domingo, 27 de noviembre de 2011

NO DEBÍA DE QUERERTE Y SIN EMBARGO TE QUIERO

Y SIN EMBARGO TE QUIERO
autores: Quintero, León y Quiroga


Me lo dijeron mil veces
mas yo nunca quise 
prestar atención
cuando llegaron los llantos 
ya estaba muy dentro de mi corazón

Te esperaba hasta muy tarde
ningún reproche te hacía
lo más, lo más que te preguntaba 
era que si me querías

Y bajo tus besos, en la "madrugá"
sin que tu notaras la cruz de mi angustia
solía cantar:

Te quiero más que a mi "vía"
te quiero más que a mis "ojo"
más que al aire que respiro
y más que a la "mare" mía

Que se me paren los "pulso"
si te dejo de "queré"
que las campanas me doblen
si te engaño "arguna ve"

Eres mi vida y mi muerte
te lo juro compañero
no debía de quererte 
no debía de quererte
y sin embargo te quiero


La gitanería hace de esta copla, una de las más representativas expresiones de los exaltados sentimientos que la caracterizan. Estas melodías tuvieron su mayor esplendor durante los años 40 y 50; la fuerza vocal de las mujeres que las interpretaron, aportaron tal intensidad en el corazón femenino de Latinoamérica, que comenzamos a entender el amor como una tempestad arrebatadora que nos arrollaría irremediablemente. No obstante, las madres de entonces, que se habían encontrado no precisamente con príncipes, se encargaban de alertarnos sobre la maldad masculina, de sus abusos, dominación e injusticias; pero, la letra de tantas canciones románticas de la época, hacían lo suyo en nuestro imaginario más íntimo, y con el optimismo de la adolescencia esperábamos un príncipe azul, único, nada parecido a los demás hombres. 

Como era de esperarse, ocurría lo que dice la letra de esta canción, ante unas mujeres que agonizaban por vivir una pasión de muerte, en correspondencia, sus hombres hacían pasto de esta condición de entrega total, contaban con mujeres fieles, dedicadas, y atrapadas en las limitaciones que ellas mismas se imponían; tenían muy bajo riesgo de ser engañados, o sentirse desengañados.  Era, a mi modo de ver hoy, los más intensos rasgos de un férreo patriarcado que ya se aproximaba a su inminente decadencia. 

Tanto la mujer como el hombre estaban atrapados en una relación disfuncional, por falta de equilibrio personal, eran pocas las parejas felices. Devenimos de una sociedad enferma, o, diríamos que inmadura, inconsciente, lo cual produce los mismos dolores.

La idea de que éramos una mitad y que había una "media naranja" que encontrar, hacía que la mujer en medio de las presiones hormonales de su juventud, y ante la fuerza de la presencia masculina, se convenciera, al primer latido de su fuerza erótica, de que había dado con esa mitad complementaria. "El amor", o lo que se entendía por amor, era la única referencia que justificaba lanzarse a los brazos de un hombre. Hoy nos asombramos al reconocer que el amor por sí solo, no es suficiente para alcanzar una vida sana en pareja, que es necesario revisar los demás componentes que intervienen en la vida en común.

Durante los años 60, surgió un movimiento inesperado, afianzado en los principios de paz y amor, un grito ensordecedor que llegó a movilizar a las mujeres para emprender una acción heroica. Redoblaron sus fuerzas para dedicarse a sí mismas y a sus hijos, se adueñaron del timón del hogar para generar un algo que no es matriarcado, ya que éste es una manera de organizar la vida alrededor de la reverencia a la diosa madre tierra, a la fertilidad, que cobraba en la mujer, su representatividad. 

Lo que hace la mujer a partir de los 60, es asumir el papel masculino y demostrar que ella lo puede reemplazar, excluye al hombre de su vida, se libera de los lazos perjudiciales que la oprimían, para llegar a niveles de autosuficiencia que ha llevado a una nueva situación: un vacío de parejas adecuadas, y con ello soledad, sin importar la calidad humana y profesional de las mujeres.


Ahora, estamos llamadas a despertar en nosotras los rasgos femeninos que tenemos inhibidos y a reflexionar sobre el trabajo que tenemos que emprender; reconocemos con mucha más facilidad las energías masculinas que hemos tenido que encarnar, pero necesitamos conocer más profundamente, nuestra conformación femenina, como herramienta para el desenvolvimiento de los tiempos que nos apremian. Ya no se trata de feminismo, se trata de feminidad.

