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martes, 21 de abril de 2015

RESENTIMIENTO Y DESPERTAR


¿Cuánto tiempo se requiere para que el resentimiento social y personal hacia dictadores, imperios, género, familia, amigos, y hacia la vida, llegue a disiparse?

¿Cómo lograrían los pueblos oprimidos por el Imperio Romano, deshacerse del odio, causado por esa brutalidad con la cual dominaban a todas las culturas a su paso?, ¿o no se disipó? 

¿Es cuestión de tiempo?, lo cual desluce al resentido, pues nada hace por resolverlo.

¿Es cuestión de perdonar activamente como recomiendan las tendencias espirituales de hoy?

¿O es cuestión de Despertar?

En medio de discursos y de respuestas encendidas, que se captan en las redes sociales, podemos darnos cuenta del severo resentimiento que padece la sociedad occidental; no me refiero a la oriental porque nada sé de ellos, no imagino cómo procesan las opresiones todas esas sociedades de ojos rasgados.   

El resentimiento es un sentimiento rumiado, un estado de malestar que paraliza, que corroe, y una pérdida de tiempo y energía que mejor pudiera usarse en otras acciones nobles. Cualquier sociedad que desee justicia, estaría invitada a dejar de ser la causa de lo que le atormenta, y no voy a repetir la trillada expresión que alude al merecimiento del sufrimiento, pero bien convendría mirar atrás, para detectar cómo se fueron armando los hechos y descubrir cómo ha sido y sigue siendo nuestra participación. 

Podríamos pasar largas sesiones de discusión estableciendo responsabilidades y aún no llegaríamos a nada, ese no sería el camino, lo importante sería entonces una concienzuda reflexión o profundización interior, para alcanzar un estado de serenidad, que nos permita encaminarnos hacia el tan cacareado
 DESPERTAR.

Se comenta con mucha frecuencia que la sociedad está dormida, y esto se interpreta como que la sociedad está apaciguada, conforme, adaptada, indiferente, aguantando la opresión de los poderosos, porque hay la creencia que define estar despierto como ser agresivo, fanático y respondón. Otra manera de estar dormido es seguir los patrones impuestos por el poder formal, y participar en su consolidación y permanencia, cual mayor ritualista.

Estar dormido es una perfecta metáfora que se aplica estupendamente, en el nivel de conciencia robótico. Es funcionar literalmente inconsciente, aunque estemos en vigilia.

Estar dormidos es tener la mente invadida de pensamientos falsos, de creencias limitantes, y en consecuencia, sentir un cúmulo de sensaciones que aprisionan, como miedo, incapacidad, baja autoestima, sumisión, ingenuidad, impotencia, desesperanza, rabia, y resentimiento, entre otras; emociones que no podemos calificar de negativas, porque forman parte del menú emocional del ser humano, pero que si vienen en cambote, son el espejo de pensamientos descalificadores, que se tornan en una nube egrégora que más parece una prisión que otra cosa.

Por otra parte, no sólo los que sufren opresión son tomados por este estado de conciencia de tan bajo nivel, incluso quienes participan oportunistamente del lado opresor, llegan a tales estados de vanidad y soberbia, que son prácticamente robots complacientes de ese estatus quo, es decir, marionetas propicias del sistema opresor, y eso sí que es estar dormido.

Son múltiples los ejemplos de gente dormida que se convirtieron en facilitadores de la opresión de fuerzas extranjeras, a cambio de beneficios que les otorgan los poderes impuestos por la fuerza; los fariseos pactaron con los representantes del imperio romano, como facilitadores de la esclavitud de su propio pueblo, a cambio de respeto por sus bienes y su voz sacerdotal. 

De esta manera podemos reconocer entonces, que despertar es DARSE CUENTA, es detectar la fortaleza, el don que está en nosotros mismos, escondido y eclipsado por creencias y convicciones que no nacen de nuestro interior, sino que son ideas heterónomas, creadas por estructuras sociales, que hacen lo que sea posible para ser permanentes; ¿cómo es posible que una opresión externa se disipe, si la estamos alimentando y regenerando con este nivel de conciencia tan bajo?. Esto me recuerda un relato que refería una reunión de demonios que necesitaban esconderle a los humanos la sabiduría, y encontraron el lugar más propicio, colocarlo dentro de él, único lugar donde nunca buscarían, porque ellos mismos se encargarían a atraer su atención afuera, como hemos hecho hasta ahora.

