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martes, 8 de octubre de 2013

HOMOFOBIA, PENIAFOBIA, HETEROFOBIA



Las jóvenes de hoy, digamos las que recién llegan a la edad adulta, que han visto la devastación emocional que sus parientes femeninas cercanas y ancestrales han tenido al lado de sus parejas masculinas, se están viendo proyectadas en un espejo cuya imagen no quieren repetir, y esto es un poderoso motivo como para plantearse opciones distintas en sus inmediatas o definitivas relaciones de pareja. Esta fue una explicación que leí, en uno de los no pocos libros de  psicología de la sombra que han llegado a mis manos, lo cual parece una fuerte motivación para alejarse del sexo opuesto. Luego, con estupor oí a una joven de dieciseis años, que conversaba con otra por celular, que decía enfáticamente: “Es que hombre no es gente”. Es bastante común en los ambientes de mujeres encarceladas, los vínculos eróticos y compromisos amorosos entre las reclusas, que padecieron sufrimientos e incluso prisión a causa de sus parejas masculinas. ¿Será que se está generando una especie de heterofobia?.

Posteriormente, en uno de los talleres de desarrollo personal, que usualmente realizo, tuve la oportunidad de plantear que percibía cierto incremento del comportamiento homosexual entre las jóvenes, -lo cual es abiertamente observable en los recintos universitarios y en lugares públicos, pero que se está manifestando incluso en la población de tercera edad-, y la expositora, una psicóloga puertorriqueña muy versada en relaciones de pareja, me contestó que la mujer de hoy, ante los procesos de vida que les plantea el movimiento de la liberación femenina y sus consecuencias, están buscando su feminidad, pero que en lugar de buscarla dentro de ellas mismas, hacen lo contrario, lo buscan afuera.

Dos circunstancias que nos hacen pensar en la influencia que pueden tener las experiencias de vida personal y familiar, -cargadas de impactos emocionales que mueven hasta la racionalidad-, en la ocurrencia del lesbianismo. 

He de convenir, primero que nada, que en estos tiempos, todo lo que alude al tema de lo que ahora se denomina sexodiversidad, se ha convertido en un tema tabú, es decir, un tema espinoso del cual se debe tener mucho cuidado al expresar cualquier opinión, ya que por pequeña que sea la diferencia con la versión generalizada, lo tildan a uno de homofóbico, palabra exprema que imposibilita cualquier debate. 

Pensándolo bien, no es extraño que sea así, la actitud social en casi todas las cosas sustanciales siempre se ha mostrado bipolar, nos lanzamos de un extremo al otro, somos una especie de péndulo ideológico que nos cuesta alcanzar la sabiduría del punto medio, que desconoce o se le dificulta integrar los diversos factores que componen la realidad, ya que ésta nunca se presenta simple, es una complejidad de elementos, por eso siempre nos confunden; en consecuencia, damos tumbos de la democracia al totalitarismo, de la represión al libertinaje, de lo sagrado a lo profano, mantenemos una desafortunada tendencia maniquea. 

Hasta hace sesenta años, la homosexualidad era percibida como perversión o pecado, una opinión moralista que nada aportaba para desentrañarla; hoy, es considerada una condición innata, igualito a la condición natural de tener la destreza en la mano izquierda, sin que se planteen otros aspectos condicionantes o determinantes, de carácter aprendido o vivencial. Esto hace que se tenga la creencia de que esta expresión sexual no pueda ser objeto de tratamiento, y no porque yo considere que es una enfermedad, sino porque si en algunos casos, fuese resultado de condicionantes psicosociales, de eventos infantiles como abuso sexual, o cualquier otra circunstancia, podría ser objeto de reparación, como sucede con cualquier complejo psicológico no resuelto, como baja autoestima, traumas de víctimas por familias disfuncionales, y mucho más. Sólo plantear esto pone a la gente en guardia, como si de una blasfemia se tratara. 

Quiero compartir un caso, conocido por mí a través de una familia como cualquiera otra, con valores profesionales, visión de éxito económico, divertida, cordial, emprendedora, y conectada con una élite social de igual y mayor nivel socioconómico. La pareja se había divorciado pero mantenían un excelente relación, el esposo estaba presente, no sólo en los eventos de sus cuatro hijos, sino en los de su ex esposa, la armonía era evidente; un día conocí al hijo mayor, quien regresaba de los Estados Unidos, después de haber pasado doce años fuera del país.

Este joven tendría unos veintitres años, se trataba de un hombre alto, buenmozo, con un sutil y determinante amaneramiento, emitía una vibración positiva, sensible, muy agradable, con un brillo en sus ojos que denotaban sinceridad, pero, tenía una mirada triste. Eso fue lo que capté, hasta que comprendí, que en su historia había un evento que lo pudo marcar para toda su vida, la cual me fue contada por la niñera. A los doce años, el niño tuvo una experiencia homosexual por un abusador, lo cual le causó mucha angustia, no se atrevió a contárselo a sus padres por temor, y se lo comunicó a la niñera, una persona que había estado en su casa desde antes de su nacimiento. Como es lo correcto, ella se lo comunicó a la madre, la cual no supo qué hacer, y en vista de su mutismo, se lo comunicó al padre, quien hizo lo mismo. Muchas fueron las protestas de la niñera ante tal reacción, pero lo que aquellos padres decidieron fue enviarlo a estudiar a EEUU, se desentendieron del asunto que preocupaba al muchacho, aunque muy apoyado económicamente. 

