Mostrando entradas con la etiqueta patriarcado. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta patriarcado. Mostrar todas las entradas

domingo, 17 de enero de 2021

¿QUE HAY DESPUES DE LA SOCIEDAD PATRIARCAL?


Según el acerbo religioso-cultural occidental, todo empezó en un jardín llamado Edén, donde estaba creciendo una pareja, bajo los cuidados de Dios, en su propósito de crear una familia a su nivel, lo cual requería de ciertos protocolos, los cuales fueron fracturados, por efecto de la intervención maliciosa de la serpiente. A raíz de este evento, Dios expulsa a la pareja y a la serpiente del paraíso, lo cual se interpretaría como sanción.
Este castigo, -a mi juicio desmedido-, porque fue una sentencia que aún persiste, cuando en todo caso, esa pareja no tenía conocimiento de nada, ni de muerte, ni de lealtad, ni conocían el miedo, ni la suspicacia, y de paso, la serpiente era una habitante más en el paraíso, ¿cómo podían desconfiar de ella?, y sin embargo, por su proceder, en lugar de ser castigada con la misma severidad, fue premiada, porque fue enviada a la tierra con su séquito de ángeles, con lo cual se empoderó de la habilidad para hacer maldad y colocar a la humanidad en los más rigurosos aprietos cada vez más complejos.
La antigua serpiente, ahora Satán, fue premiada, le fue otorgada la gran oportunidad de hacer de las suyas a una humanidad que a duras penas se ha podido levantar y crear hasta ahora, nuevas versiones de su origen y su sentido de la vida.
Esta manera de relatar la idea de cómo ocurrieron los hechos iniciales, fue dado por lo que se veía en el presente de aquellos tiempos lejanos, es apenas un relato mitológico del imaginario de aquellos grupos que conformaban la dinámica de la vida en ese oriente medio tan convulsionado.
Una sociedad de patriarcas, tal vez se vería cuestionada de alguna manera por las mujeres, que siempre tenían que obedecer, dada su fuerza física inferior, o por su naturaleza vulnerable en los días de gestación. Los hombres al organizarse para salir a cazar o a entablar batallas, se sentían sobradamente superiores, mientras las mujeres se dedicaban a las arduas tareas domésticas y a cuidar a los hijos. Tremenda división del trabajo no tardó en crear una fuerte conciencia de superioridad y de supremacía moral, ya que Eva seguía siendo el punto más débil de la feminidad.
Fue tan fuerte que aun después de casi 6000 años, la mujer apenas está contando algunos logros en sus reivindicaciones, y se prevé casi sin lugar a equivocación, que los procesos sociales feministas tenderán a incrementarse cada vez más, con la motivación femenina alrededor de la idea de no tener hijos, de suplir aún más los trabajos masculinos lo cual cambiará enormemente la manera como se organiza o desorganiza la familia.
Ya estamos viendo la sustitución de la madre por la Escuela y los medios digitales, ya vemos que hasta los niños se han hecho autónomos en lo que se refiere a la información que manejan, que se han convertido en extraños para sus propios padres, quienes se dan cuenta de algún detalle problemático, cuando son citados por la escuela para notificaciones sobre comportamientos que los padres nunca sospecharon.
La disipación del patriarcado no solo será un cambio puntual de paso de manos, sino que estará enmarcado en una transformación integral de la sociedad, en tipos de organización ni siquiera sospechados.

martes, 2 de abril de 2013

LA SOCIEDAD HERIDA


Para la mentalidad occidental y especialmente latinoamericana, la ausencia de padre en la familia no es percibida como grave, tal vez se deba a que lo cotidiano desdibuja lo importante. La familia de estas latitudes tiene una herida profunda y no lo sabe, y en algunos sectores sociales el asunto es tan intenso que científicamente la familia no existe, debido a la descomposición social que padecen. 

En medio de una diversidad de factores, la mujer ha tenido que cubrir las faltas paternas, incluso en ciertos niveles sociales con una notable soberbia; la mujer asume todas las responsabilidades sola, al negarse a demandar el cumplimiento de los deberes del padre de sus hijos, una vez separados. Un falso orgullo que contribuye a la irresponsabilidad paterna.