Quedemos de acuerdo entonces, que este despertar tan actual, no se refiere al acto físico de atacar, agredir, amenazar, soliviantar, ni levantarse en armas, -lo cual está inscrito en la violencia, y en niveles primarios de conciencia- sino que se trata de estar conscientes del poder interno, de la fuerza esencial del espíritu, capaz de crearse a sí misma, por la fuerza de la divinidad contenida en cada alma. Verdad interna, que ha sido vedada a los pueblos por el poder doctrinal ejercido desde las religiones, el poder político-ideológico, económico, militar y el gran poder de la manipulación psicológica. Si recuerdan la película: "El nombre de la rosa", inspirada en una novela homónima, de Umberto Eco, se darán cuenta de lo que digo.

Reconocer que somos más que un sofisticado engranaje biológico, y que contenemos en el interior las respuestas de todas nuestras incógnitas, sin necesidad de intermediarios sacerdotales, y que la existencia pasa por diversos escenarios, con el fin de encender las lucecitas que permiten leer el libro del conocimiento universal, es un paso hacia el despertar.

Sólo basta con hacer un recorrido por nuestra experiencia en este corto período vital, para descubrir que al menos dos o tres veces hemos dado en el clavo al reconocer lo equivocados que estuvimos, en una relación de pareja, en un proyecto fallido, en una aspiración desgastante, esos momentos dolorosos nos hicieron ver, el falso concepto que manejábamos antes. Son pequeños empujones que nos sacuden para que abramos los ojos del alma.   

Un despertar de conciencia no teme, porque sabe lo ilusorio que es el mundo que habitamos hoy, y puede en todo caso, disipar la energía sobre la cual se sustenta el opresor: nuestra ignorancia sobre quienes somos. La ilusión de este mundo no se refiere estrictamente al hecho de que lo más que podemos aspirar estar en él, son cien años, sino al hecho de mantener en el imaginario colectivo un guión que oculta la verdad, a manera de bagaje cultural, o falsas bases ideológicas que hemos aprendido en una sociedad que ya estaba en marcha cuando nacimos. Es una carga ancestral de conceptos errados porque están basados en el poder del afuera, y no en el poder interno, el cual ha estado ignorado desde tiempos inmemoriales, por la presencia de líderes que se imponen y aceptamos.

Las abundantes y significativas mitologías de antiguas y modernas culturas, nos revelan signos del inequívoco deseo de los opresores por ocultar verdades, a fin de mantener dominados a los pueblos, lo cual han logrado con nuestra propia participación, es decir, con nuestra ignorancia.

El día, cuando alcancemos discernir nuestra conexión interna, cuando pongamos en duda esas "verdades" que nos oprimen, nos daremos cuenta que todos estamos unidos en una rimbombante secuencia de rayos, y que la única diferencia que tenemos entre unos y otros, es el nivel de conciencia, el cual estaría reflejado en una escala de miles categorías y miles subcategorías. Estimo que cuando se alcanza una significativa masa despierta, pueden suceder dos procesos:

1-    Que ocurra un desprendimiento de los rayos que representan a los que han despertado, -siempre y cuando sea una cuota significativa- para sustraerlos del proceso, como ocurre en las graduaciones académicas, que sacan a los discípulos del juego hacia un nivel o estatus superior, desde donde podrán ayudar de alguna manera a los que vienen detrás.

2-       Que el proceso incluya un trabajo integral, y que en conjunto se produzca el despertar colectivo, bajo el impulso de los más avanzados, lo cual haría el proceso más largo o lento, pero global.    

En ambos casos, hay un apoyo de unos hacia otros, y no dudo que esto haya ocurrido muchas veces con muchas humanidades anteriores, en este planeta y en otros.

La experiencia ha demostrado que un buen proyecto se ilumina con una buena disposición, y especialmente un sentimiento donde se privilegie el bien hacia los demás, aunque contemple altos niveles de disciplina. Tenemos el mejor ejemplo en las actividades académicas, un exigente formato de estudio, proporciona al discípulo la oportunidad de capacitarse y transformarse; así debe ser la vida terrenal, una gran universidad.   

Dicen los sabios contemporáneos, que la música es un don que nos pertenece, un don propio de los seres humanos; con él podemos encaminar cualquier proyecto de sumersión interna, usemos esas preciosas armas sutiles que nos fueron entregadas en el origen, para dar con el sendero -aunque estrecho y difuso- que nos conducirá a la libertad.


sábado, 27 de marzo de 2010

DEL RENCOR Y DEL PERDON


Como ya había comentado, en nuestro interior moran el miedo, la ira y el amor, emociones que nos permiten sentir y vivir el mundo. El asunto es que estas emociones en una proporción adecuada son útiles y beneficiosas, pero que en exceso o defecto nos causan los mayores males.

Mantener un equilibrio entre ellas nos hace estables y nos facilita el desenvolvimiento social, pero para alcanzar ese equilibrio  podemos tener una desventaja, debido a  las deficiencias amorosas en nuestros primeros tiempos de vida, o sea, que para poder relacionarnos necesitamos de una energía afectiva inicial, que es capaz de crearnos resistencias tanto amocionales como físicas, y  cuando esto falla, lo estaremos expresando posteriormente.
 
