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viernes, 25 de diciembre de 2020

EL PERDÓN



El perdón ha tenido muy buena reputación en occidente, es la esperanza del culpable no arrepentido, obtener un fallo a favor ante las autoridades pertinentes, bien sean terrenales o divinas.

También es una popular recomendación en los últimos tiempos, para elevar la espiritualidad. Se argumenta que quien perdona se libera, es quien sale ganando en la acción. Muy justificado argumento, pero ¡cuidado!, si lo que se desea es liberarse de la atadura del odio, no es necesario comunicar tu perdón al culpable. Perdona para tus adentros.

Esto lo comento porque un buen arrepentido no desea el perdón. Quien perdona deja al agresor con la carga de la culpa intacta, el perdón no quita el pecado al pecador. El perdón sólo libera al agredido o al ofendido. Aunque en algún caso, ese acto de perdón provoque un efecto demostración favorable, por la autoridad de quien perdona, un buen arrepentido no se conforma con el perdón, necesita reponer, corregir, reparar, sólo con la reparación posible se obtiene el autoperdón, que es el más importante perdón que existe.

Para ilustrar fehacientemente lo que quiero exponer, les hago referencia al Cuento de Navidad de Charles Dickens, un relato muy aleccionador sobre un personaje ruin que se convierte en el icono de la transmutación, el malvado por excelencia que da un giro inesperado, por la lección contundente de tres espíritus que lo hacen reflexionar ante el peligro de perderse en la tenebrosa oscuridad de la muerte cargando cadenas, como los fantasmas de antaño.

Hay muchas películas de El Cuento de Navidad muy bien logradas, pero recientemente surgió una versión adaptada, del año 2019, protagonizada por Guy Pearce, con un planteamiento excepcional sobre el proceso de la culpa profundamente trabajada. La vi en el Canal FOX ACTION

https://youtu.be/mcMBZuSSZmM

martes, 8 de diciembre de 2020

EL PERDON DE LOS PECADOS




Una de las peores y mejores situaciones que vivimos, la tenemos en el estado de arrepentimiento. Un buen proceso de arrepentimiento tiene como corolario el reconocimiento propio de haber cometido un acto incorrecto, y el propósito para remediarlo. Es extraordinario cuando se promueve desde la reflexión del sujeto que cometió la falta, porque pulsa en él el sentido ético y las emociones de rechazo hacia las malas acciones. Quien pasa por este proceso cambia y asciende. 

El perdón surte un efecto favorable en quien lo solicita, no obstante es más beneficioso para quien lo da, porque lo libera de seguir por la senda del rencor, el resentimiento y la venganza. La culpa es un estado de conciencia que desgasta y descalifica, por lo cual es un medio utilizado por los malvados para manipular a los demás. Se ha usado en escenarios laborales, políticos, religiosos y familiares, y es en la familia donde causa mayor impacto, porque es donde se anidan los males y bienes de la adultez. 

Se puede imaginar cómo sería el desorden social inicial, cuando los humanos se fueron organizando en comunidades, se necesitaban mecanismos de control social, y de inmediato surgió a través de autoridades impuestas con leyes y mecanismos de comportamiento que ordenaran el proceso. 

La religión fue y sigue siendo el escenario más propicio para sentar las bases de utopías espirituales, para un comportamiento adecuado y controlado por jefes y sacerdotes. Como lo referí en otra oportunidad, podríamos asumir que el sentimiento religiosos pudo ser la primera expresión de la cultura de los pueblos, por ello es tan poderoso  el contenido que cada quien asume, incluso quienes voluntariamente no siguen adoraciones de ningún tipo, los ateos. Tener una convicción espiritual, es una constante psicológica, es un espacio que se llena consciente o inconscientemente.

Con base en estas premisas, podemos captar una diversidad de creencias religiosas que se afincan en la culpa, sin ir más lejos la base fundamental de la religión católica es la culpa de tener el Pecado Original, como parte esencial de la estructura del alma, como herencia de un acto indebido cometido por los padres de la humanidad. 