A su regreso, se notaba una gran compenetración con la niñera, y no pocas veces se le veía desencajado. En EEUU se consolidó como homosexual, tal vez aceptando un destino del cual no podía zafarse o tal vez descubriendo su natural homosexualidad; no lo sabremos, porque no los vi más. La falta de criterio para tratar este tema, ha hecho lo suyo para confundir, y para crear un discurso lineal, donde se desconocen como causas, procesos traumáticos de la infancia y adolescencia, los cuales pueden ser simples eventos reafirmatorios, pero también eventos que desestabilizan y conducen a una compleja culpabilidad y aceptación. 

Como vemos, este tema es un TEMA, es decir, un asunto que pocas veces es visto sin tener una opinión, es un contenido que polariza puntos de vista, pocos son indiferentes, o, muy pocos lo tratan desde una perspectiva desapasionada. Las injusticias cometidas con las personas vulnerables, tienen en este campo, mucho que contar, un niño, un joven o un adulto que se sintiera diferente ante los demás, era percibido rápidamente por los machos alfa de la sociedad, como el pollito defectuoso, que muere sin remedio a picotazos por sus congéneres. Esta situación en la especie humana es más dramática, porque se trata de exilio social, negación, invisibilidad, exclusión, lo cual implica pocas oportunidades de empleo, estudios, y convivencia, que ha conducido hasta al suicidio. 

Cuando estudiaba en la universidad, tenía un compañero notablemente amanerado, introvertido, solitario, evidentemente de clase baja y piel morena, tímido, y tal vez poco dotado de capacidad intelectual, o, quizá no escogió la carrera que realmente era su mejor elección profesional. Los profesores decían sin pudor: “Ese nunca pasará de segundo año, no quiero tener un colega así”. No sólo lo rechazaban, sino que lo engañaban al hacerle perder dos años de carrera infructuosa, y en efecto, no lo ví más después de algún tiempo. En todas las escuelas de la universidad, habían unos filtros terribles, en mi caso, de casi seiscientos inscritos cuando iniciamos, nos graduamos alrededor de ciento cincuenta.  

Sin embargo, hemos de ser honestos, en nuestro medio cultural la discriminación castiga al vulnerable, no al que tiene poder, recursos, histrionismo, encanto, extroversión, inteligencia, ya que posteriormente, entraron otros estudiantes con signos evidentes de homosexualidad, que llegaron a convertirse en personajes no rechazados, con muy buen rendimiento, aunque con excentricidades que disgustaban a unos y agradaban a otros. 

La vulnerabilidad es lo que nos expone ante los agresores. ¿No será que la homofobia que está presente en la imaginería popular, se justifica si de una persona carente se trata, o si se trata de una persona vulnerable por otras razones?, por eso, las aversiones vienen asociadas, y el rechazo hacia cualquier condición humana, ya sea racial, religiosa, por nacionalidad, siempre está aderezada con la peniafobia, es decir, la aversión a la pobreza. Esta aversión, describe mejor la discriminación hacia lo que expresa vulnerabilidad, carencia, deficit, y en el caso del compañero de estudios arriba referido, casi las tenía todas. 

Hasta el momento no hay información científica que explique a cabalidad la homosexualidad, y pensamos en una explicación, porque asumimos que la heterosexualidad no tiene nada qué explicar, no sólo por manifestarse estadísticamente mayoritaria, sino porque justifica el mantenimiento de la especie. Sólo contamos con descubrimientos aún no concluyentes, lo que tenemos son apreciaciones y conclusiones dadas desde una postura más bien legal, inspirada en la justicia y argumentada desde el derecho, básicamente en respuesta al rechazo procedente del fundamentalismo religioso y social, y de la persecución política, que es más notoria en regímenes dictatoriales.

No cabe duda que después de la gran revolución tecnológica que puso las comunicaciones en manos de casi todos, los movimientos reivindicativos no sólo están luchando por la igualdad moral, que implica la aceptación de la sexodiversidad, sino que abogan por derechos civiles, que ya todos conocen.

Es un fenómeno complejo, matizado por una gran diversidad de factores, y que en los últimos años, se ha visto favorecido por notables fenómenos sociales que emergieron a partir de los años sesenta, tales como: la popularidad de las libertades personales, los derechos humanos, la liberación femenina en su cuestionamiento al desempeño masculino, la descomposición de la familia, que le ha generado a esta institución serios cuestionamientos, las posturas de vanguardia, los movimientos  reivindicativos de las minorías, la actitud de rebeldía ante una realidad social y personal agobiante, la soledad y los fracasos maritales, el desafío de la juventud ante lo convencional, la concepción mediática, que cada vez dedica más espacio a mostrar esta diversidad sexual, que ya se aprecia casi como una moda. A diario se publican listas de artistas que se pronuncian en uno u otro sentido, de la gama no heterosexual.

