jueves, 12 de abril de 2012

TODO EL MUNDO NECESITA AMOR



El afecto es una de las más fuertes necesidades del ser humano. Cuando un bebé es rechazado por la madre en el vientre materno, tiene serios problemas para adquirir las energías y los nutrientes que requiere para alcanzar su desarrollo pleno; en casos extremos de rechazo, se ha observado que el bebé presenta serios problemas debido a su profundo quebranto emocional, y al nacer manifiesta un síndrome similar a la hipotermia, con notables efectos sobre el color de la piel, la cual se torna en tonos azul-grisáceos a blancuzcos, con una expresión estresada en el rostro, que muchas veces conducen a la muerte de neonato. En las clínicas tratan de protegerlos en incuvadoras y es inútil, lo que necesitan es calor humano, y estímunos emocionales para rescatarlos del marasmo afectivo en el cual se encuentran; sólo así sobreviven algunos.

No cabe duda de que si ese embarazo se produjo sin ser planeado por la madre, o fue resultado de una violación, el nacimiento de ese bebé no cambiará las cosas, salvo escasas excepciones, nacerá  en un ambiente familiar y afectivo hostil. Se necesita mucha actividad o trabajo emocional para reconducir la estructura emocional, del niño que haya sufrido ese frío o vacío afectivo durante su gestación, y las madres que lo detectan a veces actúan con mucha culpa, lo cual es contraproducente. 

La reflexión es una sola, somos seres emocionales y mentales por excelencia, nuestra condición corporal, requiere un equilibrio entre los nutrientes físicos y afectivos, lo cual puede resumirse en Amor. 

En general somos una sociedad que sabe que la niñez es una etapa de grandes exigencias afectivas, pero en lo familiar y personal esos conocimientos son pasados por alto en todos los sectores de la sociedad, donde lo importante ha sido sustituido por lo superficial o lo conveniente. De allí que no tengamos entrenamiento, o riqueza interna como para asumir una maternidad y una paternidad responsable, la vida se asume casi por inercia, o por tradición, pocas veces por conciencia.

Así hemos crecido y hoy como adultos seguimos necesitando afecto como nutriente básico de una humanidad ya madura, y aunque con vivencias superadas, ansiando nuevas expresiones de afecto profundo, que no sabemos cómo encontrar.


En esta sabia letra de Sergio Pérez, con una melodía esplendorosa y unos acordes de su amado violin, nos sumerge en la perpleja realidad de un corazón humano que unifica a todos en una necesidad inevitable: el Amor.
  
"Llevo como una cruz marcada en el corazón, 
huellas que se pierden en la nada sin explicación, 
cuando te veo así callada y no sé qué hacer
podría desangrarme en tu mirada o echar a correr
pero el crudo instinto me hace regresar
buscado el sentido que se pudo escapar 
y es que el fin oculto de una intimidad
descubre de nuevo la eterna realidad 
TODO EL MUNDO NECESITA AMOR
TODOS TENEMOS CORAZÓN

y ahora, al volverte a ver me encuentro conque al despertar
cada ceniza recoge su cuento, para echar a andar 
y es que el fin oculto se recordará
por años de daños que no pudo evitar 
y es que el crudo instinto de la realidad 
nos pone a todos en el mismo lugar 
TODO EL MUNDO NECESITA AMOR
TODOS TENEMOS CORAZÓN
Y TENGO CORAZÓN, TENGO CORAZÓN

De acuerdo con esta buena reflexión de Sergio Pérez y sabiendo que todo el mundo necesita amor, la pregunta es ¿dónde se encuentra el amor y cómo se busca?, las voces de la nueva sabiduría contemporánea apunta hacia el mismo centro del corazón humano, el volcarse hacia adentro. 

Quienes lo han experimentado lo testimonian, que el amor no se encuentra en los demás sino dentro de nosotros, creo que hay quienes lo encuentran en forma natural, y son las privilegiadas personas que fueron nutridas en su infancia, con fuertes referencias de seguridad emocional familiar. Otros, los menos afortunados, lo tendrían que lograr a través de intensos trabajos con su interioridad, con lo cual iluminar de manera certera su conciencia, en cuyo caso, dejan de ser necesitados, y se convierten en seres completos, integrados.    

Osho, nos alerta sobre la equivocación que nos ata mental y emocionalmente a un concepto de amor que nos hace sufrir, por decir lo menos. Que cuando comprendemos lo que es el amor, dejamos de esperarlo de los demás y nos convertimos en amor, ser el amor en sí mismo, con lo cual se desvanece la necesidad de amar y ser amados.

El ser se convierte entonces en una entidad amadora, como el sol que nace e ilumina a todos, sin esperar que le retribuyan nada a cambio.

