto, en el empeño de esquivar la palabra negro, blanco, amarillo?.  Al fin y al cabo, son colores objetivos de la piel, que nada tienen que ver con superioridad y que manifiestan una diversidad tan hermosa, que cuando se unen nos potencian, porque nos colocan “plumas de pavo real”, como dice el poeta venezolano. Venezuela es un Santuario de esas mezclas.

Volvamos a la palabra TOLERANCIA, la cual yo no tolero, porque no me siento por encima de nadie para tolerarlo, y no me someto a aguantar nada; lo único que tengo que hacer es conectar con el ser que hay en cada persona, y ello conlleva a respetar, amar, apreciar, simpatizar, ver con el corazón, disfrutar de las diferencias y aceptarlas como dones naturales o artificiales, porque ahora con la ciencia y la tecnología estética, muchas cosas nos cambiamos y seguimos siendo las mismas personas, pero más alegres, más felices. Podríamos decir, que la clave está en ser indiferente ante la diversidad, o ser amplio ante ella.

Todos sabemos que seguiremos evaluando a los demás, especialmente sobre asuntos que nos pongan en peligro, a veces nos encontramos con gente que no nos simpatizan y otra que nos hacen espejo maravilloso, donde incluso los aspectos físicos de las personas, tienen su importancia.

Tendríamos que hacernos una limpieza mental de la discriminación, aunque seguiremos analizando, diferenciando, estableciendo criterios para poder relacionarnos. Escogemos a nuestros amigos, pero a quienes no escogemos no los tenemos que tolerar, sino respetar, porque nadie está en esta vida para complacer los gustos y expectativas de los demás.  
 
Recientemente leí una noticia que alarmaba a los lectores, ¡un hecho inconcebible!, a Robert De Niro se le ocurrió hacer un comentario que supuso humor, sobre el color de la piel de la primera dama de EEUU, dijo algo así como: 

“¿Creen que el país está listo para una primera dama blanca?” 


El revuelo que causó, lo hizo pedir disculpas, todos los aludidos se sintieron humillados, avergonzados, y le exigieron a Obama que intercediera en solicitud de una disculpa a De Niro.

Este revuelo está ocurriendo, porque con la misma vehemencia racista contra las personas de piel negra, se está operando una energía en reversa casi tabú ante ellas; además, aún hay mucha sensibilidad con el tema, la gente se quedó pegada y nadie avanza, porque ahora en lugar de haber respeto, se promueve la represión. 

Esto nos lleva a considerar que tenemos dos opciones: 

1-   1-   O, seguimos nutriendo el concepto de raza, el cual básicamente alude a la superioridad de los blancos sobre los demás, y agregando la tolerancia  para exorcizar el racismo, convirtiendo el color de la piel en un tabú espantoso del cual nadie habla, pero que se oculta en su lado oscuro, lo cual es muy peligroso. 

2-  2-    O aceptamos de una vez por todas que no existe superioridad del blanco sobre los demás colores de piel, y apreciamos que los colores son irrelevantes en materia de evaluación humana. Esto implica no ofenderse cuando alguien con mala o buena intención alude a esta condición física.

La primera opción implica una eternización de la discriminación, que empieza por los mismos ofendidos. Nunca me he ofendido porque alguien me diga que soy india, o que soy latinoamericana, y hasta sudaka, quien tiene palabras enconosas que cargue con sus maledicencias. El racismo es una actitud basada en la ignorancia, y nunca sabremos cuándo y cómo se anida en el corazón de quien habla, pero si la misma persona aludida, le da una respuesta asertiva y no ofendida, lograremos ir borrando esas actitudes. 

Nadie debería ofenderse porque le digan negro, para mí ser negro es tener una tremenda voz, es tener fortaleza física, es tener calidad en las piernas para bailar, tener una dentadura formidable, cualidades para hacer música y todos los demás atributos del ser humano, y a la prueba me remito:

 http://www.youtube.com/watch?v=040W-Q3LvPs&feature=related

La antropología determinó que no existen las razas, que lo que hay son diferencias étnicas, lo cual no me convence, porque la etnia no alude a las características físicas del ser humano. Debería haber un concepto que identifique esa maravillosa variedad de colores de piel, formas del cabello, color de los ojos que hacen una riqueza de personas e incluso una manera fácil de identificar a cada una.

De Niro pecaste, Obama y esposa, no se ofendan, NO TOMEN DISTANCIA, es un error, porque el color de la piel es una riqueza, no una vergüenza.

La única manera de salir de este atasco sin sentido, es que se acepte la verdad científica: no hay superioridad entre las personas, por razones raciales.

