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viernes, 12 de marzo de 2010

LAS CINCO VOCALES

 
Nunca me había paseado por la curiosidad de saber de dónde salen las letras, y fue en días pasados cuando un amigo, muy querido, me envió una versión personal de tal acontecimiento, el cual agradezco por haberme causado tanta hilaridad.
 
En esta ocasión quiero compartirlo con ustedes, me pareció muy interesante, dado el carácter sonoro del origen del mundo, puesto que en un principio era el verbo y el verbo era Dios.

Su nombre es Farah Habib, quien amablemente me remitió su historia:
   
 Las 5 vocales que todos usamos a diario en nuestro lenguaje oral y escrito existen desde que Adán y Eva vivían en el Paraíso, os puedo afirmar que en esa época fue cuando nacieron nuestras 5 vocales A, E, I, O, U, en la siguiente circunstancia.

Cuando Eva le dió a comer la manzana a Adán, miles de chispitas se arremolinaron en el cuerpo de Adán, a su mente llegaron miles de ideas que nunca antes había tenido, incluso un mar de sensaciones rodaba por su piel, lo cual le dio una semblanza contrastante con la escurrida figura que él tenía en sus tiempos de inocencia, ¡claro, había probado del fruto del conocimiento!.
 
Fue tal la tersura de su cuerpo, la aparición de sus bien formados músculos y hasta de sus insinuantes chocolaticos, nunca antes observados, que ante tal maravilla, Eva exclamó Ahhhh…Allí nació la letra A. 
 
Era tal el impacto visual que causó en Eva la nueva corporeidad de Adán, que trató de esquivar las sugerencias amorosas del recién nacido galán, ya que ella no sabía a qué atenerse con esta novedad en el frente, pero Adán ni corto ni perezoso insistió con una pregunta que ella disimuló no haber oído, a la cual respondió: ¿Ehhh?...Ahí fue cuando apareció la letra E.
 
Adán vuelve sobre el asunto y le repite la pregunta a Eva, y como la carne es débil y además ella había sido la causante de cortar la manzana y dársela, animosamente y llena de júbilo le dice...I

Eva quiso decir si, pero como estaban en el paraíso de las playas de Morrocoy, es decir, que estaban en Venezuela y  los venezolanos no pronuncian la S al hablar, de esa manera apareció la letra I.

Luego, cuando al fin Eva acepta las insinuaciones de Adán y conoce realmente las consecuencias de haber osado saber y conocer, en su mayor expresión de felicidad, repetía ¡Ohhh! Allí nació la letra O.

Finalmente, como después del retozo viene el cansancio, y como Eva aún guardaba ánimos de mujer creativa y Adán sólo deseaba descanzar, al verlo alicaído, Eva se burló de él, diciendo: ¡Uhhh! Naciendo de esa forma la letra U.
 
Gracias a Farah, por éste y por tantos cuentos humoristas que me ha contado y que me han producido buenas dosis de endorfinas, maravillosas sustancias de la alegría.

miércoles, 6 de enero de 2010

COMIENDO LAS MANZANAS

Desde muy niña, justo en el momento en el cual me enteré de que Eva era mi nombre, la voz con la cual me llamarían hasta después de irme de este mundo -porque espero que me recuerden por alguna cosa que haya hecho, y si no, me borraré alegremente en el infinito- sentí una punzada en mi interior; llamarse EVA en un mundo católico, alumna de un colegio de monjas, no era realmente una identificación que me forjaría una personalidad dulce y tierna, como era mi deseo.


Por muchos años cargué con la culpa del pecado original, extraña manera de vivir, porque realmente yo era una niña dócil, disciplinada, obediente, prudente, muy capricorniana, para decirlo en términos astrológicos.


Mi madre era una persona muy "ver para creer", aunque de ella aprendí El Padre Nuestro, a encomendarme a San Miguel Arcángel, y a pedirle bendiciones al Padre María Claret y al Gran Poder de Dios, suficiente para mi madre. Mi padre, en cambio, era un creyente de cargar procesiones, devoto de la Virgen del Carmen, y con un pensamiento mágico que lo hacía sentir y presentir cosas que pasaban lejos. 






Asimilé la religión con el peso de la culpa y la desnudez reflejada en mi cara, era penosa, tímida, y prefería estar siempre detrás de los protagonistas, observando la vida como transcurría, pegada a mis estudios para "llegar a ser alguien en la vida", como decía mi papá.


Pero un gran día, cuando mis hijos estaban adolescentes, y al ponerme en contacto con estudios de gestalt y otros temas de crecimiento personal, asistí a una consulta con un gran psiquiatra junguiano, quien tuvo la llave mágica de desvanecer muchas ideas que tenía petrificadas en mi interior, logrando así iluminar el significado de crecimiento que tiene para la humanidad el acto de habernos atrevido a moder aquella fruta, fue para mí una revelación que fundió ese velo culposo que me arropaba.

Por eso sigo comiendo manzanas como hace toda la gente, porque sólo comiendo de ese fruto nos metemos en problemas, aprendemos de ello, para luego salir repotenciados.

La vida es un comer de manzanas, es decir, un atreverse a desobedecer permanente y un digerir de experiencias que nos llevan a dar luz a nuestra existencia. Eso sí, al desobedecer hemos de saber que ese manjar trae consigo consecuencias, que son nuestras creaciones, y por ello que nos corresponde a nosotros asumir.