sábado, 13 de marzo de 2010

KINESTESIA, CINESTESIA O SINESTESIA


Conversando con mi hija, sobre el asunto de los colores que veo en las palabras, números y otros sonidos, me informó que esa era una condición que experimentaban algunas personas, que consistía en percibir dos sensaciones cuando se recibe la estimulación de un sólo sentido, como en mi caso, que logro sin ninguna dificultad ver en las palabras, los números y otros sonidos, un color específico, para cada uno, y se llama kinestesia, cinestesia o sinestesia.

Esa condición ha hecho que disfrute mucho de las sensaciones sonoras porque siempre van acompañadas de imágenes visuales. Cuando niña se me ocurrió comentarlo y tuve que explicar lo inexplicable, luego no dije nada, y seguí disfrutando esa vivencia de sensaciones duales.

Me tomé sólo unos minutos de consulta en Internet, y a pesar de que ya sabía de la kinestesia, la cual entendía  como una forma de percepción del movimiento, visto como las conexiones  de los músculos con los centros nerviosos, no lo había relacionado con mi condición visual-auditiva. Leyendo sobre el tema he descubierto que mi sentido del oído además de tenerlo asociado a la visión, también lo tengo asociado al tacto.

  Les cito:
"Cuando Crane era niña encontraba miradas incrédulas cuando decía que las letras y los números le hacían ver colores...No habló más de esas sensaciones hasta que un profesor de psicología cambió  radicalmente su mundo. El profesor comentó que el Dr. Grosenbacher estaba buscando sujetos experimentales para estudiar la sinestesia, ¿y qué es la sinestesia?, a lo que el profesor contestó: personas que piensan que el 5 es amarillo, de inmediato Crane repuso: no es amarillo, es verde,  y de inmediato tuvo un lugar en la investigación.
La sinestesia es una facultad que poseen algunas personas, que consiste en experimentar sensaciones de una modalidad sensorial a partir de la estimulación de otra distinta. Un sinestésico puede oir los colores, ver los sonidos o saborear las texturas de una palabra. Esto pone de manifiesto que la realidad no es igual para todos. Suele darse con mayor frecuencia en las mujeres y se asocia normalmente con una memoria extarordinaria, además, curiosamente, se ve acentuada en períodos depresivos."
Tomado de: www.ovejaselectricas.es

Entonces habemos muchas Crane en el mundo. Me cansé de explicar lo que no entendían otras personas, y me dediqué a disfrutar del colorido que me da una conversación y las sensaciones maravillosas que me proporciona un concierto. 

Lo interesante de esto, es que no hay una tabla de colores para las palabras, hay una tabla de colores para cada persona. Yo veo el 1 negro, el 2 rosado, el 3 azul, el 4 negro, el 5 amarillo, el 6 aguamarina, el 7 verde, el 8 rojo, el 9 lila, el 0 blanco. 

Sin embargo, esta maravillosa manera de vincular sensaciones, se  convierte en una doble percepción cuando nos sentimos tristes, dice la cita que se acentúa en la depresión, por supuesto, el estado luminoso se convierte en una doble o triple oscuridad.

viernes, 12 de marzo de 2010

EL COLOR DE LAS PALABRAS


Pensando en las vocales, recuerdo que cuando era niña, me deleitaba con detectar el color de las palabras, era muy sencillo y visual para mí, incluso creía que a todas las personas les pasaba igual, y un día se me ocurrió conversar sobre el asunto y ¡vaya que tuve que dar explicaciones!

Resulta que yo veía mi nombre a color, Eva es de color azul marino, porque para mí la E es azul oscuro y la A es negra. Mi hermana se llama Ligia y veo su nombre amarillo, porque la I es del color del sol, e ilumina mucho sobre la A que es negra.

Así mismo, el nombre de mi hermano Roger, es rojo, porque la O es roja, y finalmente la U, que es rosa viejo o moradita.
 
Mi papá me preguntaba, pero ¿cómo es que ves las palabras de colores? pues yo no lograba explicarlo, pero era así. Después me dí cuenta que los colores predominaban en las vocales, las letras que le dan vida a las palabras, nuestras A, E, I, O, U., aunque logro ver algunas consonates a color también.