La clave puede estar en no ir en contra del racismo, la Madre Teresa, dijo: “No me inviten a ir en contra de nada, cuando me inviten a ir a favor de algo, asistiré”. 

Darle importancia a los comentarios y armar un escándalo, por la ofensa que supone la alusión al color de la piel, nos hace racistas, porque no nos aceptamos como somos, o al cuerpo que tenemos.

¿Cuándo nos aceptaremos de verdad? si le decimos negro a un negro se ofende, son los primeros racistas, porque no se aceptan como negros, y si no se aceptan ¿cómo van a esperar que los demás lo hagan?, cualquier discriminación termina cuando no hacemos caso de ella, todos tenemos algo por lo cual ser discriminados, por ricos, por pobres, por feos, por bellos, por indios, por blancos,  por flojos, por trabajólicos, por extranjeros, por nacionales, por las ideas, por la religión, ¿entonces? todos somos vulnerables, y de paso todos somos parientes, como dice Rubén Blades:

http://www.youtube.com/watch?v=hvIcIRsRces 

El ser humano no se cansa de buscar motivos para discriminar a los demás, sólo que hay más relevancia en los temas raciales y con la orientación sexual. Con la diferencia de que en el caso de la primera, los aludidos se ofenden, y en el segundo los aludidos se enorgullecen, como si la homosexualidad fuese una condición lograda por méritos propios, cuando su propio argumento es que la homosexualidad es natural. 

Son dos temas que tenemos sobre el tapete, que provocan opiniones polarizadas y generan mucha pasión; veo que estamos olvidando lo importante, el RESPETO para sí y para los demás.

La lucha contra del racismo y la homofobia es un error, porque genera contrarios, en lugar de ir a favor del ser y el despertar de la conciencia de cada uno. 

Cuando se impone una idea siempre se generan opositores, especialmente cuando se trata de asuntos tan arraigados en la cultura, como estos temas; no se puede convencer a nadie con argumentos de contenido, sino con recursos éticos, con el desarrollo de la alteridad y generando criterios autónomos, en lugar de estar como en una marea, arrastrados por la voz de quien grite más alto.  

La Madre Teresa tenía razón, ir a favor de la paz, la comprensión y el respeto, lo que se resume en ir en pro del AMOR.

domingo, 25 de marzo de 2012

TOMAR LA JUSTICIA POR SU PROPIA MANO


“Tomar la justicia por su propia mano”, ha sido un delito desde que la sociedad se organizó bajo las leyes civiles del mundo moderno. Sin embargo, este sistema no ha garantizado la justicia plena, bien sea por dificultades propias del oficio, o por corrupción, también muy común en el ejercicio del poder.

En ambos casos los afectados se han sentido más que frustrados, y se han producido expresiones de justicia alcanzadas por sí mismos.

El Estado no justifica la venganza personal, porque el delincuente está sujeto a la ley, no obstante, ocurren delitos que no tienen castigo y ahí surge un personaje que impone su propia justicia, incluso con ironía.

Recientemente tuvimos en pantalla grande la película española LA PIEL QUE HABITO, la cual me hizo recordar otra muy buena producción argentina, EL SECRETO DE SUS OJOS.

Asombrosos planteamientos en los cuales se pone de manifiesto un deseo de justicia desenfrenado. En la primera, se exponen explícitos  hechos de horror; condiciones patológicas de los personajes, en una trama que desencadena una secuencia de episodios que culminan en muerte y libertad.

Un médico afectado por la pérdida de su esposa y la consecuente demencia de su hija, secuestra y experimenta en el cuerpo de un joven que trató de abusar sexualmente de la última, y lo convierte en mujer. En condición cautiva, el joven es sometido a intervenciones quirúrgicas que lo transforman sólo por fuera, porque nunca perdió el sentido de su identidad verdadera, ni su contacto con la realidad que vivía, en manos de su captor, fortaleza que logra a través de los conceptos y ejercicios de yoga.

El médico planea y ejecuta un acto de venganza espeluznante, que transita por senderos de donde no hay regreso. El afectado dura seis años cautivo, y al final logra fugarse después de disparar a sus captores.

La “justicia por su propia mano”, surge como expresión de una venganza suprema favorecida por el poder y liderazgo profesional del médico, amparado en un narcisismo psicopatológico, al amparo de la privacidad y la bravura.

En el caso de la película argentina, un crimen queda impune, a pesar de que el culpable fue detenido, por el empuje de dos funcionarios honestos; el asesino y un personaje corrupto del poder judicial, -enfrentado con los funcionarios encargados del caso-, negocian, y el primero es incorporado al personal de la institución, incluso con autoridad para portar arma de fuego. Es el encuentro del mal con el mal, delincuente y funcionario corrupto, asociaciones muy frecuentes en los sistemas de poder de muchos países del mundo.  