Por ignorancia y como respuesta a sus propios complejos psicológicos, confunde la relación de ella y su ex pareja, con la relación del padre con su hijo; un innegable vínculo con el trastorno propio, a su vez por falta padre, con quien se desenvuelve la imagen masculina de la niña en los primeros años.

Si nos remontamos en la historia, el Padre de familia ha sido una figura representativa de sociedades muy vinculadas a tradiciones religiosas, y con sólo mencionarlo vienen a mi pensamiento los patriarcas hebreos, organizadores y custodios de la unión familiar, como centro de los acontecimientos vitales y trascendentales.

A esto se llama Patriarcado, al sistema de organización que parte de la familia y se extiende a la administración de bienes y actividades económicas, donde participan personas ajenas a la relación consanguínea; el padre es el guía, el proveedor, el que deja la herencia, el que distribuye y ordena la manera de relacionarse en lo sucesivo. De esa tradición judía deviene la moral cristiana, la cual centra en el sacramento del Matrimonio, los deberes y derechos de la pareja y los descendientes.

En Latinoamérica el jefe de familia asumido por el padre, se cimentó básicamente sobre el carácter machista de la función proveedora. Quien trae el sustento a casa es el que manda; al menos hasta la primera mitad del siglo pasado, la familia estaba gobernada por el padre, una manera de organización atada a las condiciones aún agrícolas de aquellos tiempos, aunque ya despojados del antiguo carácter patriarcal debido a la aparición del Estado. 
    
Los aires urbanísticos introdujeron cambios notables para las condiciones de la mujer, y las oportunidades de trabajo remunerado fuera de casa no se hicieron esperar. Para bien y para mal, la familia quedó herida, fracturada, el hombre fue desdibujando la responsabilidad de su papel, la mujer imitó el modelo masculino, el único que conoce como modelo exitoso, y se empieza a desencadenar un proceso multifactorial que ha hecho decir a muchos hoy, que tenemos una sociedad en crisis, la familia, la célula de la sociedad se nos quebró. 

Lo positivo del asunto es que gracias a estos cambios también tuvimos acceso a estudios de alto nivel y hoy contamos con notables expertos que pulsan la realidad psicosocial. Sabemos la relevancia que tiene promover la salud emocional de los hijos, y esto está ligado a la presencia nutritiva del padre y la madre. 

En la cultura latinoamericana, específicamente en Venezuela, el asunto es realmente dramático, debido a la ausencia o mórbida presencia del hombre en las relaciones de familia. El drama a que hago referencia se debe a la baja calidad de la formación y equilibrio del hombre latinoamericano para dirigir una familia. Varios factores han creado un síndrome personal que se hace social por su incidencia: La falta de padre, aunque yo sería más específica: LA FALTA DE BUEN PADRE.

Aún evitando lugares comunes, debo señalar que nuestro origen cultural es el factor fundamental de nuestra realidad actual, múltiples factores asociados al choque de tres culturas: desarraigadas la europea y la africana, y destruida la autóctona, no se podría esperar una organización familiar sólida y estable. No tenemos una tradición ancestral, carecemos de una referencia constructiva que nos identifique, tal vez por eso somos tan olvidadizos, no tenemos qué recordar, ni queremos hacerlo. 

Alguien dijo que nos mueve una motivación presentista o pragmática, nos es difícil planear al largo plazo; otro dijo: “sufrimos del Complejo de Adán”, siempre arrancando desde cero, creyéndonos los primeros, los pioneros, por eso no consolidamos proyectos iniciados por otros. Vamos en un continuo derrumbar y empezar, como ha sido nuestra intermitente o interrumpida historia política.    

Hoy sorprende como la fuerza del machismo, expresada en todos los ámbitos de la vida nacional, el abandono voluntario, el alcoholismo y la violencia doméstica, la desdibujada referencia religiosa, la deficiente responsabilidad civil, la escasa formación profesional y especialmente la ausencia de una ética personal, son los efectos de la falta de un buen padre: de un orientador calificado.