Hay una serie humorística de la televisión española Antena3, llamada “Aquí no hay quien viva”, que se desarrolla en un condominio en el centro de Madrid, cuyos personajes muestran sus oscuridades humanas, enredos marcados por una débil moral colectiva, todos confabulan, traicionan, en la cual destacan los personajes homosexuales, porque son los únicos que tienen profesión universitaria, son exitosos, bien vestidos, de buen gusto, divertidos, sensibles, que moldean una imagen positiva y que son eminentemente antiheterosexuales. Uno de ellos (Mauri) afirma que todos los hombres son homosexuales, lo que pasa es que no lo saben; y otro personaje dice que los gay son “chic”. Esto puede tener varias lecturas, desde una serie ingenua que muestra la realidad un tanto exaservada por y para el humor, hasta ser percibida como una apología de la homosexualidad.

En otro caso, observé que la directora de un popular programa denominado “Quién tiene la razón”, en el cual presentan casos de personas con conflictos, la psicóloga Nancy Álvarez, afirmó que la pedofilia y los abusos sexuales a niños la realizaban los heterosexuales, que no había ningún homosexual que abusara de niños. (Programa del día 02-10-13, 7:30pm, Caracas. Venevisión Plus). Sobran las páginas en Internet sobre estudios científicos que hablan de las estadísticas de los abusos cometidos a menores varones, por adultos homosexuales, y que desmienten esta apasionada afirmación, es cuestión de buscar. Es absurdo afirmar que ningún homosexual haya incurrido en el delito de pederastia.

Esta afirmación sobradamente temeraria, no sé a qué planeta se refería, pero en el supuesto negado de que fuese cierto, estaríamos ante un fenómeno realmente sorprendente, hasta podríamos sospechar que hay un súper gen del abuso en los heterosexuales, al comprobar que los homosexuales no lo practican. Esta es una de las formas de publicitar tal radicalización o parcialidad, que desdice de una persona que se presenta como psicóloga y como conocedora del mundo oscuro de la psiquis y que posee influencia sobre su audiencia. Tal parece que Nancy Álvarez no se ha enterado que la práctica homosexual de la antiguedad, practicada por la clase alta griega, era esencialmente pederasta, y no se trata de justificar que en aquellos tiempos era aceptado, porque hasta Sócrates fue sentenciado a morir, a causa de una acusación por pervertir jóvenes.

Tal vez estémos en el momento de mayor expansión de la idea de justicia, pero como se ven las cosas, se aprecia como un movimiento que emerge de las profundas motivaciones psicológicas colectivas, o, que forma parte de una especie de ideología de la globalización, que los medios se encargan de establecer y que se muestra en sus más extremistas maneras. 

Este movimiento acelerado o lento, como quiera verse, plantea una curiosa condición, la bisexualidad, la cual consideraba yo, que sería una suerte de transición de hetero a homosexual, pero resulta que es condiderada otra expresión dentro de la sexodiversidad. Sorprende en tal medida, que pareciera que las personas están poseídas por una emergencia de vivir intensamente en una vida, lo que pudieran dejar para varias, teniendo en cuenta la reencarnación. 

Es bastante sorprendente la mentalidad que se ha creado en relación a la infidelidad de un bisexual, supe de un caso en el cual una mujer demandaba el divorcio, debido a que había descubierto que su esposo mantenía una relación homosexual, con un hombre que visitaba la casa y se presentó como amigo -situación que la tenía devastada-, y el esposo se defendió argumentando que él era bisexual y que no le había sido infiel, porque para ello tendría que haber tenido relaciones con otra mujer, y lo que él hizo fue tener relaciones con un hombre, al cual amaba como a ella. Es decir, que un bisexual no sólo posee dos orientaciones sexuales, con lo cual debe bregar intensamente, sino que se consideran a sí mismos como dos personas diferenciadas: uno heterosexual y otro homosexual. Es para no creerse, pero es así. 

Ya se ve entonces, que la popularidad de la homosexualidad no vino sola, facilitó la visualización de una variedad de expresiones que han conducido a estudios, cuyos planteamientos se fundamentan en dos aspectos de la expresión sexual: 

1- La orientación sexual, definida como la preferencia o atracción que siente la persona, la cual puede ser: heterosexual, homosexual o bisexual.  

2- La identidad de género, que es la manera como se reconoce cada persona internamente en relación con el cuerpo que habita; están los que se sienten identificados con el sexo de su cuerpo, denominados cisexual, y los que no se sienten identificados, denominados transexuales. La unión de estos dos componentes produce una serie de combinaciones, que causan no pocas confusiones. 

