Mostrando entradas con la etiqueta crisis. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta crisis. Mostrar todas las entradas

domingo, 4 de septiembre de 2011

EL MUNDO DE HOY

Cuando le damos una mirada al mundo, casi lo vemos en el planeta entero, se nos achicó la dimensión espacial, como dicen por ahí, "el mundo es un pañuelo", la tecnología de la comunicación, la economía transnacional y la globalización, hicieron lo suyo para que un ciudadano de Europa, de Asia, de América y uno de Australia usen al mismo tiempo, la misma camisa, los mismos electrodomésticos y vean casi los mismos programas de televisión. Lo local perdió vigencia.
 
El asunto más dramático de hoy podemos definirlo por la relación entre la gran cantidad de personas en estado de pobreza y las condiciones ambientales cada día más deterioradas. 
 
Esto me hace recordar a Robert Malthus, conocido clérigo, economista y demógrafo británico que promulgaba el control del crecimiento poblacional, argumentando que los alimentos crecían en progresión aritmética y la población en progresión geométrica, fue muy cuestionado a mediados del siglo XX, debido a sus argumentos discriminatorios, ya  que exponía que quienes no tenían familia que les proporcionara alimento, y si no era capaz de ser admitido en un empleo, no tenía derecho a ninguna ración de comida. 
 
En los años sesenta su teoría fue tenazmente desacreditada por su posición extremista y discriminatoria. No les faltaba razón, su deshumanización rayaba en fundamentalismo racista; además, en aquellos tiempos la población del mundo no pasaba de 3.400 millones de seres, y se discutían muchas teorías políticas basadas en la justicia y la equidad. 
 
Hoy, ya hemos visto que ni los argumentos demográficos de Malthus fueron revisados por todos los países, o al menos tomados en cuenta como reflexión, ni las teorías políticas igualitarias han dado respuesta positiva a la humanidad en su devenir; muy al contrario se ha producido un fenómeno que ha puesto a la humanidad al filo de una crisis, resultante de los diversos factores que polarizaron la sociedad en sectores empobrecidos y mini sectores enriquecidos. 
 
Ni siquiera la fórmula de la repartición equitativa de la riqueza ha sido probada en ningún lugar del mundo y ha dejado de ser una fórmula de esperanza; muy al contrario, las poblaciones pobres constituyen el argumento para mantener los discursos demagógicos de muchos políticos. 
 
En razón de que el comportamiento sexual es en definitiva la base del crecimiento poblacional, y que las olas de cambio paradigmático, entre otros, la revolución femenina del siglo pasado, crearon un fenómeno demográfico caracterizado por una explosión incontrolable, hemos de pensar que del mismo seno de la realidad humana surjan mecanismos de autocontrol no conscientes. 
 
La crisis financiera de hoy, la crisis de la familia, y las crisis que a nivel personal se suceden ante un mundo cada vez con más incertidumbre, han generado sólidas creencias de que estamos al borde de un colapso que dará a la humanidad una lección dolorosa pero al fín una lección, que inevitablemente tendrá que aprender. 
 
La manera como se están relacionando las parejas, el amor libre, descomprometido, la homosexualidad elegida, pueden ser mecanismos de control natal y aún cuando esto le haya dado un vuelco a la familia tradicional, dejándonos un mal sabor y nostalgia, pueden ser, sin lugar a dudas, una autoregulación insconciente. 
 
Llama la atención por otro lado, un fenómeno actual que está dando de qué hablar a muchos terapeutas y gurúes espirituales: el gran sentimiento de soledad que se ha extendido por la sociedad humana, mujeres y hombres desencontrados, jóvenes que desean conformar una familia y las posibles parejas brillan por su ausencia. 
 
Estamos viviendo en tiempos de caos, crisis, revisión, reacomodo, presentismo, incomodidad, incertidumbre y muchas veces paz, pero una paz por soledad, tal parece que aquella sentida y justa frase: "Más vale solo que mal acompañado", se ha hecho una realidad. Ayer nos quejábamos por tener relaciones disfuncionales, hoy por carecer de relaciones y aún no estamos conformes. 
 
He de suponer que estamos en momento de expresar otra sentencia más avanzada, a fin de que se regularice la cosa, porque no se trata de estar solo, se trata de estar bien acompañado.
 
"Más vale bien acompañado, que solo", para ir saliendo de este hueco. 
 
Con esto he llegado al punto central del problema mundial: el corazón humano. Y para no terminar tan triste, les invito a disfrutar esta maravillosa pieza, en la voz de una mujer con autoridad moral para decir: LA VIDA ES UN CARNAVAL.
 

lunes, 15 de agosto de 2011

LA CRISIS DE LA ADOLESCENCIA, LA CRISIS DE LOS CUARENTA, LA CRISIS DE LA MENOPAUSIA

Con bastante frecuencia oímos hablar de La Crisis de determinadas edades, que suponemos son procesos misteriosos por los cuales atravezamos todos los seres humanos, sin embargo, no sé a ciencia cierta si estos momentos están sustentados en hallazgos empíricos, o al menos, en condiciones especiales que marquen esos momentos, como para ser considerados relevantes.