Un día, cuando estudiaba en la UCV, me sorprendió una afirmación que hacían unas líderes feministas, cuando acusaban a la madre del machismo de sus hijos, ya que era ella y sólo ella la que los criaba. Yo me resistí a creer eso, un argumento por demás machista, buscaba a alguien a quien llevar a la horca, y allí estaba la mujer para oír los desplantes de otras mujeres que las acusaban de mantenedoras del status quo, sobraban razones para percibir un discurso ideológico en aquellas agresiones. 

No obstante, la vida y el destino de la mujer están unidos al hombre, y la cultura los envuelve de la misma manera, por ello el origen de la irresponsabilidad paterna la veía, más relacionada con la falta de identidad del varón con un proyecto grupal y nacional vinculado a un valor sobre su descendencia, el valor de su linaje; cosa que poco trajeron, muchos de los españoles en el siglo XVI, cuando llegaron solos, aventurando, masacrando, violando mujeres indígenas, africanas y hasta españolas, carentes de una filosofía de vida, de una referencia trascendente, y teniendo en sus manos el poder político y económico, o la libertad que tiene un hombre sin tener a quien cuidar.

En la actualidad, la ausencia de un buen padre de familia, ha conducido a que los hijos sean criados por la madre, quien asume equivocadamente que ella es padre y madre, cuando no es lo uno ni lo otro. Que la madre asuma la paternidad es imposible, a lo sumo llega a concretarse en el papel de proveedora, y asumir la maternidad reducida a escasos momentos del día, lo cual deja mal parada su efectividad. Argumentar que su función tiene calidad y no cantidad, es autoengaño, un invento para acallar la culpa, aunque reconozco que hay heroínas que lo logran, especialmente cuando tienen la sensibilidad y la humildad de informarse adecuadamente, para ejercer su desempeño. La salida de la mujer al campo laboral fuera de casa contribuyó a dejar la formación de los hijos en manos de niñeras no calificadas, y ahora en manos de empleadas de guarderías.

Esta prevalencia del papel “padre-madre” de la mujer, ha hecho concebir una garrafalada cuando afirma que la sociedad venezolana es matriarcal. El matriarcado sería el dominio de la figura femenina en la conducción familiar y social, incluyendo al hombre, pero tomar las riendas de la familia en ausencia del hombre no es matriarcado, es desorden familiar. Recuerdo una ocasión cuando una amiga divorciada, argumentaba muy enojada, que su hijo no tenía ninguna influencia de su padre porque se divorció cuando éste tenía un año, yo le repliqué que precisamente por no haber estado presente, el padre había dejado una gran influencia, en este caso, un gran vacío. 

El tema laboral de la mujer, a lo cual tiene derecho, no hubiese sido tan problemático para los hijos, de contar con una pareja comprometida con la familia que estaban formando, como se observa hoy en las parejas divorciadas que asumen con responsabilidad la formación integral de sus descendientes.  

Los fenómenos psicosociales en general, que se producen en la cultura latinoamericana están atados a esta historia, y son terriblemente manifiestos cuando se trata de manipulaciones populistas, donde se ponen de relieve las carencias afectivas y por ende el mesianismo, la reivindicación social, la referencia de una figura masculina protectora, de la cual se ha carecido por cinco siglos; muy poco tiempo para haberlo superado, sin contar con los sucesivos desajustes sociales que han impedido una adecuada formación social.

La necesidad de padre, es para el venezolano una actitud natural, aunque hay sus excepciones; la figura masculina que representa esta autoridad, es deseada o soñada como protectora, heroica, dulce, solidaria, comprensiva, confiable, simpática, accesible, cualidades que han brillado por su ausencia en la vida de los niños que hemos sido. 

Tener un “Padre de la patria” y un “Padre de la democracia”, no revela la cuantía de la carencia paternal venezolana, porque éstas son expresiones universales; donde se manifiesta realmente este síndrome, es en la identificación fanática, casi posesa, con figuras políticas que emergen con un discurso reivindicador de derechos, y el más sensible de los temas colectivos: la pobreza. Porque hay una pobreza afectiva alargada por generaciones, una carencia de continuidad, un sentimiento de víctima, que sustentan estos fanatismos.