En un capítulo de “Aquí ni hay quien viva”, Mauri en su desesperación porque está solo, se comunica con un amigo homosexual, que no había visto hace años, y lo invita a su casa, cuando llega el amigo llamado Antonio, no lo reconoce, ¡es una mujer!, ya no era Antonio sino Lucy, lo(a) invita a entrar y de inmediato, el amigo lo preciona para que le preste dinero para hacerse la operación genital correspondiente, es lo que le falta a su nueva imagen. Pero en la misma casa de Mauri conoce a Bea, la chica honesta y lesbiana del programa, y se enamora perdidamente de ella, de aquí se obtiene un hombre que inicialmente se creía homosexual, pero que descubre que es transexual, pero luego, descubre que le atraen las mujeres, es decir, es heretosexual, pero esta mujer que le gusta es lesbiana y él(ella) tiene apariencia femenina; lo piensa mejor, y sabe que si no se opera, también puede complacer a los homosexuales al conservar su pene, y muy contento decide quedarse como está, pues tiene mayores posibilidades de “ligar”, como se dice en España. Entonces este hombre corporal es gay, transexual, lesbiana y bisexual. Un enredo que ni Mauri entendía, y por ello le decía: “Noooo, mientras tu lo tengas claro”.
 
Aunque este caso es sólo un divertimento televisivo, plantea la complejidad de este fenómeno social y crea bastantes dudas en la proliferación que vemos a cada instante en todas partes. 

Desentrañar el origen de estos modelos, sin que medie un estudio científico que al fin logre dar con la verdad, podría ser tarea inalcanzable, ya que cualquier análisis, hipótesis, o planteamiento, siempre afectará la sensibilidad de un lado o del otro. En este caso el investigador se vería afectado al observar un fenómeno, del cual tiene una opinión.

Es por ello que, sin ánimo de debatir sobre la naturaleza biológica de esta sexo-diversidad, lo cual sería inútil, cabe reflexionar sobre ciertos aspectos socio-psicológicos que indiscutiblemente están en sus albores, o en los contextos motivacionales, y que lucen hoy bastante significativos:

-       La descomposición familiar y la pérdida del control de la familia, como eje central de la formación de los hijos, quienes comenzaron por tener cuidadoras o empleadas domésticas, -extrañas a la familia-, para luego pasar a ser atendidos por guarderías y construir su formación en los mensajes e imágenes mediáticas y digitales. Con esto, estamos apuntando en que buena parte de la orientación sexual se establece después de nacer, en la experiencia social. El argumento genético aún está en estudio, sin embargo, la genética no es determinante, ya que cambia según las experiencias de los seres vivientes, por lo tanto, de existir un gen responsable, éste puede ser consecuencia de la misma práctica ancestral, que ha sido reseñada en casi todas las culturas. Un círculo vicioso difícil de despejar.

-       La cada vez más insistentes tendencias hacia la exaltación de la belleza corporal, que descalifica a quienes no cumplen con estas condiciones, lo cual crea una población devaluada en su autoestima e incapaz de tener expectativas positivas con el sexo opuesto. 

-       El deterioro de las relaciones heterosexuales, cada vez más complicadas, en un mundo cada vez más incapaz de proveer trabajo, estabilidad y felicidad. 

-       El componente emocional, que conduce el comportamiento de quienes esquivan relaciones heterosexuales, por miedo al fracaso.

-       El componente pragmático, que hace que hoy veamos a personas solas, de la tercera y cuarta edad en relaciones homosexuales, -descubriendo su naturaleza- ante el afecto que encuentran en personas del mismo sexo y con problemas similares. 

-       Las fijaciones en la infancia de eventos trasvesti, que pueden conducir a preferencias sexuales, por las cuales tal vez no hubieran optado, de no haber vivido esos eventos.

-       Las secuelas de abusos infantiles, lo cual marca con intensidad la psiquis del afectado.

-       La influencia social y mediática, cada vez más fuerte, cada vez más exaltada, que se transmite en los programas televisivos y en Internet. 

-       El sentido de rebeldía que significa ir en contra de las versiones religiosas y convensionales.

-       El deseo de experimentar relaciones que resultan novedosas, transgresoras, descomprometidas, que exitan la imaginación en un mundo que ha perdido el sentido de integración del sexo con el amor. Sin querer decir con esto, que todas las relaciones no heterosexuales, carezcan de amor. 

-       La atracción material que significa la prostitución; hombres o mujeres que sirven a homosexuales que pagan muy bien sus servicios. Ya hay prostitución en todos los ámbitos.

-       Incluso se puede captar cierto narcisismo, en personas que se sienten objeto del deseo para ambos sexos. 

En este punto estamos presenciando un fenómeno emergente, aunque hay quienes opinan que no es tal, sino que ahora se tiene más información, que en tiempos anteriores no se conocía, pero que existía. Este argumento puede ser un factor, es seguro que en el pasado existieran muchas personas no heterosexuales que nunca lo expresaron, pero es claro que hay un aumento o manifestación del fenómeno, asociada a una apertura de visión y al deterioro de las relaciones de pareja, que en el ámbito hetorosexual se hacen más complejas debido al fuerte contraste entre los sexos. 