Alcanzado ese estado de perfección, Osho expresa:
Si el amor no viene de vuelta a ti, no te sentirás herido, porque sólo una persona que se ha convertido en amor puede amar. Sólo puedes dar lo que tienes. Pedir a la gente que te ame, a la gente que no tiene amor en su vida, a la gente que no ha llegado al origen de su ser donde el amor tiene su altar, ¿cómo pueden amarte? Pueden aparentar. Pueden decirlo, pueden incluso creerlo, pero antes o después estas cosas se sabrán que son sólo una apariencia, que sólo es una actuación, que es hipocresía.
Puede que no haya intención de engañarte, pero ¿qué puede hacer la persona? Tú pides amor y la otra persona también quiere amar. Ambos comprenden que se espera que tú ames, que sólo entonces puedes recibir amor; por eso intentas de todas las formas posibles tomar la postura del amor. Pero la postura está vacía. Ambos lo van a comprobar y ambos se van a quejar al otro de que eso no está bien. Desde el principio han sido dos mendigos pidiendo uno al otro, y lo único que ambos tienen son cuencos de mendigar vacíos. Ambos aparentan que pueden dar, pero su deseo básico es recibir. No pueden dar lo que no tienen.
Y los que lo tienen, los que han encontrado la fuente del amor dentro de sí mismos ya no necesitan ser amados. Sin embargo, serán amados. Amarán por la simple razón de que tienen demasiado; de la misma forma que una nube de lluvia quiere llover, de la misma forma que una flor quiere liberar su fragancia, sin deseo de conseguir nada. La recompensa del amor está en amar, no en recibir amor.
Y estos son los misterios de la vida: si una persona se siente compensada sólo con amar a los demás, los demás le amarán. Porque estando en contacto con ella, poco a poco empezarán a encontrar la fuente del amor dentro de sí mismos. Ahora conocen al menos a una persona que derrama amor y ese amor no surge de la necesidad. Y cuanto más comparte y derrama su amor, más crece la otra persona.”
Puedo comprender ese proceso que llega a ser místico, que parte de un profundo encontrase a sí mismo, y que se expresa en muchas condiciones de la personalidad. Esto me lleva a recordar a Melanie, un personaje de la novela: “Lo que el viento se llevó”, de Margaret Mitchell, prima de Escarlett O´hara, la protagonista de la historia, quien contenía esa pura esencia de un alma que está más allá del bien y del mal.
En medio de la Guerra de Secesión, Melanie se conduce con gran dignidad y con un sosiego que no le permite caer en las apasionadas actitudes propias de una sociedad de arraigo clasista; se muestra sensible, desprendida de prejuicios y miedos, asertiva, solidaria con los demás, especialmente con Scarlett, una villana refinada y descarada que pretende el amor de su esposo, Ashley. Melanie no le teme a nada, sabe, tiene certeza de la vida, aún cuando es una persona con una condición física débil, que al final la conduce a la muerte, a raíz de un embarazo no recomendado por el médico.
Asumir ese sentido de fe y de confianza, supone estar atado a una condición espiritual muy especial, una conexión con la energía más poderosa que proviene de lo infinito, sin embargo, se proponen trabajos psicológicos que logran reforzar esa certeza y contacto íntimo, para superar dependencias afectivas que en sus extremos, rayan en adicciones emocionales.
Enfoques psicológicos terapéuticos, parten de la explicación de que vemos en los demás la imagen interna que tenemos como figura deseada, y al enamorarnos lo hacemos, no de la objetiva persona que escogemos, sino que al otro le atribuimos características, que más tienen que ver con nosotros que con el otro. Una especie de autoengaño, que en este caso, se reconoce como enamoramiento, fase en la cual se disparan sustancias cerebrales, que no nos permiten tomar conciencia de la realidad que está afuera. A este proceso se denomina Proyección; es un proceso natural, involuntario, y para detectarlo requiere estar conscientes de él, mantenerse aquí y ahora, despojados de la reacción automática. 
Los románticos estarían en descuerdo de sustraerse de él, porque proporciona estados de felicidad invaluables, el asunto es que tiene una fuerte contraparte en el desengaño y el dolor que significa un falso amor. 
"Nos resulta más fácil enamorarnos que amar. Enamorarnos no requiere aceptar al otro como es, ni a las cosas como son, lo teñimos de nuestra necesidad... Amar si... Amar es pura consciencia para despertar y aceptar-nos como somos, y por lo tanto aceptar la realidad despojándonos de las ilusiones en todos los planos. Es dejar de necesitar al otro o a las cosas y sostenernos en la confianza en nosotros y la existencia, que requiere necesariamente un camino de autoconocimiento e integración con uno mismo". - Tab Dar
   

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