Otras enseñanzas espirituales no lo ven así, incluso dentro de la tradición judía, la Kabbalah, el aspecto esotérico de esta cultura, plantea que el mal de la humanidad partió, en el momento en el cual la Fuente mayor de energía universal produjo un fenómeno creador, poniéndolo frente él para darle la luz máxima para su estabilidad, y resulta que como esta creación era su doble, también tuvo la impronta de querer emitir luz como su creador, pero no le era posible, porque toda la luz posible la emitía ese creador. De tal manera que ese creado, o hijo, pidió al creador que no le diera luz, para él poder dársela a sí mismo, lo cual causó una gran oscuridad en ese creado, sólo quedó un rastro o resto de la luz que recibía, como cuando un vaso de leche al vaciarse queda leche en las paredes del vaso. Desde ese momento ese hijo que somos nosotros, tenemos la obligación de bregar con nuestra oscuridad y proporcionarnos la luz necesaria, porque tenemos como herencia el don de producirla. 

Esta visión es más coherente con los procesos grandiosos que vemos en nuestra realidad, cuando una persona lucha por alcanzar altos niveles de crecimiento por su propio esfuerzo no tiene comparación con quienes obtienen las cosas regaladas. Creer que nos perdonan los pecados nos hace dependientes, pero creer que podemos limpiarnos nosotros nos da libertad de acción y logros firmes, aunque también tengamos fe en una protección espiritual, pero eso otro asunto.  

Ante el pecado original la religión católica ofrece una salida con el Bautismo. En lo sucesivo la persona seguirá cometiendo pecado porque está marcado, y para ello tiene la Comunión, tras un proceso de limpieza concienzuda, dirigida por un sacerdote. Visto así, este es un proceso psicológico donde el sacerdote actúa como sanador espiritual, porque escucha, perdona y pone una penitencia, que se cumple de inmediato y la persona se va "libre de toda culpa". No obstante, una culpa o sufrimiento mayor requiere tratamiento profesional, porque por ejemplo, la queja de un hijo sobre algún problema con su madre, de por sí, es considerado por el sacerdote como pecado, -a las madres ni con el pétalo de una rosa-, aunque sabemos que muchas madres realizan actos deleznables contra sus hijos, y la lista es larga.  

El problema de la culpa y el perdón a mi juicio fue resuelto cuando se reconocieron la Leyes Universales de Hermes Trimegisto, entre ellas LA LEY DE CAUSA Y EFECTO.

Toda acción causa un efecto, sea favorable o desfavorable, se inicia un proceso de inmediato, y eso nada ni nadie lo detiene, tarde o temprano regresará el efecto a quien lo causó, es como sembrar una semilla en buen terreno, crece una planta cuyos frutos nos pertenecen. Si el acto de arrepentimiento se da junto con su correspondiente reparación, de inmediato se vuelve a sembrar, pero en este caso va a nacer una planta distinta y favorable. No hay como dormir con la conciencia tranquila. 

Recuerdo un relato que nos refirió mi madre, quien nos contaba muchos episodios de su infancia rural, sucedió que en aquellos montes de Boconó por los años 30, una chica fue violada por tres jóvenes de la zona, con la consecuencia de quedar mentalmente afectada, o tal vez ya lo estaba y eso facilitó la violación. Pasado un tiempo uno de los violadores no soportó la culpa y fue a casa de ella y pidió a la chica en matrimonio, desde ese momento se encargó de ella con una dedicación fervorosa. No cabe duda de que esta reparación no alcanzó a satisfacer el daño, pero una acción como esta cuenta muy bien en la conciencia. 

El pecado es un término religioso, en lo civil se denomina delito, en ambos casos, la culpa es la consecuencia sana después de haber cometido un acto que dañe a otro. Quien no siente culpa es el psicópata, una condición que no tiene remisión porque no es una enfermedad. Hay psicópatas que han tenido una adecuada vida en la infancia y es posible que nunca ejecute su condición, la mayoría de los crímenes seriales los hacen personas que teniendo esta condición también fueron abusados en la niñez.

Las religiones occidentales o cristianas, se fundamentan en el perdón de los pecados como una regalía de un Dios misericordioso, incluso Jesus ha sido considerado "el mártir que dio su vida por nuestros pecados", lo cual nos coloca en una vergüenza universal, porque el mal no cesa, de allí las reiteradas peticiones tan profusas en estos tiempos.

Creo que aún no entendemos a Jesus, ni a nuestro papel en el mundo, aunque sea por aproximación, Jesus no pudo haber existido sólo para someterse a una tortura para limpiar los pecados del mundo y dejar a la gente como una tábula rasa para que al segundo se volviera a ensuciar. Jesus a sabiendas de que los llamados pecados no se perdonaban para hacer borrón y cuenta nueva, vino al mundo para abrirnos los ojos sobre la fabulosa existencia que tenemos porque continúa en los estadios espirituales para tener acceso a los secretos más elevados de la existencia.  