Mi preocupación con este fenómeno es que se esté ocultando la responsabilidad de resolver los problemas entre los sexos, y con ello frustrar la llegada a un estado de sanas relaciones heterosexuales, y que la sexo-diversidad esté sirviendo como mecanismo de escape, de conglomerados guiados por una ideología fenomenológica del momento. 

Es curioso que cuando alguien manifiesta un comportamiento homosexual, parece natural, y se torna un ambiente favorable cerca del individuo, pleno de comprensión y aceptación, pero si alguien que se considera homosexual manifiesta un deseo de revisar su vida hacia un comportamiento heterosexual lo máximo que adquiere es la denominación de bisexual, no hay manera de volver. Esto lo que demuestra es que se niegan los factores sociopsicológicos, que evidentemente influyen en tales comportamientos.

Creo que esto no es banal, una cosa es el fenómeno gay genuino, el que surge de una condición propia, y otra, la proliferación de comportamientos que parecen ser naturales, y resulta que son consecuencias de la vida familiar y social, y del fomento activo e intensionado de una ideología fomentada en los últimos tiempos. 

Aunque no me inscribo en la percepción homofóbica, genérica y obtusa, porque en primer lugar, respeto las decisiones de los demás en sus vidas privadas, y en caso de estudios deben emplearse los criterios más objetivos posibles, confío en el encuentro entre hombres y mujeres, porque al fin y al cabo, lo femenino y lo masculino son dos energías llamadas a configurar un gran espectro evolutivo espiritual.

Así como se ha estudiado a rabiar el feminismo, -que según un profesor ucevista, se ha expresado más como hembrismo-, se debe poner atención en el estudio de lo masculino; son casi inexistentes los estudios sobre el varón, desde el mismo enfoque que se ha estudiado la feminidad, es decir, como expresión de la fuerza vital.

lunes, 9 de abril de 2012

RECRUDECIMIENTO DE LA VIOLENCIA HOMOFOBICA


 
Una nefasta noticia procedente de Chile, nos trae el relato de un triste y enervante hecho, Daniel Zamudio, homosexual, muere después de 25 días de agonía por agresiones físicas producidas por tres hombres, que se reconocen como neonazis.


Miles de acontecimientos como éste, deben haber en la historia humana que no son reportados.

Aparte de la discriminación, lo cual percibo como sólo una excusa para desparramar los instintos criminales de estas bestias, veo un absoluto irrespeto a la vida y a la humanidad que está en todos, una ruptura entre lo que soy y lo que eres, es decir, una ausencia de alteridad que clama ante los ojos de Dios.

Algo muy malo hay en esas almas, las cuales debieron aprender a reconocerse a sí mismos, a través de la bipedidad, (esta palabra la acabo de inventar: dícese de la postura bípeda de los humanos), que vieron en los demás. Asesinos empapados de la testosterona más nefasta que su masculinidad puede aguantar. Un aviso a la sociedad: ¡aquí estamos y vamos por ustedes!

Somos el caldo de cultivo de todas estas expresiones de agresividad, los valores morales que condenan condiciones humanas que no comprenden y la falta de familia, que pueda sembrar el amor en sus integrantes.

En nuestro hemisferio occidental somos herederos de mensajes religiosos contradictorios, Jesús dijo: “No vengo a abrogar la Ley, vengo a cumplirla”. Sólo pensar en todo el contenido moral que esa Ley judía traía consigo, puedo imaginar la confusión que produjo el planteamiento de una actitud humilde y mansa. La Ley definía la relación sexual entre personas del mismo sexo como como sodomía, una abominación, una inmundicia, por la cual fueron destruidas dos ciudades, Sodoma y Gomorra.

Me hubiera gustado que Jesús hubiera hecho referencia a este tema, ¿lo dejó afuera, o si lo dijo, no lo quisieron reportar? sólo se sabe que concibió como pecado a la prostitución, el adulterio, el robo, la indolencia, la hipocresía, y el irrespeto al Templo. Su gran mensaje fue el perdón, y el amor, “ama a tu enemigo”. 

Realmente, aún hoy es incomprensible tal entrega, tal desapego a las emociones defensivas.

La historia nos relata grandes gestas de saneamiento moral por parte de la iglesia católica, más inspirada en el poder estratégico y político sobre una feligresía por hacer cautiva, que en su verdadera conexión espiritual; esto lo lograron a través de Las Cruzadas, la Santa Inquisición y la perpetración del miedo al infierno.

Hoy, entre fanáticos, asesinos, sectarios, esquizofrénicos y la impunidad que los asiste, estamos ante estos horrores, explicados por la palabra discriminación, cuando la verdadera razón de estos comportamientos es un horrendo  vacío existencial que proyectamos en los demás. Una irreconciliable auto descalificación, que deja penetrar un demonio que hace de las suyas hasta que llegue la muerte propia. No en balde Jesús advirtió: “los envío como corderos entre lobos”, el alma humana revelada en sus dos polaridades.