Sin contar los casos de patologías serias de la personalidad, el común de las personas va teniendo vivencias con las cuales va acumulando memorias desagradables que se convierten en una carga emocional inútil, pero difícil de superar. 

Hablemos puntualmente de los casos en los cuales se guardan resentimientos, o sea, sentimientos reeditados,  repetidos, vivos, actualizados, inmóviles, paralizados, inmutables, tenaces, un rencor. Terrible. 

Para ello se ha hablado mucho de las terapias de perdón, y a pesar de la buena intención, creo que no todo ha sido éxito, y creo que  una de las debilidades del perdón es su inevitable asociación religiosa,  el peso emocional de que nacemos pecadores, además de todo lo que el imaginario popular le atribuye al acto del perdón, la idea de que sólo Dios perdona. Y lo que es peor, aún cuando lo intentes, si no te resulta este proceso de perdón te quedas con culpa, entonces son dos los problemas: Rencor y Culpa, debido a esa perturbadora idea de que tenemos que ser buenos. Ante este asunto de la bondad, prefiero  optar por ser justa y libre.

Actualmente se conocen otros planteamientos mucho más exitosos  para tratar el rencor, y sólo quiero referirles dos autores: 

Carola Castillo, una venezolana que ha llamado mi atención hacia una magia maravillosa, la magia del reconocimiento y la honra que merece todo ser humano, es terapeuta de lo que se conoce como Constelaciones Familiares. 

En su libro Ecos del pasado, plantea la dinámica familiar, como un sistema donde cada personaje vive y actúa tal como lo hizo,  y  que la influencia de esos comportamientos pasan a los descendientes  en forma de perturbaciones, dolores e inestabilidad, sin que por ello debamos juzgarlos. 

Ofrece la terapia de las constelaciones familiares, reconociendo a la  familia como recurso y no como problema. Nos alerta a que no  creamos que las heridas producidas en el devenir familiar deban ser tratadas a través del perdón, porque realmente no tenemos nada que perdonar, sólo reconocer que nuestros antepasados nos dieron la oportunidad de nacer, de estar aqui.

Entonces, el camino no es el juicio, la culpabilidad y el perdón, y esto vale también para salir de los atascos emocionales que podamos tener con otras personas. 

El principio que recomienda NO JUZGAR, tiene también para el sabio mexicano Don Miguel Ruiz, un punto fundamental cuando nos plantea sus cuatro famosos acuerdos, a fin de establecer con los demás una relación en la cual evitemos engancharnos. Brevemente, y se los presento en el orden que me resultó más comprensivo para mí:

1- No te tomes las palabras de los demás como algo personal: cada persona vive una experiencia particular en su mundo, capta la vida diferente a los demás, actúa por diversas motivaciones, su historia es irrepetible,  y lo más importante la gente cuando habla lo hace desde su visión, todo lo que dice habla de él, no de tí. Esto te dará gran tranquilidad porque no te enganchas con la palabra del otro.

2- No hagas suposiciones: la relaciones interpersonales se basan en la comunicación, ante la duda no supongas, pregunta, investiga, que las apariencias engañan y es más rápido, sano y esclarecedor buscar la verdad que suponer. Además, aprende a preguntar, no prestes oídos a los chismes, comunícate con claridad.

3- Sé impecable con tus palabras: no digas nada que pueda ser usado en tu contra, controla lo que dices, porque la palabra sin control es expresión de la emoción que te domina, evita las que proceden de miedo y a ira exaservados. No juzgues ni sientas culpa y abandona la necesidad de tener la razón, que cada quien tiene su verdad, sé honesto.

4- Has siempre lo máximo que puedas: pero teniendo en cuenta que a cada instante cambia nuestra capacidad de dar, no des cuando estés cansado lo que podrías dar por la mañana, no creas que hacer lo máximo es sacrificarse, es sólo hacer lo más que se puede, para ello necesitas conocerte y calibrar tus potencialidades, para no abusar de tí mismo. El exceso en el hacer siempre crea resentimientos, porque estos esfuerzos  pueden no ser reconocidos, por ello da lo maximo sin esperar  retribución, para ello disfruta en ese hacer para que ese hacer sea tu recompensa. Empieza por hacer lo maximo contigo mismo, con tu cuerpo, tu salud, tu mente, tu alma.  

Con estas recomendaciones de Don Miguel se puede ir muy lejos, lo percibo como una terapia laboral, porque hay que trabajar mucho para seguir estos principios, yo le agregaría la alegría de vivir, no se puede ser tan serio, el buen humor nos salva, nos eleva y nos hace niños, nos aceita los rieles del tren de la vida.