La justicia viene de manos del esposo de la víctima, un personaje invisible para los interesados en la impunidad, quien después de un duelo muy sentido, y con información clave proporcionada por los funcionarios que investigan el caso, hace un impecable seguimiento del criminal, quien había sido exonerado por malabares intra y supra institucionales.

El asesino es secuestrado y encarcelado en una casa de campo lejana a la ciudad, para cumplir cadena perpetua sin derecho a comunicación ni siquiera con su captor. Es impactante como el custodio del prisionero dedica el resto de su vida a una labor que nadie sospecha, por la insignificancia del personaje capturado.

A final, muchos años después, el film ofrece una impactante escena, cuando uno de los funcionarios, ya jubilado,  recorre el caso, contacta al esposo de la asesinada y descubre que aquel hombre gris, pacífico, aunque con una férrea voluntad, es el guardián de un solo detenido, el asesino de su esposa.

El prisionero al ver a una tercera persona, le suplica que le diga a su captor que le hable, la incomunicación lo tiene devastado, el captor ante la expresión de asombro del funcionario, con gran serenidad le dice concluyentemente: “Usted dijo que era Cadena Perpetua”

 No imaginaba el asesino que su compinche oficial, no lo resguardaba de “la otra justicia”, una suerte de efecto rápido y contundente, que lo privó de su vida, ¡qué paradoja! para él hubiera sido preferible que la justicia oficial lo juzgara, detuviera y tal vez con buen comportamiento podría haber logrado algún beneficio; al menos hubiera tenido contacto humano.
Una trama muy bien lograda,  la nula visibilidad del esposo de la víctima, fue el factor de confianza para torcer las circunstancias, lo cual resultó peor para el asesino.

EL SECRETO DE SUS OJOS, dirigida por Juan José Campanella, me dejó encantada por la actuación, los diálogos, el tema y especialmente por la secuencia se interesantes escenas que denuncian corrupción en el sistema judicial, la preponderancia de la rencilla personal por encima de la ética profesional, y especialmente, la fuerza de personajes que creen en la verdad y en lo correcto.

En estas historias, la justicia por la propia mano, tiene visos opuestos, la venganza enfermiza y la frialdad del médico en “La piel que habito”, se transforma en horror, pero en “El secreto de sus ojos”, se siembra un deseo en el espectador, que culmina en justicia lapidaria.  



viernes, 16 de marzo de 2012

¿POR QUÉ NOS PASA, LO QUE NOS PASA?


Sin duda es una pregunta que se remonta al inicio de los tiempos,  y aún no hay un consenso al respecto, es la incertidumbre humana; sin embargo, es interesante adentrarse por esos oscuros caminos de búsqueda, para darnos algunas pistas sobre el sentido de la vida.

Podríamos empezar por determinar que la vida es un misterio, que siempre van a ocurrirnos cosas desagradables, otras muy buenas, pero que la certeza sobre la causa de lo que nos ocurre no es posible obtenerla, al menos en este estadio terrenal.

Las respuestas pueden buscarse en las cosmovisiones colectivas y personales, la religión católica, entre otras, asume que estamos signados por el pecado original, lo cual nos separa del Creador, iniciado en el momento de la gran caída del hombre, de allí que estaríamos en este mundo, como en un lugar de pruebas, limitaciones, sacrificios, escasez, y encima, debemos estar agradecidos y alegres, aceptando todo lo que nos ocurre y poniendo la fe en Dios, que nos compensará en su momento debido; todo ello enmarcado en la dualidad bien y mal, y en un destino inevitable que conduce al cielo o al infierno, según hayan sido nuestras elecciones.

Esto me parecía en el pasado, un argumento de dominación, creado  con el propósito de aprovecharse de la candidez de los demás y sacar de ello beneficios de toda índole, de allí la búsqueda de otras respuestas. Hoy podemos decir que estamos bombardeados por mucha información al respecto, hay filosofías, no religiones, que explican estos enigmas, argumentando que cada ser o alma, posee un plan, y que a través de programas lo va cumpliendo, a fin de aprender de esas vivencias, especialmente el amor, la humildad, la fe, y en definitiva el desarrollo de la conciencia.