Estos asesinos no entienden argumentos racionales, y menos explicaciones librepensadoras sobre la homosexualidad, no se trata de una agresión simple sino de una agresión compleja, me pregunto: ¿Qué les produce tanta agresividad, el comportamiento que ven afuera o un contacto que hacen con su sombra, la cual ya tienen a flor de piel?

Los discursos en contra de la homofobia, pueden ocasionar dos reacciones: que convenzan o que polaricen, porque no tenemos más que el argumento de la buena voluntad de aceptar a los homosexuales, asumiendo la diversidad sexual, cosa que no es comprensible para mucha gente. Por eso creo que el asunto no está en aceptar esto como una condición particular o natural, y menos ser tolerante ante ello, sino simplemente respetar la vida de todos como seres humanos, y que en el caso de los homosexuales los asiste el derecho como a todos, de ejercer su privacidad como les plazca.  

Creo que independientemente de mi opinión sobre el tema, mi obligación moral es respetar un comportamiento, del cual no tengo la menor idea de qué se trata. No sabemos nada sobre la homosexualidad, la gente cree que sabe, pero es un error, no sabemos nada, de allí la iluminada recomendación: no juzgues, lo cual no significa abstenerse de tener un punto de vista.

También es menester precisar, que toda opinión que no sea en pro de la homosexualidad, no es necesariamente homofóbica, considero en este caso a quienes cargados de la mayor dulzura y apegados a la letra bíblica, consideran que es una condición contra la cual el homosexual debe luchar internamente, porque consideran que es sodomía, pecado, pero que a su vez, son incapaces de señalar, acusar y tirar piedras, incluso sé de actividades de religiosas que ayudan y asesoran al respecto. Es su manera de dar al otro.

Otra postura ante el hecho es que aún cuando no sean afectos, amigos, solidarios, con esa condición, son capaces de ver por encima de todo, simplemente consideran que los homosexuales son seres humanos libres y merecen respeto.

Es propio reconocer que hay fanatismo de ambos lados, en pro y en contra, y la homosexualidad tal y como la veo, no es opcional, ¿qué sentido tiene atacarla o apoyarla?. Sería ideal que este asunto se descargara de tanta pasión, para tener un nivel de aceptación amplio, porque si fuese cierto que es pecado, cada quien que responda de sus actos en las instancias espirituales correspondientes; esto sería salirse de la dualidad bien y mal.

La sociedad está llena de problemas, por no decir caos, la soledad está ganando filas alarmantes, aún en medio de millones de personas; conectados a Internet, la gente se ha escudado del contacto cara a cara, y se pierde de ver el brillo de los ojos del otro, donde se encuentran grandes verdades, propias y ajenas.

Hoy estamos más expuestos a estas acciones de esos hijos sin padre, sin madre, sin afectos, inconscientes, monstruos que cobran víctimas sin que medie un arrepentimiento.

Finalmente, deploro la palabra TOLERANCIA, por favor no sigan con eso, no tenemos que tolerar nada, ¿quiénes somos para asumir una postura tan soberbia?. La clave es el RESPETO. La RAE contempla tres de las cuatro acepciones del término, con significado de soportar:

1.  tr. Sufrir, llevar con paciencia.
2. tr. Permitir algo que no se tiene por lícito, sin aprobarlo expresamente.
3. tr. Resistir, soportar, especialmente un alimento, o una medicina.

La cuarta acepción se refiere a:
4. tr. Respetar las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias.

Tal vez este último fue agregado por el uso que se está dando en la actualidad, sin embargo, no me parece muy afortunado. 

La sociedad carga con criminales que sólo tienen una excusa para matar, y la homosexualidad es una excusa fácil porque lo que la gente pide es TOLERARLOS: es decir: "POR FAVOR, PERMITEME SER HOMOSEXUAL". Esta no es la idea, porque nadie tiene derecho a darle permiso a los homosexuales para ser como son, nadie está por encima en este asunto. La privacidad es un valor y eso se llama RESPETAR, ¡no es asunto tuyo, pues!.
 

sábado, 7 de abril de 2012

SOBRE RACISMO Y OTRAS DISCRIMINACIONES



Es admirable cómo las sociedades van cambiando sus valores, pero, de un extremo al otro, se ve cómo caminan con tal vehemencia al otro polo, y cómo generan de inmediato otros problemas.

La historia de la esclavitud, la discriminación y el abuso hacia los africanos, traídos a la fuerza a América para peor, -porque ellos no se vinieron por su propio gusto-, generó posteriormente un racismo descomunal, fundamentado en la creencia de los blancos como raza superior; por supuesto que era “superior”, los africanos eran esclavos, el nivel más deplorable de la escala social. El color de la piel fue sólo una excusa aportada por la iglesia, al considerarlos como seres inferiores, sin alma, por lo cual se podían tomar como al ganado. Con este argumanto lapidario pasó lo que tenía que pasar. 