Una buena idea sería estructurar caminos para la instauración de un sistema de valores en apoyo a la familia, la pareja y los hijos, basado en un análisis crítico de la historia familiar venezolana; eso contribuiría a generar una liberación de las ataduras y chantajes emocionales que nos hacemos nosotros mismos. Abundan los estudios científicos con sustanciales hallazgos sobre los efectos de la falta de Padre, con mayúsculas, individuos carentes, desajustados y casi desahuciados para la vida. 

Es inquietante ver como ahora el conocimiento médico se presta al negocio de la producción en serie de hijos sin padre, que hoy están promoviendo las mujeres que desean hijos, y desean sólo una gota de semen de un donador; una manera segura de negarle de antemano el derecho del hijo a conocer a su progenitor. Nadie piensa en el ser que va a resultar de esta negociación, el embrión es cosificado en el formato de un proyecto médico y personal, muy de moda en el ámbito de mujeres que no quieren una pareja sino un hijo, entre ellas, ejecutivas, artistas o cualquiera otra que lo pueda financiar.

Está suficientemente registrado, la cantidad de embriones abandonados que resultan de proyectos de parejas con problemas de fertilidad, una vez que éstas decidieron separarse antes de la implantación de los embriones; lo mismo sucede con negociaciones de mujeres que alquilan sus vientres a parejas que desean hijos, si sólo ocurre alguna desavenencia o la pareja se divorcia, aquel no nato queda huérfano por cambio de planes. La procreación parece un juego de gustos y disgustos. 

Ante estas condiciones, que han transformado lo que entendíamos como familia, podemos tener la tentación de afirmar que esta institución está pasando por procesos irreversibles y augurar una nueva manera de relacionarnos en el futuro. La verdad es que no siento que los humanos estemos en condiciones de estructurar nuevas maneras que satisfagan el orden emocional como lo hace un grupo tan vital como la familia, dirigida por una pareja responsable, incluso ya existen experiencias en diversidad de formas de relacionarse en pareja que han conducido al fracaso; matrimonios libres, comunas, convivencias colectivas, el poliamor, las cuales desdibujan el línea paterna y materna y confunde inevitablemente al niño.  

Es paradójico que siendo la sociedad tan sobrada y notoriamente masculina, sea precisamente la figura masculina la que está ausente en la familia, el centro generador del fenómeno social. Hoy vemos con estupor la manifestaciones más extremas de la insanía emocional de quienes ejercen funciones públicas, atrapados en delirios insospechados y aplaudidos sin remedio, por masas posesas del mismo mal.

Negar el análisis histórico por pertenecer al pasado es un error, desconocer el origen del problema desubica el presente, y aunque la madurez de una persona no se mide por la historia de una cultura, no podemos desconocer que ésta, arrastra la causa de una sociedad de huérfanos con padres vivos.  Hace tiempo que fue la hora, de que el hombre planifique y se ocupe de sus hijos, y deje de ser sólo padrote, y que las mujeres despierten, antes de que la regla les falte.

martes, 29 de noviembre de 2011

¿PATRIARCADO O MACHISMO? ¿MATRIARCADO O LIBERACIÓN FEMENINA?



El Matriarcado sería técnicamente, el gobierno de las Madres, no el de las Mujeres, y el Patriarcado el gobierno de los Padres, no el de los Hombres.  Hay una tendencia a confundir estos conceptos.

Aún no se ha llegado a un acuerdo para determinar si el matriarcado, fue efectivamente una realidad en el remoto pasado. Lo que sí es razonable asumir es que hubo matrilinealidad y matrilocalidad, es decir, la vida familiar alrededor de la madre, especialmente porque la maternidad era el único referente para determinar el linaje. Aunque hay mitos y reseñas sobre el poder ejercido por las mujeres en algunas culturas suramericanas, no podemos atribuírselo a que hubo un sistema matriarcal, en todo caso, sería una ginecocracia.