Afortunadamente, este ejercicio visual lo percibía especialmente con los nombres propios, y sólo bastaba con pensar en el nombre y de inmediato sobresalía el color predominante y listo,.

Me di cuenta también que no era un asunto racional o matemático, sino que el color salía solo, ni siquiera lo tenía que calcular, aunque descubrí que en algunos casos, algunos nombres tenían colores propios,  sin nada que ver con los colores de cada vocal, por ejemplo, María es de color blanco, Xiomara es violeta, Emilia es azul, Carmen es azul celeste,  Ramón es verde oscuro, y pare usted de contar.      

LAS CINCO VOCALES

 
Nunca me había paseado por la curiosidad de saber de dónde salen las letras, y fue en días pasados cuando un amigo, muy querido, me envió una versión personal de tal acontecimiento, el cual agradezco por haberme causado tanta hilaridad.
 
En esta ocasión quiero compartirlo con ustedes, me pareció muy interesante, dado el carácter sonoro del origen del mundo, puesto que en un principio era el verbo y el verbo era Dios.

Su nombre es Farah Habib, quien amablemente me remitió su historia:
   
 Las 5 vocales que todos usamos a diario en nuestro lenguaje oral y escrito existen desde que Adán y Eva vivían en el Paraíso, os puedo afirmar que en esa época fue cuando nacieron nuestras 5 vocales A, E, I, O, U, en la siguiente circunstancia.

Cuando Eva le dió a comer la manzana a Adán, miles de chispitas se arremolinaron en el cuerpo de Adán, a su mente llegaron miles de ideas que nunca antes había tenido, incluso un mar de sensaciones rodaba por su piel, lo cual le dio una semblanza contrastante con la escurrida figura que él tenía en sus tiempos de inocencia, ¡claro, había probado del fruto del conocimiento!.
 
Fue tal la tersura de su cuerpo, la aparición de sus bien formados músculos y hasta de sus insinuantes chocolaticos, nunca antes observados, que ante tal maravilla, Eva exclamó Ahhhh…Allí nació la letra A. 
 
Era tal el impacto visual que causó en Eva la nueva corporeidad de Adán, que trató de esquivar las sugerencias amorosas del recién nacido galán, ya que ella no sabía a qué atenerse con esta novedad en el frente, pero Adán ni corto ni perezoso insistió con una pregunta que ella disimuló no haber oído, a la cual respondió: ¿Ehhh?...Ahí fue cuando apareció la letra E.
 
Adán vuelve sobre el asunto y le repite la pregunta a Eva, y como la carne es débil y además ella había sido la causante de cortar la manzana y dársela, animosamente y llena de júbilo le dice...I

Eva quiso decir si, pero como estaban en el paraíso de las playas de Morrocoy, es decir, que estaban en Venezuela y  los venezolanos no pronuncian la S al hablar, de esa manera apareció la letra I.

Luego, cuando al fin Eva acepta las insinuaciones de Adán y conoce realmente las consecuencias de haber osado saber y conocer, en su mayor expresión de felicidad, repetía ¡Ohhh! Allí nació la letra O.

Finalmente, como después del retozo viene el cansancio, y como Eva aún guardaba ánimos de mujer creativa y Adán sólo deseaba descanzar, al verlo alicaído, Eva se burló de él, diciendo: ¡Uhhh! Naciendo de esa forma la letra U.
 
Gracias a Farah, por éste y por tantos cuentos humoristas que me ha contado y que me han producido buenas dosis de endorfinas, maravillosas sustancias de la alegría.

miércoles, 10 de marzo de 2010

¿MI TIA ES TAN VIEJA, ASI?


Teniendo el nombre Eva, es cotidiano sentir el Génesis en las entrañas, todo lo que suene bíblico nos pertenece, aunque no hayamos leído la biblia con la dedicación que han tenidos otros. No sé si esto les sucede a otras mujeres con este nombre, pero lo que ha sido a mí, el nombre Eva marcó una impronta notable durante toda mi vida.

Y esto no tiene nada que ver con el nombre Adán, he tenido conocidos con este nombre y no he tenido ninguna vinculación afectiva con ellos, ni siquiera una tendencia divertida hacia esa coincidencia, esos Adanes pasaron por mi vida sin dejar ninguna huella, ni yo en ellos.