Al conservadurismo de antaño le ha seguido tal furor por la tolerancia racial, que ya no es posible expresar alguna idea, convirtiéndose en un  control social, que lo llamo "antirracista" entre comillas. Ahora tenemos que cuidar las opiniones y los gustos, porque de alguna manera a alguien ofendemos, aunque sea sin intención.

Esta exagera defensa a las personas de piel oscura (no comparto la expresión "gente de color"), y la custodia mediática de la opinión, a su vez está sustentado en el autorechazo, que grita muy alto, ya que está fundado en la no aceptación propia. Esta actitud, no nos llevará a ningún lado, porque es como si diéramos vueltas y vueltas en el mismo lugar, y no avanzamos.
 
Empecemos por el concepto de TOLERANCIA. Aquí tenemos a la RAE:

tolerar.
(Del lat. tolerāre).
1. tr. Sufrir, llevar con paciencia.
2. tr. Permitir algo que no se tiene por lícito, sin aprobarlo expresamente.
3. tr. Resistir, soportar, especialmente un alimento, o una medicina.
4. tr. Respetar las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias.

De cuatro acepciones, tres se refieren al aguante de la persona ante hechos externos que molestan. Esa fue la manera como de niña entendí ese concepto, cuando mi padre me amenazaba diciendo: “Eso no lo voy a tolerar”, se refería a supuestos comportamientos, que si se me ocurría ejecutar ya sabía las consecuencias. Por eso entendí ese concepto como una condición de los poderosos, quienes tienen tal superioridad como para llegar a tolerar o no, un agravio de los subalternos. Fuerte impacto de mi infancia, porque esa palabra nunca la uso y esa acción de tolerar nunca la ejerzo. 

No tengo idea de si estas cuatro acepciones de la RAE han definido el término desde siempre, o, que la cuarta fue incluida posteriormente, dado el uso o aplicación que se le ha dado últimamente, a raíz de los acuerdos internacionales para la convivencia humana. La palabra tolerancia ha cobrado espacio en los discursos políticos, de escritores, periodistas, filósofos y fanáticos de cualquier tema, pero no me convence, porque de cualquier manera implica superioridad.

Yo preferiría que se creara una nueva palabra para definir esa deseada actitud hacia los demás y hacia las diferencias que hemos tenido desde que el mundo es mundo. Si somos únicos, por la complejidad que nos caracteriza, ¿por qué seguimos insistiendo en la discriminación?.

La historia nos remite al origen de la natural y pésima actitud humana, de calificar las diferencias como signos de superioridad de unos sobre otros. Hasta la ciencia se alineó en este sentido, cuando utilizó el concepto de raza, para luego desmentirlo y ahora disfrazarlo con desdichados términos geográficos como afro-descendiente. Ser afro-descendiente es ser heredero de una sola región, no incluye a los americanos y eso lo resolvieron con afro-americano, pero hay otro problema, se incorporan otras nacionalidades, asiáticos por ejemplo, ¿seguirán abriendo conceptos necios para definir a grupos humanos cada vez más mestizos, más integrados?.

En mi caso, entonces, sería hispano-indígena, mis hijos hispano-indio-marroquíes, por un linaje que viene de la línea paterna. ¿Por qué nos enredamos tanto, en el empeño de esquivar la palabra negro, blanco, amarillo?.  Al fin y al cabo, son colores objetivos de la piel, que nada tienen que ver con superioridad y que manifiestan una diversidad tan hermosa, que cuando se unen nos potencian, porque nos colocan “plumas de pavo real”, como dice el poeta venezolano. Venezuela es un Santuario de esas mezclas.

Volvamos a la palabra TOLERANCIA, la cual yo no tolero, porque no me siento por encima de nadie para tolerarlo, y no me someto a aguantar nada; lo único que tengo que hacer es conectar con el ser que hay en cada persona, y ello conlleva a respetar, amar, apreciar, simpatizar, ver con el corazón, disfrutar de las diferencias y aceptarlas como dones naturales o artificiales, porque ahora con la ciencia y la tecnología estética, muchas cosas nos cambiamos y seguimos siendo las mismas personas, pero más alegres, más felices. Podríamos decir, que la clave está en ser indiferente ante la diversidad, o ser amplio ante ella.

Todos sabemos que seguiremos evaluando a los demás, especialmente sobre asuntos que nos pongan en peligro, a veces nos encontramos con gente que no nos simpatizan y otra que nos hacen espejo maravilloso, donde incluso los aspectos físicos de las personas, tienen su importancia.

Tendríamos que hacernos una limpieza mental de la discriminación, aunque seguiremos analizando, diferenciando, estableciendo criterios para poder relacionarnos. Escogemos a nuestros amigos, pero a quienes no escogemos no los tenemos que tolerar, sino respetar, porque nadie está en esta vida para complacer los gustos y expectativas de los demás.  
 
Recientemente leí una noticia que alarmaba a los lectores, ¡un hecho inconcebible!, a Robert De Niro se le ocurrió hacer un comentario que supuso humor, sobre el color de la piel de la primera dama de EEUU, dijo algo así como: 

“¿Creen que el país está listo para una primera dama blanca?” 