No me cabe la menor duda de que en aquellos tiempos, la mujer tuviera un liderazgo y reconocimiento de la comunidad, dado el complejo desempeño que puede realizar, como madre, curandera, cultivadora, artesana, por decir lo menos. Sin embargo, afirmar que hubo un período de matriarcado, como modelo estructurado de poder matricéntrico, tal y como hemos visto desarrollarse el patriarcado, sería sólo una suposición; no parece posible que los hombres hubieran podido aceptar someterse ante la mujer, especialmente porque en ellos recaía la capacidad de proveer los productos de la caza, y la defensa de la comunidades.

El patriarcado es posterior a este primer estadio matrilineal, y ya sabemos que fue un tipo de organización social en la antiguedad, que incluía a todos los miembros de la familia. Los varones se encargaban de las mujeres, incluso la toma de varias esposas dentro de la tribu, estaba sustentada en la desproporción entre la cantidad de mujeres con respecto a los varones.

En su concepción más pura, el patriarcado sería un sistema que garantizaba el orden y el bien de todos sus integrantes, los patriarcas hebreos seguían una ética que incluía un papel para cada miembro de la familia y las decisiones estaban sustentadas en valores y soluciones de problemas.

La sucesión de sistemas políticos y económicos posteriores no invalidaron el poder masculino en los destinos sociales, pero el padre perdió su poder, y la mujer siempre ocupó un papel subalterno, especialmente en el seno familiar. Dadas algunas excepciones, la mujer fue sometida a la invisibilidad, y su primera forma de obtener dinero, lo cual le dio cierta autonomía, fue a través de la prostitución, especialmente cuando se trataba de mujeres que habían perdido su familia.

La monarquía vino luego a ejercer un patriarcado que aglutinaba familias pudientes, para luego desembocar en la agonía de este sistema con el surgimiento del Estado. Lo curioso es que aún la decadencia del patriarcado, no signficó la decadencia del ejercicio del poder masculino. 

Como sistema, el patriarcado se hizo inoperante, y la familia dejó de ser el centro de la vida comunal. Se dio paso al sistema capitalista y la familia se hizo un asunto privado y regido por las leyes nacionales. A la larga mujeres y niños quedaban desamparados, porque el hombre ya no estaba obligado a mantenerse en el sistema familiar tradicional; los intereses se proyectaron hacia logros personales, la comunidad familiar y social perdió vigencia, ahora importaba el desarrollo individual.

Las relaciones entre hombres y mujeres cambió, se vieron enfrentados, en competencia, en conflicto, la incapacidad del hombre para ejercer su protección, le dio paso a la mujer para tomar ese papel y desembarazarse de las relaciones de pareja. La familia cambió definitivamente.

El surgimiento del Estado, del poder civil, asumido por el hombre, generó otro modelo, androcéntrico, pero a años luz del patriarcado, porque el hombre se hizo invisible en las relaciones familiares, ocasionando la aparición de una familia herida, fracturada, debilitada, lo cual generó el gran problema de la sociedad actual: LA FALTA DE PADRE.

Por esto veo un gran error cuando se afirma que tenemos un sistema patriarcal, ¿cómo es un sistema patriarcal, si no hay padre?. El poder patriarcal era un sistema inclusivo y cerrado, que desaparece con el surgimiento de nuevas formas económicas que independizaron al ser. El padre deja su hegemonía pero el hombre la sigue ejerciendo, pero esta vez como: Machismo.

La familia quedó sin referentes y sus miembros reelaboraron un camino de vida, orientado hacia la formación en la actividad laboral, fue la primera libertad personal que se produjo a raíz de la Revolución Francesa.

La famosa afirmación de que la mujer es el sexo débil, sólo era una remembranza del deseo de seguirla dominando, porque ya el hombre no era el jefe, y tenía una autoridad legal y política por encima de él.