Es ya popular la recomendación de tener mente positiva, a fin de encontrarnos con menos dificultades, ya que se supone que la negatividad atrae lo malo, y que la mente positiva atrae lo bueno. No tengo objeción, quien anda pensando que le va ir mal, está envuelto en un manto oscuro, sin embargo, no es tan literal, hay gente muy conforme a quienes les suceden muchas desgracias, y gente pesimista que le va bien, aunque no lo reconozca. No creo que se trate de una varita mágica, creo que al menos podemos hacer el esfuerzo de poner toda la esperanza en las cosas por ocurrir, y dejar de analizar los hechos por venir, tomando sólo en consideración lo que nos ha ocurrido, cuando hemos fracasado.  

Es un asunto de escoger el punto medio, de entender que la vida es incertidumbre, de no caer en la ingenua creencia de que todo irá bien porque somos positivos, ni optar por la pesadumbre de lo contrario. Vivimos en un mundo material e inmaterial, tenemos cuerpo y alma, por ello nuestro mundo es terrenal y espiritual a la vez, por eso no podemos descuidar ninguno de los dos.

Si revisamos nuestra vida, podemos encontrar muchos ejemplos de hechos que nos ocurrieron sin nuestra participación, o al menos sin haberlo buscado, se nos tuercen los caminos y no tenemos idea a dónde vamos, a pesar de haber planeado otra cosa.

Creo que somos almas que temporalmente habitamos en cuerpos, con un propósito de vida que no siempre podemos descubrir, sólo tenemos una pista: nuestras vocaciones, preferencias y hasta nuestras pasiones. Quien no es capaz de luchar por lo que quiere, tal vez no cumpla con su misión en la vida, tal vez las dificultades para alcanzar lo anhelado sean las pruebas que debe superar, pero también, a veces, empeñarnos en algo que no logramos, sólo porque nos gusta, puede ser precisamente la dificultad que venimos enfrentar, el muro que no debemos saltar, la prueba para sabernos capaces de renunciar. ¿Cómo saber cuál es la decisión correcta, cuándo luchar y cuándo abandonar?

La renuncia puede ser una meta escondida, detectarla tiene un gran valor en momentos precisos, porque significa que reconocemos con humildad que aquello que anhelamos no nos corresponde; ello trae una gran fortaleza, porque en la situación contraria, la satisfacción de nuestros deseos nos hace débiles, seguros, nos deja relajados y desprevenidos.

Tener la capacidad de detectar ese momento crucial para soltar, es una habilidad de la inteligencia emocional, porque es la pasión lo que no nos permite ver con claridad.  Muchas veces he pasado por vivencias que me han dejado sorprendida, al desear y tener tantas expectativas sobre alguna cosa o hecho, y ante la imposibilidad de alcanzarlo me desapego, renuncio, y la verdad es que no pasa nada, me siento bien, estoy completa. Realmente no sabemos cuándo perseguimos una ilusión vana o sueño engañoso (desde el ego),  o cuándo una meta del alma.

Andrés Eloy Blanco (1896-1955), ilustre poeta venezolano, nos enseñó una lección, con su fantástica apología a la renuncia, proceso que lo condujo a reencontrarse consigo mismo, a ser su propio dueño, la fortaleza interna que proporciona el desapego, haberse liberado de una pasión desenfrenada.

LA RENUNCIA

He renunciado a ti. No era posible.
Fueron vapores de la fantasía;
son ficciones que a veces dan a lo inaccesible
una proximidad de lejanía.

Yo me quedé mirando cómo el río se iba
poniendo encinta de la estrella...
Hundí mis manos locas hacia ella
y supe que la estrella estaba arriba...

He renunciado a ti, serenamente,
como renuncia a Dios el delincuente;
he renunciado a ti como el mendigo
que no se deja ver del viejo amigo;
como el que ve partir grandes navíos
con rumbos hacia imposibles y ansiados continentes;
como el perro que apaga sus amorosos bríos
cuando hay un perro grande que le enseña los dientes;
como el marino que renuncia al puerto
y el buque errante que renuncia al faro
y como el ciego junto al libro abierto
y el niño pobre ante el juguete caro.

He renunciado a ti, como renuncia
el loco a la palabra que su boca pronuncia;
como esos granujillas otoñales,
con los ojos extáticos y las manos vacías,
que empañan su renuncia, soplando los cristales
en los escaparates de las confiterías...


He renunciado a ti, y a cada instante
renunciamos un poco de lo que antes quisimos
y al final, cuántas veces el anhelo menguante
pide un pedazo de lo que antes fuimos!

Yo voy hacia mi propio nivel. Ya estoy tranquilo.
Cuando renuncie a todo, seré mi propio dueño;
desbaratando encajes regresaré hasta el hilo.
La renuncia es el viaje de regreso del sueño…