Perdonar los pecados es quitar al pecador un trabajo que debe realizar y cuyo proceso iría en su beneficio. No cabe duda que el criterio perdona-pecados forma parte de un sistema de control social, fundado en el miedo, la sumisión y la esperanza. Más o menos un sueño en vigilia.


  









    

sábado, 8 de enero de 2011

EL PERDÓN (III)


Perdonar y pedir perdón, son procesos vitales de limpeza interna.

Después de tanto darle al tema, ya que se impuso de una manera súbita, de pronto sugieron talleres sobre ángeles, perdón, imposición de manos, gemoterapia y mil cosas más; ya un poco más conscientes del problema de los rencores, hemos sedimentado algunas cuestiones:

1- El perdón debe ser otorgado libremente, por el agraviado.

2- Pedir perdón debe ser una decisión libre del agresor.

3- Hay niveles de ofensa, de agresiones, que determinan el impacto que causan en una persona, por eso, llegando a ciertos extremos  tal parece que hay agravios "que no tienen perdón de Dios". 
Conocer esta condición, produce un gran alivio en personas que sufrieron los horrores de la guerra, por ejemplo. Es posible que un resentimiento tal necesite más tiempo, más meditación, más de otra cosa, que permita al agraviado sentirse bien, y no como un despiadado que no quiere perdonar. Todo depende del agravio y la percepción cualitativa, y también del análisis objetivo del agravio.

4- ¿Perdonar es olvidar?, no necesariamente, hay personas que perdonan, olvidan y hacen borrón y cuenta nueva; hay otros que perdonan y no olvidan, porque no es lo mismo, siguen o se distancian del otro sin guardar rencor, y todo bien. El riesgo de olvidar es caer en la misma situación con la misma persona, y la bendición de olvidar es que se libera de tensiones.

5- ¿El perdón implica la reanudación de relaciones como si no hubiera pasado nada? depende, depende del problema y del tipo de relación. Es triste ver a familias separadas por conflictos irreconsiliables. Hay amigos que se separan y hay quienes después de un conflicto se unen con más fuerza. En cuestiones humanas no hay leyes. Lo que sí es molesto es mantener una tensión y no resolverla, pero a veces hay personas que disfrutan la tensión y haciendo daño, creen que ganan algo con mantenerse en tensión. Dejar congelado un conflicto, es lo mismo que llamar la atención a cada momento sobre sí mismo, a través del conflicto, es vivir en un pasado doloroso.

6- ¿Estar enojado con alguien produce placer?  A veces y a determinadas personas. Si pueden recordar alguna vez, cuando tuvieron un enojo con alguien, verán cómo se sentía esa energía de rabia hacia el otro, y la sensación de que al odiarlo, él era el perjudicado. Era una sensación plena de venganza a distancia, donde se creía estar en ventaja por tener la posición agraviada. Después de mucho tiempo he comprendido que eso es tener la autoestima muy deteriorada. Nadie se afecta por tu enojo si no quiere, si no le importa.

7- La nobleza del perdón enaltece al Rey. Quien perdona da signos de mayor fortaleza que quien se mantiene en el rencor. El reconocimiento de que la ofensa del otro es posibe perdonarla ubica a la persona en un escalón elevado de humildad. ¿Quiénes somos para sentirnos ofendidos? Es un nivel elevado de conciencia. Por eso no me parece apropiado el párrafo del Padre Nuestro cuando dice: "perdona nuestras ofensas", porque Dios no se ofende con nada, ¿acaso Dios es humano para ofenderse, para entristecerse, para asombrarse?, él está curado de espanto, él sabe de los daños más atroces que puede ocasionar el hombre. Creo que deberíamos pedir: "concédenos el don del perdón para nosotros y para los demás"  
 

EL PERDÓN (II)


El Perdón, por ser un momento de levantamiento de la culpa, es un ritual esencial en la vida, somos seres completos con vidas complicadas, aún con las mejores intenciones somos capaces de hacer daño.

La iglesia católica nos proporcionó el sacramento de la comunión, la cual es válida sólo que lleguemos a ella limpios de corazón, y para ello, allí está en confesionario. Maravillosa manera de entrar en contacto con una autoridad que representa la divinidad; hoy ya tenemos otras formas de exponer nuestras penas, las que siempre se exorcisarán más rápido con la ayuda de autoridades profesionales o espirituales.