La liberación femenina y las luchas por lograr un espacio laboral fuera de casa hicieron el resto, la mujer asumió el papel masculino y aquí estamos, ya lejos del patriarcado, y aún bajo un machismo oficial. El mundo femenino habiendo vivenciado su liberación, reconoce la energía  masculina que ha detentado y está abriendo espacios de reflexión, ya mucho más calmada, menos apasionada; de lo que fueron las primeras manifestaciones del feminismo se ha evolucionado hacia un deseo por alcanzar el equilibrio entre lo femenino y lo masculino, estas dos fuerzas que bullen en el alma humana.

La falta de padre es la herida más profunda de la sociedad actual, varones y hembras criados por madres solteras o abandonadas, que creen que hacen el papel de padre y madre, lo cual es imposible. Es en este centro de dolor, donde se están afincando las terapias, que tratan la gran patología de los tiempos post modernos, la falta de integración interna, la falta de coherencia personal.

Ya no hay patriarcado, lo que hay es MACHISMO. El poder que ejerce el varón al considerarse superior a la mujer, y por ello con derecho a anularla, lastimarla, disminuirla, acosarla, descalificarla y en grados extremos a golpearla.

De la misma manera, no hay matriarcado, aún cuando las madres sean las encargadas del hogar, no es matriarcado cuando el poder social está a cargo de los hombres, lo que hay es liberación femenina, es evolución profesional, pero a la vez hay un gran vacío existencial que tal vez era desconocido antaño. Además, la madre no ejerce todo el ámbito de la educación de los hijos, porque el hogar cambió, se volcó hacia afuera, la educación se ha compartido con la escuela, por decirlo de alguna manera, y la escuela tampoco está ofreciendo una formación integral. 

La familia se ha fracturado y guarda poca relación con los modelos tradicionales, hoy tenemos un estado de cosas en transición, un caos social que generará sin duda otro sistema de organización, y un cuerpo de valores que bien podrían sustentar un encuentro amoroso entre el hombre y la mujer, pero primero tendrá que producirse un bello encuentro entre las fuerzas femeninas con las fuerzas masculinas internas, tanto de hombres como de mujeres.

miércoles, 26 de mayo de 2010

EL ENCUENTRO DEL MACHO CON LA MUJER, SOBRE LO MAS OSCURO DEL MASCULINO


La separación que condujo a la obtención de un ser femenino, Eva y otro masculino, Adán, condujo en sus inicios a la reproducción, la convivencia, la vida comunitaria y un sin fin de eventos, el matriarcado inició la cultura humana, hasta que le tocó el turno al patriarcado, a la masculinidad, imponerse como modelo de vida, con sus preceptos, valores y sentencias.

El patriarcado estableció el poder del macho sobre la hembra, la dominó y se la adueñó como a un objeto, junto con sus hijos, se estableció el límite, las fronteras, lo mío y lo tuyo, la guerra como forma de expansión, la lógica y la razón del lado izquierdo del cerebro. 

Esas formas patriarcales fueron tomando nuevas expresiones, en la medida que se adaptaban a los procesos sociopolíticos  y económicos, pero la vida religiosa marcó la pauta en el comportamiento moral, desarrollándose un devastador movimiento machista en todo el planeta, que apenas pudo dar en el siglo pasado los primeros pasos hacia el establecimiento de los derechos civiles y humanos de la mujer.

Gracias a la globalización de la información, nos podemos enterar casi al instante sobre acontecimientos en cualquier parte del mundo, por eso para nadie es un secreto, los cruentos padecimientos que aún persisten en las mujeres de las culturas musulmanas de Asia y Africa. 

El encuentro de la mujer con su opuesto complementario, el hombre, ha sido más bien el encuentro entre la mujer y el macho, lo más oscuro de lo masculino, agresivo, insuficiente, miedoso, quebrado, que somete y lleva a la mujer a su estado más indigno. 

Con tristeza y rabia vemos en la actualidad, como el machismo depredador no sólo mantiene criterios discriminatorios hacia la mujer, sino que se atribuye el derecho de rasgar el cuerpo femenino con la más humillante mutilación, la ablación. Una vergüenza para el mundo moderno.