He vivido muchas experiencias con respecto a mi nombre, la primera y nada grata, fue la de sentirme avergonzada por la desnudez y el pecado, cosa que ya les conté; lo cual pude superar gracias a una asertiva terapia psicológica. Otras veces, fue más bien divertido, los amigos o recién conocidos me cantaban: "Eva, yo me llamo Adán..." popular canción interpretada por Memo Morales que cantó con el gran Billo Frometa.  
No menos conocida fue la canción Eva María, de La Fórmula V, grupo español que se popularizó a finales de los años 60; desde ese momento la gente comenzó a decirme Eva María y me cantaban la canción, lo cual me agradaba mucho, qué linda imagen la de irse a la playa con un bikini de rayas, con la seguridad de sentirse segura sin sufrir por nadie. "...Sin la menor indulgencia Eva María se fue..."; seguramente que se fue a disfrutar de la playa a las 5 de la tarde, cuando es hermosa la vista del horizonte azul y dorado.

Ese nombre Eva María me acompañó por mucho tiempo, es sorprendente como la letra de una canción escrita más allá del charco, en Europa, y sin que su autor tuviera esa intención, pudiera ser tan impactante para una joven suramericana, que siempre tuvo un peso a causa de su nombre. Fue el primer atisbo de superación de mi pesar por tener un nombre tan pecaminoso. 

Pero la apreciación más divertida fue la de mi sobrina Sabina, cuando tenía 8 años y comenzó a conocer las bases de la religión católica y al enterarse que Eva era la madre de todos nosotros, y con la premura que ameritaba el caso, llegó corriendo a casa y le preguntó a su mamá: "¿Mi tía es tan vieja así?"

Vamos a recordar a la Fórmula V
http://www.youtube.com/watch#!v=OA_ZZpp6iok&feature=related 

domingo, 7 de marzo de 2010

A LA ESPERA DEL AMOR


Tal parece que las mujeres desde muy niñas hasta muy avanzadas en edad, tenemos una condición particular, la de mantener en nuestro corazón una chispa dispuesta a enamorarnos. Esto es especialmente cierto en los temperamentos románticos, aunque he conocido mujeres muy asertivas en su vida profesional y en otras áreas, y que son unas niñas en cuestiones amorosas.

Esta conclusión no es mía, en una ocasión cuando hacía un Curso sobre las Diosas Griegas, a cargo del psicólogo Luis Caldera, me sorprendió saber que este reconocido terapeuta decía que para la mujer no había edad para enamorarse y que había presenciado comportamientos similares en una chica de 20, 30, 40 y 60 años ante hombres atractivos de cualquier edad. 

Esto me llenó de optimismo, no sólo por lo que a mí me pudiera corresponder, sino porque esa afirmación habla muy bien de la mujer, porque siempre será una amadora genuina.

Las estadísticas nos hablan de muchas mujeres solas, es decir, sin pareja, al menos estable, sin embargo, he visto una tendencia, que ha aparecido en los últimos tiempos, mujeres que no desean compromiso de pareja, porque ya vivieron situaciones que no desean repetir, por lo cual prefieren mantener una relación sin compromiso, y si el hombre está comprometido con una situación familiar, mejor. Es como una copia del modelo masculino que disfruta y luego se lava las manos.

Esta nueva ideología no la comparto, al menos no calza  para mí, y aunque sé de los argumentos de César Landaeta en su libro: "Al infierno se va en pareja", soy de las que piensan que la vida en pareja es una relación indispensable, aunque compleja, ya que nos exige y nos gratifica, nos enseña y nos hace maestros, nos enriquece y nos hace mendigos, nos libera y nos oprime, nos da y nos quita, quizás hasta que logremos descubrir una pista, una quietud, una completud que de otra forma no lo podríamos lograr.

Al parecer las mujeres siempre estamos a la espera del amor, aunque eso de esperar no me guste tampoco, quizás por el riesgo de convertirnos en Penélope la de Serrat, la que se quedó en el pasado y cuando llegó su amor no lo reconoció, triste historia.