Qué alivio confesarse y sentir que estamos libres de culpa y que al cumplir la penitencia hemos alcanzado la gracia de conectarnos con Dios; hoy entiendo que Dios nunca nos ha abandonado, que nunca se ha separado de nosotros, porque lo llevamos dentro. La iglesia ha incorporado nuevos enfoques, y aún cuando no realices la comunión, te invita a centrarte mentalmente y recibir a Jesús. Maravilloso.

El acto de pedir perdón y perdonar son rituales esenciales en la vida, porque la culpa es una carga innecesaria y muy pesada. Esto tiene dos sentidos:

 1- El que se siente culpable:

Los terapeutas modernos no dudan que un sentimiento de culpa puede producir patologías serias, y en ello concentran su atención cuando aparece en el escenario del paciente; pedir perdón no necesariamente requiere confrontar a la persona agredida, incluso podemos realizar ese ritual o proceso, con personas ya fallecidas, porque el asunto está en el paciente. Es una decisión libre de quien se siente culpable.

2- El agraviado:

Cuando el ofendido resiente la ofensa a tal punto que siente rencor, y actúa en consecuencia, es un asunto que también debe tratarse, a fin de perdonar a su agresor. En este caso no necesita obligadamente que la persona que lo ofendió le pida perdón, no es así como se libera el rencor, si fuera así, la persona ofendida estaría en serios problemas de autoestima, que requiere que el otro se humille, o quiere verle el hueso, como se dice.

Veo en estos dos casos, un fenómeno personal, no se trata de un careo, de una confrontación, si así fuera no podríamos resolver conflictos con los fallecidos, en cuyo caso sería un atavismo de horror.  

El perdón es un proceso liberador, una terapia, que debe ser voluntaria, a nadie se le puede obligar a perdonar o a pedir perdón, no se puede invadir a otro para que perdone o pida perdón, es un irrespeto. Sólo debe partir de una decisión personal, después de un análisis del hecho y del reconocimiento de los factores que intervinieron en el conflicto; si esos aspectos no están bien digeridos, o si lo están, y no existe la necesidad de proceder, es inútil cómo lo vea otra persona.

Por eso, el proceso del perdón es un asunto íntimo, es la persona con su conciencia, aunque puede hacer partícipe al otro. Recuerdo un pasaje de la película: "Línea Mortal" con Julia Robert, cuando uno de los protagonistas viaja a otra ciudad a buscar a una persona con quien estudió en su infancia, la localizó para pedirle perdón por las burlas que le hizo y por el acoso que recibió por ser de piel oscura.
Esta es una manera fáctica de hacerlo, pero lo pudo haber hecho sin necesidad de visitarla. 

He visto que sea cual sea la motivación ante el perdón, por la vía mística o por razones terapéuticas, el resultado es transformador, si antes  la confesión se hacía muy mecánica, especialmente porque era requisito para comulgar, y en mi caso el resultado era una segura comunión con Dios, quien ha sido mi verdadero Jefe, ahora se ha extendido al ámbito del consultorio profesional, para ayudar a tantas personas que necesitan otro enfoque para resolver.

Un terapéuta podría decirme que ese jefe es tu Yo interno, a quien le debes explicaciones y con quien deseas estar bien, sí, es mi conciencia, por eso ahora sé que Dios está dentro de nosotros, y afuera también, no hay separación entre afuera y dentro, somos una sola energía, sólo manifestada en caras, personalidades y mil cosas más.

EL PERDÓN (I)

Pocas veces el perdón ha tenido un protagonismo tan grande como en los últimos 20 años, surgió como tema de conferencistas laicos, quienes pusieron sobre el tapete un asunto que había sido potestad del ámbito religioso.

Nos enteramos que perdonar es vital para la salud física, mental y psicológica, pero de lo que estaban hablando verdaderamente, era de la salud espiritual, la que genera las demás.

La reacción no se hizo esperar, miles de talleres surgieron para dar herramientas propicias para realizar esa hazaña, porque estábamos acostumbrados a pedir perdón a Dios, no a perdonar. "¿Quiénes éramos nosotros para perdonar? ...que te perdone Dios". Y si por alguna razón alguien te pedía perdón, era hasta incómodo sentirse en ese papel tan elevado.

