viernes, 29 de julio de 2011

"NO SE PUEDE DAR CONSEJOS, NO HAY NADIE QUE SEA TAN VIEJO". Facundo Cabral


Los consejos parecen haber caido en desprestigio, ¿o es que nunca fueron buenos?. Mi padre era un orador de consejos; muy preocupado por el destino de sus hijos, además de severo en sus castigos, apostaba también a la educación verbal. Largas peroratas sobre el mal camino, alertas sobre el peligro de las relaciones humanas; hoy no dudo que parte de esos discursos se sembraron en mi inconciente favorablemente y fueron parte de mi acervo emocional y racional.

No era cosa de sólo oir sino de verlo, la vida de los adultos era simplemente la película que yo no quería protagonizar. Estas arengas paternas me sirvieron de alerta para detectar a priori amenazas, inconvenientes y peligros. Mi madre por el contrario, era concisa, con una mirada y con un sí o un no, yo sabía a qué atenerme.

Pero con todo y eso, a la adultez se llega sin entrenamiento, cometemos errores, los saldamos y seguimos; recibir un consejo en estos momentos es casi inútil, estamos tan absortos en la vida que nos parece que hacemos lo correcto, y en cierto sentido es verdad, debemos hacer lo que nos dará enseñanza, aunque eso implique dolor.

Después de los años, cuando miramos atrás y vemos que hicimos cosas y tomamos decisiones que pudieron evitarse, "¡lo hubiera hecho de otra manera!", entonces comenzamos a apreciar los consejos. Creo que lo útil del consejo es que se dé en el momento oportuno y con las palabras exactas; esto no es fácil, es por eso que aconsejar a alguien resulta complicado, porque podemos arriesgarnos hasta que la persona rompa su amistad con nosotros, porque depende de la apreciación subjetiva que el otro le asigne a nuestra intención.

Son tantos los problemas que se producen cuando de buena fe se da un consejo, que se ha aconsejado, que éstos deben darse sólo cuando son solicitados. Esto da hasta risa, pero, ¿cómo va a pedir consejo una persona que está metida en una situación, que le parece correcta, aunque esté de cabeza cayendo en un abismo?. El pez no sabe que nada en el agua.

Ante tales situaciones, se tiende a decir: "mira, te voy a dar un consejo, aunque no me lo estás pidiendo, yo en tu lugar...". 

Los consejos siempre se aprecian como intromisión, dominación, poseción, hasta impertinencia. Tal parece entonces, que los consejos son buenos cuando no son relevantes, es decir, son apropiados cuando la persona que lo recibe no está teniendo una experiencia puntual relativa al consejo, sólo así no se lo toman personalmente. De esta manera, no se nombra la soga en la casa del ahorcado. Lo malo de esto es que esos consejos se van a la basura cuando la persona está en el error.


En estos casos es aconsejable dejar vivir, que las personas vivan sus errores y sus consecuencias, hay quienes, si no viven la experiencia no aprenden; por fortuna tengo la capacidad de visualizar y de sentir las experiencias ajenas y aprecio lo que viven otros. Cuando tenía 15 años, mis amiguitas tenían conquistas, enamorados y hasta novios, con ello aprendí que esas relaciones tan tempranas coartaban la libertad de mis amigas, y eso no me gustaba para mí, no podía imaginar que pasara de la limitación que me imponía la disciplina paterna a asumir una limitación externa, excusada en el amor, ¡era un contrasentido!. Para mí el amor ha sido siempre solidaridad, alegría, libertad y compromiso voluntario, nada menos.

Los terapeutas saben que es mejor ser prudente con la vida de los demás, respetar el proceso del otro, y está bien, pero cuando se trata de amistad y familia, a veces esa fórmula no sirve porque parece indiferencia. Un día le dije a una amiga que estaba muy mal por un problema con su esposo infiel: "Te voy a hablar como amiga, no como terapeuta porque no lo soy, déjalo, no sigas ahí, si decirte esto es inapropiado desde el punto de vista terapéutico, yo no soy terapeuta, soy tu amiga".

Hoy tenemos tanta información no sólo de la psicología, la materia que profundiza sobre el interior del ser humano, sino que también tenemos información espiritual, consejas de filosofías orientales, fundamentos de los iniciados, imaginerías ancestrales del buen vivir y mucho más, que ya tenemos de antemano el consejo dado, se ofrecen talleres de autoestima, de perdón, de superación emocional y muchos temas más. La globalización, la informática y la publicidad es tal, que quien diga que no lo sabía será porque es un hermitaño.

Quiero terminar con una reflexión de Facundo cabral: "NO SE PUEDE DAR CONSEJOS, NO HAY NADIE QUE SEA TAN VIEJO".