Estamos en medio de un fenómeno creativo, que requiere el despertar de la conciencia en todos sus recovecos, y que nos llevarán a la redención de nuestras vivencias y las de nuestras abuelas, madres, y tías, por haber tenido que libar del cáliz más amargo en las relaciones de pareja.   

La energía femenina es compleja y paradójica, posée rasgos heterogéneos, rasgos luminosos y oscuros, que de manera muy sabia los griegos supieron representar en diosas, que son energías poderosas de nuestra psiquis, y que de no tener la sabiduría para equilibrarlas, inevitablemente seguiremos poseídas o abandonadas por esas fuerzas sagradas:  Hera (Juno), Atenea (Minerva), Demeter (Ceres), Artemisa (Diana), Afrodita (Venus), Hestia (Vesta). Esta fervorosa necesidad no se reduce a un asunto intelectual, sin embargo, necesitamos de un acto analítico previo, a fin de conocer la profundidad de lo que significa lo femenino, para adentrarnos en nuestro interior, y encontrar esas fuerzas que desconocemos, que intuyo tendrán el poder de asombrarnos, y que darán al mundo un vuelco tan inquietante como fue el surgimiento del patriarcado y la anulación del antiquísimo matriarcado, que refieren los antropólogos.

Ya estamos en situación de promover una integración de estas dos grandes fuerzas humanas, que hasta hoy han estado enfrentadas, y que por un fenómeno de madurez, nos llevarán a establecer una coniunctio alquímica (unión sagrada), un equilibrado sistema humano. Por eso, no le he dado cabida a desdibujar de mi imaginario la visión de un hombre espléndido, hermoso en su corporeidad, luminoso en su acercamiento, divertido en sus ocurrencias, galante en su conquista, sencillo en su vida cotidiana, aunque hoy, con la oscuridad de una sombra inconciente que lo domina.

Me doblego al encanto de la presencia física de Brad Pitt, José Luis Rodríguez, George Clooney, Sandro de América, Oscar de León, Bruce Willis, Carlos Baute, Arm Diab, Pedro Infante, Gardel, ... Son muchos. Me doblego ante las voces masculinas que reverberan en canciones y conversaciones. Me doblego ante la fuerza física con la que pueden cargar amorosamente a una mujer. Me doblego ante la sensibilidad, la dulzura y la ternura desplegada, cuando hace alarde de su expresión poética, musical, artística, la energía vital de la belleza que refleja el espejo de su alma. 

Hemos de reconocer que en la historia humana hemos tenido brillantes personajes en el mundo de las artes; poetas, pintores, músicos, actores, escritores, humanistas, que nos han dado noticia de esta completitud, que nos han mostrado el cielo aquí en la tierra, la integración de las fuerzas femenina y masculina que están en cada ser humano. 

Imagino este fenómeno que se aproxima, y que tenemos que construir, como un abrazo intenso que se desparrama hacia todo, una unión en movimiento que avanza hacia el espacio, integrándolo todo, y que pudiéramos apreciar en el sonido de las voces de mujeres y hombres que cantan en una armonía encantadora. 
 
Disfruten de esta nana, en voces femeninas y masculinas, que nos promete que el león está durmiendo, nuestro propio león, el que nos ha perseguido por siglos, el león que saltaba y nos devoraba en la oscuridad, el león que también abrazaremos en la inmensidad del amor que nos aguarda. 

http://www.youtube.com/watch?v=XJuEuRCKq1s

La buena noticia es que no estamos solas, en nuestro emprendimiento tenemos ayuda, me regalé y me regalaron una oportunidad inusual, al poder compartir con unas bellas amigas, un espacio de aprendizaje con una hermosa mujer, la doctora Sharon G. Mijares(*), quien nos visitó para darnos momentos maravillosos, en una ronda de alegría que me hizo sentir en una fiesta. 

Desde mi corazón le doy gracias a las sabias mujeres que nos convocan a reunirnos, para agregar ayuda, para ofrecer amor al mundo, porque aunque no lo podamos creer, un remolino de estrellas está explotando en el firmamento del universo que somos, que obviamente impactará sobre los demás universos. Deseo que el primer universo sea el masculino, al que amo, admiro y cuyo encuentro me hizo feliz.

Ahora, con alegría haremos como Mikaela, lograremos una danza colectiva de corazones festivos:


(*) Psicóloga, escritora, conferencista, y gran conocedora de las relaciones con el Yo.

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