Los más formales se confesaban en la iglesia, pero a la media vuelta volvían a cometer errores, era un acto superficial, cargado de culpa, donde nos sometíamos a una evaluación que producía un dictámen, que nunca recibíamos, sólo nos mandaban a rezar tantos Padres Nuestros y tantas Ave María. Me sorprendía que esas penitencias eran mucho menores que los rezos que yo hacía por mi propia cuenta, porque siempre me ha gustado ese mundo místico, ese olor a cera de las iglesias, esas cúpulas elevadas donde siento mano de Dios en mi cabeza.

De niña, en el colegio de monjas Inmaculada Concepción, en Maracay, nos llevaban todos los lunes al sótano del colegio, era un edificio colonial, hermoso, con azulejos; ibamos en fila, bajábamos por una escalera muy ancha y de escalones bajitos y amplios; a mis 5 años y con mis piernas de trapo, porque me caía a cada rato, era una gran seguridad subir  y a bajar por ella. Hoy ese edificio es el lugar donde está la impoluta monjita María de San José en Maracay, Estado Aragua.

Cuando nos llevaban a esa capilla yo me sentía feliz, me encantaba su olor a cera derretida y el ambiente de recogimiento que había en  el recinto. Las monjas siempre recordaban llevar el velo para entrar a la capilla, pero a mí se me olvidaba, en realidad mi mamá no me lo habia comprado, y cuando yo llegaba sin el velo, las monjas me ponían un cucurucho de periódico, tal vez con la intención de humillarme, pero yo estaba hecha a prueba de humillaciones, no sentía NADA, al contrario, me encantaba que me pusieran ese cucurucho, era divertido, lo único que yo quería era ir a esa capilla a oir la misa, las demás niñas se podrían reir de mí, nunca las oí burlarse, a los cinco años aún no hemos aprendido el código subhumano, pero aún cuando se hubieran burlado, yo no le daba importancia, nunca me afectó, y hoy lo recuerdo como un momento hermoso donde me encontraba con Jesús.  

Recuerdo que en ese colegio estudiaba una chica muy bella,  muy sexy, era madrina de bautizo de mi hermanita, esa muchacha era muy rebelde, para la época era un caso que le daba bastantes dolores de cabeza a las monjas, uñas pintadas, peinados sugestivos,  zarcillos, pulseras escandalosas... hasta tenía un novio, que luego fue su amante esposo hasta hoy, era una jovencita encantadora y hoy es una mujer hermosa, con muchas cosas que contar. 

Un día iba yo muy contenta en la fila para bajar a la capilla,  con mi reiterado cucurucho en la cabeza, de pronto sentí un huracán que me arrebató de un sólo golpe el cucurucho y me colocó un velo tan grande que me llegaba a los pies, las monjas protestaron por su intromisión y ella quedó discutiendo con ellas, porque era una abogada de nacimiento. 

Me hizo sentir bien, pero no era que el cucurucho me molestara, al contrario, lo asociaba a la ida a la capilla, y en todo caso, era una cosa que estaba fuera de mí; realmente no sé de dónde saqué esta convicción  tolteca, -para decirlo en términos de Miguel Ruiz-, en una sociedad tan represiva, (años 50), y donde "el qué dirán" era una  zoga perenne en nuestros cuellos.  

Allí aprendí los rituales de la Iglesia, me gustaban mucho, pertenecí a la juventud católica, para luego incorporar cambios que apliqué en la educación de mis hijos; les permití que ellos escogieran su creencia, no porque a mí me hubiera resultado mal mi educación, sino por el sentido de libertad que nos otorgó Dios desde siempre.

Como una Hada bella, me sentía yo con el cucurucho de periódico y mi uniforme blanco de piqué almidonado, con adornos azul marino:

sábado, 27 de marzo de 2010

DEL RENCOR Y DEL PERDON


Como ya había comentado, en nuestro interior moran el miedo, la ira y el amor, emociones que nos permiten sentir y vivir el mundo. El asunto es que estas emociones en una proporción adecuada son útiles y beneficiosas, pero que en exceso o defecto nos causan los mayores males.

Mantener un equilibrio entre ellas nos hace estables y nos facilita el desenvolvimiento social, pero para alcanzar ese equilibrio  podemos tener una desventaja, debido a  las deficiencias amorosas en nuestros primeros tiempos de vida, o sea, que para poder relacionarnos necesitamos de una energía afectiva inicial, que es capaz de crearnos resistencias tanto amocionales como físicas, y  cuando esto falla, lo estaremos expresando posteriormente.
 
Sin contar los casos de patologías serias de la personalidad, el común de las personas va teniendo vivencias con las cuales va acumulando memorias desagradables que se convierten en una carga emocional inútil, pero difícil de superar. 