El revuelo que causó, lo hizo pedir disculpas, todos los aludidos se sintieron humillados, avergonzados, y le exigieron a Obama que intercediera en solicitud de una disculpa a De Niro.

Este revuelo está ocurriendo, porque con la misma vehemencia racista contra las personas de piel negra, se está operando una energía en reversa casi tabú ante ellas; además, aún hay mucha sensibilidad con el tema, la gente se quedó pegada y nadie avanza, porque ahora en lugar de haber respeto, se promueve la represión. 

Esto nos lleva a considerar que tenemos dos opciones: 

1-   1-   O, seguimos nutriendo el concepto de raza, el cual básicamente alude a la superioridad de los blancos sobre los demás, y agregando la tolerancia  para exorcizar el racismo, convirtiendo el color de la piel en un tabú espantoso del cual nadie habla, pero que se oculta en su lado oscuro, lo cual es muy peligroso. 

2-  2-    O aceptamos de una vez por todas que no existe superioridad del blanco sobre los demás colores de piel, y apreciamos que los colores son irrelevantes en materia de evaluación humana. Esto implica no ofenderse cuando alguien con mala o buena intención alude a esta condición física.

La primera opción implica una eternización de la discriminación, que empieza por los mismos ofendidos. Nunca me he ofendido porque alguien me diga que soy india, o que soy latinoamericana, y hasta sudaka, quien tiene palabras enconosas que cargue con sus maledicencias. El racismo es una actitud basada en la ignorancia, y nunca sabremos cuándo y cómo se anida en el corazón de quien habla, pero si la misma persona aludida, le da una respuesta asertiva y no ofendida, lograremos ir borrando esas actitudes. 

Nadie debería ofenderse porque le digan negro, para mí ser negro es tener una tremenda voz, es tener fortaleza física, es tener calidad en las piernas para bailar, tener una dentadura formidable, cualidades para hacer música y todos los demás atributos del ser humano, y a la prueba me remito:

 http://www.youtube.com/watch?v=040W-Q3LvPs&feature=related

La antropología determinó que no existen las razas, que lo que hay son diferencias étnicas, lo cual no me convence, porque la etnia no alude a las características físicas del ser humano. Debería haber un concepto que identifique esa maravillosa variedad de colores de piel, formas del cabello, color de los ojos que hacen una riqueza de personas e incluso una manera fácil de identificar a cada una.

De Niro pecaste, Obama y esposa, no se ofendan, NO TOMEN DISTANCIA, es un error, porque el color de la piel es una riqueza, no una vergüenza.

La única manera de salir de este atasco sin sentido, es que se acepte la verdad científica: no hay superioridad entre las personas, por razones raciales.

La clave puede estar en no ir en contra del racismo, la Madre Teresa, dijo: “No me inviten a ir en contra de nada, cuando me inviten a ir a favor de algo, asistiré”. 

Darle importancia a los comentarios y armar un escándalo, por la ofensa que supone la alusión al color de la piel, nos hace racistas, porque no nos aceptamos como somos, o al cuerpo que tenemos.

¿Cuándo nos aceptaremos de verdad? si le decimos negro a un negro se ofende, son los primeros racistas, porque no se aceptan como negros, y si no se aceptan ¿cómo van a esperar que los demás lo hagan?, cualquier discriminación termina cuando no hacemos caso de ella, todos tenemos algo por lo cual ser discriminados, por ricos, por pobres, por feos, por bellos, por indios, por blancos,  por flojos, por trabajólicos, por extranjeros, por nacionales, por las ideas, por la religión, ¿entonces? todos somos vulnerables, y de paso todos somos parientes, como dice Rubén Blades:

http://www.youtube.com/watch?v=hvIcIRsRces 

El ser humano no se cansa de buscar motivos para discriminar a los demás, sólo que hay más relevancia en los temas raciales y con la orientación sexual. Con la diferencia de que en el caso de la primera, los aludidos se ofenden, y en el segundo los aludidos se enorgullecen, como si la homosexualidad fuese una condición lograda por méritos propios, cuando su propio argumento es que la homosexualidad es natural. 

Son dos temas que tenemos sobre el tapete, que provocan opiniones polarizadas y generan mucha pasión; veo que estamos olvidando lo importante, el RESPETO para sí y para los demás.

La lucha contra del racismo y la homofobia es un error, porque genera contrarios, en lugar de ir a favor del ser y el despertar de la conciencia de cada uno. 

Cuando se impone una idea siempre se generan opositores, especialmente cuando se trata de asuntos tan arraigados en la cultura, como estos temas; no se puede convencer a nadie con argumentos de contenido, sino con recursos éticos, con el desarrollo de la alteridad y generando criterios autónomos, en lugar de estar como en una marea, arrastrados por la voz de quien grite más alto.  

La Madre Teresa tenía razón, ir a favor de la paz, la comprensión y el respeto, lo que se resume en ir en pro del AMOR.