Conociendo además que muchos terapeutas se especializan en períodos específicos, dado que hay etapas innegables en la vida humana que requieren un tratamiento puntual, me resisto a creer que existen edades críticas sólo por pasar por ellas.

Hay psicólogos que se especializan en niños, en adolescentes, en adultos, y hasta en edad madura, pero también se especializan en parejas, familia, vocación profesional, y es que de esa manera resultan mucho más eficaces.

Tiendo a creer que la manera como la familia se relaciona, los valores y prioridades que trasmite a los hijos, las responsabilidades que les asignan, el comportamiento como ejemplo de ética, el seguimiento que los padres hagan a sus hijos, el soporte afectivo que los sustenta, junto a la calidad espiritual que se fomente y la condición personal de cada individuo, y en esto hablo de lo más personal y nato de una persona, son fundamentos básicos para evitar las tan famosas crisis de ciertas edades.

¿Por qué he de tener tanto cuidado al hablar con un adolescente, sólo porque está en una edad difícil?, ¿Qué dificultad etaria es la que está confrontando?. Creo que es la familia la que ha llevado a estos estados de desasociego, no la edad en sí misma.

Así llegamos a los cuarenta y viene de nuevo una espectativa de crisis, una amenaza que bien podríamos ahorrarnos, los hombres se comportan como imberbes, hacen lo que se habían perdido de hacer en su juventud, se liberan; las mujeres hacen lo propio y luego culpan a los cuarenta años que están cumpliendo, como si se tratase de un paso por Go del juego de Monopolio.

Creo que en cualquier momento de su vida, una persona puede decidir cambiarla, si es lo que desea, que llegar a los cuarenta no significa crisis, que si los adolescentes estuvieran bien ocupados en responsabilidades y tareas, verían con mejores ojos su mundo y a sus mayores.

La crisis de la menopausia, es un período de cambios físicos drásticos, el equilibrio hormonal nos juega unas pasadas terribles, hay mujeres que sufren más, y hasta llegan a deprimirse, lo cual es bastante pesado e inquietante, creo que la menopausia es tan dura como sensible haya sido la vida, quien tenga dolencias acumuladas puede resultarle peor, no obstante, hay buenos medicamentos naturistas que ayudan a pasarla; no hay necesidad de sustitutos hormonales.

Podemos seguir nombrando crisis, como la de la jubilación; ésta realmente no sería una crisis, si no fuera porque la vida anterior fue llevada al compás de la actividad horaria. De no ser así, se tomaría la jubilación como una nueva forma de vida.

Mis disculpas a quienes hayan tenido que vivir inevitablemente todas estas crisis, las cuales no entiendo, porque nunca las tuve, pero creo que la sociedad, la familia y las personas a fin de cuentas, están en la obligación de proporcionar a los descendientes un sustento emocional suficiente como para evitar estas ñoñerías, que siempre justifican flaquezas que no tienen nada que ver con la edad.

Cuando asumimos la vida en todas sus edades asumiendo los cambios naturales, tratando el impacto de una dolorosa menarquia y menopausia, informándonos más sobre nuestras potencialidades que sobre las amenazantes crisis, podemos llegar a todas las edades sin sufrir esas profesías, casi desconocidas antes de los años 50 del siglo pasado. En aquellos tiempos la vida era la vida, y tal vez los rigores de la supervivencia y la desinformación también mantenían a esa sociedad presa de pensamientos limitantes, la vejez llegaba rápido.

Hoy hemos exagerado el consentimiento y hasta tenemos el lujo de tener edades críticas, las cuales me he negado a protagonizar. 

La vida nos proporciona momentos difíciles sin necesidad de estar vinculado a un momento clave y las crisis existenciales nos atacan en el momento en que ponemos atención de nuestro interior, es la manera como nos relacionamos y cómo opera la rutina, lo que nos expone a determinados estados de ánimo, en los años 50 la familia se divertía unida y compartía los trabajos domésticos como un estilo de vida; esto estaba sustentado en la permanencia de la mujer en la casa, en aquellos tiempos no habían diferencias entre la infancia y la adolescencia, y la llegada de la mayoría de edad era recibida con responsabilidades indiscutibles.

Hoy, desde el nacimiento, el niño va a la calle, es educado por extraños, comparte con otros niños más que con los padres y hermanos, y así sigue, sintiéndose pertenecer a grupos no familiares, sin contar los nuevos grupos de pertenencia vinculados a las comunicaciones digitales.

Algo hay que componer en esta historia.