Hablemos puntualmente de los casos en los cuales se guardan resentimientos, o sea, sentimientos reeditados,  repetidos, vivos, actualizados, inmóviles, paralizados, inmutables, tenaces, un rencor. Terrible. 

Para ello se ha hablado mucho de las terapias de perdón, y a pesar de la buena intención, creo que no todo ha sido éxito, y creo que  una de las debilidades del perdón es su inevitable asociación religiosa,  el peso emocional de que nacemos pecadores, además de todo lo que el imaginario popular le atribuye al acto del perdón, la idea de que sólo Dios perdona. Y lo que es peor, aún cuando lo intentes, si no te resulta este proceso de perdón te quedas con culpa, entonces son dos los problemas: Rencor y Culpa, debido a esa perturbadora idea de que tenemos que ser buenos. Ante este asunto de la bondad, prefiero  optar por ser justa y libre.

Actualmente se conocen otros planteamientos mucho más exitosos  para tratar el rencor, y sólo quiero referirles dos autores: 

Carola Castillo, una venezolana que ha llamado mi atención hacia una magia maravillosa, la magia del reconocimiento y la honra que merece todo ser humano, es terapeuta de lo que se conoce como Constelaciones Familiares. 

En su libro Ecos del pasado, plantea la dinámica familiar, como un sistema donde cada personaje vive y actúa tal como lo hizo,  y  que la influencia de esos comportamientos pasan a los descendientes  en forma de perturbaciones, dolores e inestabilidad, sin que por ello debamos juzgarlos. 

Ofrece la terapia de las constelaciones familiares, reconociendo a la  familia como recurso y no como problema. Nos alerta a que no  creamos que las heridas producidas en el devenir familiar deban ser tratadas a través del perdón, porque realmente no tenemos nada que perdonar, sólo reconocer que nuestros antepasados nos dieron la oportunidad de nacer, de estar aqui.

Entonces, el camino no es el juicio, la culpabilidad y el perdón, y esto vale también para salir de los atascos emocionales que podamos tener con otras personas. 

El principio que recomienda NO JUZGAR, tiene también para el sabio mexicano Don Miguel Ruiz, un punto fundamental cuando nos plantea sus cuatro famosos acuerdos, a fin de establecer con los demás una relación en la cual evitemos engancharnos. Brevemente, y se los presento en el orden que me resultó más comprensivo para mí:

1- No te tomes las palabras de los demás como algo personal: cada persona vive una experiencia particular en su mundo, capta la vida diferente a los demás, actúa por diversas motivaciones, su historia es irrepetible,  y lo más importante la gente cuando habla lo hace desde su visión, todo lo que dice habla de él, no de tí. Esto te dará gran tranquilidad porque no te enganchas con la palabra del otro.

2- No hagas suposiciones: la relaciones interpersonales se basan en la comunicación, ante la duda no supongas, pregunta, investiga, que las apariencias engañan y es más rápido, sano y esclarecedor buscar la verdad que suponer. Además, aprende a preguntar, no prestes oídos a los chismes, comunícate con claridad.

3- Sé impecable con tus palabras: no digas nada que pueda ser usado en tu contra, controla lo que dices, porque la palabra sin control es expresión de la emoción que te domina, evita las que proceden de miedo y a ira exaservados. No juzgues ni sientas culpa y abandona la necesidad de tener la razón, que cada quien tiene su verdad, sé honesto.

4- Has siempre lo máximo que puedas: pero teniendo en cuenta que a cada instante cambia nuestra capacidad de dar, no des cuando estés cansado lo que podrías dar por la mañana, no creas que hacer lo máximo es sacrificarse, es sólo hacer lo más que se puede, para ello necesitas conocerte y calibrar tus potencialidades, para no abusar de tí mismo. El exceso en el hacer siempre crea resentimientos, porque estos esfuerzos  pueden no ser reconocidos, por ello da lo maximo sin esperar  retribución, para ello disfruta en ese hacer para que ese hacer sea tu recompensa. Empieza por hacer lo maximo contigo mismo, con tu cuerpo, tu salud, tu mente, tu alma.  

Con estas recomendaciones de Don Miguel se puede ir muy lejos, lo percibo como una terapia laboral, porque hay que trabajar mucho para seguir estos principios, yo le agregaría la alegría de vivir, no se puede ser tan serio, el buen humor nos salva, nos eleva y nos hace niños, nos aceita los rieles del tren de la vida.